Día 14: Aperlai-Üçagiz-Myra (2011)/Aperlai-Simena (2018)


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Muchos kilómetros y mucho calor, pero mucho, más que las veces anteriores y de rebote, con efecto invernadero literalmente hablando porque esta zona está plagada de invernáculos de tomates. Uno pasa por al lado y es un vaho de calor sofocante.
Hasta anoche dudaba de si tomaría el bote para regresar de Aperlai o si caminaría. El bote cuesta 50 liras turcas, más o menos una noche de alojamiento, pero, me ahorraba 15 km ya caminados con anterioridad, en sentido inverso. Además, si tomaba el bote y llegaba antes de las 8 a Üçagiz, podía tomar un bus para no repetir también los km hechos entre Simena y Üçagiz. Cabeza dura y codito de oro, no tomé el bote. Dije, 15 km? No son nada. Los hago de nuevo. Salí valiente, con viento en popa y el sol que empezaba a apuntar derechito a proa. Al cabo de una hora y media de caminata estaba harta. Fastidiada por el sol, por el camino de piedras y piedras y piedras, por tener que subir y bajar y cruzar esos campos abiertos y calcinantes sin un puto perejil a cuya sombre guarecerme un segundo. Esos 15 km repetidos se me hicieron larguísimos. No prestaba atención, perdía el sendero, el sol me encandilaba y no se dejaba de joder. Cuando vi el mar del otro lado de la península, me sentí más tranquila. Igual me volví a equivocar, llegué a la orilla del mar donde no podía pasar porque llegaba el agua y tuve que remontar las piedras. No lo disfruté, aunque es un sendero que vale la pena. Lo fue de ida.
Llegué a Üçagiz y encaré la ruta hacia Sura. En varios puntos, la ruta lycia se toca o concuerda con la ruta para autos. La carretera. Caminar al sol por carretera, con este calor, y el peso, no es lindo. Antes de llegar a Sura, vi allá abajo, el puerto de Andriake, donde tenía pensado acampar. Alrededor, el campo, lleno de invernaderos. Miré la bajada, miré la ruta, y no bajé a Andriake, seguí caminando y como dijo Farid cuando llegó a Roma, me caí de culo. Frente a mis ojos se desplegaba como un abanico a lo largo y a lo ancho de la montaña, la ciudad de Myra, Myrr, en lycio.
Lo que permanece de la ciudad, son las tumbas y las casas que fueron cavadas en la piedra, más un teatro estilo griego también de piedra. Las casas que eran de madera perecieron. Según Fellow, que fue un explorador inglés de toda esta zona en el siglo XIX, las tumbas y las construcciones en la piedra tenían notables murales pintados, frisos en inscripciones. Cabe agregar que todo lo hallado en la ruta lycia y que Fellos consideraba de mayor interés o atractivo, se encuentra en el British Museum.
La ciudad de Myra es importante también en la historia de la cristiandad porque aquí llegó el apóstol Pablo en su prédica. Aquí se encuentra la iglesia de San Nicolás, cuyo santo fue robado por marinos italianos y está en Bari.
La ciudad lycia de Myra existe desde el siglo V antes de Cristo, se conectaba con el puerto de Andriake y fue atacada y saqueada muchas veces, por Brutus en el 42 antes de Cristo, por Germanicus en el 18 de nuestra era.
La iglesia de San Nicolás sufrió destrucción, ataques y robo, los normandos la reconstruyeron en el año 11, después fue abandonada tras el ataque de chipriotas en 1362, y finalmente reconstruida por un príncipe ruso. No sé si será por eso pero la ciudad, llamada actualmente Demre, está llena de rusos. Actualmente, Myra es una parada de peregrinos religiosos, alrededor hay varios monasterios, aunque como el terreno es muy accidentado, muchos prefieren llegar a Myra por ferry, hasta Andriake, y no caminando.
Desde acá, debería arrancar mañana una ruta de alta montaña y dos o tres días de camino sin más que pueblos fantasmas en el medio. Como no cuento con compañía humana, no puede acceder en aparente soledad a esa parte de la ruta. Sí, puedo subir durante varias horas, explorar el panorama, y luego bajar. Eso es lo que haré a partir de mañana.

Actualización 2018.-

Para llegar a Simena o Kalekoy como también se conoce, salimos de Aperlai que está en el extremo de un itsmo y cruzamos recto todo el itsmo. Al final del cruce que no es más de una hora, hay marcas que intentan confundirnos. Son marcas rojas y blancas como las de la Ruta Lycia pero grotescas, gruesas, mal hechas, chorreadas. Hay que observar la diferencia y no tomar los senderos equivocados que intenta desviarnos hacia el bar y restaurante del boathouse. La diferencia entre unas y otras marcas es bastante evidente. Dejar las falsas a nuestra derecha y tirar a la izquierda. En un momento parece ser que las marcas reales se acaban y sólo vemos las falsas conduciéndonos hacia la costa. No hay que llegar a la costa. La marca real esta sobre nuestra izquierda pero volviendo sobre nuestros pasos. Seguramente tendremos la sensación de que estamos caminando en reversa pero la pendiente, en subida, nos dará la pauta de que no es así. Dejamos entonces la línea recta del itsmo y volviendo algunos pasos en reversa y luego hacia arriba encontraremos más marcas reales y pircas. Luego es fácil. Cruzaremos algunas ovas, praderas, veremos algo de ganado y llevaremos la costa a veces más cerca y aveces más lejos sobre nuestra derecha. En tres horas llegamos a Üçagiz.

Descansamos un momento en la plaza junto a la ribera del mar. Üçagiz es un enclave veraniego, con muelles y botes. Las pensiones, en su mayoría están cerradas. Algunos nos ofrecen buen precio y lugar, pero es temprano, el clima es bueno, así que decidimos continuar hacia Simena. Salir de Üçagiz es por una calle de pavimento, detrás de la calle que bordea la costa, paralela a esta. Es prácticamente la única calle que hay y que sube. Es caluroso, no hay sombra. Apenas empezamos a subir vemos algunas tumbas casi domésticas, mimetizadas con los jardines de algunas casas y sus flores. No demoramos mucho hasta Simena, menos de una hora. Antes de llegar pasamos por un astillero repleto de barcos que seguramente estarán aprontándose y acicalándose para el próximo verano. En reposo por ahora. En Simena no hay nadie. Sólo algunos pobladores. Si Üçagiz es netamente veraniega, Simena aún más. El pueblo no es básicamente un pueblo ordinario sino muelles y casas de madera adosadas a los muelles, encaramadas en el acantilado. No hay calles, sólo caminitos o escaleras. La gente se maneja en botes, lanchas, barcos. Todos los servicios se cierran en baja temporada pero siempre queda alguien para comprar cena o desayunos. Mercado no hay, en Üçagiz sí.

Pasando el astillero y antes de llegar a este peculiar caserío encaramado en la ladera, desviamos para subir hacia donde se ve el castillo genovés. Sabemos que cerca de allí está la necrópolis y también la posibilidad de acampar.El castillo genovés es una fortaleza en la cima de ese morro. Desde abajo lo vemos y parece inalcanzable pero en muy breve tiempo estamos al lado.  Empiezan a aparecer ante nuestro ojos tumbas y más tumbas lycias. Algunas enormes otras pequeñas, gemelas, solitarias, mas arriba más abajo. Muchas. El castillo está a unos pocos peldaños de roca más arriba. Acampamos en medio de la necrópolis, entre las tumbas, bajo la guarda de antiguos fantasmas lycios y con unas vistas excelentes del mar y la isla de Kekova que está enfrente y es donde se encuentra una antigua ciudad lycia sumergida.

A pocos metros del campamento tenemos los baños del complejo de visitas al castillo genovés. Son unos baños de vanguardia. Nunca habíamos visto algo así! Todo electrónico o láser. La tabla del inodoro, por ejemplo, muy novedoso, da vueltas y va cambiando un plástico donde uno se sienta. Un inodoro que da vueltas y se llama tottolet.

Y claro, no lo conocíamos porque es una invención turca, Hélo aquí http://www.tottolet.com/ el famoso tottolet

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