
































Salgo a caminar por los empedrados de Zamora.
Recorro los museos. Son gratis. Para el pueblo lo que es del pueblo. Además están bien conservados, limpios, nutridos de obras de artistas locales sobre todo y extranjeros.
Fui a la casa de la poesía, donde se reúnen los lectores y por supuesto los poetas. Fui al Mercal, el sitio donde el gobierno bolivariano reunió a los vendedores ambulantes, construyendo edificios para que allí se abastezca la gente a precio razonable. Ahí se vende de todo lo que uno necesite. La gente compra ahí, puede comprar. Está lleno.
Vuelvo al hostel con mi bolsa de melones y lechosas (papayas), tomates y ajos para que no me piquen los mosquitos. Me invitan con pequeños, hoy no muchachos, hoy pequeños, bocaditos de queso. Qué rico. Qué linda es esta gente. escribir el blog me lleva el doble de tiempo, o el triple, todo me lleva más tiempo, la gente quiere hablar. Anoche, hasta más de la una de la madrugada, arreglamos los inconenientes de Venezuela, de América Latina y buena parte del mundo, discutiendo con Roberto. Hay criterio para la charla profunda y comprometida. Se discute con fundamento, con hechos, con ejemplos concretos, con memoria histórica. Estoy feliz. No importa si el auto no está reparado hasta el lunes, acá hay bastante que hacer, bastante para caminar, para ver y seguir charlando.
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Maracaibo-Coro-Venezuela – 8 de enero












































Entré a Venezuela flotando. Como por un tubo. Ayer. Todos me decían, pase, pase, pase… Sellé el pasaporte y me quedé mirando el sellito y el oficial de migraciones me dice, vaya señora, vaya, ya se puede ir. Y yo le respondí, ey, recièn llego y ya me estás echando! (No encuentro los quiones de diálogo)
Me llamaron la atención algunas cosas, cualquier cascajo con ruedas anda en la ruta y claro, todo el mundo tiene auto. La gasolina es regalada. Yo llené el tanque con menos de 40 centavos de dólar. Otra cosa es que cuando vi un anuncio de peaje y estaba pelando la billetera, llegué a la caseta y decía 0.00 Bolívares. CERO! Peajes a la mierda. Las rutas son del pueblo y para el pueblo. No están tan mal como algunos me habían vaticinado. En la entrada de Paraguachón, apenas entrando en el país, hay algunos boquetes, ya después hacia Maracaibo no hay, y hoy que viajé a Coro, menos. No hay pozos para este lado.
Ayer dormí en Maracaibo. No llegué a tiempo a internet porque este es un país donde a la gente le gusta hablar y nunca falta un tema de conersación que se torne comprometido y por lo tanto interesante. Enseguida entran en conversación, entramos. Ayer me quedé en la Plaza Bolívar charlando y como se hizo tarde, una chica me prestó el teléfono para que deje tranquila a la familia. Dormí en el Hotel Caribe, muy lindo. Me habían dicho que todo es más caro que en otros lugares de América Latina y… todo depende del cristal con que se mire. A mi el hotel me salió 10 dólares. Habitación individual, con ventilador, tele y piscina. Lindo, y en Maracaibo, la verdad, no encontré opción más barata. No hay hostels, ni dormitorios comunitarios, ni hamacas. Es la segunda ciudad más grande de Venezuela después de Caracas. Ese hotel Caribe está en el centro viejo, el casco antiguo, ahora hay un centro más moderno, el centro nuevo. El hotel tiene estacionamiento. Creo que compensa, entre que la gasolina es un regalo y no hay que pagar estacionamiento extra y lo que es mejor pero mucho mejor que los chicos de la cocina se peleaban por calentarme el agua para el mate y charlar conmigo. Sí,compensa.
Hoy estoy en un hotel bellísimo. Se llama La Casa de los Pájaros. La ciudad de Coro es la que conserva los edificios más entiguos de la época colonial y en mejor estado. Llegué y algo del auto se trabó. Ayer hacía piiiiiiiiiiii por ahí atrás y hoy hizo crok crak crak y no andaba y después marcha atrás y andó pero después otra vez crok crak crak. Roberto arregló todo. Llamó a un amigo, lo vieron y ya lo deben estar arreglando, es la cadenita, o ruleman o no sé qué que va en la rueda de atrás, justo en la que le falta la tapita plateada, porque me la afanaron en el barco, no sé si será por ese motivo pero se me zafó la cadena, viteh.
Mientras ellos me ayudan con el tema de la cadenita y la rueda yo me comí un muchacho!!
Qué ricos los muchachos venezolanos, juájuájuá!!
Un muchacho consiste en dos medallones de carne tierna en una salsita con arroz, patacones, papitas fritas, arepa y ensalada. La ensalada estaba re rica! Bueno, todo, o será que tenía hambre.
El cuarto en Casa de los Pájaros cuesta 5 dólares y como decía antes, no sólo es preciosa la casa, luego sacaré fotitos de ahí, sino que además puedo usar la cocina, tiene estacionamiento, y Roberto, el dueño, es bárabaro, pobre, le caí yo, con el auto averiado y ahí anda él con la llave y haciéndose cargo mientras yo paseo. También hay internet en el hotel, gratis… pero no quise abusar y me vine a un ciber.
Otra cosa que noté ayer, entrando por la ruta, es que para aquellos que no tienen cascajo y como hace mucho calor y para que no esperen el colectivo, la poli para en la ruta a los autos grandes para que si tienen lugar vayan transportando a la gente, estilo botella a la cubana pero no tan apretaditos.
Estoy contenta, más que eso, estoy feliz de estar acá y de haber salido de Colombia, yo lo lamento por algunos colombianos que conozco y que son buena onda, pero para mí pasar por ahí fue un garrón, espero no pasar nunca más por un trámite tan largo, cambiarìa el dicho, más largo que esperanza de pobre, ya no màs, porque a los pobres en Venezuela la esperanza se les acortó y los sueños que venìan de la mano de la esperanza se van haciendo realidad. Ahora el dicho debería ser, más largo que trámite en Colombia.
Seguro que hay mucho por hacer acá en Venezuela. Por ejemplo, cómo regular la popularización, la socialización de la riqueza para que todos queden contentos, cómo hacer para ordenar, organizar, que aquellos que antes no tenían nada y que ahora saben que tienen los mismo derechos que todos, puedan ser parte de la vida de todos pero todos aprendan a convivir en un margen de tolernacia e igualdad?? Cómo hacen los frentes que reflejan antiguos esplendores de una sociedad rica en petrodólares para convivir ahora con el mercadeo popular que inunda la plaza central de Maracaibo?? Es cuestión de organizarse, de ordenar, de enseñarle a los que nunca tuvieron cómo ser parte de esta sociedad, facilitarles la integración, pero en serio, y a los que siempre tuvieron hacerlos recapacitar acerca de la justicia y la equidad, para que acepten que aunque sea normal la desigualdad social, no es lo que corresponde, no está bien. Será una larga y ardua tarea, pero valdrá la pena porque es una tarea por la humanidad, y yo quiero ser parte de todo esto. Bueno, son tantas cosas che, tantas cosas… Che.
Santa Marta-Colombia – 6 de enero
































Otra vez a las rutas.
Me doy cuenta que las ciudades me gustan más por su parte humana que por el paquetito.
Me gusta Santa Marta, siento que está viva, que la gente es propia y además simpática, auténtica y más honesta que en Cartagena. Pude comer esas papas rellenas en la calle, esas fritangas de las que mi hígado ya estaba remoloneando, y hasta un helado de rum con pasas y nadie abusó de mi extranjería con el precio.
La ruta desde Cartagena a Santa Marta está en buen estado, en alguos tramos está en reparación, es una linda ruta, la vía del mar, bordea la costa casi todo el recorrido, salvo al pasar por algunos pueblos. Hay peajes, unos cuantos… cuestan 8mil pesos, 4 dólares cada uno, también hubo un par de atolladeros porque es vacaciones y circula turismo nacional, en los embotellamientos mate listo.
Estoy en un hostal pero duermo en hamaca, en la terraza, hay cocina donde puedo calentar el agua del mate o cocinarme, aunque con todo lo que comí en la calle más un pan con arequipe -dulce de leche- que me guardé para el mate de la tarde, creo que hasta Venezuela tengo reservas suficiente de adenosín tri fosfato.
En la terraza hay una francesa que viene de Venezuela, tanto ella como otras personas me dicen que está muy caro… a ver…
Hoy, buen día, los reyes magos me regalaron un grupo de músicos ecuatorianos en la Plaza de San Francisco y la alegría de estar, con la autita, en las tierras Magdalenas de mi Carlitos. …para adorarte con esa locura… que sólo tiene el amor de mi tierra… voy a regalarte en un beso la luna… voy a acariciarte con el frío de la sierra…
Autita nerede? Síííí! Ahí está! Cartagena de Indias-Colombia – 5 de enero


















Al fin. Autita en «parqueadero» a la vuelta del hotel.
Recuperar un auto embarcado en Cartagena es inhumano. Se necesitan dos días. Cada paso es generar un formulario, una base de datos, una colilla, un link. Cada generación requiere dos horas y pasar por varias oficinas o ventanillas para ser selladas. Algunas de estas oficinas están en Manga, a 20 minutos caminando del centro. Otras están en Contacar, barrio Mamonal, a 15 minutos en vehículo de Manga.
En Contacar, todo se paga. Los días de almacenaje son 3, siempre, no importa lo que diga la naviera en cuestión. La gente del puerto me aseguró que son 3 y corridos, si hubo feriados en el medio, mala leche, hay que pagar igual.
Haciendo historia. Tuve que entregar el auto en Puerto Colón el día 21 de diciembre. Dejé la llave pegada en la puerta. El auto sería embarcado fuera de contenedor. LO-LO. Más barato. Para mí accesible, dentro de mis posibilidades. El barco saldría el 23 y yo tendría tiempo porque me habían dicho que había 5 días gratis de almacenaje en Puerto de Cartagena.
El 23 me informan que el barco se atrasó y saldrá el 27. Me parece bien, porque es el mismo día que sale mi vuelo a Tubalá y así no corro riesgos de pagar alamacenaje si las lanchas se demoran.
Llego a Cartagena el 28 y me informan que el barco se rompió y va a haber otro para el día 29. Este barco carga al final mi auto, dentro de contenedor y el barco llega el día 31.
El 31 intento empezar el trámite pero ya se vive el fin de año y no se puede adelanbtar nada. El primero de año, menos. El sábado 2, la DIAM (aduana)en Manga, no trabaja, pero el puerto sí. El domingo 3 no.
Cuando el lunes 4, reclamo los días que se me cobrarán de almacenaje por los feriados, la secretaria me dice que el puerto trabajó el 2. Yo le retruco que la DIAM, que es lo primero que hacer no. Le explico a la chica que así las cosas, está mal coordinado, mal organizado, que hay que cambiarlo para que a los que les toque pasar en otro momento por situaciones similares no pasen por los mismos problemas que yo. No puede ser que se cobre almacenaje cuando hay más de 3 días consecutivos que son feriados, no puede ser que se pretenda trabajr en puerto ingresando mercadería a Cartagena si la aduana va a estar cerrada. Es que no tiene sentido. La secretaria, cándida, me dice «siempre hemos trabajdo así» y a mi me salió del alma decirle «pero… entonces… son todos tarados». Medio con tono de pregunta.
Para esto ya vengo con problemas.
Ayer, lunes, antes de las 8 de la mañana ya estaba en la puerta del Citibank del centro para pagar los 65 dólares a nombre de Caribbean American Shipping. Pago. Voy a la DIAM. Entrego alegremente las primeras copias del B.L, pasaporte primera hoja y hoja del sello de entrada a Colombia, tarjeta de circulación.
En todo momento entregué copias, siempre. En ningún momento, nadie, me solicitó un solo original. Ni uno. Me di cuenta que lo que importa es sacar dinero, mucho dinero. La autenticidad del vehículo, el titular o lo que contiene lo tienen olvidado. Para el caso, mejor. Una cosa menos.
Bien. Continúo.
Con esas copias en la DIAM, van a generar un formulario. Espero 2 horas y media. El lugar es agradable, hay asientos, hay aire acondicionado, está limpio. Me entregan el formulario y me solicitan ir a Contecar -primera vez que escucho el nombre- y buscar a Jesús Martinez para que firme ese documento.
Monto en una moto. Una moto es una moto. No es como el mototaxi o motocar de Cuba o Perú. Es una moto. El pasajero, yo, se sienta atrás del conductor con un casco que el conductor le presta y allá vamos.
En Contecar, pregunto a unas cuantas personas quién será Jesús Martinez, explico por qué lo busco y al final lo ubico. Cuando le doy para que me firme los papeles parece no entender y me dice que tenemos que volver a la DIAM. Volvemos con un amigo de él que nos lleva en coche. Pregunta. Me firma. Me firma el director. Ese papel es la inspección de la aduana. Inspección?? Firmaron sin ver nada.
Con eso tengo que ir a la naviera King Ocean de Caribbean American Shipping, a liberar el B.L. En la naviera me exigen el depósito por posibles daños en el contenedor. Ya había escrito a Evelyn de la naviera Barwil Agencies de Willhem, en Panamá, solicitando me eximan de este depósito y posible pago ya que fue error de ellos poner mi auto en un contenedor cuando debía ir como carga suelta. Me quejo, me enojo, lloro, pero ni siquiera esta receta de las lágrimas Zulema Alarcón funciona. Son inflexibles. Por dos horas esperamos respuesta de Panamá, para saber si van a asumir los gatos que origine el conenedor. Finalmente me prestan el teléfono para llamar a Evelyn y ella me dice que no. Que la decisión de poner el auto en contenedor fue que había temporal, mal tiempo. Y no. No se harán cargo. Le cuelgo mal.
Salgo, corro, vuelo al centro, necesito 200 dólares urgente. Los consigo. Corro y vuelo otra vez a la naviera, en esta oportunidad, en forma rauda, noto cierto respeto por mi tono autoritario al habalr con Evelyn, me facilitan todos los recibos que necesito y liberan el B.L.
Voy rapidísimo a Contecar. Son las 3 de la tarde. Llego con la ilusión de ya tener casi todo el trámite hecho y la secretaria me recibe con la indicación, «muy bien, con todos estos documentos, vamos a INICIAR, le trámite de la base de datos para…»
Ahí, 3 de la tarde, empieza otro largo periplo de recabación de datos, formularios, colillas, sellados, fotocopias, facturación, pagos! Hay que pagar más. 240 dólares por el movimiento en puerto pero al puerto. Ya había pagado 65 a la naviera. Hay que pagar el almacenaje, más 80 dólares de vaciado del contenedor. Me siento agotada, confundida. No me dan los números. Quiero seguir viajando. Yo tenía todo calculado. Yo tenía el presupuesto. Parece que se me acaba el mundo en ese momento, con tantos papeles por llenar, por fotocopiar, por duplicar, generar, pasar por una oficina y por la otra y después esos son para hacer otros y cad vez son dos horas. Estoy tan desesperada y sin saber cómo voy a resolverlo que la miro a la mujer y con lágrimas Zulema Alarcón le digo y pensar que yo estoy cumpliendo el sueño de mi vida, que al fin lo puedo cumplir porque los médicos me dieron tres meses de vida. Ante mi desazón total, la secretaria me da un sermón de lo valioso de estar vivos hoy y de no pensar en la muerte y Dios y la Virgen, pero de omitir un paguito, aunque sea uno solito, ni hablar.
Me dan más formularios, tienen que ser llenados con letra clara, sin enmiendas, ni tachaduras, pero apoyando en la rodilla, porque ahí afuera, aunque está bien el lugar, limpio, fresco, no hay mesas. Hay muchos empleados que miran. No tienen mucho que hacer. Hacen de vez en cuando algo, con una pachorra indiscriptible.
A las 5 de la tarde, me informan que el vaciado de contenedor, siempre, se programa para el día siguiente.
Entre todos los pasos a hacer fui y volví 4 veces de Contecar a la Diam. Regresé al hotel a las 8 de la noche, previo comprar verduras para hacer una ensalada y acompañar el pesacdo sabrosísimo que hiz Norman.
El día de hoy, 5, fue casi igual hasta las 4.10 de la tarde, hora en la que al final pude sacar el auto del puerto. Estoy my feliz por esto. Como una parturienta, cuyo dolor, al ver asomar la cabecita del hijo amado, se termina. Es más, la hija autita vino con un raspón adicional, una manchita de nacimiento, y sin la llave; por suerte tenía un duplicado en la mochila en el hotel, y moto viene, moto va, pudieron sacarla del contenedor. El contenedor tenía el techo roto, así que el temporal funiculí funiculá. Por suerte no me hicieron responsable de los agujeros, solamente de limpiar el contenedor y me devolvieron buena parte del depósito de 200 con lo que pude cancelar parte de los otros pagos del puerto.
Muchas veces, cuando quería tener información de otros viajeros, acerca de qué hay que hacer para embarcar y desembarcar un auto entre Panamá y Colombia, ellos normalmente escriben «son tantos pasos que no es posible y sería aburridísimo contarlos». Nadie es capaz de describir, narrar, todo lo que hay que hacer. Por eso digo que es inhumano. Porque a cada ventanilla que a uno lo mandan, hay que esperar, porque cada espera lleva a otra espera y cada espera lleva a otro pago. Es larguísimo y muy caro. De todas maneras tengo toda la onda para ayudar con las respuestas que estén a mi alcance a los que quieran hacerlo. En Panamá pueden contar con la ayuda de Tea, inavluable, aunque en este caso las navieras no resultaron bien, ella conoce a todas y seguramente esta experiencia mía servirá para que evalúen si les conviene o no utilizar los servicios de las que a mí me tocaron. Yo, mientras no exista una ruta en este tapón de mierda, que no son más de 84 km, volvería a cruzarlo, pero en monopatín, en bicicleta… en auto, así, no. Estuve averiguando los barcos que van desde Manaus a Belem o Porto Velho por el Amazonas, demoran entre 4 y 6 días y cuestan con auto y alimentos para el pasajero, mucho menos de la mitad de todo esto. Esto es vergonzoso. Es un robo a cara descubierta.
Hoy estoy tranquila, demás está decir que una de las primeras cosas que hice fue verificar la presencia de la yerba en la conservadora y sí, ahí está! Tengo yerba.
Voy a darme una buena ducha y unos buenos mates.
Abrazos!
ENCUENTRO EN PANAMÁ-Con la vida en un carro
Cual caracoles que llevan su casa a cuestas estas dos mujeres argentinas que de casualidad se reunieron en Panamá en su recorrido por América, viajan para aprender y enseñar
DARMA L. ZAMBRANA
dzambrana@laestrella.com.pa
Sus casas las llevan a ellas, un poco como el caracol pero a la inversa. Sus carros, en los que recorren kilómetro tras kilómetro en la superficie inmensa de esta América, son sus casas. Allí tienen de todo. Sus recuerdos más preciados, las fotos de sus hijos, sus enseres de cocina, su ropa, un mapa, quizás una carpa, un GPS que no funciona y una de ellas hasta un rottweiller de miedo.
Con el pelo castaño muy corto, el flequillo casi blanco en la frente y cuentas de colores en uno que otro mechón de cabello, Zulema sorprende a quien la conoce por su nueva ocupación: jubilada viajera. Pero no porque viaje o porque esté jubilada, sino porque a sus 61 años viaja sola por los extensos caminos del continente sin más compañía que Pelé, su robusto rottweiler de 7 años, que la protege celosamente día y noche.
Zulema que afirma que es del mundo, nació en una casa de viajeros, pues sus padres le dieron la vuelta al mundo varias veces, se jubiló el 1 de julio de 2008 y el 15 de ese mismo mes dejó la casa donde vivía en El Calafate, muy cerca del glaciar Perito Moreno en la Patagonia argentina y empezó su periplo por el continente. A bordo de una Toyota Four Runner 2001 de color rojo que tiene la bandera argentina en todas partes, con el asiento del copiloto ocupado por Pelé, se incorporó a un grupo de vehículos doble tracción que desde Iguazú hace todos los años un recorrido por la Amazonia.
Manejó por 20 días entre Brasilia, Belem, las Guyanas, Manaos y otras poblaciones sin un peso en el bolsillo esperando que le llegara la primera remesa de su jubilación. Así llegó a Venezuela, estuvo en Colombia y Panamá antes de llegar a Costa Rica donde permaneció 40 días para regresar aquí y continuar su recorrido hasta Alaska que es su destino. No tiene apuro, quiere disfrutar de todos los lugares por los que pasa, quedarse y partir cuando le plazca.
“Tengo fecha libre hasta junio de 2010”, cuenta, “porque estoy anotada en una caravana que parte desde el norte hasta Chile para celebrar el bicentenario de ese país”, agrega y después Zulema seguirá viajando hasta “que el cuerpo me deje”. Para ella viajar y conocer gente es una experiencia única, una forma de crecer y madurar. Y empezó muy joven, a sus 17 años formó parte, junto a su madre y dos hermanas, del equipo argentino de hockey femenino y estuvo en Alemania y España representando a su país.
Maestra de Educación Física hasta su jubilación, Zulema no le teme a nada, salvo a perder el coche porque eso significa “perder la vida”. Confiesa que la inseguridad le preocupa un poco, “no me da miedo”, dice, “la gente me ayuda mucho y ya tengo mi vida hecha, no me importa si me pasa algo y me muero en el camino, solo me preocupa mi perro”. Divertida comenta que su hijo, que la apoya en todo lo que hace, le ha pedido que “no te vayas a morir muy lejos, de repente tengo que ir a buscarte”.
Esta mujer de pequeña estatura, bronceada por los soles de muchas jornadas al aire libre se topó en Panamá sin pensarlo con otra, 18 años más joven, también argentina que hace el viaje en sentido inverso pero al igual que ella con su casa a cuestas. María, que ha viajado mucho con sus dos hijos y que desde octubre pasado, hace una travesía por primera vez en su vida sola, sin ellos conoció a Zulema cuando ambas tomaron contacto con Tea otra compatriota residente en Panamá que las ayudó en los trámites de traslado de los vehículos.
Después de vivir 6 años y medio en Guanajuato, el tiempo más largo en alguna parte, María cuenta sonriendo y entrecerrando sus pequeños ojos verdes que “seleccioné de mi casa lo que tenía algún significado para mí y lo metí en mi auto. Primero los adornos, los barquitos de diferentes países, las muñecas de coco, las balsitas de Bolivia, los sombreritos de Turquía, las castañuelas de mi abuela que era gitana, la bandera de Argentina y me marché”. Su automóvil un Matis Pontiac 2007 color rojo fuego se ha convertido en su casa mientras llegue a San Clemente del Tuyú, al sur de la Provincia de Buenos Aires, donde piensa recalar después de recorrer Centro y Sur América.
Menuda, musculosa, también bronceada y con el cabello negro recogido en dos trenzas, María ha hecho de todo para sobrevivir y puede intentarlo todo si es necesario. Tiene en el Matis una valija de disfraces y una máquina de escribir Olivetti, donde ya ha escrito cuatro novelas de ficción con elementos de todas las personas que va conociendo en el camino. Ha trabajado como actriz, cantante, periodista, patinadora en hielo, acróbata y es maestra de profesión.
Desde que nacieron sus hijos ha hecho infinidad de viajes con ellos. Cuando llegaban a un nuevo lugar si les gustaba se quedaban y si era por una larga estancia María les buscaba escuela y ella trabajo para partir de nuevo cuando tuviesen ganas. Así estuvieron en diferentes países de Europa y América. Hoy ambos hijos, de 19 y 21 años, ya han empezado a hacer su propio viaje, es decir su vida y por eso ahora ella emprendió este recorrido sola con el propósito de encontrar un lugar donde vivir y trabajar “y dedicar el resto de mi vida a mejorar las condiciones de vida de otras personas y aportar a los procesos sociales en Latinoamérica”, dice María.
Ahora mismo le interesa trabajar en Venezuela, Bolivia o Nicaragua. Tiene en perspectiva un proyecto comunitario como voluntaria en Palestina por un par de meses y después un tiempo en América Latina. “Siempre es por un tiempo y nunca sé cuánto”, dice María que a lo único que le teme es a la idea de “instalarse” en alguna parte, “mi vida es andando” agrega pensativa, mientras sorbe un poco de mate “el auto es mi vida, es lo que me lleva y me trae, todo lo que me interesa está en él, ahí está mi pasado”, agrega.
“Cuando empecé a viajar, tenía pronóstico de melancolía” recuerda María, pero aclara a continuación que felizmente aún no la ha experimentado. Nunca se ha sentido sola y por eso no siente la necesidad de viajar con nadie y, por el momento, tampoco le hace falta una pareja. “Me basto a mí misma”, asegura, “solamente estaría con alguien como el Comandante Marcos, con quien comparta los mismos principios de lucha, de otro modo no”, dice haciendo referencia al guerrillero zapatista.
Y en eso coincide con Zulema que mientras sigue cebando mate, opina que no quiere que nadie le cambie el rumbo y por eso prefiere viajar sola.
“Los argentinos somos todos inquietos” dice María reflexionando sobre el viaje de ella y de Zulema, dos mujeres fuertes, decididas y valientes, que por encima de todo han comprobado y demostrado que se tienen a sí mismas.
http://www.laestrella.com.pa/mensual/2010/01/03/contenido/187545.asp
Entrevista en revista panameña – 3 de enero, desde Cartagena



Publicaron la entrevista que nos hicieron a Zulema y a mí en casa de Tea. Lástima que no pusieron la foto de Zulema, se me hace mucho más atractiva con su Pelé amenazante y su camioneta enorme.
Me voy a la playa.
Me fui a comprar un candado para poner mis valores en una casetita acá en el hostal.
Anoche les robaron a la pareja de suizos que vienen viajando en una Van desde Estados Unidos. Están en mi mismo cuarto. A mí me mudaron abajo del entresuelo, duermo en una cama individual al lado de Rainer, el alemán de 2 metros 10 cm de altura.
Acá les paso el link de la revista donde salió la nota: http://www.laestrella.com.pa/mensual/2010/01/03/contenido/187545.asp
Cartagena de Indias-Colombia – 2 de enero
















No adelanté nada.
La aduana o DIAM, no trabaja los sábados. Anticipo para los que vengan después. En la agencia de Ocean King o King Ocean, que es la naviera que se hace cargo del container en Cartagena, me dijeron, SÍ SÍ, EL SÁBADO TRABAJAN DESDE LAS 8, VAYA CON ESTE PAPEL QUE VA A PODER ADELANTAR UN MONTÓN. Fui. No trabajan hasta el lunes.
También fui a hacer el depósito de los movimientos de puerto al Citibank. Fui a la sucursal de Boca Grande que me dijeron que es la única que abre los sábados. SÍ, SÍ, VAYA AHÍ Y AHÍ HACE EL DEPÓSITO. Fui. No reciben depósitos en esa sucursal. Las otras están cerradas. Por lo tanto el lunes a las 8 de la mañana tengo que ir a hacer el depósito y al mismo tiempo tengo que ir a la aduana o DIAM a hacer el trámite o a ver, al menos, cómo se hace.
Si la ciudad de Panamá se destacó por ser la ciudad de gente más antipática y caracúlica de todas las que he pasado, Cartagena se caracteriza por ser la ciudad de gente más inepta de las que he pasado desde que salí de Guanajuato. Además, me parece una falta total de respeto que los empleados o funcionarios de King Ocean me hayan hecho perder un día pateando para no hacer nada. Al menos la ciudad es bastante bonita. Los barrios, los lugares donde tengo que ir no están tan lejos, puedo ir caminando, de paso mirando, pensando, elucubrando, engranando, puteando, bronceandome, insolandome…
Otra apreciación: en ciudad de Panamá las mujeres sacan a pasear el culo, dignos culos del monumento al bundäo, naturales. En Cartagena las mujeres salen a pasear las tetas, tetas de esas que aunque se acuesten como lagartijas al sol, no se desinflan, quedan como melones estáticos.
Voy caminando y voy sacando conclusiones acerca de la idiosincracia general de esta gente. Ejemplos:
1-El lanchero de Puerto Obaldía a Capurganá, tenía que cobrar 12 dólares. Le pago con 15. Espero el vuelto. Espero. Pido. Insisto. Lanchero acomoda sogas, salvavidas… Insisto, de nuevo. Al final exijo, dame los 5 dólares que voy yo a buscar el cambio.
2-Compro pasaje de Capurgana a Turbo. Previamente averiguo, cuesta 49mil pesos. Pago con 50mil pesos. Espero el vuelto. Nada. El hombre me mira inquiriendo con la mirada, que qué espero… el cambio por favor, me debe mil pesos. Cuesta 50mil me dice. No le retruco, cuesta 49. 50 precio de temporada, me dice. Lo miro, 49. Y me da los mil.
3-Voy a hotel trucho y feucho en Turbo donde nadie quiere darme agua para el mate. Pregunto cuánto cuesta, me dicen 14mil, llega alguien detrás, colombiano, pregunta cuánto cuesta, le dicen 12mil.
4-Tomo autobús de Turbo a Montería. Averiguo previamente, pasaje cuesta 34mil. Voy a sacar pasaje y me dicen 39mil. No, le digo, son 34mil. 39mil precio de temporada, me dicen… No, 34mil. Pago 34mil.
Sigue el camino y siguen los ejemplos horribles de este tipo.
Hoy lo que me molestó, y no tanto, porque a estas alturas me da risa, es la falta de respeto y la ineficiencia, la gente que se supone trabaja en un rubro y que se supone debería saber cómo se manejan las instituciones fuertemente vinculadas a ese rubro, no saben nada. Parece como si fuera la primera vez que reciben un auto embarcado.
PERO ESTOY CONTENTA!!!!
Tengo contacto en Caracas, Henry, hermano de Urania, profesora de español que conocí en Guanajuato. Ya me escribió Henry y ni siquiera lo conozco y por lo que su hermana Urania me contó, será un eslabón fundamental en el tramo del viaje que tan ansiosmanete espero. Creo que él podrá ayudarme a saber dónde ir, a qué puerta golpear para trabajar en Venezuela. Quiero ser parte del proceso bolivariano. Quiero ser parte. Quiero estar ahí, quedarme un poco, hacer algo y algo más todavía.
Es probable que mi llegada a Argentina se atrase, se postergue, pero no es posible que se suspenda, en algún momento, presumiblemente y con buenas perspectivas, en el 2010, voy a llegar. El tiempo vuela y voy a llegar de un momento a otro, pero ahora tengo tanta Venezuela por delante como inversamente proporcional dinero en la bolsa.
Cartagena de Indias-Colombia – 1 de enero – 2010





AÑO NUEVO! 2010!
Anoche brindé con ron con una pareja de argentinos cordobeses, periodistas y poetas.
Toda la noche hubo batifondo. Música muy fuerte. Los ritmos se enfrentaban desde las esquinas. Hubo fuegos artificiales. Inmensos. Los vi desde la terraza del hotel.
Varios de los viajeros que conviven aquí se fueron a una fiesta a la playa, a unos cuantos kilómetros de Cartagena. Volvieron un poco desilucionados. Dicen que fue un relajo de bebidas todo bien, pero había al por mayor y al revoleo LCD, éxtasis, cocaína… y además, les decían que había transporte de regreso y era mentira así que tardaron cuatro horas en regresar desde donde normalmente se tarda una hora y media.
Después de la medianoche me fui a leer, a pensar, a escribir, a seguir pensando, a dormir y en la mañana caminé plácidamente hasta la playa. Encontré un lugar calmo cerca de la orilla pero no tanto como para no ser presa de la embestida de la marea traicionera. Me apropicué panaza arriba y panza abajo. A eso de las 4, la tarde empezó a inquietar el hormiguero. Llegaba más y más gente. Junté mi pañuelo Palestino que hacía de lona y emprendí el regreso. Recién llego.
Hoy, playa.
Mañana, aduana.
Cartagena de Indias-Colombia – 31 de diciembre















Venezuela deberá esperar y mi ansiedad ceder al mismo tiempo.
Por feriados y fin de semana en medio no será posible que tramite la salida del auto del puerto antes del lunes.
Hoy casi caigo en estado alterado de desesperación y angustia. Encima no me queda más que un puñado de yerba mate y los paquetes están en el auto. Sería muy feliz si me dejaran trepar al container, meterme adentro, sacar un paquetito de yerba y saludar de paso a la burbuja colorada y revolucionaria.
Entré en pánico porque llamé a la naviera y me dijeron, «tiene que pagar 65 dólares de consignación y 400mil!!!! De depósito.» (Además de que el barco llegó esta mañana y todavía no autorizaban el B.L para que yo pudiera adelantar algo en la aduana). Metieron el auto en un container. Viva la pepa, cada naviera y cada empleado se ve que hace lo que se le antoja en el momento de hacer algo. Yo no pedí container, pero a ellos se les ocurrió que era mejor y sí, seguro es mejor, pero ahora yo tengo depositarles para que vean si el container está en buen estado y lo limpien y después consideren si me devuelven algo, que ya me dijeron que limpiarlo lo tienen que limpiar y si está roto?? Yo qué sé cómo estaba antes de salir?? Además yo no pedí container!!!!!!! Y quién se hace responsable. La Barwil Agencies que fue la que me vendió el paquete??
Reconozco que conseguí un buen precio para lo costos reales de los fletes. Lo reconozco, pero justamente decidí embarcar porque era esa cantidad y no otra superior, sino había pensado regresar a México, vender el auto, comprar una bicicleta y empezar de nuevo.
Me revienta que me pasen por encima.
Hoy me reventaba casi todo. Compro un patacón, plátano frito. Cuesta 700 dice el hombre. Le hecha queso y me lo da y me dice con queso son 1300. Metetelo en el orto. Viste. Abusan. Esto es casi tan caótico al respecto como el Valle del Nilo, con la salvedad que hay un supermercado con precios visibles y yo para estar a resguardo de estas tranzas que me joden voy al super y después me cocino el hostal.
Como si fuera poco, los colombianos, tan amables que se pre-anunciaban, a todos y cada uno de ellos, en la calle, a los que pregunté si sabían dónde estaba la naviera, porque no la encontraba, ni siquiera se molestaron en abrir la boca para responder, simplemente movían la cabeza de izquierda a derecha.
«Hay gente que te invita a su casa a dormir y gente que te deja en la calle morir, hay gente de mierda y gente que no.»
Y hablando de mierda, el tapón de Darién debería llamarse «tapón de mierda». Ese tapón ahí no existe por necesidad de ecosistema o profusión incontrolable de la jungla. Ese verso que se lo hagan a los gringos. El tapón de Darién o de mierda, existe porque encierra un negociado enorme y ese negociado no es el Canal de Panamá, que igual es un negociado pero visible. En el tapón de Darién o de mierda, hay más que gatos encerrados. Y no me digan que no. Estuve cerca de ahí. En la puerta. La vegetación salvaje es fácilmente controlable. La ruta podría existir. Los milicos cuidan qué?? Hay tantos!!! Al italiano que encontré en los primero días se le ocurrió caminar y acampar entre el Darién y la costa y los paramilitares colombianos, lo sacaron con las manos atadas y los ojos vendados -para que no vea qué- y le advirtieron que fuera la última vez que se metía por ahí sin permiso. Qué tal??
El tapón de mierda nos jode la vida a los que aunque pocos, sumamos unos cuantos con el deseo y la oasadía y el atropello de querer surcar las Américas Latinas a pie, en bicicleta, en moto, en auto o con un carrito. Somos pocos, pero SOMOS, y esto nos caga. Para el resto del mundo es indudablemente un MUY BUEN NEGOCIO.
Y acá estoy. En el hostal Casa Viena, haciendo huevo. Leyendo. Ya me conzco la ciudad. Puedo ir a la playa, embadurnarme en Hawain Tropic y quedarme como las iguanas al sol hasta que pasen los feriados y la gente vuelva a trabajar. Con un depósito pendiente de 65 dólares que fui a hacer pero el único banco donde se puede cerró a las 11 porque es 31 y quizás, con suerte, pueda hacer el sábado en la sucursal de Boca Grande. Encontré la naviera preguntándole al pedo a los cartagineses, la encontré pateando. Previo me subí a una moto. Moto taxi, con casco y todo. Ese moto taxi me dejó por ahí, por la aduana, me habían explicado que era por ahí cerquita.
Afortunadamente el barrio no es tan choto como el de donde se hacen los trámites en Panamá. Es un barrio urbanizado, con casas, gente que vive ahí, algunos árboles y no es lejos del centro histórico así que regresé a pie, cruzando el puente de Román y con vistas al Castillo de San Felipe, por la Calle Larga llegué a la PLaza de la Trinidad y por la calle Guerrero hasta la de la Media Luna donde pasé por el hotel que estuve la primera noche ya que la empleada me había prometido un poquito de yerba que tenía en la casa. Es un poquititito pero de GRAN AYUDA!!!
Ahora tengo un B.L original, el sábado puedo ir a la aduana que atenderá desde las 8 para que vayan viendo… los papeles… y asignando un inspector… y a la sucursal del Citibank de Boca Grande, que atenderá desde las 11 de la mañana… un ratito… para adelantar… la naviera no trabaja hasta el lunes y hasta el lunes no pasa nada.
Esperamos. Venezuela espera. Yo espero. Y Argentina tendrá que esperarme un cacho más porque como va la cosa voy a tener que parar a laburar un rato antes de poder llenar el tanque en tierras brasileras. En Venezuela ya sé, que en cuanto a combustible no me tengo que preocupar, porque con un dólar tanque lleno.
Y aprovechemos cada oportunidad de brindar que por ahí se nos cumplen los deseos!!! Yo creo que sí. Ahí vamos.
Abrazossssss y FELIZ AÑO 2010!!!
Cartagena de Indias-Colombia – 30 de diciembre


































Casi todas las personas con las que hablo un rato desde que estoy en Colombia, y si entramos en tema, tiene en su familia uno o más de uno, muerto sin saber quién lo mató. En la mayoría de los casos fueron encontrados amarrados con alambres, muy golpeados, torturados y con un tiro de gracia en el medio de la nuca. Qué pasó, quién fue… no se sabe. Se denuncia en la policía, no se denuncia en los medios. La gente con la que he tenido oportunidad de hablar, un rato, mientras tomo mate, es gente sencilla. No se animan a publicar sus historias, casi no se animan a contarlas, tienen miedo, porque tienen más hermanos, o porque tienen hijos. Por lo visto que esto pase es normal y están convencidos de que nada puede hacerse porque hacer algo resultaría peor.
Hay muchos militares. Están dispersos por todos lados. Me di cuenta hace un rato, que caminando, tomé dos fotos y en las dos, en el fondo hay un militar. No me sorprende.
Hoy fui a las playas cartaginesas, Boca Grande y Laguito. Son playas de ciudad, hay mucha gente. Se puede ir caminando tranquilamente desde el centro histórico, por el muelle de los Pegasos, y después, el largo malecón hasta que aparece la zona costera, moderna, de dificios altos. La playa es angosta, con escolleras de piedra. La brisa una bendición. Me tiré al sol como las iguanas y al mar como las sirenas y volví por los callejones del casco viejo amurallado.
Tomé mates mientras charlaba y charlaba y reflexionaba de qué manera hacer algo, algo que denuncie, multiplique pero no sea peligroso para nadie, es complicado, cualquier referencia, fecha, lugar, nombre, hecho, puede delatar de qué asesinato se trata… Quisiera gritar al mundo que esto está sucediendo, es muy feo, triste y doloroso. Es una mierda. Hay confusión en los colombianos. Los multimedios siempre tienen que ver en favorecer esa confusión y acá se ve que vienen haciéndolo desde hace largo rato. Es difícil refrescarle la memoria al pueblo colombiano, me alegra escuchar, después de una hora de charla la palabra «bogotazo», como un hecho lejano, histórico, pero que al fin y al cabo les pertenece y se oculta en un rioncón de la memoria.
Esta noche ceno frutas, como para digerir una tarde demasiado condimentada.
Mañana termina el año 2009, según el calendario gregoriano equivocado y chueco, mañana sigue la VIDA y el VIAJE, los dos para mí son casi lo mismo, mañana, aguarda la Esperanza a la burbuja que viene llegando al puerto de Cartagena. Esa Esperanza me trasnporta con la mirada en el mapa, Santa Marta… Riohacha… Maicao… VENEZUELA! Falta poco. El corazón me arde, rojo como la estrella.

