Cartagena de Indias, 28 de diciembre de 2009

Larga y salvaje odisea para cruzar el Darién, de América Central a América del Sur, de Panamá a Colombia, por tierra, por barro y pasada por agua, mucha agua.

Llegar a Cartagena fue la odisea anteponiendo el adjetivo «larga». En Colombia se pone duro que alguien caliente el agua y la pavita està en el auto y el auto, me avisa Tea, todavìa està en el puerto de Colòn. No lo puedo creer. Esto no puede ser. Me pidieron entregarlo el 21 y al parecer no va a llegar ni para el 31! Espero que pronto haya una respuesta concreta al respecto. No me gusta pensar que la autita yace flotando en el mar, a la intemperie de la sal marina durante tantos dìas y la verdad me revienta que hagan esto. Dijeron que salìa el 23 y hoy es 28 y todavìa ni saliò. Estoy en contacto con Tea al respecto y si tengo que hacer quilombo llamo yo misma la naviera y demando, supongo que debo tener algùn derecho, es mi auto, està en un barco, tengo un papel de la naviera que lo corrobora y otro del puerto y ya paguè.

Volviendo a la larga odisea, el cruce del Darién, leer:    https://marialaqueviaja.com/zona-prohibida/

La lancha sale de un lugar llamado Tubalá donde baja una avioneta que debería llegar a Puerto Obaldía pero no llega, baja ahí nomás, en Tubalá, en la costa. Nada de aeropuerto o pisa de aterrizaje. Una locura! Luego la lancha que tarda dos horas o màs en llegar a Puerto Obaldìa, con la proa en punta hacia el cielo, embistiendo olas de dos a tres metros de altura. La lancha les hace frente y siempre pa’elante, cae como podrido sobre la inmensa masa de agua marina. El casco suena que parece que se parte y yo me consuelo, es un bote y està hecho para esto…

Puerto Obaldìa es un puesto militar, viven cuatro o cinco personas y el resto son militares y son muchos. Ahì se`pasa por migraciones para sellar la salida de Panamà y sale otra lancha hacia Capurgana. Esta fue de oleaje pronunciado tambièn, pero uno se va acostumbrando. Tardò media hora y se sella la entrada a Colombia. Capurgana luce màs encanto, hasta daban ganas de quedarse un poco pero visto y considerando que anunciaron una tercera lancha a Turbo encarè. Esta lancha ya para mì, fue una papa. Iba lo màs bien, con toda la experiencia adquirida, eran màs de las dos de la tarde, el mar estaba calmo o me pareciò a mì. Dos horas màs de lancha para llegar a Turbo. Turbo es feo. Nada que valorar. No habìa internet y no pude comunicarme, detalle nimio, pero ademàs de eso, nadie querìa calentar agua para cargar el termo y eso a mì, como una daga en el pecho, mientras, la pavita verde y la hornalla estàn adentro del auto en algùn lugar del Puerto Manzanillo en Colòn. Los hoteles en Turbo no bajaban de 8 dòlares y eran bastante decadentes, olorosos de humedad y sucios. Tuve que quedarme en uno porque ya a esa hora no habìa buses rumbo a Cartagena.

Esta mañana me levantè apenas amaneciò. No dormì mucho. El tv del hotel estuvo encendido con el volumen al mango hasta la madrugada, despuès hubo gritos. Me levantè como a las 5 y me fui a la terminal, sin mate. Salì hacia Monterìa, son como 4 horas y media de viaje. El camino es mitad de tierra y mitad de pavimento con pozos. Todo muy movidito, nada que envidiar a las lanchitas. En Monterìa, otro autobùs a Cartagena, cinco horas y media màs.

Lleguè y me tomè el metrocar hasta el centro, habìa tràfico y tardò cerca de una hora. Hoteles todos re caros porque dicen que empieza la temporada. Estoy en uno que cuesta màs de 10 dòlares y menos de 20, 25mil colombianos, 1 dòlar es 1900/2000 colombianos.

Supongo que voy a encontrar palabras para relatar las bondades de Cartagena, no las tengo hoy, no he visto casi nada y lo que he visto no me gusta, pero a todo el mundo le ENCANTA Cartagena, asì que a partir de mañana les cuento.

De todas maneras espero irme lo màs pronto posible a Venezuela.

Viaja por la aerolìnea Aires resulta màs econòmico que todo el traqueteo que yo hice, pero no lleguè a tiempo para conseguir pasaje con las fechas festivas de navidad y fin de año. Los que quieran hacerlo, Panamà-Cartagena o viceversa, aconsejo volar directo por esa aerolìnea y no hacer este trajín que no se disfruta mucho, sòlo como una experiencia màs, una aventura, pero es màs tardado, màs cansador y màs caro.

Esta màquina, en el hostal Holiday, tiene un virus, todo el tiempo, mientras escribo baila un cartel por la pantalla anunciando que la computadora serà atacada, ya me està mareando!!! Me voy a tomar unos mates al patio, espero conseguir agua o rompo todo!!!

Cartagena de Indias, 29 de diciembre de 2009

Cartagena es PRECIOSO. Tengo un problemita con la cámara de fotos. Quisiera ya estar metiendo fotos en el blog para que vean. Casona antiguas, coloniales, llenas de balcones con flores. Plazas enormes con calor y palmeras y de frente a todo esto, barrera contundente, amplia, impasible, el Mar Caribe. Es muy lindo. Lo primero que se cruzò en mi camino, de forma totalmente inesperada, fue la Casa de Garcìa Márquez. Ni sabìa que tenìa una casa acà y de pronto miro el mapa y oh! Estaba paradita en la esquina de su propia casa. A él no lo vi, pero pude intuirlo detràs de las ventanas. Estaba ahì.

Cambiè de hotel. Estoy en Casa Viena, cuesta menos de 10 dòlares, tengo internet gratis y cocina donde puedo almacenar mercaderìa en la heladera y calentar el agua para el mate. Me queda poca yerba y por acà no tienen ni idea de lo que es el mate, asì que no creo que haya.

Tea me avisò que probablemente el barco sale hoy, sino mañana, asì que me queda poco y voy racionando la latita de yerba que traje conmigo.

En cuanto pueda subo fotos. Los colombianos no son la amabilidad del otro mundo que me habìan pronosticado. Son simpáticos, normales, no sonrìen como los argentinos, ni tienen el semblante bueno de los guatemaltecos o los nicas, ademàs se ve que tienen un hambre, que donde pueden te sacan un peso màs, pero todo bien, de todo se aprende. Las personas del hostal son simpàticas, en la calle màs o menos. La ciudad es pintoresca, colorida, da para caminar y perderse en los callejones. Està lindo. Recorrerè centro y alrededores hasta que llegue mi autita querida y cuando la tenga, sigo viaje, al timón!

Cartagena de Indias, 30 de diciembre de 2009

Casi todas las personas con las que hablo un rato desde que estoy en Colombia, y si entramos en tema, tiene en su familia uno o más de uno, muerto sin saber quién lo mató. En la mayoría de los casos fueron encontrados amarrados con alambres, muy golpeados, torturados y con un tiro de gracia en el medio de la nuca. Qué pasó, quién fue… no se sabe. Se denuncia en la policía, no se denuncia en los medios. La gente con la que he tenido oportunidad de hablar, un rato, mientras tomo mate, es gente sencilla. No se animan a publicar sus historias, casi no se animan a contarlas, tienen miedo, porque tienen más hermanos, o porque tienen hijos. Por lo visto que esto pase es normal y están convencidos de que nada puede hacerse porque hacer algo resultaría peor.

Hay muchos militares. Están dispersos por todos lados. Me di cuenta hace un rato, que caminando, tomé dos fotos y en las dos, en el fondo hay un militar. No me sorprende.

Hoy fui a las playas cartaginesas, Boca Grande y Laguito. Son playas de ciudad, hay mucha gente. Se puede ir caminando tranquilamente desde el centro histórico, por el muelle de los Pegasos, y después, el largo malecón hasta que aparece la zona costera, moderna, de edificios altos. La playa es angosta, con escolleras de piedra. La brisa una bendición. Me tiré al sol como las iguanas y al mar como las sirenas y volví por los callejones del casco viejo amurallado.

Tomé mates mientras charlaba y charlaba y reflexionaba de qué manera hacer algo, algo que denuncie, multiplique pero no sea peligroso para nadie, es complicado, cualquier referencia, fecha, lugar, nombre, hecho, puede delatar de qué asesinato se trata… Quisiera gritar al mundo que esto está sucediendo, es muy feo, triste y doloroso. Es una mierda. Hay confusión en los colombianos. Los multimedios siempre tienen que ver en favorecer esa confusión y acá se ve que vienen haciéndolo desde hace largo rato. Es difícil refrescarle la memoria al pueblo colombiano, me alegra escuchar, después de una hora de charla la palabra «bogotazo», como un hecho lejano, histórico, pero que al fin y al cabo les pertenece y se oculta en un rincón de la memoria.

Esta noche ceno frutas, como para digerir una tarde demasiado condimentada.

Mañana termina el año 2009, según el calendario gregoriano equivocado y chueco, mañana sigue la VIDA y el VIAJE, los dos para mí son casi lo mismo, mañana, aguarda la Esperanza a la burbuja que viene llegando al puerto de Cartagena. Esa Esperanza me transporta con la mirada en el mapa, Santa Marta… Riohacha… Maicao… VENEZUELA! Falta poco. El corazón me arde, rojo como la estrella.

Cartagena de Indias, 31 de diciembre de 20o9

Venezuela deberá esperar y mi ansiedad ceder al mismo tiempo.

Por feriados y fin de semana en medio no será posible que tramite la salida del auto del puerto antes del lunes.

Hoy casi caigo en estado alterado de desesperación y angustia. Encima no me queda más que un puñado de yerba mate y los paquetes están en el auto. Sería muy feliz si me dejaran trepar al container, meterme adentro, sacar un paquetito de yerba y saludar de paso a la burbuja colorada y revolucionaria.

Entré en pánico porque llamé a la naviera y me dijeron, «tiene que pagar 65 dólares de consignación y 400mil!!!! De depósito.» (Además de que el barco llegó esta mañana y todavía no autorizaban el B.L para que yo pudiera adelantar algo en la aduana). Metieron el auto en un container. Viva la pepa, cada naviera y cada empleado se ve que hace lo que se le antoja en el momento de hacer algo. Yo no pedí container, pero a ellos se les ocurrió que era mejor y sí, seguro es mejor, pero ahora yo tengo depositarles para que vean si el container está en buen estado y lo limpien y después consideren si me devuelven algo, que ya me dijeron que limpiarlo lo tienen que limpiar y si está roto?? Yo qué sé cómo estaba antes de salir?? Además yo no pedí container!!!!!!! Y quién se hace responsable. La Barwil Agencies que fue la que me vendió el paquete??

Reconozco que conseguí un buen precio para lo costos reales de los fletes. Lo reconozco, pero justamente decidí embarcar porque era esa cantidad y no otra superior, sino había pensado regresar a México, vender el auto, comprar una bicicleta y empezar de nuevo.

Me revienta que me pasen por encima.

Hoy me reventaba casi todo. Compro un patacón, plátano frito. Cuesta 700 dice el hombre. Le hecha queso y me lo da y me dice con queso son 1300. Metetelo en el orto. Viste. Abusan. Esto es casi tan caótico al respecto como el Valle del Nilo, con la salvedad que hay un supermercado con precios visibles y yo para estar a resguardo de estas tranzas que me joden voy al super y después me cocino el hostal.

Como si fuera poco, los colombianos, tan amables que se pre-anunciaban, a todos y cada uno de ellos, en la calle, a los que pregunté si sabían dónde estaba la naviera, porque no la encontraba, ni siquiera se molestaron en abrir la boca para responder, simplemente movían la cabeza de izquierda a derecha.

«Hay gente que te invita a su casa a dormir y gente que te deja en la calle morir, hay gente de mierda y gente que no.»

Y hablando de mierda, el tapón de Darién debería llamarse «tapón de mierda». Ese tapón ahí no existe por necesidad de ecosistema o profusión incontrolable de la jungla. Ese verso que se lo hagan a los gringos. El tapón de Darién o de mierda, existe porque encierra un negociado enorme y ese negociado no es el Canal de Panamá, que igual es un negociado pero visible. En el tapón de Darién o de mierda, hay más que gatos encerrados. Y no me digan que no. Estuve cerca de ahí. En la puerta. La vegetación salvaje es fácilmente controlable. La ruta podría existir. Los milicos cuidan qué?? Hay tantos!!! Al italiano que encontré en los primero días se le ocurrió caminar y acampar entre el Darién y la costa y los paramilitares colombianos, lo sacaron con las manos atadas y los ojos vendados -para que no vea qué- y le advirtieron que fuera la última vez que se metía por ahí sin permiso. Qué tal??

El tapón de mierda nos jode la vida a los que aunque pocos, sumamos unos cuantos con el deseo y la oasadía y el atropello de querer surcar las Américas Latinas a pie, en bicicleta, en moto, en auto o con un carrito. Somos pocos, pero SOMOS, y esto nos caga. Para el resto del mundo es indudablemente un MUY BUEN NEGOCIO.

Y acá estoy. En el hostal Casa Viena, haciendo huevo. Leyendo. Ya me conzco la ciudad. Puedo ir a la playa, embadurnarme en Hawain Tropic y quedarme como las iguanas al sol hasta que pasen los feriados y la gente vuelva a trabajar. Con un depósito pendiente de 65 dólares que fui a hacer pero el único banco donde se puede cerró a las 11 porque es 31 y quizás, con suerte, pueda hacer el sábado en la sucursal de Boca Grande. Encontré la naviera preguntándole al pedo a los cartagineses, la encontré pateando. Previo me subí a una moto. Moto taxi, con casco y todo. Ese moto taxi me dejó por ahí, por la aduana, me habían explicado que era por ahí cerquita.

Afortunadamente el barrio no es tan choto como el de donde se hacen los trámites en Panamá. Es un barrio urbanizado, con casas, gente que vive ahí, algunos árboles y no es lejos del centro histórico así que regresé a pie, cruzando el puente de Román y con vistas al Castillo de San Felipe, por la Calle Larga llegué a la PLaza de la Trinidad y por la calle Guerrero hasta la de la Media Luna donde pasé por el hotel que estuve la primera noche ya que la empleada me había prometido un poquito de yerba que tenía en la casa. Es un poquititito pero de GRAN AYUDA!!!

Ahora tengo un B.L original, el sábado puedo ir a la aduana que atenderá desde las 8 para que vayan viendo… los papeles… y asignando un inspector… y a la sucursal del Citibank de Boca Grande, que atenderá desde las 11 de la mañana… un ratito… para adelantar… la naviera no trabaja hasta el lunes y hasta el lunes no pasa nada.

Esperamos. Venezuela espera. Yo espero. Y Argentina tendrá que esperarme un cacho más porque como va la cosa voy a tener que parar a laburar un rato antes de poder llenar el tanque en tierras brasileras. En Venezuela ya sé, que en cuanto a combustible no me tengo que preocupar, porque con un dólar tanque lleno.

Y aprovechemos cada oportunidad de brindar que por ahí se nos cumplen los deseos!!! Yo creo que sí. Ahí vamos.

Cartagena de Indias, 1 de enero de 2010

AÑO NUEVO! 2010!

Anoche brindé con ron con una pareja de argentinos cordobeses, periodistas y poetas.

Toda la noche hubo batifondo. Música muy fuerte. Los ritmos se enfrentaban desde las esquinas. Hubo fuegos artificiales. Inmensos. Los vi desde la terraza del hotel.

Varios de los viajeros que conviven aquí se fueron a una fiesta a la playa, a unos cuantos kilómetros de Cartagena. Volvieron un poco desilucionados. Dicen que fue un relajo de bebidas todo bien, pero había al por mayor y al revoleo LCD, éxtasis, cocaína… y además, les decían que había transporte de regreso y era mentira así que tardaron cuatro horas en regresar desde donde normalmente se tarda una hora y media.

Después de la medianoche me fui a leer, a pensar, a escribir, a seguir pensando, a dormir y en la mañana caminé plácidamente hasta la playa. Encontré un lugar calmo cerca de la orilla pero no tanto como para no ser presa de la embestida de la marea traicionera. Me apropicué panaza arriba y panza abajo. A eso de las 4, la tarde empezó a inquietar el hormiguero. Llegaba más y más gente. Junté mi pañuelo Palestino que hacía de lona y emprendí el regreso. Recién llego.

Hoy, playa.

Mañana, aduana.

Cartagena de Indias, 2 de enero de 2010

No adelanté nada.

La aduana o DIAM, no trabaja los sábados. Anticipo para los que vengan después. En la agencia de Ocean King o King Ocean, que es la naviera que se hace cargo del container en Cartagena, me dijeron, SÍ SÍ, EL SÁBADO TRABAJAN DESDE LAS 8, VAYA CON ESTE PAPEL QUE VA A PODER ADELANTAR UN MONTÓN. Fui. No trabajan hasta el lunes.

También fui a hacer el depósito de los movimientos de puerto al Citibank. Fui a la sucursal de Boca Grande que me dijeron que es la única que abre los sábados. SÍ, SÍ, VAYA AHÍ Y AHÍ HACE EL DEPÓSITO. Fui. No reciben depósitos en esa sucursal. Las otras están cerradas. Por lo tanto el lunes a las 8 de la mañana tengo que ir a hacer el depósito y al mismo tiempo tengo que ir a la aduana o DIAM a hacer el trámite o a ver, al menos, cómo se hace.

Si la ciudad de Panamá se destacó por ser la ciudad de gente más antipática y caracúlica de todas las que he pasado, Cartagena se caracteriza por ser la ciudad de gente más inepta de las que he pasado desde que salí de Guanajuato. Además, me parece una falta total de respeto que los empleados o funcionarios de King Ocean me hayan hecho perder un día pateando para no hacer nada. Al menos la ciudad es bastante bonita. Los barrios, los lugares donde tengo que ir no están tan lejos, puedo ir caminando, de paso mirando, pensando, elucubrando, engranando, puteando, bronceandome, insolandome…

Otra apreciación: en ciudad de Panamá las mujeres sacan a pasear el culo, dignos culos del monumento al bundäo, naturales. En Cartagena las mujeres salen a pasear las tetas, tetas de esas que aunque se acuesten como lagartijas al sol, no se desinflan, quedan como melones estáticos.

Voy caminando y voy sacando conclusiones acerca de la idiosincracia general de esta gente. Ejemplos:

1-El lanchero de Puerto Obaldía a Capurganá, tenía que cobrar 12 dólares. Le pago con 15. Espero el vuelto. Espero. Pido. Insisto. Lanchero acomoda sogas, salvavidas… Insisto, de nuevo. Al final exijo, dame los 5 dólares que voy yo a buscar el cambio.

2-Compro pasaje de Capurgana a Turbo. Previamente averiguo, cuesta 49mil pesos. Pago con 50mil pesos. Espero el vuelto. Nada. El hombre me mira inquiriendo con la mirada, que qué espero… el cambio por favor, me debe mil pesos. Cuesta 50mil me dice. No le retruco, cuesta 49. 50 precio de temporada, me dice. Lo miro, 49. Y me da los mil.

3-Voy a hotel trucho y feucho en Turbo donde nadie quiere darme agua para el mate. Pregunto cuánto cuesta, me dicen 14mil, llega alguien detrás, colombiano, pregunta cuánto cuesta, le dicen 12mil.

4-Tomo autobús de Turbo a Montería. Averiguo previamente, pasaje cuesta 34mil. Voy a sacar pasaje y me dicen 39mil. No, le digo, son 34mil. 39mil precio de temporada, me dicen… No, 34mil. Pago 34mil.

Sigue el camino y siguen los ejemplos horribles de este tipo.

Hoy lo que me molestó, y no tanto, porque a estas alturas me da risa, es la falta de respeto y la ineficiencia, la gente que se supone trabaja en un rubro y que se supone debería saber cómo se manejan las instituciones fuertemente vinculadas a ese rubro, no saben nada. Parece como si fuera la primera vez que reciben un auto embarcado.

PERO ESTOY CONTENTA!!!!

Tengo contacto en Caracas, Henry, hermano de Urania, profesora de español que conocí en Guanajuato. Ya me escribió Henry y ni siquiera lo conozco y por lo que su hermana Urania me contó, será un eslabón fundamental en el tramo del viaje que tan ansiosmanete espero. Creo que él podrá ayudarme a saber dónde ir, a qué puerta golpear para trabajar en Venezuela. Quiero ser parte del proceso bolivariano. Quiero ser parte. Quiero estar ahí, quedarme un poco, hacer algo y algo más todavía.

Es probable que mi llegada a Argentina se atrase, se postergue, pero no es posible que se suspenda, en algún momento, presumiblemente y con buenas perspectivas, en el 2010, voy a llegar. El tiempo vuela y voy a llegar de un momento a otro, pero ahora tengo tanta Venezuela por delante como inversamente proporcional dinero en la bolsa.

Cartagena de Indias, 5 de enero de 2010-Autita nerede?Síííí, ahí estááá!

Al fin. Autita en «parqueadero» a la vuelta del hotel.

Recuperar un auto embarcado en Cartagena es inhumano. Se necesitan dos días. Cada paso es generar un formulario, una base de datos, una colilla, un link. Cada generación requiere dos horas y pasar por varias oficinas o ventanillas para ser selladas. Algunas de estas oficinas están en Manga, a 20 minutos caminando del centro. Otras están en Contacar, barrio Mamonal, a 15 minutos en vehículo de Manga.

En Contacar, todo se paga. Los días de almacenaje son 3, siempre, no importa lo que diga la naviera en cuestión. La gente del puerto me aseguró que son 3 y corridos, si hubo feriados en el medio, mala leche, hay que pagar igual.

Haciendo historia. Tuve que entregar el auto en Puerto Colón el día 21 de diciembre. Dejé la llave pegada en la puerta. El auto sería embarcado fuera de contenedor. LO-LO. Más barato. Para mí accesible, dentro de mis posibilidades. El barco saldría el 23 y yo tendría tiempo porque me habían dicho que había 5 días gratis de almacenaje en Puerto de Cartagena.

El 23 me informan que el barco se atrasó y saldrá el 27. Me parece bien, porque es el mismo día que sale mi vuelo a Tubalá y así no corro riesgos de pagar alamacenaje si las lanchas se demoran.

Llego a Cartagena el 28 y me informan que el barco se rompió y va a haber otro para el día 29. Este barco carga al final mi auto, dentro de contenedor y el barco llega el día 31.

El 31 intento empezar el trámite pero ya se vive el fin de año y no se puede adelanbtar nada. El primero de año, menos. El sábado 2, la DIAM (aduana)en Manga, no trabaja, pero el puerto sí. El domingo 3 no.

Cuando el lunes 4, reclamo los días que se me cobrarán de almacenaje por los feriados, la secretaria me dice que el puerto trabajó el 2. Yo le retruco que la DIAM, que es lo primero que hacer no. Le explico a la chica que así las cosas, está mal coordinado, mal organizado, que hay que cambiarlo para que a los que les toque pasar en otro momento por situaciones similares no pasen por los mismos problemas que yo. No puede ser que se cobre almacenaje cuando hay más de 3 días consecutivos que son feriados, no puede ser que se pretenda trabajr en puerto ingresando mercadería a Cartagena si la aduana va a estar cerrada. Es que no tiene sentido. La secretaria, cándida, me dice «siempre hemos trabajdo así» y a mi me salió del alma decirle «pero… entonces… son todos tarados». Medio con tono de pregunta.

Para esto ya vengo con problemas.

Ayer, lunes, antes de las 8 de la mañana ya estaba en la puerta del Citibank del centro para pagar los 65 dólares a nombre de Caribbean American Shipping. Pago. Voy a la DIAM. Entrego alegremente las primeras copias del B.L, pasaporte primera hoja y hoja del sello de entrada a Colombia, tarjeta de circulación.

En todo momento entregué copias, siempre. En ningún momento, nadie, me solicitó un solo original. Ni uno. Me di cuenta que lo que importa es sacar dinero, mucho dinero. La autenticidad del vehículo, el titular o lo que contiene lo tienen olvidado. Para el caso, mejor. Una cosa menos.

Bien. Continúo.

Con esas copias en la DIAM, van a generar un formulario. Espero 2 horas y media. El lugar es agradable, hay asientos, hay aire acondicionado, está limpio. Me entregan el formulario y me solicitan ir a Contecar -primera vez que escucho el nombre- y buscar a Jesús Martinez para que firme ese documento.

Monto en una moto. Una moto es una moto. No es como el mototaxi o motocar de Cuba o Perú. Es una moto. El pasajero, yo, se sienta atrás del conductor con un casco que el conductor le presta y allá vamos.

En Contecar, pregunto a unas cuantas personas quién será Jesús Martinez, explico por qué lo busco y al final lo ubico. Cuando le doy para que me firme los papeles parece no entender y me dice que tenemos que volver a la DIAM. Volvemos con un amigo de él que nos lleva en coche. Pregunta. Me firma. Me firma el director. Ese papel es la inspección de la aduana. Inspección?? Firmaron sin ver nada.

Con eso tengo que ir a la naviera King Ocean de Caribbean American Shipping, a liberar el B.L. En la naviera me exigen el depósito por posibles daños en el contenedor. Ya había escrito a Evelyn de la naviera Barwil Agencies de Willhem, en Panamá, solicitando me eximan de este depósito y posible pago ya que fue error de ellos poner mi auto en un contenedor cuando debía ir como carga suelta. Me quejo, me enojo, lloro, pero ni siquiera esta receta de las lágrimas Zulema Alarcón funciona. Son inflexibles. Por dos horas esperamos respuesta de Panamá, para saber si van a asumir los gatos que origine el conenedor. Finalmente me prestan el teléfono para llamar a Evelyn y ella me dice que no. Que la decisión de poner el auto en contenedor fue que había temporal, mal tiempo. Y no. No se harán cargo. Le cuelgo mal.

Salgo, corro, vuelo al centro, necesito 200 dólares urgente. Los consigo. Corro y vuelo otra vez a la naviera, en esta oportunidad, en forma rauda, noto cierto respeto por mi tono autoritario al habalr con Evelyn, me facilitan todos los recibos que necesito y liberan el B.L.

Voy rapidísimo a Contecar. Son las 3 de la tarde. Llego con la ilusión de ya tener casi todo el trámite hecho y la secretaria me recibe con la indicación, «muy bien, con todos estos documentos, vamos a INICIAR, le trámite de la base de datos para…»

Ahí, 3 de la tarde, empieza otro largo periplo de recabación de datos, formularios, colillas, sellados, fotocopias, facturación, pagos! Hay que pagar más. 240 dólares por el movimiento en puerto pero al puerto. Ya había pagado 65 a la naviera. Hay que pagar el almacenaje, más 80 dólares de vaciado del contenedor. Me siento agotada, confundida. No me dan los números. Quiero seguir viajando. Yo tenía todo calculado. Yo tenía el presupuesto. Parece que se me acaba el mundo en ese momento, con tantos papeles por llenar, por fotocopiar, por duplicar, generar, pasar por una oficina y por la otra y después esos son para hacer otros y cad vez son dos horas. Estoy tan desesperada y sin saber cómo voy a resolverlo que la miro a la mujer y con lágrimas Zulema Alarcón le digo y pensar que yo estoy cumpliendo el sueño de mi vida, que al fin lo puedo cumplir porque los médicos me dieron tres meses de vida. Ante mi desazón total, la secretaria me da un sermón de lo valioso de estar vivos hoy y de no pensar en la muerte y Dios y la Virgen, pero de omitir un paguito, aunque sea uno solito, ni hablar.

Me dan más formularios, tienen que ser llenados con letra clara, sin enmiendas, ni tachaduras, pero apoyando en la rodilla, porque ahí afuera, aunque está bien el lugar, limpio, fresco, no hay mesas. Hay muchos empleados que miran. No tienen mucho que hacer. Hacen de vez en cuando algo, con una pachorra indiscriptible.

A las 5 de la tarde, me informan que el vaciado de contenedor, siempre, se programa para el día siguiente.

Entre todos los pasos a hacer fui y volví 4 veces de Contecar a la Diam. Regresé al hotel a las 8 de la noche, previo comprar verduras para hacer una ensalada y acompañar el pesacdo sabrosísimo que hiz Norman.

El día de hoy, 5, fue casi igual hasta las 4.10 de la tarde, hora en la que al final pude sacar el auto del puerto. Estoy my feliz por esto. Como una parturienta, cuyo dolor, al ver asomar la cabecita del hijo amado, se termina. Es más, la hija autita vino con un raspón adicional, una manchita de nacimiento, y sin la llave; por suerte tenía un duplicado en la mochila en el hotel, y moto viene, moto va, pudieron sacarla del contenedor. El contenedor tenía el techo roto, así que el temporal funiculí funiculá. Por suerte no me hicieron responsable de los agujeros, solamente de limpiar el contenedor y me devolvieron buena parte del depósito de 200 con lo que pude cancelar parte de los otros pagos del puerto.

Muchas veces, cuando quería tener información de otros viajeros, acerca de qué hay que hacer para embarcar y desembarcar un auto entre Panamá y Colombia, ellos normalmente escriben «son tantos pasos que no es posible y sería aburridísimo contarlos». Nadie es capaz de describir, narrar, todo lo que hay que hacer. Por eso digo que es inhumano. Porque a cada ventanilla que a uno lo mandan, hay que esperar, porque cada espera lleva a otra espera y cada espera lleva a otro pago. Es larguísimo y muy caro. De todas maneras tengo toda la onda para ayudar con las respuestas que estén a mi alcance a los que quieran hacerlo. En Panamá pueden contar con la ayuda de Tea, inavluable, aunque en este caso las navieras no resultaron bien, ella conoce a todas y seguramente esta experiencia mía servirá para que evalúen si les conviene o no utilizar los servicios de las que a mí me tocaron. Yo, mientras no exista una ruta en este tapón de mierda, que no son más de 84 km, volvería a cruzarlo, pero en monopatín, en bicicleta… en auto, así, no. Estuve averiguando los barcos que van desde Manaus a Belem o Porto Velho por el Amazonas, demoran entre 4 y 6 días y cuestan con auto y alimentos para el pasajero, mucho menos de la mitad de todo esto. Esto es vergonzoso. Es un robo a cara descubierta.

Hoy estoy tranquila, demás está decir que una de las primeras cosas que hice fue verificar la presencia de la yerba en la conservadora y sí, ahí está! Tengo yerba.

Voy a darme una buena ducha y unos buenos mates.

Pamplona, 18 de enero de 2010-Nous allons illegaux

Cuando hace un par de años, mis hijos y yo llegamos a Tunez, tras haber cruzado el Mediterráneo desde Sicilia, intentamos jugar a ser fugitivos en el norte de África. Entramos escabullidos por las dársenas de un puerto nocturno y nos perdimos en la oscuridad detrás de nuestras mochilas enormes, con la voz agitada cantábamos, nous allons illegaux, nous allons illegaux… Esa vez, fuimos sorprendidos por un policía disfrazado de civil, fue amable, en general, todala gente en Tunes, fue muy amable, aún cuando nosotros fuéramos fugitivos.

Ahora estoy en Colombia. Ilegal. Ilegal en Colombia.

Vine por una ruta que me fueron explicando en las alcabalas del camino. Salí de Mérida esta mañana, Denyris, la dueña del hotel, venezolana y periodista, no me dejaba ir. Tomamos mates, quería seguir charlando. Me regaló una bufanda tejida al crochet, en la montaña hace fresco, sobre todo cuando desciende la bruma de las tardecitas.

Al final nos despedimos, con besos y abrazos, ella invitándome a su casa y yo prometiendo regresar.

Oficialmente, sigo en Venezuela. Nunca salí según no lo atestigua mi pasaporte.

Salí y tomé la ruta que de pronto dejó de parecerse a los nombres estudiados en el mapa. Yo hago una lista en una hojita, los nombres de pueblos que debo ir cruzando o desvíos a tener en cuenta, un boceto o borrador de lo que será el camino. O el papel mentía, o era de un viaje anterior, o yo estaba soñando -a veces pasa que en los sueños se nos adelantan, se nos confundem las cosas, la ansiedad nos traiciona dentro del insconsciente y es como estar viviendo un viaje más, con otros percances, otros amores, otros paisajes, es maravilloso-. En fin, que los nombres del machete no se correspondían con los carteles de la ruta. Pensé que había agarrado para el lado de los tomates, no es raro, siempre me equivoco varias veces y a lo mejor como antes fui a un supermercado grande a gastar bolívares en víveres, me había perdido. Pero no. Preguntaba a los guardias en las alcabalas y me decían que estaba bien, que llegara hasta Coloncito y ahí doblara en el toro, a la derecha. Yo no había anotado ningún Coloncito, pero la ruta estaba buena, una autopista, así que pregunté algunas veces más y le seguí dando. De pronto, OH! Puente roto. Desvío. Cruzar por el río!! La autita!! Río!! Nooooo. A caeja noooo. No había vuelta, la cola de autos, auto al agua! Cruzamos. Seguimos y al rato, puente caído, río con correntada, un pibe adentro guiando a los autos, agua a las rodillas del pibe. No va a pasar, le digo yo por la ventanilla. Autita es muy bajita. Una liliputiense. Sí pasa, dijo pibe y autita al agua! Se portó y a partir de hoy, no me caben dudas que además de terrestre es anfibia.

Llegué. De Orope, salida de Venezuela a Puerto Santander, Colombia. Nada de migraciones, nada de ventanillas, nada de oficinas, un puente de fierro, un cartel de Chávez saludando Feliz Viaje y una bandera de Colombia. Su ruta. A los 45 km estaba en Cúcuta y al rato en Pamplona. Ilegal.

Espero que esto no me traiga problemas al salir para Ecuador. Tengo menos garantías que posibilidades, pero tengo un pasaporte confuso, con tantos sellos y tengo tantos papeles… que no voy a hacer malos pronósticos, sino, todo lo contrario.

Pamplona es una ciudad colonial, muy vieja, de una edad colonial que se adivina muy temprana en su construcción, el hotel donde encontré lugar, con estacionamiento al lado, económico y gente cordial -agua para mate-, también trae consigo unos cuantos siglos. Me gusta.

Salgo a perderme en los callejones que serpentean las laderas andinas, altas laderas.

Me acostumbro con cierta dificultad al sabor de haber dejado Venezuela -aunque oficialmente sigo allá y si me quieren deportar, no me niego-. Una parte importante de mí permanece allá. Lo que he visto en ese país supera lo que desde antes traía como una ilusión. Las decisiones se toman todo el tiempo, sin titubeos. No se le da mucha vuelta a nada. Algunos acusan «autoritarismo», pero antes seguro hubo una advertencia, una ley, una decisión orgánica comunal; y si alguien o alguienes no cumplen, especulan, mienten… y se actúa en consecuencia, de inmediato, pregunto ¿autoritarismo? Las cosas se hacen, es visible, hasta la gente que medio sin saber por qué, dice que no le gusta el gobierno de Chávez, en la discusión, no puede dejar de reconocer lo que es demasiado evidente como para ser ocultado, callado, malentendido, fui testigo de hechos todo el tiempo. Culpa de las maquinaciones mediáticas, de los comentarios, de que cuesta creer en el ser humano y sus buenas intenciones, de que hay gente que todavía cree y vale la pena, yo llegué a Venezuela con reservas, por guardar una actitud crítica y no ser encegecidamente obsecuente con mis principios e ideología, me propuse observar, escuchar, a ver si era cierto o no era cierto esto o aquello. Doy fe de que la realidad superó mis esperanzas y fraguó cualquier reserva. Si antes era chavista, ahora soy más chavista que antes, y debo agregar, aunque suene abusivo o exagerado, que lo que veo en ese hombre cuando habla con la gente, lo que escucho, es un gran amor, inconcebible en este mundo de cosas, capitalista y ultrajante, es un amor muy grande.

Pero ahora estoy en Colombia, ilegal. Debo resignar algunas consignas, soltarme el pelo para que la estrella roja no me delate, y seguir avanzando hacia un horizonte nada lejano.

San Gil, 19 de enero de 2010

En la ciudad de los giles.

Esta ciudad se llama San Gil, creo que no es el gauchito, porque éste, en lugar de bombachas, andaba de sotana -va foto-; la ciudad está enclavada en el medio de la cordillera. Es una ciudad colonial, con un vasto movimiento puebleril en las calles, de simpáticos giles. Como si fuera poco, me alojo en un dormitorio comunitario en Macondo. Ya compartí unos mates con Úrsula pero aún no he visto ni santo ni seña del coronel Aureliano. El primero de los Buendía sigue atado al árbol y yo abro puertas a hurtadillas por ver a Melquíades.

Esta mañana tomé la carretera de Pamplona a Bucaramanga, la ciudad de Maritza, compañera del camarada Fernando Morón. La ruta que une Pamplona con Bucaramanga y luego Pamplona hasta San Gil, es típico camino serrano. Curvas y más curvas. No hay opciones. Acá ni Mahoma vino a la montaña ni la montaña se fue a Mahoma. La montaña está ahí, firme e inconmovible, dura como su misma piedra. A veces la ruta se vuelve tan angosta, que en algunas curvas, cuando un camión me enfrentaba, yo me agachaba y me hacía chiquitita -más chiquitita- adentro de la burbuja, para que el camión amenazante no me aplaste. Como no hay opción, por esta ruta, pasa todo el tráfico necesario hacia Bogotá de norte a sur y viceversa. Es concurrida y lenta. No se puede ir prácticamente a más de 60 km por hora, por un lado por la secuencia de curvas, por otro, porque uno queda chupado atrás de un camión de carga y no es posible rebasar.

En Bucaramanga, ciudad grande, me extravié entre los bocinazos y las avenidas y volví a encontrarme en la autopista que en breve se resumió otra vez a una angosta senda pavimentada pero irregular.

Y se acabó lo que se daba. Se acabó la gasolina venezolana y hubo que sacrificar una puntada ovárica y cargar 40mil pesos! 20 dólares! Ay! También reaparecieron en escena los peajes, hoy fueron dos de 6000 y uno de 4000; Y…

la policía!

Me pararon, los soldados, para requisar el vehículo. Abrimos el baúl, miraron y toquetearon los bártulos y nos entretuvimos con la charla, el viaje… la travesía… uno de ellos quisiera hacer un viaje de este tipo, así que me preguntaba cosas, acerca de los caminos, las dificultades, el embarque y siga su ruta. Feliz viaje! me dijo con una sonrisa y por suerte, no me pidió papeles.

El paisaje, durante todo el trayecto, es impresionante. La cordillera muda de abrigo según la altura y la humedad. Hay tramos desérticos, de ocres, lilas y caobas, de los que de repente brotan los múltiples verdes. Se viste y se desviste, igual que la gente que bordea el camino con sus ponchos de lana o sus escotes.

Vuelvo al corredor de Macondo, hay una ventana abierta al cielo, impecable para unos mates en la hamaca anaranjada.

Villa de Leyva, 20 de enero de 2010

Llego cantando con Soledad Bravo, a viva voz y lágrimas en los ojos, la era está pariendo un corazón, no puede más, se muere de dolor, y hay que acudir corriendo pues se cae el porvenir. Hay que acudir. Lo grito.

Valle de Leyva es lo más pintoresco que he visto en Colombia, es un pueblo de mentira con gente de enserio. Un pueblo donde me gustaría sentarme en una mecedora a tejer en lana cruda, detrás de un ventanal con malvones, sin que se me ocurran esas inquietudes constantes, de como sigo cantando con la canción, dejar la casa y el sillón, pero, la madre vive hasta que muera el sol y hay que quemar el cielo si es preciso, por cualquier hombre del mundo. Por eso me niego a quedarme en este pueblo blanco, bajo un cielo que a fuerza de no ver nunca el mar se olvidó de llorar y en cuyas callejas de polvo y piedra por no pasar ni pasó la guerra, sólo el olvido y YO, como ustedes escucharán, larlalalá! sigo cantando y andando mientras canto y así será, hasta la victoria.

Pero volviendo, Villa de Leiva, para hacerle una visita, vale la pena. Para llegar acá hay tres peajes de 6mil pesos cada uno, desde San Gil; la ruta es montañosa pero no tan escarpada como desde Cúcuta a Pamplona y de Pamplona a San Gil, la ruta está bien, es angosta y de montaña pero en bastante buen estado, exige una velocidad máxima de 80km por hora y desde San Gil toma unas tres horas. Por suerte todavía acuño víveres venezolanos, acabo de saborear media lechosa gigante y dulce. Llegué con la idea de acampar, pero visto y considerando que no encontré el camping que aconsejan en la guía de Lonely Planet y que autita empezó a rezongar por las calles empedradas, empedradas al cien por cien, nada de adoquines, piedra sobre piedra irregular, al final me quedé en la posada Colonial que también recomiendan en la guía como barata y buena y me parece buenísima.

Manizales, 21 de enero 2010

Larga la carretera. Más que larga con complicaciones y demoras. Agotadora. Agotadora porque tiene más curvas que Isabel Sarli -y que Raùl Gaido juàjuàjuà y que Maria Rotundo- y ademàs, agotadora porque tiene tantos peajes que en un dìa de viaje se agotò mi fondo planificado para tres o cuatro dìas. Una barbaridad lo que cobran, encima la nafta. No se consigue la «extra» (super) en todas las estaciones de servicio. La extra està costando 8700 pesos y pico el galòn.

De peajes juntè los papelitos, no tengo ganas de hacer la cuenta, pero a grandes rasgos desde Valle de Leyva hasta Manizales hay ONCE PEAJES!! Cada uno cuesta entre 6000 y 7000 pesos y son como 500 o 600 km en total los que hice hoy y que me tomaron DIEZ HORAS!! (Extraño a Venezuela, Venezuela bendita y gratis)

Entré de forma equivocada a Bogotá, perdida durante un rato y pèrdida de tiempo. Lo que aconteció fue que pregunté a un don señor por dónde tomar la ruta a Manizales y me dijo que en el Puente del Común tome a la derecha y después siga recto y después por ahí había una curvita y tenía que pasar por abajo de otro puente… entonces yo iba muy atenta, buscando el Puente del Común, que fue más o menos como decir, en la casa del conejo de Riva y peor porque lo del conejo hasta debe tener letrero, pero bueno, era un santo y seña muy particular el del puente del común, no como para ponerlo con mayúscula, así que yo lo re pasé de largo y cuando quise acordar tenía un cartel adelante que me decía BIENVENIDOS A BOGOTÁ DC. Noooooo!!!!!!! Pero salí. Fue re cómico porque me metì en un peaje que no me tocaba y cuando averigûé y como ya estaba ahì en la caseta, me bajè del auto y le pedì a todos los autos de la cola que por favor dieran marcha atràs y se corrrieran porque yo le habìa errado fiero y ni en DOPE iba a pagar un peaje demais. Asì que armè un kilombo bàrbaro en la ruta, los que venìan llegando que tocaban bocina y yo dirigiendo el trànsito, juàjuàjuà!!!!!!

La ruta entre Bogotà y el cruce que bifurca Manizales o Medellìn, hasta ahì es insoportable, una cola de camiones y colectivos y gente y un caloooorrrrr… despuès se calma un poco, pero le daba y le daba, a 40 y hasta 60 km por hora, màs no se puede, y Manizales no llegaba nunca, y yo me preguntaba la concha de la lora, dònde queda Manizales y una voz conocida que me respondìa, tranquila Marìa, ya estàs por llegar.

Lleguè casi de noche y empecè a buscar el Mountain House. Estacionè y cuando lleguè a la direcciòn que da la Lonely Planet, cerrado. Unos pibes me explicaron que se mudò y còmo llegar y acà estoy. Es en la Calle Larga, a tres cuadras de la Zona Rosa. Un barrio residencial, el Mountain House una masa, re lindo. Tenemos internet, desayuno incluido, cuesta 10 dòlares, y duermo en un dormitorio comunitario con dos muchachos que aùn no tengo el gusto de conocer pero acà estoy rodeada de unas chicas argentinas de Catamarca y Tucumàn, muy divertidas. Mate que da la vuelta.

Afortunada, porque ayer, en el Colonial de Valle de Leyva, estuve haciendo de las mìas, changa, le tirè las cartas a la gente, por lo que guste cooperar, a las gringas les cobrè un fijo en dòlar y bueno vamos zafando viteh.

El camino es alucinante. La montaña cubierta de un verdìn casi todo el tramo, las montañas paren entre sus laderas abiertas màs montañas, el atardecer fue indescriptible, los picos irregulares, naciendo sombreados en la bruma,la bruma que se diluye en la luz, hermoso. Esta es la ruta del cafè y los lugareños son tan simpàticos que hasta parecen venezolanos. Es otra onda, creo que me caen mejor los colombianos de este lado y aunque dicen que Manizales tiene pocas bellezas que ofrecer porque sucesivos terremotos la han destruido, yo hace un rato salì a comerme un maicito y me parece que es una ciudad interesante, asì que mañana, con màs luz, darè mi veredicto particular y acompañarè de algunas imàgenes.

Tengo un amigo saltimbanqui, es argentino, tiene una escuela de circo y acrobacia en La Plata.

Esta mañana, paseo por Manizales, ciudad de medio millòn de habitantes, habitantes simpáticos, gente activa, piola. Ciudad castigada por terremotos, reconstruida una y otra vez. Luce bien. Mucho trabajo artìstico en las calles.

Descanso y tomo mates como si estuviera en casa en el Mountain House. Planeo seguir mañana, de proa al sur.

Ah! Novedad. La gasolina extra aumentò, 8999 el galòn y encima es viernes que no se pueden tirar las cartas… y buè, habrà que salir a bailar a la calle con Matìas.

Popayán, 23 de enero de 2010

Ciudad blanca blanquìsima, erigida en las postrimerìas del siglo XVI. Casa altas y faroles. El paisaje cambia de olores. Se respira azùcar en su estado primigenio. Huele a dulce el camino. Los camiones pasan con cuatro, cinco y hasta seis acoplados cargados de caña. Los ùltimos acoplados se bambolean, ay mamita querida, si se nos cae uno encima…

Arranquè en la mañana desde Manizales, perfectamente, temprano. En las rutas de Colombia hay carteles, buena señalización, no me perdì, pasè por Cali y me entusiasmè en varias rectas, pensè que a ese ritmo llegarìa a Pasto, a dos horas de la frontera con Ecuador, pero lo bueno dura poco. Las montañas volvieron a parir laderas entre sus piernas de riscos y otra vez las curvas. Me detuve en Papoyàn, segùn era el plan.

La ruta fueron màs o menos 700 km. Gasolina, tanque lleno, 70mil pesos, què dolor… y peajes, DIEZ!!! De entre 6500 y 9500 pesos. Una guasada. La ruta està bien, pero voy a tener que empezar a hacer tiradas extras, jijiji.

La cana me parò dos veces. Con el primero casi entro en conflicto. Querìa plata. Me pidiò los papeles y los que le mostrè le parecieron bien… pero me pidiò otro, un seguro SOAC o algo asì. Al final lo convencì, ya me recorrì toda Colombia y nunca me pidieron eso asì que no me joda Don OFICIAL. Zafè. Con el segundo fue màs fàcil, charlamos del viaje. Odio que me paren. Pero buè. Acà estoy. Respirando azùcar y tierra hùmeda porque empieza a llover, en un hostal, dormitorio comunitario, con agua para el mate, y ganas de comer algo sòlido que no sean galletitas. Todavìa tengo galletas venezolanas y mangostinos nutritivos, un manjar.

Mañana, si la estrella y el viento nos acompañan, seguimos cantando a viva a voz en el camino, hacia el sur, quizàs con escala en Pasto, cada vez màs cerca de Ecuador, donde ansìo abrir la sonrisa pura y sincera, atarme el pelo en dos trenzas y estrechar camaradas.