Volviendo atrás.
Como llegué a Olympos vía bus desde Finike, hoy caminé este tramo de la ruta que me había quedado en el medio, o sea, que me había salteado. Es la ruta que lleva hasta Adrasán, puerto y ciudad. Se trata de subir y bajar una montaña, uno de los montes Olympos, que son varios y conforman los picos de esta zona. Picos nada uniformes, nada simétricos. Picos agrestes y duros. Grises y arrugados por el tiempo, la nieve, o el viento, y cuyas arrugas son agudas. Sin embargo, el sendero es sombrío. Todo a lo largo y a lo alto de ladera, está lleno de árboles, y lleno de hojas.
Hoy escuché llover a las hojas. Cuando la brisa se colaba entre las ramas, el sonido de chaparrones de hojas. Después el sonido de un colchón de hojas secas bajo los pies. Daban ganas de caminar descalza. Patiné varias veces, abría los brazos, y me dejaba deslizar sobre las hojas. Un hermosura. Y me reía recordando a esas señoras que salen a patinar sobre las hojas en las veredas de San Pedro. Y me reía de las caras circuspectas de las otras señoras, las que previenen «cuidado con las resbaldas». Mientras tanto, me dejaba resbalar. Consecuencia: me perdía. En laberintos de hojas ocres y amarillas y marrones en cientos de metros a la redonda, todo igual, y yo con el norte en el sur en mi cabeza. Mareada.
Todo el camino fue arbolado. Empieza por la necrópolis de Olympos, del otro lado del río. Se pasa además por las ruinas de un teatro, y después por un pinar. Se camina por el lecho de un río, el lecho es pedregoso, pero breve, después viene el bosque de las hojas. Arrayanes soberbios.
En el camino me encontré con las dos chicas alemanas que había visto en Finike. Me econtré con la pareja de Sue y Jim, dos septuagenarios yanquis que caminan como si fueran a máquina, con esos palitos de esquiador, apenas se detienen para decir «hi», pero no observan nada, no escuchan nada, no se enteran, sólo caminan. Siguen el sendero, como una rutina, el trecking, o trepping, a reloj.
Escuché un pájaro carpintero, o algo parecido. Me detuve y miré, pero no lo vi.
Subí hasta la cumbre, hasta esos riscos duros y agudos. Cerca de ahí están las ruinas de Phoinoikous, una antiquísima ciudad griega. Quedan unos pocos muros.
Luego bajé, y luego de volver a cruzar el río, botas al hombro, me di un baño de mar.
Este camino, fueron unos 10 km. Bajando 6 más por la otra ladera, luego de la cumbre, se llega a Adrasán. Yo volví por la ladera de las hojas, hacia el mar.
Sigo en el camping Cactus. Está muy bueno. Acá vinieron las chicas alemanas.
La comida está re buena, es abundante, rica, muy natural. La gente es piola, buena onda. Y hay buena música. Agua caliente para el mate y yerba Corona. UN LUJO.
Hoy como amanecí con calor caminé de pollerita, así que por supuesto tengo las rodillas todas tajeaditas.
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Día 23: Olympos-Tekirova (2011)/Cirali-Beycik (2018)
Experiencia mayo-junio 2011.-
Llegué molida, fundida, reventada. No es que el camino haya sido arduo, en sí no lo fue. Pero hizo tanto calor! Parte del camino tenía sombras esporádicas de algunos árboles salteados. Mucha piedra, como en general ha sido a lo largo de toda la ruta. Cambian los colores de las piedras, cambian los colores de las montañas. Hoy fueron montañas cobrizas. Piedras enormes, rojas, con destellos dorados en muchas partes. Por otros sitios, piedras negras. Estas montañas fueron minadas. Hay residuos y restos de antiguas minas que ya no trabajan.
Lo maravilloso y sorprendente del día de hoy, fue que el senderillo subía y bajaba todo el tiempo en curvas menguantes, y a cada curva, el mar, más o menos abajo, a veces más y a veces menos, según subiera o bajara, ofrecía una cara diferente. Los rasgos del mar eran distintos después de cada curva, cambiaba el paisaje. Esto hizo que el camino me resultara un camino rápido, y a no ser porque hizo mucho calor y en todo la ruta de siete horas de caminata no encontré agua, el cansancio hubiera sido mucho menor, porque el factor sorpresa lo puede todo.
Como acampé en Olympos, arranqué de acá. Otra vez. Otra vez es caminar hacia la costa, pero al revés que ayer con rumbo a Adrasán, hoy no cruzar ese río donde cantan las ranas, hacia la derecha, sino doblar en la playa, hacia la izquierda. Es en principio el mismo camino que había hecho para ir a Quimera. Se pasa nuevamente por el pueblito de Cirale, aunque por una calle distinta. Digamos que Cirali tiene dos calles. Al llegar a Cirale, después de caminar por la playa y cruzar un río angosto por un puentecito de madera, si uno quiere ir a las llamas de Quimera, toma la ruta que sale a la izquierda, y si uno quiere ir hacia Tekirova, toma el camino de la derecha que bordea la costa.
Entre Olympos y Cirali hay 3 kilómetros que ya me sé de memoria. Al llegar a Cirale se caminan 3 km más hasta acercarse a una ladera que hay que empezar a subir.
Los primeros kilómeros son un camino de autos, bordeados de pinos y eucaliptus, donde algunos turistas salen a andar en bicicletas que alquilan por ahí. Llegando a la ladera empieza el «trepping».
Las primeras colinas tienen árboles. El sendero es angosto y precipitoso en muchos lugares. Las vistas, repito, maravillosas.
Subiendo y bajando se pasa por las minas abandonadas, y se llega a una playa sucia donde hubo una granja de pescadores que está abandonada y llena de basura. Después no hay más sombra, y en esta estación caminar sin sombra y sin agua, cuando llega el mediodía es pesado.
Llegué casi hasta las veras de Tekirova donde nace un camino de autos que lleva hasta el pueblo que es netamente turístico, de dos calles, una con hoteles y otra con boutiques. Ni siquiera entré al pueblo, porque llegando al camino de autos, escuché que se acercaba un vehículo, y tras 7 horas de caminata, ni dudé en levantarle el pulgar y el buen musulmán me acercó hasta unas playas en Cirali donde me di un reconfortante baño de aguas marinas y luego volví a recorrer los ya consabidos 3 km que separan a Cirali de Olympos.
Sigo en el camping Cactus hasta el amanecer en que remontaré el vuelo para continuar la ruta Lycia, desde Tekirova, adonde me dirigiré en dolmus (minibus) hasta Phaselis y de ahí en más, se verá.
Cenamos riquísimo con las chicas alemanas, Andrea y Micki, y con Mohammed, un turco cansado de Estambul. Üçagin, un amable trabajador de aquí nos dio de postre ciruelas verdes y unos racimos de cerezas deliciosas. Las cerezas son únicas, pero estas eran más únicas que todas las únicas. El equilibrio perfecto entre lo dulce y el toque amargo, perfecta la pulpa. Se le hará agua la boca si el invierno está en la puerta, o en las baldosas frías de su patio. Qué cerezas! Algo bueno tenía que darnos el verano. Gracias!
Faltan pocas estaciones en esta ruta, y no me dan ganas de llegar. Es muy lindo esto de andar de pie. A pesar de todo. Es muy lindo.
Actualización enero-febrero 2018.-
En esta oportunidad tomamos el camino de las montañas. Quizás debió haber sido alrevés, lógicamente, en verano haber hecho esta parte y ahora, en invierno, lo que hice en verano. Pero ya había hecho la costa, así que ahora, a las montañas!!!
Salimos de Cirali que está cerca de Olympos. En Cirali dormimos en el camping y como anoche ya habíamos visitado los fuegos de Yanartas y habíamos hecho esta parte caminando, el dueño del camping nos acercó hasta el inicio de la ruta. Empieza subiendo el sendero a las llamas y continuúa, siempre subiendo hasta que se acaba el alcance de los exhalaciones de Chimarea. Se van atenuando las flamas pero no la subida. Se sube y se sube hasta Ulupinar y luego se cruza una ruta asfaltada bastante concurrida. A partir de aquí el sendero se lía. Hay muchos caminos forestales nuevos y pocas o muchas marcas pero cuando son muchas no son exactamente de Lycia, y en lugar de las líneas roja y blanca, aparecen uns marcas con línea amarilla y roja o amarilla roja y blanca, tres líneas pero sin ningún tipo de explicación. Luego también hay carteles amarillos como los de Lyca pero que son de otras rutas. Los nombres no coinciden pero a veces son similares. Es bueno saber un poco de turco para entender por ejemplo que es una yayla porque sino uno cree que yayla es el nombre de una aldea y hay muchas que son yayla y aunque debemos sí, ir a alguna de ellas, podemos aparecer en otra.
Por suerte encontramos un pastor que nos señaló hacia dónde estaba Beycik. Beycik tiene una parte baja y luego se sube un poco más y hay otra parte también llamada Beycik, de la misma aldea o pueblo, pero que está por encima de la montaña. Así que seguimos subiendo, confundiéndonos un poco a veces por esas líneas con amarillo pero al final llegamos al camping de Ali, Riviera restaurante. Tienen unos tapancos de madera, un criadero de truchas, muchos almendros y avellanos. Tiene su propia cosecha de naranjas y un terrenito plano con pasto para acampar. También hay baños con duchas calientes. Nos resultó un poco caro al final aunque la cena estuvo de primera. El camping cuesta 35 liras con desayuno y ducha caliente y la cena 25, pero ojo, no pedir bebida porque Ali te chuza la cabeza, o el bolsillo según se mire. La ruta Lycia pasa por aquí, por su establecimiento y luego por detrás de su casa.
Día 24: Tekirova-Phaselis (2011)/Beycik-Yayla Kuzdere (2018)
Experiencia mayo-junio 2011.-
Recordemos que ayer, en el día 21 de caminata, había hecho desde Olympos la ruta por las colinas rumbo a Tekirova y regresado a Olympos para dormir en el camping Cactus.
Esta mañana, luego de juntar nuestros bártulos, las dos jóvenes alemanas, Andrea y Micki, y yo, tomamos un minibus hasta la carretera principal que va a Antalya y desde ahí otro minibus hasta el cruce de la carretera principal con Tekirova. Caminamos hacia el centro de Tekirova, y luego, siguiendo unas pocas marcas de la ruta Lycia, y preguntando, caminamos hasta un camping que se encuentra a mitad de camino entre la ciudad de Tekirova -moderna, pequeña, y turística- y la antigua ciudad de Phaselis.
Más tarde, después de volver a armar nuestro campamento, ir a la playa, darnos unos baños marinos y comer algo, caminamos hacia las ruinas de Phaselis.
Phaselis es una ciudad que existe desde el siglo VII antes de Cristo. Las ruinas que permanencen en pie son impresionantes. Me encantó. La ciudad prosperó gracias a su situación estratégica, tenía como cuatro puertos, todos activos.
Hay muchos restos en pie, un teatro, varios baños, la calle principal, el ágora; los arcos son impresionantes. Una maravilla. Buena parte de los puertos se encuentra bajo el agua, ya que fue invadida por el mar. Pero me sorprendió lo que hay, la arquitectura, la fortaleza de esa construcción, que se ve que ha sido renovada a través de las diferentes civilizaciones que pasaron por ahí, porque el estilo lycio más antiguo se mezcla con el griego y aún con el estilo romano y bizantino.
Fue una buena caminata, aunque no vimos mucha señalización, casi nada.
Se cruza un puente y luego se bordea la costa, la bahía, se trepa a una ladera con pinos y piedras oscuras y rojas. Por esa ladera se sube y se baja constantemente, se hace entretenido, y debajo, la vista cambia, las islas, la península, las bahías y las playas.
Las chicas terminan sus días de «trepping» mañana. Se van directamente a Antalya en bus. Yo quiero caminar unos días más, y llegar a destino, a pata.
Actualización enero-febrero 2018.-
Célebre Tahtali daği . Esta vez no vamos por la costa. Vamos por las montañas. Hay que cruzar la altura de este Monte Olimpos legendario y enorme. Del lado de Beycik se veía imponente pero sin nieve. Sólo algunos manchones. Sin embargo a medida que nos acercábamos al paso la nieve crecía en extensión y espesor. En la cumbre y durante varios kilómetros y consecuentes horas después de la cumbre no nos quedó más remedio, santo remedio y bendición, que caminar por la nieve. Para mí caminar por la nieve es una adicción, un vicio consagrado pero claro, se pierden las marcas, no conocemos esas montañas, desconocíamos por completo o casi por completo nuestra dirección. Era complicado orientarse correctamente ante tal panorama. Nuestras perspectivas de éxito estaban por debajo de lo nulo.
Nos recontraperdimos después de haber sorteado con mucha cautela toda la cumbre y la precumbre donde la nieve nos tomaba por sorpresa enterrándonos hasta las rodillas. No queríamos arriesgar ni un paso sin ver antes la marca siguiente, a veces no quedaba otra que arriesgar. No se veía nada y no quedaba otra que avanzar a tientas e ir buscando lentamente para no alejarnos mucho de nuestra última pisada certera. Todo era blanco y hermoso. Tan blanco que encandila. Llegamos a un camino ancho al que subimos por inercia trepando y poniendo mucho esfuerzo en los bastones a modo de piquetas. Este camino ancho también estaba cubierto de nieve. Otra vez aparecen los carteles que señalan otros treks y las marcas con rayas rojas y amarillas. No vimos más marcas de Lycia. La última la vimos en un arbolito parado en medio de una yayla cubierta de nieve. Luego de este árbol, siguiendo el camino ancho que creemos no es la dirección correcta, hay un cartel que señala a Tekirova, a la costa, otro que iba a una Yayla pero no era a Kuzdere y otro que fue el que seguimos que señalaba Gedelme. En esta parte, la del árbol con la última marca y una yayla ahora cubierta con un manto de nieve, hay un par de construcciones sencillas, quizás de pastores. No había nadie.
Cruzar desde Beycik, remontar el Tahtali, cruzar el paso, nos tomó más de dos horas. No vimos más marcas, de pronto sí, aparecía una, y luego nada. Nieve seguía habiendo, pero como íbamos bajando cada vez menos, aunque más barro. Mucho barro. Nada de gente. De golpe vimos a una familia juntando nieve en una bolsa. Iban en auto. Se habían quedado ahí, junto a un laguito formado por el deshielo. No los volvimos a ver. Los esperamos un buen rato más adelante porque se nos abrió una bifurcación y no sabíamos para dónde seguir. No aparecieron más así que seguimos la intuición, seguimos bajando, por nuestra derecha, y en eso vimos otra marca, pero al rato nada o alguna otra marca que subía como volviendo alrevés de como íbamos. Estábamos requetedesorientadas y seguras de que, a Yayla Kuzdere, no íbamos a llegar. Bajábamos tanto que yo ya me imaginaba que estábamos por llegar al Puente Romano. Veíamos allá abajo unas casitas. Intentamos llegar a ellas, ya caía la tarde. Llegamos pero eran cuatro o cinco casas cerradas, cero habitantes. Seguimos. De última sabíamos que podríamos refugiarnos allí. Teníamos el cuerpo húmedo y hacía mucho frío. Llegamos a otro cúmulo de casas un poco más poblado y una señora, Rabiah, de la primera casa a la que llegamos, salió a recibirnos con té caliente y nos hizo pasar a su hogar con la salamandra encendida.
Fue sorprendente, muy sorprendente, que cuando le contamos que veníamos desde Beycik, que habíamos cruzado el Tahtali daği cubierto de nieve, y que por la misma nieve habíamos perdido el trazado del sendero y las marcas, pero que Íbamos hacia YayLa Kuzdere, la mujer nos dijo que estábamos ahí, que habíamos llegado a Yayla Kuzdere. Yo creía que entendía mal y volvía a preguntar «Yayla Kuzdere? ustede está segura? y le decía a la pobladora, que no podía ser, como si ella misma no fuera de allí, como en un buen sueño que uno creía que era una pesadilla, «pero ustede está segura que esto es Yayla Kuzdere?» No sé cómo. Pero llegamos adonde teníamos que llegar, a Yayla Kuzdere. No había pensión, ni lugar para alojarnos, esta señora y su familia se irían. Las casas estaban vacías. Buscamos un lugar para acampar. El frío ya atornillaba. En eso, ya decididas a acampar en cualquier parte cerca de alguna fuente de agua que hay varias, aparece una familia de lo que podría haber sido un cobertizo de maderas viniéndose abajo. Nos dijeron que tenían una pensión. Era impensable que sobre esas maderas deterioradas pudiera haber una habitación habitable, pero sí, la había, y era cerrada, grande, y con baño. Cuando le preguntamos a uno de los miembros de la familia si su abuela tenía una pensión, simplemente me respondió, «algo parecido».
Estuvo bien. Queríamos ya descansar, pero la señora de la casa, la abuela de todos, Aysa Aslan, insistía que antes había que tomar la sopa.
Nos dieron de comer, delicioso, caliente, nutritivo, la sopa, arroz con guisado, dulce de membrillos casero,pan, nueces. Mientras tanto alguno de sus hijos habilitó el cuarto, pasó la aspiradora, puso una esterilla, limpió el baño. Fue genial.
Día 24 y 25: Phaselis-Gedelme-Göynük Yalasi (2011)
Día largo pero concurrido. Variado y con ayuda.
Salí con la fresca del exclusivo Sundance Camp, eso sí, después de un nutritivo desayuno de avena, pasas, leche, miel, una panera completa de pan blanco y negro con manteca y mermelada, dos clases de quesos, aceitunas, y por supuesto, mate.
Recargadas las pilas y el adenosintrifosfato encaré la ruta mochila al hombro.
Desde Sundance Camp hay 2 km hasta la carretera principal, coincide en parte con la Ruta Lycia en su dirección a las ruinas de Phaselis.
Desde temprano, al nivel del mar, hacía calor.
Llegando a la carretera principal, dos chicos que trabajan en Sundance Camp, iban en una camioneta a comprar garrafones de agua, así que me alcanzaron los último metros, no fue un respiro, pero al menos fue un suspiro.
Pasando las ruinas de Phaselis se agarra el camino rumbo al Roman Bridge. No es muy complicado, piedras siempres, calor, sombras esporádicas y pocas marcas y menos huellas. Al cabo de algunas horas, digamos unas 3 horas, se llega nuevamente a carretera para autos. Apenas la tomé le hice dedo a uno y me trajo hasta Gedelme donde me alojo en la Pensión y Restaurante Caner, muy linda, sobre todo por la gente muy atenta y amable.
La pensión es con desayuno, cena, y tiene pileta y wifi por 50 liras. Está en el medio de altas montañas y no hace tanto calor.
Cuando el auto me levantó, pensaba decirle que me bajar en el Puente Romano, para visitarlo y luego seguir mi ruta, pero viendo y considerando que la carretera no hacía más que subir y subir en la montaña, preferí llegar en auto hasta Gedelme, descargar los bártulos y luego salir a pie.
Sin embargo, estando ya en la pensión, consulté el mapa y el libro de Kate Clow, y para hacer la ruta, el trepping que separa Gedelme del Puente Romano, se necesitan unas 4 o 5 horas y el sendero es prometedor por la variedad de ríos que hay que vadear y cruzar, otros, antiguos lechos y zonas de deslizamiento de rocas, así que preferí dejarlo para mañana y hoy caminar hacia Göynük Yalasi.
El inicio de la ruta está 1 km de la pensión y coincide en el comienzo con la ruta que va al Puente Romano. Primero se atraviesa un campo de trigo por una huella endeble entre las espigas. Después comienza a ascender y las vistas de las montañas alrededor son imponentes.
Las montañas se ven verdes de pinos hasta una cierta altura, más arriba, de distintos grises y lilas. Son picos de hielos y nieves durante el invierno.
En general el sendero es un sendero angosto bordeado de arbustos muy espinosos a ambos lados. Fue muy difícil zafar de las espinas así que los rasguños son unos cuantos. Esta parte de arbustos espinosos es con suelo de piedra. Después se trepa la colina agarrándose de entre las piedras. Menos mal que dejé la mochila en la pensión, no lo habría podido trepar con 15 kg en la espalda. Hay muchos derrumbres y árboles caídos.
Fue difícil encontrar la continuidad del camino en varios lugares. La ruta cruza además la carretera un par de veces y también cruza caminos secundarios y lechos de antiguos arroyos con derrumbes. En dos oportunidades hay que cruzar alambrados.
Llegando a un tanque de agua, reservorio de emergencia por si acaso hay incendios en el bosque, el sendero que va a Göynük Yalasi se separa del que va hacia el Puente Romano.
Durante la ruta de «trepping» no crucé a ningún caminante. En la carretera pasó una caravana de jeeps y 4 * 4, a los bocinazos, muy contentos y saludándome.
Llegando a Göynük Yalasi, donde desde el sendero se ve una sola casa, pegué la vuelta hacia Gedelme.
Ayer, llegaron al Sundance Camp, Sue y Jim, dos yanquis con quienes ya nos cruzamos un par de veces. Ella 64 años y él 71, están caminando algunos tramos de la Ruta Lycia. Yo digo que son como una máquina de caminar porque van con palitos de esquiador, a paso largo, y se ve que no quieren ni parase a decir «hello», se deben tomar el tiempo. En el camping, sí tuvieron tiempo de charlar un rato.
Día 25: Puente Romano-Gedelme (2011)/Yayla Kuzdere-Göynük (2018)
Experiencia mayo-junio 2011.-
Recordemos que antes de llegar a Gedelme, un auto me trajo hasta la pensión y no caminé este trecho de camino ya que preferí dejar los bártulos y hacerlo sin mochila. Vino bien. Fue una buena idea porque en el camino, deslavado en varios tramos largos, hay que cruzar unas cuantas veces el río principal y algunos de sus afluentes. Calculo que las botas me las saqué y me las volví a poner unas diez veces. Otras veces fue posible cruzar con calzado a través de las piedras grandes que hay en medio del río. Por otro lado, el cauce debe ser mayor en plena primavera, cuando comienza el deshielo, pero en este tiempo, entrado ya el verano, el agua baja rápido y ya no hay tanta.
Los lugares complicados de este sendero son los que han sido invadidos por las piedras de derrumbes, del deslave. Se ve que desde las laderas de las montañas que hacen cajón al río, han habido derrumbes importantes y en muchos, muchos lugares, el sendero desaparece bajo las piedras o bajo algunos árboles caídos.
Siguiendo el mapa, veía que debía continuar bordeando el río principal, y aunque en tramos muy largos, digamos media hora, o más, no veía ninguna señal de que era el camino correcto, seguía el curso del río. Un poco confundida y bastante cansada, pero llegué.
Empecé el recorrido a las 7 de la mañana y llegué al hotel de regreso casi a las 4 de la tarde. Aclaro que lo hice por partida doble, ida y vuelta.
Hay varios senderos muy claros, entre pinares, caminitos de piedra, para variar. Y en algunas partes sube hasta caminos más anchos por donde me cruzaron algunos jeeps y aunque me hacían señas para llevarme, especialmente hoy, a pesar de que por ahí no había sombra y el sol me calaba el turbante, preferí caminar.
Tenía mucho de que hablar con los árboles. Y ellos me escucharon. Lo sentí en la piel. Escalofríos en medio del calor.
La verdad que fue un lindo día. A pesar de haber empezado triste luego de enterarme anoche que demolieron los hogares de Al Hadidiya en el Valle del Jordán, tercera comunidad beduina demolida en menos de una semana. En Al Hadidiya vive Abu Seqer, amigo de todos, amigo mío. Emblemático, respetado. Salí con un dolor tan grande que no me cabía en el cuerpo. Me preguntaba, cómo hace el cuerpo para meter todo esto que siento ganas de llorar en alguna parte. Volví mejor. Sé que algo bueno va a suceder.
Volviendo al camino. La Ruta Lycia es lo que está en juego en este blog. Y ya me queda poco. Mañana es el último día. Ya llego a Antalya. Casi. Inshallah.
Decía que el sendero se cruza brevemente con la carretera. En un tramo cerca del puente Romano.
Bajo el Puente Romano hay una casa de té, un restaurante de madera, muy simpático. Me tomé un çay de llegada y descansé un ratito antes de encarar la vuelta.
Este camino, Gedelme-Puente Romano o viceversa, coincide con el que va a Göynük Yaylasi -el que caminé ayer- hasta un punto donde hay un tanque de agua, un reservorio, ante posibles casos de incendio. Me gusta que cuiden al bosque.
Desde algunos puntos del camino, altos, se ve el mar, los pueblitos de Çamyuva y Kiris. Desde el río encajonado se aprecian las montañas que vistas desde abajo parecen aún más altas.
Los colores del agua cambian de un recodo a otro y eso, más las flores, las adelfas, y las mariposas, es mágico. Hay manchones de agua verde, otros blancos llenos de espuma y cascaditas rabiosas, otros se ven rosas según las sombras de las piedras. Los colores del agua entre las piedras, dan gusto, y me alegro mucho de haber tenido que mojarme los pies tantas veces. Fue un placer cada vez.
Actualización enero-febrero 2018.-
Desde Yayla Kuzdere a Gedelme dicen ser 8 km pero los hicimos en menos de una hora y media. Va en bajada. El camino es claro. Todo el tiempo es un camino ancho. Antes de llegar a Gedelme y antes de la fortaleza ya empezamos a ver casas. Por supuesto está más poblado que hace siete años, pero el hotel Çaner está cerrado y muchas casas están vacías. Seguimos hacia Göynük Yaylasi dond no había absolutamente nadie así que continuamos a Göynük y nos quedamos en la entrada del Parque del Cañón. Esta parte de Lycia está ahora dentro del parque o reserva nacional, hay que pagar un canon, no es mucho y los chicos que estaban en la entrada del parque, teniendo en cuenta que no hay hoteles ni pensiones por ahí, y que la única posible a algunos kilómetros, está cerrada fuera de temporada, nos permitieron acampar junto al parque. El lugar para el acampe está bueno. Hay algunas bancas y mesas improvisadas con tablones, un fogón preparado con leña y todo, podemos usar el baño, hay agua potable.
Fuimos a visitar la ciudad de Göynük pero no nos gustó. Una ciudad sin encanto. Si bien está sobre la playa, la playa no se ve porque está ocupada por resorts. El centro de la ciudad es una rotonda con calles de pavimento y algunos negocios. Nada que valga la pena, salvo estos pibes que están en la entrada del Parque y que fueron super amables y muy buena onda.
Día 26: Gedelme-Yayla Kuzdere (2011)/Göynük-Hisarcandir (2018)
Experiencia mayo-junio 2011.-
No he seguido el orden consecutivo de los senderos, pero esta es otra posibilidad de poder recorrer la Ruta Lycia.
Desde Olympos hay dos posibilidades, una es subir a la montaña hacia Beicik y Yayla Kuzdere, y otra es seguir por la costa hacia Tekirova y Phaselis y luego el Puente Romano.
Recordemos que yo estuve en Olympos, luego en Tekirova, Phaselis -la ruta de la costa-, y más tarde en el Puente Romano, por lo tanto, no había ido hacia Yayla Kuzdere -ruta de la montaña.
El último tramo, si siguiéramos un orden consecutivo de la ruta Lycia, es el que va desde Göynük Yaylasi, donde yo estuve hace tres días (día 24), hacia Hisarçandir, donde no estuve porque es ruta de alta montaña que exige acompañante humano con cuerpo. Podría haber terminado la ruta en el día 24, en Göynük Yaylasi, pero quise hacer algún tramo más de los que había dejado de lado al irme sobre la costa en Tekirova y Phaselis. Tal es así, que esta mañana, muy temprano, encaré con ganas, bien desayunada, buena pila y adenosintrifosfato al palo, la ruta que va desde Gedelme donde estuve alojándome las dos últimas noches, hacia Yayla Kuzedere.
Un camino PRECIOSO. Fue genial y casi casual dejarlo para el último día. Fue un masaje para los pies. El camino fue en casi todo el recorrido un camino ancho, de tierra húmeda, con pocas piedras. Creo que es la primera vez que escribo esto «con pocas piedras». A ambos lados del camino había laderas con millones de pinos. El olor de las resinas, el aire fresco, el suelo suave, fue como un vuelo relajante después de todo lo andado. Y como premio mayor, cada tanto, los ríos, el agua fresca, la música del agua bajando entre las piedras y los colores según la luz, los reflejos o el color de las adelfas.
Fue un camino excepcional. Largo porque lo hice de ida y de vuelta hacia Gedelme, y cada tanto pensaba «bueno, hasta aquí llego, mejor pego la vuelta», pero la montaña y sobre todo la arboleda me invitaban a seguir, y no había pretexto, el agua aparecía cuando hacía falta, los días son largos, el aire que respiraba me daba mucha paz y quería ver qué había más allá. Fue casi todo igual pero diferente, casi todo húmedo y con pocas piedras pero con diferentes vistas alrededor, casi todo arbolado de pinos, pero también con flores, adelfas y retamas, también con mariposas, también con pájaros. Un belleza.
Antes de llegar a Yayla Kuzdere di la vuelta hacia Gedelme. En subida. Igual. No me pesó. Subí y aunque pasaron algunos jeeps de montañistas que ofrecían llevarme les dije que no. Quería caminar, el último día de esta Ruta Lycia que volvería a empezar porque es una ruta muy rica, y la volvería a caminar y a ver toda, y más.
Desde Gedelme, ya duchada y con la mochila pronta, hice dedo hasta Azagiskuzdere, bajando de las montañas hacia el mar. En Azagiskuzdere tomé un dolmus hasta Kemer y en Kemer un ómnibus hasta Antalya a unos 20 km.
Ya estoy en Antalya, dándole cierre al Lykia Yolu: Fethiye’den Antalya’ya, como se dice en turco, Ruta Lycia: desde Fetiye hasta Antalya.
Es otro de mis sueños concretados, llevado a cabo, hecho realidad, es otro deseo para los otros, para que otros puedan ver todo lo que he visto, y disfrutar lo que yo he disfrutado, y estaré para aquellos que tengan dudas o preguntas a las que yo pueda ayudar a responder.
La Ruta Lycia vale la pena. Ya lo dije que es muy rica, por su historia y por lo que la naturaleza maravillosa ofrece. Es increíble, y sorprendente cada día, y como me ha pasado otras veces al viajar a Turquía por conocer, buscar y descubrir algo nuevo, Turquía me ha dado esta vez, una vez más, más de lo que esperaba.
Llegué a Antalya, apenas he llegado y todo lo que veo lo encuentro aún más bonito que antes. Estuvimos acá en febrero de 2009. Nos pareció un lugar intachable, recuerdo que buscábamos algo para decir «qué feo» y no lo encontramos. Apenas he andado unos minutos, Antalya está resplandeciente. Türki’ye seviyorum. Amo Turquía.
Actualización enero-febrero 2018.-
Desde Göynük a Hisarçandir, según el libro de Kate Clow, son 11 horas de caminata. Puede hacerse en menos y puede completarse en una jornada. La primera parte transcurre por el cañón del río Göynük, por dentro de la reserva forestal o Parque Nacional. Hay senderos bien señalizados, agua potable todo el tiempo, y las vistas son maravillosas y únicas. Luego sube y sube hasta un paso donde las vistas son cada vez más impresionantes. Había algunos manchones de nieve, pero nada comparado con el Tahtali y luego de venir ya con el entrenamiento de tantos días de caminata y con ganas de llegar, se puede. Hay lugares para acampar y hay arroyos de deshielo, pero se puede seguir hasta Hisarçandir desde donde salen dolmus hacia Antalya. Así lo hicimos. Tomamos un dolmus a Antalya donde llegamos en menos de una hora y buscamos la Pensión Sabah donde ya me he alojado en oportunidades anteriores.
Hasta aquí, la ruta Lycia, desde Fethiye arrancando en Ovacik, hasta Antalya finalizando en Hisarçandir, puede completarse en 26 días sin descansos intermedios ni saltearse ninguna etapa. Recientemente han agregado dos tramos opcionales entre Hisarçadir y Antalya.
e.mail
dejo mi mail por si alguien necesita algo
e.mail: marialaqueviaja@gmail.com
escriban directamente ahí
un FUERTE ABRAZO!!!
San Pedro-Nota en el periòdico La Opiniòn
GRACIAS por esta nota, es PRECIOSA, GRACIAS por acompañar!!!
http://www.laopinionsemanario.com.ar/?sid=&tpl=noticias&nid=13651&eid=248&t=Informacion%20General
San Pedro-La ciudad donde nacì-El hogar- 14 de febrero
Hace dos dìas los carteles de la ruta enumeraron de forma regresiva los kilòmetros para llegar a San Pedro. Lleguè. Llegamos. Llegamos todos, los que fuimos en la autita, el turquito Hasan, algunos miembros de la familia de Coco, el duende del árbol pero sin el árbol, Pinochio, el espíritu de Michel querido, y la propia autita, los que, fugaces en el camino, se despidieron con un abrazo de aliento para no transigir ante las dificultades y seguir andando, los que se bancaron el blog con las buenas y las malas ondas que explotaban de mi alma segùn las circunstancias y entonces, aquellos que no dejaban de escribir para acompañar con palabras cargadas de energìa, de la buena.
Llegamos todos, por ahora hasta San Pedro. GRACIAS!
Fotos de los ùltimos dìas que hasta acà nos trajeron.
Santiago del Estero- ARGENTINAAAA – 11 de febrero
Si todo va como hasta ahora, mañana a eso de las 6 de la tarde entro a San Pedro. Ni yo que emprendí esto lo puedo creer. Si me pongo a pensar que allá andaba por Honduras o por Panamá y que ahora estoy acà, acà, a màs de 15 mil kilómetros de Guanajuato de donde salì el 31 de octubre. 15 mil y pico de kilómetros que serán 16 mil por cómo marcha el contador, engordados por ese desvío ansiado, obligado y que resultò fructìfero por demàs, llamado Venezuela.
Estoy tan feliz.
Voy en la ruta y no dejo de repetir la frase cèlebre de Jorge, QUÈ PAÌS QUE TENEMOS!!!!! El norte argentino es tan precioso, es una gema en estado natural. El aire huele a palo santo. No pude dejar de parar varias veces hoy en el camino. La Quebrada de Humahuaca, Tucumàn, què lindo està el jardìn de la Repùblica, despuès Termas de Rìo Hondo. Calor que no claudica. Silencio de siesta. Chicharras. Susurro de hojas. Respiro.
Lleguè a Santiago y acampo, en el camping Las Casuarinas, rodeado de parques, árboles.
Hay tres carpas locas contando la mìa. Pasa un muchacho. Nos saludamos. Pregunta obligada «de dònde sos». Respuesta al unìsono «DE SAN PEDROOOOO!!!» No se puede creerrrrrrrrrrrrr. El muchacho se llama Leonel Lòpez Villanueva y estudiò saxo en el conservatorio, asì que manda saludos para Eleonora, para Chichì y para Ronzani, va para el norte, de travesìa y aventura. Tomamos mates. Despuès nos vemos. Yo salì a caminar por esta Santiago que ya se levantò de la siesta. Esta ciudad està brilla. Yo no sè, quizàs es mi corazòn, mi alma los que hablan, pero yo veo una Argentina que brota. «Què paìs que tenemos». Yo veo los campos verdes, llenos de matas encrespadas que parecen lechugas -no sè que son- de un verde oscuro brillante, un verde màs para los indescriptibles que encontraba en Amèrica Cetral y con tanta dificultad y escasez de palabras para nombrarlos, lograba describir.
Desde que crucè la frontera, desde uno poco antes para ser sincera, desde que aquel desierto mustio se empezò a poner a naranja en Atacama, no hay paleta de pintor ni muestrario de pinturerìa que alcance para matizar los colores de nuestra Argentina y ademàs el llano. El llano anhelado. Vengo de sierras, montañas, casi todo el camino con un muro a mi costado, a mis espaldas o a esquivar en el frente, y ahora el horizonte infinito, ese que segùn Sylvia Iparraguirre -otra vez la convoco- nos permite galopar sin necesidad de llegar a ninguna parte sino solamente seguir cabalgando. Nada nos detiene.
Gracias a todos los que comparten esta travesìa conmigo. Todavìa falta un trecho que no puedo adjetivar ni grande ni pequeño porque en esta circunstancia en que me encuentro, es las dos cosas.
No sè dònde me toque parar cuando llegue a la ciudad madre, San Pedro, pero mi casa sigue rodando y la carpa es tan fiel compañera como la autita -balneario municipal? O algùn patio por ahì? O algùn techo?-. Anoche lloviò a chaparrones en Purmamarca, oì quejas de los vecinos, se les mojaban las cosas, a mì, en ese reducto que a simple vista no garantiza ser refugio seguro, no se me mojò nada. Dormì con el murmullo en el declive azul de las paredes livianas, abrigada, hasta que me despertó la mañana de los pájaros.
Hay fotos. Iràn todas juntas en pròxima presentaciòn. O veanlo con sus propios ojos. Es tan hermoso ser testigo en el camino. Yo no podìa imaginarme mi vida sin el viaje. Haber hecho este recorrido, lo que llevo hasta hoy, no lo cambio por haber hecho en estos meses ninguna otra cosa. Faltan menos de mil kilómetros hasta San Pedro, algunos màs hasta San Clemenchi. Me siento en casa. Què raro. A veces me dormìa con la necesidad de ir a mi casa y dudaba, me preguntaba «adònde queda». No sabìa. Mi casa es acá, aunque pase de visita, aunque no permanezca. Argentina es mi casa. Y por acà nos vemos.
Gracias por los consejos que me dejò anónimo acerca de rutas. Voy por la 34, la que pasa por Rafaela.
Gracias por los que esperan con vinitos, mmmm, tenga por ahì hepatlagina, mi hìgado vino mal de fàbrica.
Van abrazossssss a todossss, mañana comenzaràn a ser dados.




























































































































