Larga la carretera. Más que larga con complicaciones y demoras. Agotadora. Agotadora porque tiene más curvas que Isabel Sarli -y que Raùl Gaido juàjuàjuà y que Maria Rotundo- y ademàs, agotadora porque tiene tantos peajes que en un dìa de viaje se agotò mi fondo planificado para tres o cuatro dìas. Una barbaridad lo que cobran, encima la nafta. No se consigue la «extra» (super) en todas las estaciones de servicio. La extra està costando 8700 pesos y pico el galòn.
De peajes juntè los papelitos, no tengo ganas de hacer la cuenta, pero a grandes rasgos desde Valle de Leyva hasta Manizales hay ONCE PEAJES!! Cada uno cuesta entre 6000 y 7000 pesos y son como 500 o 600 km en total los que hice hoy y que me tomaron DIEZ HORAS!! (Extraño a Venezuela, Venezuela bendita y gratis)
Entré de forma equivocada a Bogotá, perdida durante un rato y pèrdida de tiempo. Lo que aconteció fue que pregunté a un don señor por dónde tomar la ruta a Manizales y me dijo que en el Puente del Común tome a la derecha y después siga recto y después por ahí había una curvita y tenía que pasar por abajo de otro puente… entonces yo iba muy atenta, buscando el Puente del Común, que fue más o menos como decir, en la casa del conejo de Riva y peor porque lo del conejo hasta debe tener letrero, pero bueno, era un santo y seña muy particular el del puente del común, no como para ponerlo con mayúscula, así que yo lo re pasé de largo y cuando quise acordar tenía un cartel adelante que me decía BIENVENIDOS A BOGOTÁ DC. Noooooo!!!!!!! Pero salí. Fue re cómico porque me metì en un peaje que no me tocaba y cuando averigûé y como ya estaba ahì en la caseta, me bajè del auto y le pedì a todos los autos de la cola que por favor dieran marcha atràs y se corrrieran porque yo le habìa errado fiero y ni en DOPE iba a pagar un peaje demais. Asì que armè un kilombo bàrbaro en la ruta, los que venìan llegando que tocaban bocina y yo dirigiendo el trànsito, juàjuàjuà!!!!!!
La ruta entre Bogotà y el cruce que bifurca Manizales o Medellìn, hasta ahì es insoportable, una cola de camiones y colectivos y gente y un caloooorrrrr… despuès se calma un poco, pero le daba y le daba, a 40 y hasta 60 km por hora, màs no se puede, y Manizales no llegaba nunca, y yo me preguntaba la concha de la lora, dònde queda Manizales y una voz conocida que me respondìa, tranquila Marìa, ya estàs por llegar.
Lleguè casi de noche y empecè a buscar el Mountain House. Estacionè y cuando lleguè a la direcciòn que da la Lonely Planet, cerrado. Unos pibes me explicaron que se mudò y còmo llegar y acà estoy. Es en la Calle Larga, a tres cuadras de la Zona Rosa. Un barrio residencial, el Mountain House una masa, re lindo. Tenemos internet, desayuno incluido, cuesta 10 dòlares, y duermo en un dormitorio comunitario con dos muchachos que aùn no tengo el gusto de conocer pero acà estoy rodeada de unas chicas argentinas de Catamarca y Tucumàn, muy divertidas. Mate que da la vuelta.
Afortunada, porque ayer, en el Colonial de Valle de Leyva, estuve haciendo de las mìas, changa, le tirè las cartas a la gente, por lo que guste cooperar, a las gringas les cobrè un fijo en dòlar y bueno vamos zafando viteh.
No tengo fotos para acompañar el relato de hoy. La càmara no la llevaba a mano. El camino es alucinante. La montaña cubierta de un verdìn casi todo el tramo, las montañas paren entre sus laderas abiertas màs montañas, el atardecer fue indescriptible, los picos irregulares, naciendo sombreados en la bruma,la bruma que se diluye en la luz, hermoso. Esta es la ruta del cafè y los lugareños son tan simpàticos que hasta parecen venezolanos. Es otra onda, creo que me caen mejor los colombianos de este lado y aunque dicen que Manizales tiene pocas bellezas que ofrecer porque sucesivos terremotos la han destruido, yo hace un rato salì a comerme un maicito y me parece que es una ciudad interesante, asì que mañana, con màs luz, darè mi veredicto particular y acompañarè de algunas imàgenes.
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Villa de Leyva-Colombia – 20 de enero





























Llego cantando con Soledad Bravo, a viva voz y lágrimas en los ojos, la era está pariendo un corazón, no puede más, se muere de dolor, y hay que acudir corriendo pues se cae el porvenir. Hay que acudir. Lo grito.
Valle de Leyva es lo más pintoresco que he visto en Colombia, es un pueblo de mentira con gente de enserio. Un pueblo donde me gustaría sentarme en una mecedora a tejer en lana cruda, detrás de un ventanal con malvones, sin que se me ocurran esas inquietudes constantes, de como sigo cantando con la canción, dejar la casa y el sillón, pero, la madre vive hasta que muera el sol y hay que quemar el cielo si es preciso, por cualquier hombre del mundo. Por eso me niego a quedarme en este pueblo blanco, bajo un cielo que a fuerza de no ver nunca el mar se olvidó de llorar y en cuyas callejas de polvo y piedra por no pasar ni pasó la guerra, sólo el olvido y YO, como ustedes escucharán, larlalalá! sigo cantando y andando mientras canto y así será, hasta la victoria.
Pero volviendo, Villa de Leiva, para hacerle una visita, vale la pena. Para llegar acá hay tres peajes de 6mil pesos cada uno, desde San Gil; la ruta es montañosa pero no tan escarpada como desde Cúcuta a Pamplona y de Pamplona a San Gil, la ruta está bien, es angosta y de montaña pero en bastante buen estado, exige una velocidad máxima de 80km por hora y desde San Gil toma unas tres horas. Por suerte todavía acuño víveres venezolanos, acabo de saborear media lechosa gigante y dulce. Llegué con la idea de acampar, pero visto y considerando que no encontré el camping que aconsejan en la guía de Lonely Planet y que autita empezó a rezongar por las calles empedradas, empedradas al cien por cien, nada de adoquines, piedra sobre piedra irregular, al final me quedé en la posada Colonial que también recomiendan en la guía como barata y buena y me parece buenísima.
San Gil-Colombia – 19 de enero


















































En la ciudad de los giles.
Esta ciudad se llama San Gil, creo que no es el gauchito, porque éste, en lugar de bombachas, andaba de sotana -va foto-; la ciudad está enclavada en el medio de la cordillera. Es una ciudad colonial, con un vasto movimiento puebleril en las calles, de simpáticos giles. Como si fuera poco, me alojo en un dormitorio comunitario en Macondo. Ya compartí unos mates con Úrsula pero aún no he visto ni santo ni seña del coronel Aureliano. El primero de los Buendía sigue atado al árbol y yo abro puertas a hurtadillas por ver a Melquíades.
Esta mañana tomé la carretera de Pamplona a Bucaramanga, la ciudad de Maritza, compañera del camarada Fernando Morón. La ruta que une Pamplona con Bucaramanga y luego Pamplona hasta San Gil, es típico camino serrano. Curvas y más curvas. No hay opciones. Acá ni Mahoma vino a la montaña ni la montaña se fue a Mahoma. La montaña está ahí, firme e inconmovible, dura como su misma piedra. A veces la ruta se vuelve tan angosta, que en algunas curvas, cuando un camión me enfrentaba, yo me agachaba y me hacía chiquitita -más chiquitita- adentro de la burbuja, para que el camión amenazante no me aplaste. Como no hay opción, por esta ruta, pasa todo el tráfico necesario hacia Bogotá de norte a sur y viceversa. Es concurrida y lenta. No se puede ir prácticamente a más de 60 km por hora, por un lado por la secuencia de curvas, por otro, porque uno queda chupado atrás de un camión de carga y no es posible rebasar.
En Bucaramanga, ciudad grande, me extravié entre los bocinazos y las avenidas y volví a encontrarme en la autopista que en breve se resumió otra vez a una angosta senda pavimentada pero irregular.
Y se acabó lo que se daba. Se acabó la gasolina venezolana y hubo que sacrificar una puntada ovárica y cargar 40mil pesos! 20 dólares! Ay! También reaparecieron en escena los peajes, hoy fueron dos de 6000 y uno de 4000; Y…
la policía!
Me pararon, los soldados, para requisar el vehículo. Abrimos el baúl, miraron y toquetearon los bártulos y nos entretuvimos con la charla, el viaje… la travesía… uno de ellos quisiera hacer un viaje de este tipo, así que me preguntaba cosas, acerca de los caminos, las dificultades, el embarque y siga su ruta. Feliz viaje! me dijo con una sonrisa y por suerte, no me pidió papeles.
El paisaje, durante todo el trayecto, es impresionante. La cordillera muda de abrigo según la altura y la humedad. Hay tramos desérticos, de ocres, lilas y caobas, de los que de repente brotan los múltiples verdes. Se viste y se desviste, igual que la gente que bordea el camino con sus ponchos de lana o sus escotes.
Vuelvo al corredor de Macondo, hay una ventana abierta al cielo, impecable para unos mates en la hamaca anaranjada.
(Las fotos que acompañan son de la tardecita de ayer en Pamplona, de la ruta de hoy y algunas de esta ciudad, San Gil.)
Pamplona-Colombia – 18 de enero – Nous allons illegaux




























Cuando hace un par de años, mis hijos y yo llegamos a Tunez, tras haber cruzado el Mediterráneo desde Sicilia, intentamos jugar a ser fugitivos en el norte de África. Entramos escabullidos por las dársenas de un puerto nocturno y nos perdimos en la oscuridad detrás de nuestras mochilas enormes, con la voz agitada cantábamos, nous allons illegaux, nous allons illegaux… Esa vez, fuimos sorprendidos por un policía disfrazado de civil, fue amable, en general, todala gente en Tunes, fue muy amable, aún cuando nosotros fuéramos fugitivos.
Ahora estoy en Colombia. Ilegal. Ilegal en Colombia.
Vine por una ruta que me fueron explicando en las alcabalas del camino. Salí de Mérida esta mañana, Denyris, la dueña del hotel, venezolana y periodista, no me dejaba ir. Tomamos mates, quería seguir charlando. Me regaló una bufanda tejida al crochet, en la montaña hace fresco, sobre todo cuando desciende la bruma de las tardecitas.
Al final nos despedimos, con besos y abrazos, ella invitándome a su casa y yo prometiendo regresar.
Oficialmente, sigo en Venezuela. Nunca salí según no lo atestigua mi pasaporte.
Salí y tomé la ruta que de pronto dejó de parecerse a los nombres estudiados en el mapa. Yo hago una lista en una hojita, los nombres de pueblos que debo ir cruzando o desvíos a tener en cuenta, un boceto o borrador de lo que será el camino. O el papel mentía, o era de un viaje anterior, o yo estaba soñando -a veces pasa que en los sueños se nos adelantan, se nos confundem las cosas, la ansiedad nos traiciona dentro del insconsciente y es como estar viviendo un viaje más, con otros percances, otros amores, otros paisajes, es maravilloso-. En fin, que los nombres del machete no se correspondían con los carteles de la ruta. Pensé que había agarrado para el lado de los tomates, no es raro, siempre me equivoco varias veces y a lo mejor como antes fui a un supermercado grande a gastar bolívares en víveres, me había perdido. Pero no. Preguntaba a los guardias en las alcabalas y me decían que estaba bien, que llegara hasta Coloncito y ahí doblara en el toro, a la derecha. Yo no había anotado ningún Coloncito, pero la ruta estaba buena, una autopista, así que pregunté algunas veces más y le seguí dando. De pronto, OH! Puente roto. Desvío. Cruzar por el río!! La autita!! Río!! Nooooo. A caeja noooo. No había vuelta, la cola de autos, auto al agua! Cruzamos. Seguimos y al rato, puente caído, río con correntada, un pibe adentro guiando a los autos, agua a las rodillas del pibe. No va a pasar, le digo yo por la ventanilla. Autita es muy bajita. Una liliputiense. Sí pasa, dijo pibe y autita al agua! Se portó y a partir de hoy, no me caben dudas que además de terrestre es anfibia.
Llegué. De Orope, salida de Venezuela a Puerto Santander, Colombia. Nada de migraciones, nada de ventanillas, nada de oficinas, un puente de fierro, un cartel de Chávez saludando Feliz Viaje y una bandera de Colombia. Su ruta. A los 45 km estaba en Cúcuta y al rato en Pamplona. Ilegal.
Espero que esto no me traiga problemas al salir para Ecuador. Tengo menos garantías que posibilidades, pero tengo un pasaporte confuso, con tantos sellos y tengo tantos papeles… que no voy a hacer malos pronósticos, sino, todo lo contrario.
Pamplona es una ciudad colonial, muy vieja, de una edad colonial que se adivina muy temprana en su construcción, el hotel donde encontré lugar, con estacionamiento al lado, económico y gente cordial -agua para mate-, también trae consigo unos cuantos siglos. Me gusta.
Salgo a perderme en los callejones que serpentean las laderas andinas, altas laderas.
Me acostumbro con cierta dificultad al sabor de haber dejado Venezuela -aunque oficialmente sigo allá y si me quieren deportar, no me niego-. Una parte importante de mí permanece allá. Lo que he visto en ese país supera lo que desde antes traía como una ilusión. Las decisiones se toman todo el tiempo, sin titubeos. No se le da mucha vuelta a nada. Algunos acusan «autoritarismo», pero antes seguro hubo una advertencia, una ley, una decisión orgánica comunal; y si alguien o alguienes no cumplen, especulan, mienten… y se actúa en consecuencia, de inmediato, pregunto ¿autoritarismo? Las cosas se hacen, es visible, hasta la gente que medio sin saber por qué, dice que no le gusta el gobierno de Chávez, en la discusión, no puede dejar de reconocer lo que es demasiado evidente como para ser ocultado, callado, malentendido, fui testigo de hechos todo el tiempo. Culpa de las maquinaciones mediáticas, de los comentarios, de que cuesta creer en el ser humano y sus buenas intenciones, de que hay gente que todavía cree y vale la pena, yo llegué a Venezuela con reservas, por guardar una actitud crítica y no ser encegecidamente obsecuente con mis principios e ideología, me propuse observar, escuchar, a ver si era cierto o no era cierto esto o aquello. Doy fe de que la realidad superó mis esperanzas y fraguó cualquier reserva. Si antes era chavista, ahora soy más chavista que antes, y debo agregar, aunque suene abusivo o exagerado, que lo que veo en ese hombre cuando habla con la gente, lo que escucho, es un gran amor, inconcebible en este mundo de cosas, capitalista y ultrajante, es un amor muy grande.
Pero ahora estoy en Colombia, ilegal. Debo resignar algunas consignas, soltarme el pelo para que la estrella roja no me delate, y seguir avanzando hacia un horizonte nada lejano.
Mérida-Venezuela – 17 de enero


















































Aclaro el panorama para mis queridos seguidores, compañeros del camino, camaradas de utopías y otras yerbas.
Estando en Colombia y mirando hacia el sur, uno puede dejar volar la imaginación y delirar millones de sendas o ríos para llegar hasta el extremo meridional de nuestro inmenso subcontinente. En ese delirio yo trazaba en mi deseo un puntito rojo, ínfimo, moviéndose a tráves del corazón del gigante, Brasil. Amo Brasil y esta idea la fui modelando a partir de un posible compañero, Rico, que tiene más onda reaggie que aymará. Este compañero, al final, decidió no partir conmigo, pero yo mantuve el entusiasmo apuntando a las junglas misteriosas del gigante.
Bajar por ahí implica llegar desde Venezuela a Manaos y en Manaos embarcarse con auto y todo en dos posibles direcciones, hacia Belem, este, o hacia Porto Velho, sur. Ambos recorridos toman unos 4 días y cuestan unos 500 dólares para el auto y unos 100 para el pasajero.
Como a partir del embarque en Panamá entré en crisis financiera -aunque por algunas changuitas no entré en default- además de haber entrado en una crisis de pánico, por así decirlo, de lo que puede significar la palabra «embarcar» (el auto), me puse desesperadamente a pensar. Tenía que tomar una decisión. En Caracas. En una ciudad donde me he sentido maravillosamente bien, maravillosamente integrada a un pueblo efervescente y encima de todo eso, bienvenida y acompañada. Extraño a Henry.
En esa desesperación, condenada a la libertad sartriana, tuve que elegir. Con dolor, dejar Venezuela, por un tiempo… no me voy a de acá para siempre. En Venezuela hay mucho que puedo y quiero hacer, quiero volver y que sea pronto. (Pero… también quiero volver a Nicaragua… eso es otro tema. No voy a complicarlo ahora.) Volveré a Venezuela y creo que muy pronto. Hay trabajo.
Entonces, pensaba en el embarque, le preguntaba al mapa, miraba los fondos menguantes, sorbía un mate. Bajar por Ecuador significa volver a cruzar fronteras en Colombia. No me gusta la idea. Espero que no vuelva a ser complicado. Tengo que hacerlo por ahí y la nueva perspectiva me entusiasma, ahí está Ecuador, participando también de su revolución socialista, amaneciendo con el ALBA. (Ya vieron el SUCRE?? Ya está en vigencia entre los países del ALBA, imaginensé por un momento si todos y cada uno pensara en el SUCRE como moneda de cambio o de ahorro?? Todos. Espectacular.)
Me entusiasma Ecuador y me entusiasma Bolivia y allá voy.
Hoy estoy en Mérida. Llegué por un camino tan bello, con pueblos tan pintorezcos y acogedores trasponiendo la ruta, que no sabía en cuál detenerme, seguí y seguí y estoy en la ciudad principal de la zona, Mérida. Paro en un hotel super barato y re lindo, televisión para seguir al pie de las noticias, las elecciones en Chile y ese mapa que adoro y del que no puedo asumir la idea de verlo manco, o fragmentado, menos ahora, ahora que hace falta ser un cuerpo y ese cuerpo un escudo al mismo tiempo, tengo baño privado, agua para el mate, una cama cálida, acá hace frío, es la montaña. Ayer subí y subí 2000, 3000, 4000, 5007! El pico más alto de Venezuela y ahora me irá a explorar algunos senderos por los alrededores.
Desde Caracas hasta aquí fueron 790 km. La ruta entre Caracas y hasta Valencia es la autopista de 6 carriles que ya conocía y había comentado, luego es de 4 carriles hasta Barinas y luego se convierte en una ruta de montaña, típica. Todo está en buen estado, salvo algún pozo visible y evitable cada tres o cuiatro horas.
Puse gasolina, 4 bolívares en total.
Estoy contenta de estar acá, estoy contenta de haber sido capaz de lidiar conmigo misma y con mi libertad y haber podido tomar una decisión que en este momento es la mejor. Bajar por el oeste, llegar a Argentina, compartir todos los asados, las polentas, los vinos tintos y los mates que me inviten -invitenmé muchos-. Después volver a México para despedirme definitivamente de Don Quijote y seguir peleando por estas latitudes con los molinos que nunca faltan, pero seguir, hasta la victoria.
Caracas-Venezuela – 15 de enero – Segunda parte















Estuve en el Coliseo, esperando a la Asamblea legislativa a la que arribó el Presidente Chavez para dar un informe. Una masa el pueblo venezolano. Yo con ellos, gritando y discutiendo igual. Me encantó estar ahí. Uh! Ah! Chavez no se va! Increíble. Lo que ha pasado en este país, es irreversible, les guste o no a una minoría clasista y oligarca, lo hecho hecho está y es mucho como para que al pueblo se lo vuelvan a arrebatar y se agache la cabeza. Hay una conciencia espectacular. Hoy hablé con mucha gente ahí. Nos hicimos amigos, camaradas, en un rato, nos despedimos con besos y abrazos. Antes me metí al museo de Ciencias Naturales porque pasé por ahí y había una jurafa envidiable.
Los dejos con las fotos.
Vi diputados y ministros que aparecen por ahí y a Nicolás Maduroooo que me encanta, pero me puse nerviuda y me salieron las fotos de él movidas, snif snif…
Mañana salgo de viaje, según creo entender que es la indicación más favorable, voy para el oeste, por ahora sigo en Venezuela.
Abrazos! Hay más fotos pero está lento…
Caracas-Venezuela – 15 de enero



































Voy al Palcio de Gobernación. Me dijo Henry que hoy hay un informe de gobierno, se junta gente chavista en la Plaza donde llega el Presidente a contarle al pueblo.
Ayer fui a la Universidad de Caracas. El campus es muy amplio y las actividades diversas, además de lo académico, las bibliotecas, los laboratorios, hay gente por todos lados desarrollando alguna actividad cultural. La cultura florece en Caracas como un estallido primaveral. La importancia que este gobierno ha dado al arte y a la cultura se manifiesta en cada cuadra desde la Sabana Grande donde me alojo y todo a lo largo de la ciudad. Murales y mosaicos en los muros, parques enormes con cientos de parejas enfrentadas en partidas de ajedrez.
Ayer visité el Museo de Bellas Artes, la Galería Nacional, la Cinematéca Nacional, el Mercado La Hoyada y el Nuevo Circo de Caracas.
Todas las personas con las que hablo de ofrecer mis servicios en lo que pudiera ser útil al proceso bolivariano me dicen que sí, con alegrí y convicción, pero debo esperar a que haya algo.
Tendré que seguir viaje, mientras sigo esperando una respuesta concreta. No puedo quedarme detenida en Venezuela. Necesito regresar a México lo antes posible para solucionar contratiempos que me quitan el sueño seriamente, necesito llegar antes a Argentina, «con mi casa entera como una rama encendida». Necesito seguir viaje, volando. El cruce del Darién hizo pedazos mi plan, el «muro» de la maratón me paralizó y me está costando recuperarme, a pesar de estar en esta tierra que soñaba conocer en estos momentos de su historia.
No podré continuar por Brasil ni cruzar el Amazonas en una barcaza, necesito regresar a Colombia, cruzar a Ecuador, bajar por el oeste. Es una idea que también me da vueltas. Me cuesta tomar una decisión, ver claro qué es lo mejor en esta mañana nublada de enero. Me gratifica tener agua caliente y una terraza donde sentarme a tomar mates y a lo mejor ser capaz de descifrar la respuesta del viento.
Ahora salgo a la Asamblea y de ahí a Miraflores. Y después les cuento.
Caracas-Venezuela – 14 de enero



























Ayer salí con Henry Perez. Fuimos a comer unas arepas impresionantes, con tanto relleno que casi no me la pude terminar. Riquísima. La arepería está cerca del hotel donde me alojé y donde me alojo.
Me acabo de cambiar de hotel. Estuve en La Mirage, ayer,cuando llgué de Maracay me instalé ahí porque el precio me pareció accesible -acá son más caros que en el interior-, 100 Bolívares, y tiene estacionamiento. Sin embargo las empleadas de anoche eran bastante antipáticas, parecían enojadas y aunque tenía Tv y agua caliente que pela, era un ambiente solitario. Los empleados de hoy eran amables, pero ya había tomado la decidión de buscar otra cosa. Así es que esta mañna salí tempranito Lonely Planet en mano y me mudé a Nuestro Hotel, sale 80 Bolívares, más barato, tiene garage, inclusive más resguardado que La Mirage y más ambiente mochilero, además de poder calentar el agua ahí mismo, ya que en el no había cocina.
La ruta de Maracy a Caracas es una autopista de 6 carriles en muy buen estado, ayer lo escribí en un comentario respondiendo a Farid y Fernando en el post anterior. Es muy linda ruta, gratis, tranquila y bordeada de un paisaje serrano muy bonito, mucha vegetación en las laderas.
Llegué a Caracas y contra todo pronóstico de la desorientación que suelo padecer en las grandes metrópolis, me ubiqué enseguida entre el Centro y la Sabana Grande. Hay muchos carteles y ayudan, yo seguí los carteles a la Sabana Grande, ubiqué enseguida la zona de los hoteles, después hay que dar unas vueltas para llegar porque hay calles que se vuelven contramano y Avenidas en el medio, pero al final llegué lo más bien y mucho más rápido de lo que pensaba.
Salí de recorrida, por el Centro histórico, Plaza Bolívar, Catedral, visité la casa donde nació y vivió el libertador y también el Museo Bolivariano, todos los museos son gratis, hoy sigo recorriendo. También tengo que ir a una lista de lugares que sugirió Henry donde él conoce algunas personas y yo puedo tratar de conseguir trabajo. Necesito TRABAJAR. Para la revolución, el cambio social donde sea, y ahora para mí porque estoy seca y no sé cómo voy a seguir andando en los próximos días. Pero voy a seguir, yo sé que voy a seguir.
Entre los lugares sugeridos está el Nuevo Circo de Venezuela, una opción muy
tentadora y que me apasionaría, por supuesto que sí, somos saltimbanquis! Creo que sería un espacio adecuado para detenerme un tiempo, creo que sí.
Henry es un tipo estupendo, geográfo y estudioso, animado, simpático, muy agradable, estoy feliz de haberlo conocido. Gracias a Urania! Hoy nos encontraremos por la tarde e iré con él a la Universidad.
Maracay-Venezuela – 12 de enero























Ayer fue un fastidio y como el fastidio me desanimó no quise escribir para no ser misiva de mala onda.
Todo fue porque el mecánico, que se jactaba de ser hijo de italianos, como si a mí me importara un pepino o eso me otorgara alguna garantía, además de ser hijo de italianos era bastante pelotudo.
Estuvo todo el día, desde las 8 de la mañana y hasta que todos los comercios de Coro cerraron tratando de quitar la rolinera de la rueda, prácticamente desarmó además de la rueda, el freno; se metió abajo del auto, adentro, me hizo sacar cosas y no podía sacarlo, hasta que yo medio jugando con la ruedita, le dije me parece que se saca así. Y era así. Así que el mecánico me ofreció trabajo de asistente pero en ese momento yo ya tenía trabajo de recepcionista de la posada. Por suerte. Como si fuera poco entre que atendía a los extranjeros, teléfono, puerta, tomaba mates, charlaba con los venezolanos que son bien charlatanes y buena onda, asistía al Bebe, el mecánico, y encerraba a las perras como si fueran mías porque el dolobu les tenía miedo, así andaba, mate y llaveros en manos y llaves de todo tipo, de las puertas de la posada, francesa, inglesa, cruz.
Esta mañana por suerte lo armó y parece ser que puso todas las tuercas en su lugar porque acabo de llegar a Maracay. Estoy muy cerca de Caracas, pero a las 6 de la tarde empieza a oscurecer y como ya sé que llegando a una ciudad metrópoli me pierdo durante hora u hora y media en promedio, prefiero encarar a perderme mañana y para colmo de los buenos colmos, encontré un lugar para parar de lujo. Tengo el auto adentro y un cuarto para mi sola, con tv y agua caliente que hace muuuucho que no tenía, no se justifica porque son climas calurosos, pero viene bien de vez en cuando para una buena refregada de caeja, a caeja noooooo!!!!
Viajé por una ruta espectacular, alternando las sierras y la costa del mar, ruta, autopista en buen estado, con menos de un dólar de gasolina y sin peajes.
Tudo beim.
Espero seguir haciendo changas para sobrevivir y encontrar cauce para mis deseos de ser parte de la vida revolucionaria en Venezuela. Analizo que es un proceso diferente al de Ncaragua donde estuve, o Bolivia donde hace mucho que no voy, es diferente y más complicado porque acá hay dinero y el dinero al final, que podría ayudar, jode. El dinero, que abunda, hace que exista una sociedad especulativa y materialista que los Nicas no tienen porque allá todo es más parejo y van todos por lo mismo porque nadie siente que tiene nada que perder.
Antes, en Panamá, escuché quejas atroces de la ruta que pasa por Valencia, ta gueule! esa ruta está espectacular, los que hablaron, hablaron al pedo, la ruta está buena en todo el tramo Coro-Maracay, muy buena, y la obra que se anuncia sí se ve en el camino que llega, esto lo digo porque esta misma gente gusana, se quejaba de que las obras no llegan, SÍ LLEGAN, se ven las misiones en actividad en todas las rutas y se ven en las ciudades, que hay que hacer siempre más? SÍ, pero que se está haciendo, TAMBIÉN. Así que no jodan. Vamos por más y esto está marchando con fritas.
Y ahora, si me disculpan, me están calentando el agua.
Un abrazo fuerte y con más ánimo revolucionario que ayer.
Península de Paraguaná-Coro-Venezuela – 10 de enero



















































Y salimos de excursión. Daniel, amigo y colaborador de Roberto, dueño de la casa de los pájaros, nos llevó en su auto. Fuimos con Katrin, Verónica, dos alemanas y Faruk, alemán también pero medio egipcio. Bordeamos el Sahara venezolano y luego comenzamos la larga y delgadísima hebra, que no es la de Chichí, sino de la del ítsmo de Paraguaná. Nos detuvimos en el pueblito de Adícora, en la costa calma de una villa de pescadores. Desde lejos vimos la superpoblación de flamencos rosados. Después el lago de sal de las aguas violelílatafú, donde Don Victor nos deleitó con sus manjares de pan de horno, de coco, y de canela. Seguimos viaje, bordeando la península hasta el extremo más septentrional de América del Sur continental, el Cabo San Román y luego por los caminos de adentro, a visitar el interior de esta formación extraña que conjuga un equilibrio de artista, quien vea el mapa de Venezuela, adivinará que entre la concavidad del Lago de Maracaibo y la convexidad de la Península de Paraguaná, hay una correspondencia inequívoca y perfecta, obra de arte, indudablemente de la madre naturaleza que la pintó así de un maremotazo.
Dentro de los misterios de la península, caminamos por senderos sinuosos y serranos en una reserva natural en la que cactus vigilantes custodian armados de espinas a los árboles que lloran epífitas, mosquiteros de las hadas.
Ya de noche, pasamos por Santa Ana, antiguo colonial, con la primera iglesia erigida en la zona y que aún conserva su blanco de yeso iluminando la noche con la luna.
Llegamos de regreso a la casa de los pájaros y lo primero que hice fue poner la pavita verde en la cocina para tomar unos reconfortantes mates mientras charlo con ustedes a través del blog y colaboro en la posada atendiendo el teléfono in English.
Mañana a primera hora, mecánico, y si todo sale bien y la rueda yira yira nos vamos para Chichiriviche!