Archivo de la categoría: Viajes

Etapa 3-De Aila a Termas de Epulafquen

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El camino arranca desde unos álamos que son muy visibles hacia arriba de la zona de acampe. El camino, de 12 km, es tranquilo. No tiene muchos desniveles pronunciados. Toda la primera parte puede llevarse a muy buen ritmo. Hay que cruzar varias tranqueras. Abrirlas y volver a cerrarlas. Transcurre por bosques, hay buena sombra, buen oxígeno. El sendero es claro. Hay que cruzar siempre muchos ríos, y hoy, muchos tramos encharcados, con mucho barro donde el pie se hunde completamente, y hay pocas maderas o piedras para hacer base. Metí la pata muchas veces. Hay dos pendientes, casi llegando al final de la senda. Son dos pendientes bastante largas. Ya ahí no hay tanto bosque, sino más cañaverales, y muchos cachos de caña en el suelo que hacen trastabillar un poco. Antes de llegar a la ruta 62, hay un río bastante ancho, que se puede cruzar por un tronco, pero ojo, el tronco está alto, y uno no siempre puede controlar su equilibrio con el peso de la mochila en la espalda. Yo lo vadeé. Lo crucé por el agua.
Llegamos a la ruta. El camping libre no está señalizado, así que todo el mundo, también yo, llegamos hasta el camping pago. Es el más caro hasta ahora, 40 pesos. Tiene baños y ducha caliente! Hay fogones, pero no hay luz y no está al lado del río o del lago, pero sí donde empieza un sendero temático, justamente inaugurado hoy y ese sendero va pasando por pozones de barro con agua termal natural que va desde los 30 hasta los 90 grados. Al final hay unos piletones construidos. Un baño reconstituyente.
Acá encontré un grupo de tres montañistas. El señor más mayor, que debe tener casi 60 años, hizo base dos veces en el Aconcagua. Estuve charlando con ellos. Llegó Emilio también, el señor mayor, 62, que estaba ayer en el otro camping. Llegó cansadísimo, lo invité con mis fideos ensopados.
Durante la inauguración del sendero, me llamaron, me invitaron con choripán, proteínas! Porque hasta ahora no hay nadie que se haya planteado hacer la Huella Andina completa. Había autoridades, gente de Parques Nacionales, y periodistas, y voy a salir en el diario Río Negro, con foto y todo. Además, Horacio Pelozo (el oso), uno de los diseñadores de la Huella Andina, me invitó a ir con ellos a pintar una de las partes que falta completar en el Lácar. De caminante, termino laburando en hacer el camino, como dice el poeta, caminante no hay caminos, se hace camino al andar.

Etapa 2- De Puerto Canoa a Aila

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Desde el camping, se camina bordeando el lago pero campo más arriba. Desde Pichicuyín, o Pici Cullín, durante dos kilómetros, se atraviesan varias tranqueras. Hay que ir abriendo y cerrando las tranqueras. Hasta el siguiente camping no hay marcas, pero la senda es clara. Esto se repite hasta el momento en lo poco caminado. No hay muchas marcas, no abundan, pero como hay mucha vegetación, la senda no se confunde con el resto del ambiente, y además no hay muchos caminos, sino ninguno, que salgan al cruce. A partir del segundo camping, hay que virar abruptamente a la izquierda y empezar a subir. Mi mochila, como de costumbre, pesa más de lo que debería, y, además, hoy estaba mal acomodada. Luego descubrí que era la olla, daba contra un borde y ese borde contra mi espalda, refregándome a lo largo de cuatro horas de subidas y bajadas. Hay que cruzar áreas encharcadas, equilibrando sobre troncos o piedras, y también hay que cruzar varios ríos. Casi todos están playos, en uno, utilicé los zapatitos de vadeo, también se puede cruzar descalzo, al menos en el de hoy.
Aila es muy lindo. Puse mi carpa en un lugar bastante privado. Tengo un fogón, pero casi no lo usé porque dos chicos de Mendoza y un hombre de Buenos Aires, me invitaron a comer y a tomar mates con ellos, así que usamos su fogón. Igual a mi me gusta tener mi rinconcito aparte. Bajé a la playa. Hizo calor, y no llovió, por suerte, y que no llueva mañana, sino cierran la senda. Lavé la ropa en el lago, me bañé, y tomé sol mientras se secaba la ropa. Bajo al lago detrás de la carpa, detrás de unos arbustos, es un espacio pequeño, encerrado entre piedras, para mí sola, topless a pleno.
El camino de hoy, después del segundo camping, sube y sube, zigzagueando, durante unas dos horas, trepping; se pierde de vista el lago. Después se calma la subida y cruza en medio de un bosque de pinos. Tranquilo, con algunos desniveles y varios mallines y áreas ahogadas o barrosas. Después se llega al camping, hay que registrarse, y la bajada abrupta, cruzando el río hasta los sitios de acampe. Cuesta 15 pesos. Los fogones son agrestes. No hay electricidad, ni baños, ni proveduría. La señora, Gladys, hace un pan casero muy rico. El señor que está con los chicos -Yamil y Tomi-, Emilio, compró pan, tomamos mate un buen rato.
Fueron 7 km, según el programa, 4 horas.

Etapa 1 – De Puerto Canoa a Base del Volcán Lanín

Esta es una caminata sencilla de alrededor de 4 horas para subir y 3 horas y media para bajar. No se puede acampar en la Base del majestuoso volcán Lanín, cara sur. Tampoco se están permitiendo ascensos desde esta cara ya que es el sector más nevado y hay desprendimientos de piedras enormes y aludes de nieve. Se puede llegar hasta ahí, hasta la base, y allá fuimos.
Hay que registrarse de 8 a 11 de la mañana en la Intendencia del Parque. Me levanté temprano,  fogón, mates y galletas, y despertar a Emanuel para que me cruce el estrecho del lago en la canoa. Fui la primera en registrarme. El camino me pareció sencillo. Es casi todo bosque, con suelo de tierra, blando, salvo algunos sectores pedregosos. Está señalizado medio al despelote. Se encuentra la marca de la Huella Andina, celeste y blanca, pero también redondeles rojos, otros amarillos, flechas de madera, flechas blancas o amarillas pintadas en las piedras, y algunas pircas de piedritas. Así y todo, por distraída, por supuesto, me perdí una vez. Por tonta. La senda es bastante clara y despejada. Después de unas 3 horas de caminata fácil, con pocos desniveles, subiendo de manera paulatina, se presenta una subida de 45 minutos que es bastante empinada, sobre todo al comienzo, pero no es para alarmarse, es posible para cualquiera. Terminada la pendiente, la vegetación empieza a ser más petisa y escasa, se convierte en arbustos espinosos, y finalmente son sólo rocas. Allí aparece el cartel de prohibido continuar. Son 12 km de ida y luego 12 más, la vuelta.
De regreso pedí que me cargaran la cámara en la Intendencia, ya que parece ser uno de los pocos lugares, además de Gendarmería, a algunos km de acá, donde hay electricidad. Por suerte pude cargarla un poco, sino, nos quedábamos sin fotos. Tampoco hay teléfono, salvo en Gendarmería. En la Intendencia tienen sólo radio UHF. Frecuencia 155675.
Ha hecho bastante calor y el lago es una belleza, así que me di una ducha aguas mansas y jabón blanco mientras tomaba unos mates, agua calentada previamente al fogón, y me comí unos panes caseros elaborados por Ester.
Para seguir la Huella, hay que registrarse también. La próxima caminata necesita dos días. Dicen que anuncian lluvias, espero que no, porque si llueve, cierran las sendas y no puedo continuar.

La previa-De Junín de los Andes al Parque Nacional Lanín

Primera recorrida de la Huella Andina Patagónica. Las primeras etapas reales aún no estaban marcadas, ver en los POSTS Argentina-Patagonia-Huella Andina

Primera vez!

Este es el lugar más bello de la Tierra. Seguramente será la frase más repetida en este blog. O quizás, este es un lugar alucinante. Se llama Pichicuyín. Está sobre donde el lago Huechulafquen se enangosta, antes de dar a luz al lago Paimún. Justo enfrente tengo al solemne Lanín.
Para llegar hasta aquí, arranqué desde Junín de los Andes. Hay colectivos que salen varias veces por día desde Junín hacia el Parque. Salen esporádicamente y se recomienda apenas uno llega a Junín, comprar el pasaje porque viene, francamente, hasta las manos. Todos mochileros. Las mochilas no entran en los portaequipajes. El pasillo lleno de gente que no ha conseguido asiento, más, más y más mochilas. Hasta adentro del parque, desde Junín, son más o menos 60 km. El viaje es lento porque enseguida de salir de la ciudad y cruzar el río Chimuin, se agarra camino de ripio y de montaña. El colectivo se detiene a la entrada del Parque Nacional donde todos tenemos que bajar a pagar el acceso. Hoy día cuesta 10 para los riongerinos, 20 para los argentinos, y 50 para los extranjeros. Hay un descuento para estudiantes. El colectivo cuesta 31 pesos y un suplemento de 2 por mochila.
Acá dentro del Parque ya no hay conexión internet, así que si hay tiempo y algo por chusmear o contar, es mejor ir a la estación de servicio, muy cerca de la terminal, y ahí hay un barcito y wifi.
A la entrada del Parque, donde se paga, también se pueden pedir informaciones. Cuando está todo finiquitado, subimos al bus otra vez y partimos. Bordeando el Hechu empiezan a aparecer los lugares para acampar, camping agreste u organizado. Hay varios, primero está La Tapera, después, Bahía Cañicul, organizado, Bahía II, agreste, RRR agreste, y después está la Intendencia del Parque, en Puerto Canoa; allí enfrente arranca el sendero para subir la ladera sur del imponente vecino que me mira desde enfrente, el Lanín.
Hay más campings más adelante, llegando al Paimún, y en el Paimún. El mismo colectivo llega hasta allí y por el mismo precio todo.
Para subir al Lanín hay que registrarse en la Intendencia, de 8 a 11. Recomiendan hacerlo a primera hora, ya que no se puede dormir en el refugio y hay que subir y bajar el mismo día.
Para aquellos que desean cumplir con las 24 etapas ya definidas de esta travesía –hay fracciones que aún no están abiertas- que suman 560 km -luego serán 600- recomiendan cruzar el lago y dormir aquí, donde estoy yo, en el lugar más bello y alucinante de la Tierra, Pichicuyín.
Desde la Intendencia del Parque, Puerto Canoa, hay que caminar 500 metros y entrar a la izquierda en dirección al lago siguiendo un sendero de más o menos otros 500 metros. Al final se llega a la costa del lago y hay un baderín atado a una caña con un cartel que dice: si quiere cruzar al otro lado del lago, haga flamear el banderín, lo atenderemos a la brevedad.
Saqué la caña con el banderín y me puse a bailar una especie de danza india. Iba de un lado a otro de la costa, como bastonera de banderían y no veía a nadie del otro lado. De repente me pareció ver una bandada de pájaros y en efecto, era una bandada de bandurrias que me venían a buscar.
En realidad desde el otro lado me respondían otros banderines blancos, pero no tenía los anteojos puestos. Al cabo de unos minutos una canoa con dos niños, Emanuel y Ale, cruzaron remando el estrecho del lago para irme a buscar.
El camping es agreste. Hay fogones armados por lo que ni tuve que tiznar la pavita de pies a cabeza, ni tampoco la olla. Hay mesitas de madera. Dicen que por ahí hay un baño precario, pero habiendo  tanta naturaleza ni me molesté en buscar el baño. Cuesta 30 pesos con los cruces en canoa incluidos. La abuela de los nenes que es la responsable del camping se llama Ester. Junto a mi carpa corre un arroyo de agua de montaña. Hay abundante leña alrededor. Luz no hay, internet, menos, aunque tienen un sitio en Facebook que visitan cuando van a la ciudad.
Es un espacio amplísimo. Con el lago y el volcán enfrente. La costa del lago es plácida, y el agua no es demasiado fría. Hay poca gente de este lado. Para mí, que amo este silencio y esta paz, es perfecto.

Poema de Liliana Ancalao

«…yo presiento que he de andar más todavía
quién sabe cuánto
hasta vencer el miedo de acercarme hasta ellos
para medirme en sus ojos tan profundos de espacio
y aceptar el milagro de un silencio de nieve
que desprenda la costra   los últimos abrojos

si resisto es posible que me permitan ellos
sumergirme en sus ojos   ingenuos infinitos
estaquearme un instante
en el centro del tiempo

ser la libertad ser la ternura
galopando con ellos
sueltos
por la tierra»

(Liliana Ancalao, poeta de la comunidad mapuche-tehuelche Ñankulawen)
 

Lycia, geografía, literatura y una historia de resistencia a los imperios

La Ruta Lycia, un recorrido que originalmente unía 509 km entre Fethiye y Antalya y al que, actualmente, año 2018, se han agregado dos etapas que le suman 40 km más. La Ruta Lycia discurre a través de los Montes Taurus, serpenteando por la escarpada costa del Mediterráneo turco, prolífero en penínsulas y bahías. A medida que avanzamos, subiendo y bajando laderas de piedra y bosque, vamos encontrando a nuestro paso los vestigios fantasmagóricos de la historia sin desentrañar y pequeñas comunidades herederas de la tradición lycia.

Entre mayo y junio de 2011 caminé en solitario la Ruta Lycia. Me impactó. Siempre había querido regresar y poder compartir la belleza inabarcable con otras personas.

En las siguientes entradas del blog, etapa tras etapa, describo mi primera experiencia (2011), estival y en solitario, y luego la actualización de lo vivido entre enero y febrero de 2018, invierno, en compañía de un equipo de caminantes fluctuantes.

Geografía
El nombre de Lycia (Lykia) evoca una zona geográfica del suroeste de Anatolia. Esta región, la más accidentada de toda Turquía, está situada al sur de una línea hipotética que podríamos trazar desde Antalya, al este, y Fethiye, al oeste. Región actualmente conocida como península de Teka. Resulta difícil determinar el territorio original habitado por el pueblo conocido como tremili o termili, lukka, por los hititas, y lycios, según las fuentes griegas. Las mejores referencias nos las proporcionan sus impresionantes restos arqueológicos, correspondientes al variado abanico de ciudades que salpican un paisaje frondoso y accidentado, entre Antalya, Fethiye y las azuladas aguas del Mediterráneo.
La cadena del Tauro que, geológicamente, es contemporánea de los Alpes, Andes, Cáucasos y del Himalaya, es la principal nota identificadora de este territorio que albergó a los lycios a lo largo de su existencia. El aspecto fluvial también es importante: los ríos son cortos, de curso rápido a consecuencia de los desniveles que tienen que salvar, formando, a veces, cascadas sorprendentes (Varsak Çöküntüsü, Düden Şelalesi). Muchas ciudades lycias fueron trazadas sobre las orillas, incluso Olympos resultó dividida en dos por el curso del Yanartaş, dominando terrazas estratégicas junto a los cauces. Algunos ríos tienen el don de esconderse y, kilómetros más abajo, volver a aparecer en superficie. El árbol más abundante es el pino, que llega a colonizar incluso las orillas marinas; en Kaş, al sur de las accidentadas montañas del Parque Nacional de Bey Dağı, a partir de los 1.200 metros de altitud, dominan los bosques de cedros, especie protegida actualmente.

Historia
Las excavaciones efectuadas en Karataş Semahöyük y alrededores, a partir de 1960, pusieron de manifiesto que la región de Lycia ya se encontraba habitada durante el tercer milenio antes de nuestra era. En el segundo milenio, la Lycia era mencionada en las fuentes orientales bajo el nombre de “Luqqu”, “Luqqa”, “Lukka”, y también como “Rwka”. Sin embargo, las escasas campañas de excavaciones arqueológicas realizadas hasta la fecha en algunas ciudades -porque la mayoría de ellas se conservan intactas- no ha proporcionado suficiente información de ese período. Solamente en Tíos (Düver), uno de los históricos centros de población, situado en la zona occidental del país lycio, un fortuito hallazgo puso al descubierto un hacha de bronce del segundo milenio a.C, una prueba que corrobora que la región fue habitada de forma ininterrumpida.
En las fuentes occidentales, la Lycia y los lycios son mencionados por primera vez en ocasión de la guerra de Troya (siglo XII a. C). Homero, en su “Ilíada”, describe de forma encomiable a los lycios, mencionándolos en reiterados versos, en los relatos de cómo llegaron bajo el mando del general Sarpedon y combatieron valientemente al lado de los troyanos contra los aqueos.

Es por lo tanto gracias a Homero, a quien debemos la primera referencia occidental sobre la existencia del pueblo lycio, que constituía un núcleo de población distinto de los sardos y solayrnosienses.
Las excavaciones arqueológicas que se han desarrollado en todo el país lycio, especialmente en los yacimientos de Xanthos (mencionado por Homero en la página 110) y de Letoon, no han proporcionado información anterior al siglo VIII a.C. Esto hace que resulte difícil imaginar la forma de vida de los lycios entre el segundo milenio -período al que pertenecía el hacha, encontrada en Tíos (Düver), anteriomente citada- y finales del siglo VIII a.C.
En el siglo VII a.C., se siente ligeramente la influencia griega, concretamente en las afueras de la ciudad de Phaselis, en el extremo oriental de Lycia, donde en el año 696 a.C., se asentó la primera colonia helenística. Durante el mismo siglo la civilización lydia, cuyo territorio se hallaba al norte de Carias, entre Capadocia, al este, y el mar Egeo, al oeste, alcanzó su esplendor socio-cultural.

Dominio Persa
En el año 499 a.C, tras la victoria de Darío I sobre las ciudades griegas de Asia Menor (Mileto, Priene, Éfeso, Dídíma), los persas fijaron su atención en Lycia, y su general, Haspagos, tras violentos combates, entró victorioso en Xanthos. La ocupación persa del territorio lycio, paradójicamente, abrió a Lycia hacia el helenismo. El pueblo lycio se relacionaba por un lado con ciudades afines al helenismo, radicalmente opuestas al dominio persa y por otro lado se impregnaba del exotismo del arte persa, según se ha podido comprobar en las manifestaciones escultóricas excelentemente conservadas en algunas ciudades: en Xanthos, el monumento de las Harpías y el de las Nereidas; en Trysade, el Heroon, sin olvidar los impresionantes túmulos de los alrededores de Eimali, testimonios, todos ellos, de una incuestionable inspiración oriental.
Lycia gozó de cierta autonomía dentro del imperio persa como consecuencia de la derrota que el monarca lycio Cirnon, inflingió al general persa Eurymédon en el año 468 a.C, por esto mismo, Phaselis, la ciudad natal de Cimon, se impuso sobre el resto de Lycia.
En el curso de la hegemonía de los persas, se produjeron dos acontecimientos de gran interés para el país lycio: el primero de ellos, fue la unión interior de todas las ciudades lycias, gracias a la iniciativa de Feríeles, rey de Limyra. Feríeles dotó a los lycios de un verdadero contingente militar, tanto terrestre como marítimo -no debemos olvidar que Lycia, fue siempre un país volcado al mar, aunque la mayoría de sus ciudades estuviese escondida en tierras quebradas y montañosas-, y resultado de su potente ejército, la ciudad de Telmessos (hoy, Fethiye) pasó a formar parte de Lycia; el segundo acontecimiento, fue el descubrimiento, en Letoon (hoy, Bozoluk o Bolsulu), en el curso de las excavaciones llevadas a cabo en los años 70, de una inscripción trilingüe, relacionada con este período histórico, en la cual se menciona a Arbinas y Pixodaros, monarcas influyentes de la zona occidental del país lycio. El aspecto más importante de esta inscripción (persa, lycio y griego) es, ciertamente, el hecho que nos proporciona la posibilidad de acercarnos a la lengua lycia.

Alejandro Magno
Después de los informes aportados por Arriano, Alejandro Magno decidió conquistar Lycia, penetrando por el oeste, desde Halicarnaso. La primera ciudad que tomó fue Telmessos (334 a.C.), en donde el macedonio fue recibido, más que como invasor, como libertador; el resto de ciudades lycias siguió el ejemplo de Telmessos y, en sólo un mes, se puso fin a la hegemonía persa en esta histórica región del suroeste de Anatolia. El Gran Alejandro no introdujo cambios apreciables en cuanto a la administración y al resto de poderes establecidos, nombrando a Nearkhos como su intermediario válido en Lycia. En cuanto al plano cultural, el hecho más notable que se produjo tras la llegada de Alejandro Magno fue la desaparición radical del alfabeto lycio, que fue sustituido por el griego.

Macedonios y romanos
Tras la muerte de Alejandro, toda Lycia queda sujeta al dominio macedonio, bajo la directa administración de Antigonos Monophtalmos. En el año 310 a.C, la dinastía ptolomea gobierna el país, y nueve años después, la tutela de la región cae en manos de Lysimaco. En el año 296 a.C, los Ptolomeos reconquistan Lycia y se mantienen durante todo un siglo, atraídos fundamentalmente por la extraordinaria ubicación estratégica, la frondosidad de su suelo y la bondad de su clima. En el año 197 a.C, el rey seleúcida Antíoco III emprende la conquista de toda Asia Menor, un esfuerzo militar que le costaría al mítico monarca de Nemrud grandes pérdidas humanas hasta culminar con la estrepitosa “debacle” de Magnesia (Manisa), del año 190 a.C.
Roma, que observaba con el mayor interés tales acontecimientos, comenzó a interesarse por la zona oriental de su imperio y decide poner a Lycia, bajo el control de la ciudad de Rodas con el Tratado del Apamea, del año 188 a.C. El manifiesto malestar lycio contra Rodas, contribuyó a la realización rápida y ordenada de la unidad del país. Lysanias y Eumedes fueron sus principales artífices, posteriormente, los lycios eligieron para su administración un sistema federativo. Las ciudades más influyentes durante los primeros años del siglo II a.C eran Xanthos, Tíos, Finara, Myra y Olympus, las cuales disponían de un estatuto diferente al del resto, teniendo, incluso, derecho a emitir tres voces en las asambleas generales.
Se sabe que la antipatía manifiesta al control de Rodas fue hecha saber al mismo Senado romano en el año 177 a.C. y que tanto Lycia como Caria, no tardaron en obtener la libertad. Durante un siglo de plena independencia y bajo el sistema federalista, Lycia alcanzó un alto nivel de prosperidad. Pero a comienzos del siglo I a.C., una nueva amenaza se cierne sobre Lycia: Mitrídates I, rey del Ponto -territorio del norte de Anatolia, que limita con el mar Negro, cuya capital era Trebizonda-, ocupa la mayoría de las ciudades del Asia Menor, en el año 88 a.C, entre ellas, también las lycias. Sin embargo, Sila (Lucius Cornelius Sulla; 138-78 a.C) logró derrotar a Mitrídates I y aseguró de nuevo la autonomía de la Lycia, reorganizando administrativamente el territorio; fue entonces cuando algunas ciudades de Kibyratis o de Muyas pasaron a incorporarse al país lycio. Mientras tanto, en la zona oriental, el corsario Zenekites (Zenicetes), que había tomado las ciudades de Phaselis y de Olympos, sembraba el terror en la región lycia, así como en todo el resto del litoral mediterráneo de Anatolia. La victoria obtenida por el cónsul romano Servilio sobre Zenekites, precisamente en las afueras de la ciudad de Olympus -la cual era utilizada como refugio y base estratégica de operaciones, dada su privilegiada posición-, puso fin al peligroso corsario.
Para asegurar la estabilidad en la región, Roma delimitó una nueva provincia -al este de Pamphylia: Cilicia, cuya capital se fijó en Tarsos, actualmente, Tarsus, al este de Mersin. Las rivalidades que perturbaron el seno del imperio romano se dejaron sentir también en las provincias orientales, entre ellas, la abierta oposición a Bruto (M. Junius Brutus), por parte de numerosas ciudades lycias. En el siglo II, los ricos ciudadanos lycios prestaron importantes ayudas a las ciudades extranjeras -Pamphylia y Caria, especialmente– demostración inequívoca de la prosperidad económica del país lycio, precisamente de ese período son los testimonios monumentales más impresionantes y mejor conservados de Lycia.

Movimientos Telúricos
En el año 141 un violento temblor de tierra, arruinó todo el país lycio. Muchas ciudades costeras fueron inundadas por el mar, al hundirse el litoral costero (Sümela, Dolichiste, ambas en la paisajística bahía de Kekova entre Demre y Kaş-, las tumbas están semisumergidas, y las viviendas y palacios escalonados en los acantilados costeros aparecen sobre las azuladas aguas del Mediterráneo. Lycia fue levantada con ayuda de sus ciudadanos, prósperos e influyentes comerciantes. El siglo III se inició con un periodo de relativo desarrollo para Lycia, pero el 5 de agosto de 240 se produjo un nuevo terremoto aunque de mucha menor intensidad que el anterior. Sin embargo, la confusión generada por el sismo, fue aprovechada por nuevas bandas de corsarios que asolaron los principales puertos lycios, lo que, unido al progresivo aflojamiento de la administración, provocó la lenta extinción de algunas ciudades lycias. Por otro lado, los constantes enfrentamientos religiosos callejeros, con la expansión continuada del cristianismo, provocó un cambio de concepción socio-cultural en gran número de centros urbanos. La ciudad de Myra (Demre Kale) -famosa por su espectacular teatro y necrópolis rupestres, dejó de ser metrópolis para convertirse en ciudad provinciana.
Los siglos V y VI significaron periodos históricos oscuros que poco o nada aportaron a la vida cultural lycia, salvo en las cuestiones religiosas. A raíz de la dominación del imperio bizantino la región se salpicó de templos y basílicas cristianos construidos en el seno de las grandes obras antiguas que eran dañadas para los nuevos propósitos y de las que se aprovechaban los valiosos materiales líticos. A partir del siglo VII los árabes volvieron a la región. Desde entonces, durante 1500 años, las luces del país Lycio titilan en la memoria de pequeñas comunidades, en secretos tesoros y 53 ciudades escondidas entre la cadena del Tauro y el Mediterráneo.


Día 1: Ovacik-Faralya

Experiencia mayo-junio 2011.-

Imágenes en:  https://www.facebook.com/maria.che/media_set?set=a.2119137818402.127565.1244465731&type=3

La Ruta Lycia inicia en Ovacik. Ovacik es un pequeño pueblo, simpático, ubicado entre Fethiye y Ölü Deniz. Como yo me encontraba en Kusadasi, ayer en la mañana debí viajar primero rumbo a Aydin, a una hora de Kusadasi, desde allí tomar un bus a Fethiye, cuatro horas de viaje, y de Fethiye un minubus a Ovacik.
Fui directo a un hotel que recomiendan en el libro The Lycian Way de Kate Clow, que es el único que existe acerca de este camino y que trae un mapa detallado. El hotel lo recomiendan porque está muy accesible para iniciar la escalada, sin embargo no me gustó y me pareció caro. Pedían 35 liras turcas y yo ya había visto en el pueblo que las ofertas de hoteles más lindos eran de 30 liras. La única ventaja es que está apenas inicia la ruta, pero vi que había uno a pocos pasos y me acerqué a preguntar. Se llama de New Golden, o algo por el estilo, y me cobraron 30 liras, con piscina, habitación con balcón, desayuno, internet wifi. Di una vuelta por Ovacik y husmeé el sendero porque la ansiedad me dominaba y quería ver cómo pintaba. Pintaba bien.
En la mañana el desayuno valió la pena, suculento y variado entre proteínas -traía queso, manteca y salame- y vitaminas, miel, mermelada de damascos, aceitunas. Por suerte no traía huevo y no era el típico simple desayuno de tomate, pepino y té. Me vino bien. Encaré con fuerza y convicción.
El inicio del camino es ancho, bordeado de laderas de montañas pobladas de pinos. El aire era fresco, un tanto húmedo, pero con esa agradable humedad que huele a resina de coníferas. Se sube, y a medida que se sube, la laguna de Ölü Deniz va ampliando su panorama desde las alturas. El sendero deja de ser ancho para convertirse en un caminito de piedras bordeando el Baba Dag, la montaña que domina esta parte del camino, cuya altura es de 1969 metros. Poco antes de llegar a la cima empieza el descenso.
Durante el camino se encuentran varias cisternas de agua señaladas en el mapa. Como ha estado lloviendo, incluso hoy llovió varias veces durante la andada, tienen agua. Las cisternas están tapadas con una tapa de metal que se puede quitar para sacar agua, en todas hay baldes, latas, o cubetas con una soga, que sirven para tal menester. Me serví agua y me supo dulce y fresca. Muy buena.
En casi todo el recorrido hay marcas blancas y rojas que señalan la dirección del trekking siguiendo esta ruta de los antiguos Lycios. Sobre el final, pasando el poblado de Kirme se hacen más esporádicas. En esta parte, luego de haber andado ya más de 5 horas, dudé porque no había marcas y como hay casitas perdidas en la montaña, hay senderos que van rumbo a las casitas. Pegué la vuelta, fui hasta la última marca y no había duda que iba bien, inspeccioné otro caminos y eran caminos que terminaban en un punto cerrado o en la vera de la montaña, o en una vivienda, así que recaminé un trecho hasta la ruta que sale directamente al llamado Valle de las mariposas y el poblado de Faralya.
Llegando a Faralya por ruta de auto, un pibe turco en un taxi me saludó y me preguntó si quería que me lleve y como sólo me faltaba llegar al camping le dije que sí, revolée la mochila adentro del taxi y terminé los últimos metros hasta el poblado compartiendo un taxi con una cabra.
Llegué al George House, lugar de camping sobre el Valle de las mariposas. Acampo y tomo mates. Lo primero que hice fue sacarme las botas. Creo que va para ampollas en debajo de los dedos gordos, o cayos.
Junto a una de las cisternas, llovía. Me detuve debajo de un árbol y de una rama del árbol apareció un paraguas negro colgado. Siempre hay un paraguas negro. Me hice una casita hasta que escampó. Llovió varias veces, pero no es raro, digamos que yo iba hacia la lluvia, ya que en varias partes del camino, subiendo y subiendo, yo estaba en las nubes, e incluso más arriba de las nubes. Veía las nubes de arriba para abajo.
No anda mucha gente. Hoy me pasaron un neozelandés y un austríaco que íban a paso largo. Sólo salen a caminar un tramo. Más tarde crucé a una pareja y cuando paré a comerme una banana, un señor turco que vive en Kirme, se paró a charlar un ratito.
Mi mochila resulta más pesada de lo que había planeado, pero si hoy caminé 7 horas, mañana según el libro de Kate Clow se pronostican 3 y media, así que descansaré y lo haré. Me tengo fe.
Anécdota: cuando estaba en mi casita de paraguas negro escuché un crack sonoro, se me rajó el pantalón en el culo. Cachete izquierdo al aire. Recurrí al viejo truco del sweter atado en la cintura.
Otra cosa, vi una víborita pero cuando le fui a sacar foto hizo pfiii y se escapó.

Actualización enero-febrero 2018.-

Esta vez arrancamos desde Estambul y en avión al aeropuerto de Dalaman. El vuelo por Pegasus airlines está en alrededor de 20 euros. El vuelo salió del aeropuerto Sabiha Gokcen. En mis visitas anteriores a Turquía solía ir a Sabiha tomando el ferry para cruzar al lado asiático de Estambul y luego, en bus o dolmus (combi) hasta el aeropuerto. Esta vez nos aconsejaron tomar un metro nuevo: Marmaray. Según mi parecer fue más complicado y demoramos más, pero quizás fue por el desconocimiento de las combinaciones. De todas maneras, en breve, estará completa toda la conexión vía metro desde Sultanahmet o Sirkeci hasta Sabiha Gokcen. De momento, al final de la línea rosa del Marmaray, hay que salir del metro y girar sobre nuestra derecha, la misma vereda, sin cruzar, y tomar un bus E-9, E-10 o E-11. Ir con tiempo ya que, debido a la construcción del metro, el tráfico es tumultuoso y muy lento. Además, en Turquía, en estos tiempos, hay controles de seguridad antes de entrar en cada recinto y eso también ralentiza mucho el andar. Pasar por el escaner, quitarse el calzado…

Partimos con Stella Gonzalez. El aeropuerto era un caos. Demasiados vuelos locales programados en Sabiha. Parecía un regio quilombo pero todo salió bien. El vuelo en horario y las mochilas a destino. De Estambul a Dalaman, una hora y pocos minutos más de vuelo. Como nos trasladamos en avión no podíamos transportar el gas para el calentador con nosotras. Así que aún, antes de ir a Ovacik, nos faltaba comprar las garrafitas en Fethiye.

Desde el aeropuerto de Dalaman hay unos buses, Havas, que van hasta Fethiye. Cuestan 15 liras y demoran 1 hora. El cambio en estas fechas era 1 euro-4.6 liras.

Este bus Havas nos dejó en la otogar. Desde allía caminamos hacia el lado contrario del Carrefour, saliendo de la otogar a nuestra izquierda hasta Texan. Un comercio que vende de todo, materiales de construcción, jardinería, y allí se encuentran las garrafitas de gas para camping, gas tûpû. Cuestan 17.80 liras.

Luego, desde la misma esquina de la otogar, delante del Carrefour, hay una garita y allí se esperan las combis, dolmus, hacia Ovacik. El precio es 4.25 liras y nos deja en la esquina del Sultán Motel, a pasos del inicio de la Ruta Lycia.

Era 17 de enero. Invierno. Temporada baja en la región. Muchos hoteles están cerrados. Caminamos hasta el New Golden, pasando por delante del Sultán y el Golden lo encontramos en estado deplorable de abandono. Tapado de polvo y ojarasca. Volvimos sobre nuestros pasos hacia Sultán y nos quedamos allí. El precio fue de 40 liras por persona con el desayuno. Aparentemente también estaba cerrado, pero nos habilitaron una cabaña. Está lindo. Ha mejorado. Ya no son sólo las casitas pequeñas de piedra que había visto medio en ruinas en el año 2011. Ahora hay cabañas más lindas, jardín, más pintoresco a pesar de la baja temporada. Nos quedaba bien pernoctar allí para arrancar desde cerca. En mitad de la noche, cuando ya estábamos durmiendo bajo una lluvia torrencial al abrigo de la cabaña, escuchamos entre los redobles del chaparrón en el techo, la voz de Zeki, otro de los caminantes, turco, que llegaba desde Kusadasi para unirse a la travesía.

Nos levantamos un rato, en plena madrugada para compartir un mate con el recién llegado. Llovía abundantemente y, desde las ventanas, tratábamos de dilucidar el oscuro panorama meteorológico para el amanecer siguiente.

Amaneció ultra nublado, frío, húmedo, pero apostamos todo a la ilusión de largar la caminata. Nos cubrimos con los impermeables, cubrimos las mochilas, y zarpamos tras el típico desayuno con pepino, tomate, huevo y aceitunas.

Desde el arranque el camino no es de tierra sino que está baldosado. Empieza dirigiéndose hacia Montana, están los carteles a Montana, va por pavimento, baldosas grises y en el medio de la calle, rombos rojos. Hay marcas rojas y blancas y a veces, pircas. En general, en casi todos los casos de esta segunda edición en mi vida de la Ruta Lycia 2018, las marcas están mucho mejor que antaño. Sólo en contados casos se hace prácticamente imposible seguirlas. Y en muchos casos esto se debe al progreso, a la construcción de nuevas carreteras que destruyen el trazado del sendero Lycio, o a nuevas propiedades que urbanizan lo salvaje.

En este tramo, desde Ovacik a Faralya, ya no se interna en el hermoso bosque de pinos donde están las enormes piedras caídas durante el terremoto del 53. Ahora se marcha por un camino ancho de tierra, paralelo a ese bosque. Igual en este caso, el camino ancho de tierra no desmerece el paisaje porque se sigue respirando la resina fresca y el paisaje sigue imponiéndose al progreso. Kirme ha crecido. Hay muchas casas ahora donde antes había unas cuatro y nada más. Allí nos detuvimos un buen rato, empapados y con frío. Paramos en una casita, abajo de un techito que resistía a duras penas en un rincó al vendaval. Nos amuchamos en ese rincón pero al final tuvimos que cobijarnos en la parte cerrada de la casa, junto al fogón familiar, porque llovía de arriba para abajo y por los cuatros costados. Tomamos bastante café con leche caliente, 10 liras dos tazones grandes y cuando amainó un poco retomamos la marcha.

Toda la primera parte de este día es de ascenso, el Baba Dag, cubierto de nieve! Durante el mismo camino que nos llovió y granizó, caían pequeñas bolitas de nieve que se nos metían hasta por las orejas. Agua, además de la de la lluvia, está la de las cisternas y los pozos, en esta zona abunda y está en muy buen estado. Rica.

En Faralya, George house, como es baja temporada, no nos quiso recibir. Fue bastante mala onda. Hay pensiones nuevas. Nosotros encontramos el mejor lugar para acampar. Mejor que George House. Un balcón gratuito hacia el Valle de las Mariposas. Esta donde hay un mirador. Hay un cartel que indica el lugar, seyir tepesi. Allí hay un pastito muy acorde para acampar, confortable. Estaba húmedo, claro, con tanta lluvia! pero bueno… Enfrente hay unas casitas y de allí se puede sacar agua. Las canillas están afuera de las casas y las personas son amables y no tienen nada de problema. Al contrario.

 

Día 2: Faralya-Kabak

Experiencia mayo-junio 2011.-

Se me hizo rapidísima la ruta del día de hoy. Lo más denso fue la llegada, la bajada hasta la playa de Kabak.
Para empezar apoyé los pies en la tierras afuera de la carpa esperando que me doliera algo y no me duele nada, es más, en la vida normal, cuando me levanto y apoyo los pies, algo me duele y hoy, después de haber caminado ayer más de 7 horas con casi 15 kilos en la espalda, no me duele nada. Mejor. Joya. El desayuno en el camping George house de quien se llama Hasan, fue suculento, variado y muy rico; me serví dos veces yugurrr con miel, además un pan casero delicioso, mermelada también casera de fresas igual, riquísima, todo casero, la manteca, el queso, aceitunas, un espectáculo. Arranqué bien alimentada, contenta y optimista.
El camino que lleva de Faralya hacia Kabak, en un inicio no es claro. Justo pasó un hombre y le pregunté y él me señaló la entrada de un sendero sospechoso pero sin marca alguna. Lo tomé, y al cabo de unos metros empezaron a aparecer las señales. El sendero era nada más que eso, un sendero diminuto entre la arboleda preciosa, sendero que subía y subía y se iba tornando hacia la izquierda, de a ratos se veía el mar, la villa de Faralya con sus contadas casitas, y de a ratos el mar quedaba oculto entre el bosque y la ladera. Al cabo de un rato, no sé cuánto porque no llevo reloj, pero un rato, sería un poco más de una hora, encontré una cisterna con agua fresca y muy sabrosa y el camino se abrió en un descampado donde pastoreaban ovejas. Luego el camino se hizo ancho, como camino de tractor y después de andar por este camino ancho como otra hora más, subiendo un poco de vez en cuando, un nuevo senderito de mula, angosto y lleno de piedras empezó a bajar y a bajar.
Antes de esta bajada hubo un pequeño recorrido de escalada entre piedras grandes. Las señales marcaban las piedras más adecuadas y la dirección correcta para trepar. La mochila pesa, pero no me tiró pa’tras, porque yo estoy juertecita.
Bajando y bajando en dirección al mar, hay partes un poco enrevesadas entre pinchochas, de pinos, claro, y pinos. Y después se llega a Kabak. Ahí me senté porque como todos saben cuando yo me tengo que sentar, me siento, y estaba yo sentada cuando apareció una señora turca, muy simpática y nos saludamos y nos presentamos en turco y me invitó a su casa a tomarme un meyve suyu, que es un jugo de frutas. Allí conocí a su marido Mehmet. Querían que me quede a dormir en su casa. Pero les expliqué que venía al camping que está sobre la playa, a unos cinco minutos de la mera merita costa.
Acampé en el Sultan Camp. Averigüé en otros. Todos cuestan 30 liras y este es el que más me gustó. Incluye cena y desayuno, wifi y pileta pequeña, pero para qué, si ahí abajo está el MAR. Espero que el alimento sea nutritivo, como el de George House que todo estuvo de lujo.
Kabak sobre la playa es un lugar de cabañitas, casi no hay pueblo, el pueblo está arriba de la montaña, donde conocí a esta señora, Hauana, y a su esposo Mehmet, después, bajando a la playa, es un lugar de recogimiento. Todos los campings y cabañas tienen la onda natural, espiritual, yoga y meditación.
Lo más pesado del camino de hoy fue bajar desde el pueblo de arriba en Kabak, hasta la playa, quizás porque hacía calor, pero también porque los estableciemientos de abajo han pintado todas las piedras con las marcas rojas y blancas que identifican a la Ruta Lycia para que los clientes lleguen a sus alojamientos, y la verdad me jode, porque no sabía para dónde agarrar. Buscaba el Turan Camp porque lo había visto en internet, pero me quedé en el Sultan que no mencionan en el libro de Kate Clow, porque me resultó mejor y a igual precio. El dueño se llama Murat.
Nota descolorida, pasen y vean en el link de facebook el culo emparchado, aguante el bolsillo!

Actualización enero-febrero 2018.-

Y ahora sí, la ruta en este tramo y en general en todos ahora, esta super bien señalizada. Es un sendero claro, con marcas, y precioso. Tanto en el recorrido de ayer, de Ovacik a Faralya, como en este, y luego será en todos los demás, demoramos menos de lo previsto y menos de lo que pronostica el libro de Kate Clow, la iniciadora y eximia caminante de los senderos históricos de Turquía. Ayer, demoramos menos de 6 horas, bajo lluvia, granizo, nevizca y a pesar de haber parado una hora en Kirme esperando que el vendabal amaine, y hoy, en dos horas! estábamos en Kabak.

Primero pasamos por el pueblito, a visitar a Hauana y Mehmet, después de 7 años de haber estado allí compartiendo un meyve suyu en su terraza. Llevo las fotos impresas, para ellos y para todos aquellos que me acogieron en sus sencillos y cálidos espacios familiares años atrás. Cada vez es una emoción que renace una y otra vez al encontrarlos, reconocernos y abrazarnos. Hermosos momentos, más allá de los paisajes, el recorrido, caminar, la historia. Esta es otra historia. La historia de relacionarse, de encontrarse y reencontrarse. Y siempre pienso, de volver, me tira quizás más, volver a ellos o volver porque ellos están ahí.

Seguimos camino. El Baba Dag blanco en todo su esplendor nevado. Un colchón tupido de espuma en sus laderas. El aire fresco pero febo se impone cuando logra asomar con fuerza superando las alturas. Desayunamos en Misafir Evi. Muy recomendable. Qué buena gente! Qué buena mano para hacer y servir en una fuente bien presentada tantos manjares caseros. Mermeladas de todos los frutos imaginables o inimaginables, hasta de berenjenas! panes caseros, pasas y frutos secos, además de lo típico, pepino, tomate, huevos, en este caso revueltos, y aceitunas de variopintos colores y tamaños. Delicias! Salimos pipones y contentos. La noche había sido húmeda y fresca pero incomparable en ese balcón hacia el Valle de las Mariposas. Un lugar exclusivo, muy exclusivo, reservado a los caminantes, escaladores o parapentistas.

Para ir a Kabak primero subimos y subimos, luego trepamos por algunas rocas más empinadas y luego, tras pasar el pueblito de Kabak que está en la parte alta, bajamos a la zona de campings, junto a la playa. Todo estaba cerrado porque es fuera de temporada, pero dos cuidadores, Mehmet y Okan, maravillosos también, nos permitieron acampar en una parcela. Super! con mesas, nos habilitaron los baños, nos ofrecieron agua caliente, y armaron un fogón. A la noche nosotros hicimos nuestras humildes sopas y ellos compartieron toda su comida excelente. Arroz, huevos, ensaladas, pickles. Fogón y camobar.

El mar, espectacular. Turquesa. Cristalino. Estuvimos en la playa, desenmoheciendo la tempestad calada en los cuerpos el día anterior. Al sol. Kabak es una bahía estrecha pero profunda, protegida por dos penínsulas llenas de vegetación. La playa es de piedra. Tirarse allí por un buen rato, da gusto, no agobia, y no se vuelve monótono permanecer horas contemplando el mismo horizonte irreal y celeste. Hasta el atardecer. Muhtecim!

Día 3: Kabak-Alinca

 

Experiencia mayo-junio 2011.-

Más fotos en el enlace de facebook  https://www.facebook.com/media/set/?set=a.2130562024000.128191.1244465731&type=1&l=425264891f

Terrible caminata. Los paisajes espeluznantes, rodeada de montañas imponente, de bloques de rocas enormes que crecían como monstruos de la tierra, y entre ellas, sobre ellas, desde ellas, árboles, pinos.
No salí muy temprano de Kabak porque me quedé charlando con Murat que tiene una moto y quiere hacer un viaje en moto por América Latina, así que yo en mi salsa, me entusiasmé y él tomaba notas. También necesita a alguien que trabaje en el camping así que si alguien está interesado… el lugar es precioso y tiene buena onda. Salí calculo que a eso de las 10 de la mañana. La salida estuvo bien, Murat me indicó y bien. Primero se sigue el curso de un arroyito, después hay que cruzarlo, no me hizo falta sacarme las botas porque está angosto y playo y se puede atravesar por las piedras grandes. Después de cruzar el arroyo, el sendero siempre pequeñísimo, el día de hoy sube y no deja de subir casi nunca. Hay algunos metros llanos, sobre la montaña, pero desde el nivel del mar en que está la costa de Kabak se sube continuamente durante 3 kilómetros sin respiro y por camino escabroso. Este tercer día, para mí, fue el más cansador, pero acá estoy, en Alinca, adentro de la carpa que armé cerca de la casita de unos pobladores que me invitaron a comer.
Alinca es más chiquito de lo que imaginaba. Las casitas tienen su encanto, blancas y de techos de tejas con jardines de malvones y prados de manzanillas donde pastan rebaños de cientos de cabras.
Caminé un trecho con Leah, una chica francesa, ingeniera eólica, que trabaja en Estambul desde hace diez meses. Muy piola. Iba a paso más largo que yo pero cada tanto nos encontrábamos y estuvimos juntas al llegar a Alinca. Nos sentamos en la casa de Bayram Bay, que según el libro, internet y otras referencias, es el lugar indicado para alojarse. Leah siguió camino hacia Gey, y yo, hoy, hasta aquí. Bayram Bay no llegaba, pero vino un señor viejito, Ramazan, que me empezó a decir que todos YOK, que significa no hay, no están, no. El señor viejito agarró mis bártulos y empezó a caminar indicándome que en su ev (casa), yatak (cama), uyuyor (dormir). Menos mal que cazo más de una porque sino lo hubiera atacado con gas pimienta. No. Chiste. El hombre muy amable me guió a la casa que comparte con su hijo, su nuera Sadiqa, y sus dos nietos. Ellos me indicaron la zona donde podía armar la carpa. Primero me ofrecieron una esterilla para dormir pero les explique que yo tengo ev y yatak, VAR, que es hay o está, o tengo; y no YOK. Enseguida prepararon comida y agua caliente para el mate. Comida: yugurrr, aceitunas negras, tomate, huevos revueltos, buñuelos, pan casero. Me morfé casi todo! Menos todo el pan porque era mucho. Venía atrasado el tren de los montes Tauro.
Llegué molida. No me puedo bañar. No hay ducha. El baño es sencillo. Pero estoy bien, contenta, y disfrutando, a pesar de las eternas subidas de este tercer día, del paisaje que me rodea. De los olores a resina, del dseter baladía que prefiere Rashed en Jiftlik, aunque a mí no me gusta, me recuerda a Palestina, a ciertas familias que echan dseter en el té. Disfrutando de las mariposas, de las arañas que tejen tan diestramente esas telas enormes, del canto de los pájaros. Hoy las montañas fueron más impresionantes que otros días. Desde Alinca se ve el mar y el primero de la Yedi burun que son las Siete narices y son cabos de tierra en el mar.

Actualización enero-febrero 2018.-

El sendero tal como lo recordaba de 2011, eterna subida que ofrece vistas inmejorables.

Salimos de la parcela que generosamente noscedieron Mehmet y Okan. Se trata del camping Dionissus, cuya dueña, Kudret, por ser baja temporada, no estaba y mantiene cerrado. Allí estuvimos de maravillas. El pago fue a voluntad y dejamos 30 liras cada uno. Okan partió con nosotros en la mañana para guiarnos hasta el inicio del sendero. Tal cual, llegar al arroyo, cruzarlo -se cruza varias veces- y empezar a subir y subir. Del arroyito vamos reponiendo el agua en nuestras ánforas. Luego, por un buen trecho ya no hay agua. Pasamos Delikkaya, la enorme monumental roca con varios agujeros y uno especialmente al que debe su nombre, piedra con agujero. Antes de llegar a Alinca hay una fuente de agua.

Tardamos 3 horas en total en llegar a Alinca. El suelo es en parte de la tradicional piedra pero alterna con pinochas caídas, amables a nuestros pies. Alinca ahora cuenta con algunas construcciones más que antaño. Ya no existe la pensión de Bayran Bay pero hay familias que ofrecen alojamiento y buena comida. En principio nos parecía caro el precio. Pedían 80 liras por persona. Tiene habitaciones y baños con ducha caliente. Calefón eléctrico. Finalmente arreglamos para dormir en carpa y con desayuno y cena por 55 liras. La comida que nos dieron fue de calidad. Excelente. Rica. Elaborada y abundante.

Día 4: Alinca-Sidyma

Experiencia mayo-junio 2011.-

Un día espectacular. Aunque soy medio tortuga caminando, o medio mula por la carga un tanto pesada que llevo, vale la pena.
Estoy en Sidyma con una familia preciosa que salió a recibirme en cuando vieron a este burrito de carga trastabillando entre las piedras. Todo lo que me decían es VAR, VAR, VAR. Lugar para dormir, agua caliente, comida. No hay internet, pero este es un pueblito perdido en medio de la montaña, donde hay unas siete casas.
En este momento escribo este reporte sentada en la alfombra de la sala donde se supone que voy a dormir, una señora, Madina, charla con otra mayor que hila lana de oveja con un huso y se llama Eminah, tiene las manos y la cara tatuadas, como los beduinos, camina con un bastón y es hermosa pero no quiso que le saque fotos. El resto de la familia sí, sin problemas.
Comimos carne de oveja, vardan, pan casero, queso casero y me dieron agua para el mate y para la ducha caliente, no sé cómo, pero la ducha fue caliente y me vino riquísima después de la caminata.
El camino no fue tan complicado. Un poco temerario al principio porque era bajando por el barranco que cae al mar, entre piedras un poco sueltas y arbustos espinosos. La señalización se me perdía porque está deslucida. Casi todo el camino fue remarcado en 2009 pero esta parte, no. Lo que hacía era largar la mochila para no andar tanteando entre las piedras, buscar la marca, volver a buscar la mochila y así cada vez que me perdía, unas cuantas.
Después de dejar esa parte de descenso estrepitoso hacia la mar, sin llegar hasta la costa, encontré que el camino bordeaba toda la ladera de la montaña, viéndose ya la segunda de las narices de las Yedi burun, siete narices. El camino fue precioso, cuando no me encontraba rodeada de pinos con esa frescura y ese aroma que me place tanto, me encontraba entre olivos añejos y retorcidos, o debajo de un roble enorme al que llaman el roble sagrado. En una de esas encontré un fogón apagado y lo encendí para calentarme agua para unos mates ya que esta mañana salí muy temprano y sin desayunar. Me hice unos ricos mates y continué la caminata hasta el pueblo Bogaziçi. Se pasa por una vieja cisterna otomana y enseguida empiezan a verse campesinos trabajando dentro de sus campos.
Bogaziçi es un pueblo con dos negocios, unas diez casas y una mezquita. Una señora, Mezer, salió a recibirme con agua fresca y unas frutas amarillas de un árbol. Parecen frambuesas y se llaman tuts. También me ofreció buñuelitos recién hechos y quería que me quedara a dormir ahí pero mi intención era llegar hasta Sidyma así que le agradecí toda su amabilidad, me dio la dirección para que le envíe las fotos que nos sacamos, cargué la mochilota y seguí mi ruta.
Antes del sendero del Likya Yolu, para retomar, había una ruta de asfalto de 3 km. Encaré paso firme y sin titubear, algunos olivos bordeaban las banquinas, la sombra era escasa y sudaba la gota gorda. En eso, un hombre venía en un tractor, frenó y me hizo señas de que subiera. No lo pensé ni una vez. Revolée la mochila a un cajoncito de verduras que había atrás del tractor y me subí. Me llevó hasta donde se retoma el sendero para continuar la ruta.
Un sendero pequeño que va vadeando un arroyo que está seco hasta una cisterna, luego sube y sube más hasta una columna romana que es lo único que queda de una antigua fortificación romana. Se sigue subiendo. Y subiendo, por entre terrazas donde pastan cabras. Muchas veces que escuchaba ruido entre las plantas pensaba qué bueno, alguien para preguntarle si voy bien, pero enseguida me daba cuenta de que eran cabras. Una de ellas, bebita, empezó a caminar conmigo y la seguí porque pensé que me estaba señalando el camino, y sí, iba bien la pequeña cabrita pero me di cuenta que si la dejaba venir conmigo se iba a extraviar del resto del rebaño, así que la espanté para que volviera por donde venía.
Otra cosa loca que me pasó fue que después de subir un manantial, luego de rodear la ladera de la montaña y antes de Bogaziçi, llegué a un punto arriba del manantial donde hay un tanque y un camino de bulldozer medio derrumbado. No sabía por dónde agarrar y vi en el suelo unas piedras que formaban una flecha, seguí la flecha y alleluyah! Era el camino correcto. Genial.
Cada vez que encuentro la marca roja y blanca cuando ando medio perdida, suspiro diciendo “gracias”.
Luego de llegar a esta casa y con esta familia maravillosa, el hijo de la familia, Sefer, con dos primos, me llevaron hasta el ágora. El ágora data de tiempos lycios, allí se encontró una moneda lycia del siglo 2 antes de Cristo. Luego hay inscripciones griegas y tumbas romanas desde el reinado de Claudio en el 4 después de Cristo y bizantinas de entre el 138 y 161 después de Cristo.
Un capitel completo esta desparramado como una saliente entre las piedras, hay molduras deshechas por el piso y las tumbas, agujereadas y rotas, son usadas como escondite por los chicos del poblado para jugar. Hay restos también de los antiguos baños en una estructura interesante con arcadas que todavía se mantienen en pie. Muy interesante.
Para llegar al ágora caminamos entre campos de trigo dorado.
La gente es muy, muy amable. Estoy a gusto, contenta. No hay internet pero me siento como en casa. Esta noche no armo la carpa. Duermo en el living. Son gente muy linda. Ruji, el hombre de la casa tiene rebaño de cabras y ovejas.

Actualización mayo-junio 2018.-

Un día marcado por el reencuentro con aquellas personas con las que compartí mi jornada en el año 2011. En Bogazici, estuvimos con Mezer y su vecina. Mezer estaba tan emocionada del encuentro y de que yo llevara conmigo las fotos impresas. No querían que nos fuéramos sin beber té o comer algo. Querían darnos más y más. Tomamos unos mates en el patio de la casa de enfrente. Luego seguimos, y en Sidyma, cuando llegamos a la casa en la que había dormido en 2011, Songul bajó corriendo las escaleras gritando: -Maria! María!  Dice que cada vez que veía venir una mujer con mochila por el sendero, ella pensaba que era yo. Siete años después se cumplió el pronóstico y la promesa. Toda la familia apareció y la ronda de té no cabía en el patio. La hija, Merve, tiene ahora 21 años y está casada, y los niños, Sefer y Fatih, son hombres enormes! Ahora, si bien el internet es débil, llega, y tienen facebook!

Fue un día de intensa vivencia humana, emocionante, y un camino largo, ya que, esta vez, no nos quedamos en Sidyma sino que proseguimos a Bel.

La noche en Alinca había sido agitada. El viento sacudía mi carpa por los cuatros flanco. Yo había armado en un peñasco bastante expuesto, el resto de la troup armó en una plataforma de madera más protegida por las habitaciones de alquiler. Desayunamos muy bien. El hospedaje se llama Mazara Pansiyon. Mazara significa «vista, panorama» y el nombre le va, ya que desde esas alturas y desde el vértice voraz de ese risco, hay una vista espectacular de las montañas alrededor y, empinado abajo del acantilado, la costa y sus penínsulas.

El sendero está mucho mejor señalizado. Muy bien, porque era peligrosa la bajada con aquellas líneas diluidas. Ahora está bien marcado, bien visible por dónde y de dónde a dónde ir sorteando las piedras en bajada hacia la costa. Luego ha habido algún derrumbe, quizás debido a la construcción de una carretera, hay piedras volcadas y árboles quebrados dolorosamente. Más adelante pasamos por una casita solitaria, vistosa, pintada de verde, y varias cabañitas salteadas esporádicamente. Cerca de allí, la cisterna.

Hasta Sidyma el camino sube y sube. Primero pasamos por Bogazici donde también hay más casas que antes. Compartimos el rato con Mezer y la vecina, tomamos mates, y seguimos subiendo hacia Sidyma, pasando ese odioso tramo de asfalto donde esta vez no nos cargó ningún tractor.  Antes de llegar a la casita de Songul visitamos el ágora y las ruinas.

Llegamos a Bel cuando empezaba a llover ya neviscar. Mucho frío. En Bel nos alojamos en la casa «turuncu», naranja. La pansiyon de Fatma. Enseguida encendió la salamandra y nos ofreció una habitación grande, toda llena de mullidas alfombras, con vajilla, mesas, sillas, y camastros con colchón donde pudimos dormir con nuestras bolsas de dormir. El precio, con cena y desayuno, 40 liras.

También tiene habitaciones de alquiler y baño con agua caliente de calefón eléctrico.