Archivo de la etiqueta: Europa en bicicleta

Eslovenia en bicicleta

Cómo empezar un viaje por Eslovenia en bicicleta

Teniendo en cuenta que volar en avión con la bicicleta como equipaje suma un valor considerable al pasaje, decidimos con Martín, mi compañero en esta nueva aventura, volar a Venecia, Italia, en un vuelo económico de 17 euros desde Bilbao, sin la bicicleta. Previamente vimos que la frontera para llegar a Eslovenia en bicicleta estaba bastante cerca como para pedalear un tramo norte de Italia y que podíamos conseguir bicis de segunda mano por menos de 100 euros. La cuenta sale con ventaja ya que, normalmente el transporte en avión del equipo cuesta 60 euros de ida y otro tanto en el regreso. Además hay que sumar portabultos, alforjas y todos los elementos de camping y herramientas. De esta manera sale mejor llevar con nosotros todos esos accesorios y comprar la bici en la zona.

La suerte estaba de nuestro lado. En Treviso, muy cerquita de Venecia, vive nuestra querida amiga Lidia. Tanto ella como Sergio y su hogar en un lugar privilegiado para nuestros planes, resultaron ser una escala imprescindible y necesaria en el inicio de este viaje. Ellos nos ayudaron muchísimo desde antes de llegar, pusieron a nuestra disposición un chofer que nos recogió en Venecia -dicho sea de paso que, en Treviso hay aeropuerto pero no lo sabíamos-. Su cálido hogar, un lujo para nosotros; las pastas a las mil y una recetas y los contactos en italiano con los vendedores de bicicletas. En pocos días, si mal no recuerdo, menos de tres, ya teníamos todo y a pedalear!

Como si fuera poco, nuestra exploración mundana no perdía oportunidad de vivir intensamente nuevas experiencias. Conocer la elegante, antigua, encantadora ciudad de Treviso siguiendo raudamente a Lidia en bicicleta y de rebote, colarnos en su escapada relajante a las termas de Montegrotto. La palabra «gracias», siempre resulta demasiado breve para tantos regalos de la vida. GRACIAS.

Largamos! Allá vamos, EsLOVEnia!

El día llegó y llegó inmejorable, con un sol tibio y perfumado de jazmines. Mes de mayo. En un barrio coqueto de Treviso, dos rústicos viajeros aprontan sus bártulos desteñidos por los soles e inclemencias de otras latitudes.

Las bicis: para Martín, un rodado 29 con freno a disco y en estado impecable y sin rasguños. Último modelo del año cuya marca no recuerdo. Precio: 100 euros.

Para mí, un modelo antiguo, de cuando los Alpes se cruzaban a pie o a pedal, marca? Kastel o algo por el estilo. Baqueteada, despintada. Su aspecto no inspiraba mucha confianza y, sin embargo, fue increíble. Muy ligera en las subidas que abundan en esta zona montañosa de frontera italiano-eslovena-austríaca. La adoré. Nunca, pedalear en montaña, había resultado tan fácil. Con la fuerza necesaria pero con engranajes que se la jugaron estupendamente. Precio: 50 euros.

De Italia a Eslovenia en bicicleta, por el curso del Piave

167 km, 2 días . Noche en Spilimbergo

Primer día: Treviso-Spilimbergo: 89 km

El primer día de pedaleada, salimos de Treviso siguiendo el curso del río Piave. Encaramos hacia Maserada sul Piave, cruzamos el Ponte y llegamos a Codogné. Sobre un camino tranquilo y rural rodeamos deslumbrantes campos de amapolas rojas y paramos a cosechar alguna fruta estival que se ofrece generosa a la vera del camino.

Luego la ruta nos fue adelantando por Brughera, Tamai, Porcia y Pordenone. Son ciudades antiguas, de predominante color arena. Las rutas que elegimos pasan a través de ellas. Bajamos la velocidad y cruzamos sus plazas mezclándonos con la gente. Observamos los pórticos, catedrales e iglesias y las encolumnadas galerías del corazón de cada ciudad.

Después de pasar el pueblo de Cordenons nos toca cruzar, empujando en buena parte las bicis, un ancho río seco de piedras, el río Meduna. Hace calor y este lugar nos golpea con el reflejo del pedrerío blanco. Son rocas del tamaño de un puño, sueltas, es prácticamente imposible avanzar pedaleando. El río ofrece un pequeño descanso sobre la punta de la reserva natural del Magredi del Cellina donde podemos subir a las bicis, y luego un segundo tramo de piedra. Salvamos el escollo y, al entrar en Rauscedo Domanins nos tomamos un reconstituyente, refrescante y sabroso helado italiano. A la sombra de un perejil que acoge a todos los habitantes de ese pueblo.

Retomando, se suaviza la pedaleada y se hace más amena porque seguimos el Canal de Río Lino. Cruzamos Tauriano y llegamos a Spilimbergo donde decidimos pernoctar.

Buscamos un hotel y nos quedamos en el Cónsul que está en el centro. Está muy bien. Tiene habitaciones enormes, cómodas, limpias, económicas. El personal es super amable y el restaurante con platos excelentes siempre concurrido. Nos dan un garage para guardar las bicicletas.

La ciudad nocturna es agradable y diáfana. Las edificaciones son bonitas. Paseamos y descansamos a gusto.

Segundo día: Spilimbergo-Kobarid: 78 km

Encaramos nuestro segundo día de periplo aún por Italia con la vista en los Alpes Cárnicos, que comenzaremos a sortear entre pueblos, y suaves pendientes, villas históricas, lagos y bosques. Vamos por la ruta que conecta con Udine, pasando por Dignano y Martignacca.

Durante el trayecto tenemos la oportunidad de apreciar restos romanos y lombardos y las playas doradas de Lignano Sabbiadoro en el corazón de la comuna de Friuli-Venezia Giulia. Una comuna donde se mezclan las tradiciones italianas con hábitos austríacos y rituales eslovenos.

Decidimos cruzar Údine, sin detenernos. Es una ciudad urbana, capital de la región, con bastante movimiento. Al ritmo calmo de la bicicleta, atravesamos el centro histórico que se enrolla en torno a un castillo. La vuelta típica nos pasea espontaneamente por la Loggia del Lionello y la Torre del Reloj.

Dejamos la ciudad atrás y pedaleamos por los Valles Natisones. Valles que fueron transitados y esculpidos por asentamientos de antiguos pueblos romanos, lombardos los eslavos. Muchas de sus costumbres se perpetúan y conjugan a través de los siglos. En un pequeño pueblo, San Gottardo, decidimos hacer una parada estratégica de almuerzo y mate a la sombra de un árbol generoso en la plaza central de la villa.

Seguimos nuestro rumbo hacia Eslovenia en bicicleta y nos acercamos al Parque del Torre e Malina. Esta es una reserva en la que confluyen los deshielos alpinos. Se forman ríos y afluentes que son parte y destino de senderos y paseos en la naturaleza intacta de la región del Remanzaco.

La siguiente ciudad que también mereció una visita, fue Cividale del Fruili, la joya longobarda. Allí nos encontramos con un festival de agrupaciones o cofradías que hacían sus coreografías con tambores y banderas.

Cividale está a orillas del río Natisone.  Fue la sede del primer ducado lombardo en Italia y  conserva valiosos testimonios de la época, sobre todo el Tempieto. Entramos a conocer el lugar y justo estaba ensayando un coro acompañado de flautitas. La arquitectura interior es rica en frescos bizantinos y decoraciones de estuco. Fue erigida en la segunda mitad del siglo VIII como capilla del monasterio femenino benedictino de Santa María in Valle.

Otros monumentos son el Baptisterio de Calisto, de estructura octogonal con siete pequeños arcos sostenidos por columnas de mármol. Y, en otra edificación, el Tesoro de la Catedral, rico en oro y objetos litúrgicos, pinturas y esculturas, manuscritos y códices.

El recorrido por Cividale fue variado y fructífero. Tras el paseo, volvimos la ruta y pusimos proa al Confine de Italia. Pasamos por San Pietro al Natisone y ya no nos detuvimos hasta cruzar los Alpes y llegar a, Robic, primera villa en suelo esloveno. Apenas estábamos llegando y ya sentíamos la satisfacción de un sueño cumplido: Eslovenia en bicicleta.

Esa noche acampamos en Kobarid.

El río Soča, joya de entrada de Eslovenia en bicicleta

El río Soča es un imprescindible y, la mejor forma de apoderarse en nuestra memoria de todas sus bellezas, es viajando por Eslovenia en bicicleta o a pie.

Levantamos campamento y tomamos la ruta que pasa por el Puente Napoleonov. Un puente de piedra erigido en 1750 para cruzar el río en su tramo más angosto. Por ese mismo sector, ya desde el año 1600, cruzaban los venecianos y las tropas francesas se aprovecharon de él durante la guerra. Luego fue dinamitado por los austríacos y reconstruido por italianos, en principio de madera, luego de hierro.

Sin perder de vista el turquesa de las aguas del Soča, y con el arrullo constante de la corriente, seguimos la ruta paralela al curso de agua que se dirige hacia Trnovo ob Soci. Antes de llegar a este punto, veremos carteles que nos invitan a acceder a las cascadas. Todas valen la pena.

Este día, no es escencialmente un día de muchos kilometros de pedaleada. Es una jornada de disfrute. De parar muchas veces y meternos a explorar la naturaleza de este río precioso.

Dejamos las bicicletas con su carga en un rincón resguardado del camino, y a través de tupidos y húmedos bosques, ascendemos y descendemos sinuosamente hasta las caídas de agua. Los colores nos hechizan la mirada. La cristalinidad del agua y los verdores que adopta de la selva frondosa o las piedras del lecho.

El río se encajona entre paredes de roca clara y fluye en paz, o se ensancha y aprovecha a correr con más ímpetu entra las piedras. Hay muchísimos puntos que nos invitan a frenar y contemplar la belleza. Puentes de madera. Luego las impresionantes cascadas que se multiplican. En este punto, llegamos hasta Kozjak.

Más adelante, antes de alcanzar Trnovo están las cascadas de Treske y más adelante, pasando el poblado Srpenica, la cascada de Sušca.

De camino a una u otra, nos encontraremos con más maravillas, brotes nada humildes de agua entre las piedras, aunque no tan descollantes como las cascadas más visitadas. Animales extraños. Salamandras, sapos.

Antes de llegaral pueblo de Žaga con sus encantadoras casitas chalet pintadas de amarillo entre los pinos, paramos a apreciar las espeluznantes profundidades del Kanjon Učja. No nos queremos perder entrada. Vemos los carteles a diestra y siniestra, dejamos las bicis por ahí, y caminamos. Visitamos la Cascada Boka, monumental y avanzamos aen dirección Bovec sin entrar en Plužna y sin llegar al pueblo que dejamos para el siguiente día.

Tal como nosotros bordeamos el Soča en bici, existe un sendero, el Alpe Adria Trail. Comienza en Trieste, en Italia, y va hasta Kranjska Gora en Eslovenia. Recomendadísimo también.

Acampamos en el Camp Vodenka de Sasha y Yuri donde hicimos un riquísimo asadito.

Con calma y esquivando la llovizna bajo la arboleda

Así vamos en nuestro cuarto día a pedal por Eslovenia. Es un país maravilloso por su exuberante naturaleza. Tan verde. Tan salvaje.

El aire tan puro, el canto de los pájaros, los insectos impredeciblemente tan raros y coloridos. El agua brota de las montañas. Cae de los Alpes estrepitosamente, a raudales, cristalina. Es alimento de helechos y verdor que sobrevive a todas las épocas geológicas.

Nos detenemos a observar incontables veces. Parece que recorriéramos un planeta existente solamente en las paginas de una enciclopedia de ciencias plastificada. Todo brilla.

Dejamos el equipaje en el camping Vodenca de Sasha y Yuri . Estos chicos fueron tan amables que nos trajeron carbón y leña para el asado y nos dieron la parrilla impecable. Son muy atentos y agradables.

Salimos con las bici sin carga en reversa para recorrer primero el pueblo de Bovec que aún no habíamos visitado y más adelante adentrarnos en las cascadas Virje cerca del pueblo de Plužna.

Bovec es una villa pequeña pero elegante y con una historia cosmopolita sobre sus calles. Hoy transitada por turismo de todas las estaciones, invierno por el ski, verano por las actividades de senderismo o rafting entre otras. Bovec fue de la Patria del Friuli, de Venecia, de Austria, de Italia, y de Yugoslavia.

Cruzamos la ciudad y por un camino rural de pavimenti llegamos a Virje, cascadas que se explayan son las amplias rocas y caen en una lagunilla verde esmeralda. Muy hermoso y bastante tranquilo. El camino para pedalear hasta allí, también se disfruta. Con un desnivel suave y asequible, sube una colina, leve y baja la colina agradablemente.

Volvimos al camping, nos despedimos de los nuevos amigos del camino y salimos hacia Trenta. Durante el trayecto, siempre con el río a nuestro lado, hicimos varias paradas y mates para esperar que amaine. Llovía, lloviznaba, paraba. En los bordes de la carretera, bajo las ramas más anchas de los pinos, se puede uno cobijar. Había tiempo y valía la pena dejarse llevar por los caprichos de la intemperie. De paso no nos mojamos tanto, y lo mejor, descubrir en la quietud de las orillas, un mundo vivo de animales minúsculos y hojas tan insólitas como bellas.

Esta noche acampamos en Trenta. El Valle de Trenta o la Dolina de Trenta, en esloveno, es un valle dominado por el Monte Triglav, el más alto de Eslovenia. Estamos en el corazón del Parque Natural Triglav y cercados por los Alpes Julianos. A través de ellos, mañana, intentaremos cruzar el paso Vršič. Dormimos con ansiedad y emoción amte el momento cúlmine que ya se abre paso a nuestros pies. Lo lograremos?

El Vršič es un paso emblemático, un desafío para todo ciclista. Ese capítulo de esta historia, aún no debe ser escrito. Hasta mañana.

15 de mayo de 2024-5to día de Eslovenia en bicicleta

Vršič

Ya estábamos allí, cargados, entusiasmados, maldormidos por la ansiedad.

Entrené a mi mente antes de arremeter, lo tomaré con calma -me dije. Pararé a cada kilómetro si es necesario para tomar un respiro.

La impresionante carretera que asciende al Vršič tiene un total de más de 50 km. La subida más pronunciada se anuncia con un cartel que marca 9 km para arriba con un desnivel del 14 % . Creo que nunca antes lo había hecho. El desnivel máximo a mi casa en Errigoiti es de 7 % y a veces, si dejaba de pedalear un par de semanas, ya desentrenaba y se me hacía difícil llegar a casa desde Gernika sin parar. En fin, que ahora, tendría que afrontar el doble de pendiente.

Arriba! Lo haré! Lenta como tortuga, diría Martín, pero lo haré de todos modos y será reconfortante. Muchas veces me pregunto por qué a quienes hacemos este tipo de actividades o arremetemos este tipo de retos, nos da tanta satisfacción enfrentarnos a ellos. Probarnos. Exigirnos. Y verificar una vez más que nuestra voluntad, la decisión, la tenacidad, pueden dominar cualquier dificultad que presente el camino. Pregunta más para psicólogo que para viajero.

La ruta de las 50 curvas y los 50 km, es conocida también como la «carretera de los rusos». Sólo rusos pudieron haber construido este milagro en medio de los Alpes. Fueron prisioneros, entre los años 1915 y 1916, durante la primera guerra mundial. Muchos murieron ante las duras condiciones del lugar y los castigos a que eran sometidos, otros cientos murieron bajo una avalancha. En el tramo de bajada, entre las curvas 8 y 9, hay una típica capilla rusa construida en homenaje a ellos.

Las curvas están numeradas. Empezamos el ascenso al paso por la curva 50. La 49 está a la altura del nacimiento del río Soca. Quienes elijan hacer trekking por los senderos, se encontrarán en esta etapa con un sector de dificultad en el que deberán ayudarse con cuñas y cables. Está equipado.

En la curva 48 hay un pequeño hueco, mirador, con una estatua de Julios Kugy, escritor y botánico que estudió la flora de la región. La estatua mira con orgullo hacia el Monte Jalovec donde pasó varios años de su vida.

Un punto donde vale la pena tomar un respiro más largo es en la curva 29. Allí hay una explanada de madera que se asoma desde un vértice de la montaña y ofrece la vista extensa de todo un circo fenomenal de Alpes Julianos. Se recortan las siluetas de los ríos, hay manchones de nieve, se pintan los bosques. Se respira un aire espectacular y se siente en la piel el aire fresco y encantador de las montañas.

El Vršič se alcanza en la curva 24, a 1611 metros de altura. Es la gloria. Llegar, estar ahí de una vez con la satisfacción de haber subido por tus propias fuerzas y el premio de 360 grados de amplitud geográfica con todos sus accidentes vivos y presentes sobre la faz del planeta.

Es el punto ideal para regocijarse de las vistas de los valles del Soca y el Seva en todo su esplendor enmarcados por los picos alpinos. Nos quedamos un rato disfrutando el sabor de la conquista, felices y pequeños como nada ante tal inmensidad.

La bajada es siempre un premio para el cuerpo y el alma. Disfrutamos el delicioso descenso, la velocidad, el aire en la cara. Hay puntos con miradores. Sin embargo no paramos en todos ellos. En la curva 16, vale la pena echar un ojo al Monte Prisani, Prisojnik. Esta montaña está equipada con una vía ferrata. Dato interesante para quienes se decidan por el trekking. Luego, entre las curvas 8 y 9, hicimos una visita a la capilla rusa.

Se trata de una pequeña pero coqueta capilla de madera y de estilo ortodoxo. Está encaramada en medio de una colina y rodeada de un bosque ideal para descansar y hacer un almuerzo o merienda.

Visitamos el sitio y concluimos la bajada en la curva número 1 que coincide con la llegada al Lago Jasna, Hay movimiento turístico, bares y muchos caminos agradables para rodear un par de lagos conectados entre sí. No son lagunas naturales, sino embalses donde confluyen innumerables arroyos al bajar de las montañas que enmarcan el lugar.

Bordeamos la villa de Kransjka Gora, de arquitectura montañesa, muy alpina, y seguimos rumbo a Gozd Martuljek donde pasamos la noche.

Kranjska Gora es una ciudad con afluencia turística todo el año ya sea por los deportes de invierno, ya que allí hay una estación de esquí, como por las actividades de trekking, aventura, ciclismo, o simplemente viajes y visitas al encantador Parque Triglav.

Lago Bled, otra joya de EsLOVEnia

Llegando a la ciudad de Gozd Martuljek, quedaban aún poco más de 30 km hasta Bled. Decidimos acampar porque empezaba a llover, caía la tarde fresca, y ya habíamos pedaleado una buena cuota de esfuerzo para sortear Vršič. Uno de los principales retos que queríamos cumplir en Eslovenia en bicicleta . Estábamos satisfechos. Como siempre dice Martín: «una vez más, lo hemos logrado».

Nos quedamos en un camping que está adjunto a un hotel pituco. El camping es una porquería. No ofrece nada. Es incómodo para ciclistas campistas. Nos vino bien sólo porque está en nuestro camino y porque al ser baja temporada no había gente, el restaurante estaba cerrado y pasamos un buen rato bajo el techo enorme de la entrada donde hay una explanada amplia. Ahí desparramamos nuestros bártulos.

Los baños estaban limpios y cálidos y como no había casi nadie, nos instalamos bastante por allí también.

Para dormir y previendo que llovería durante la noche, armamos la carpa en la parte trasera del restaurante también bajo un techito. Si hace buen tiempo y hay energía aún y luz para seguir pedaleando, es mejor llegar directo a Bled.

Nosotros arrancamos al día siguiente. El 6to día de nuestro viaje.

Llovió bastante durante casi todo el camino. Ibamos parando. A veces, mojarnos fue ineludible.

Al llegar a Bled decidimos alquilar un pequeño departamento con calefacción que mantuvimos a full secando todas las cosas. Aprovechamos también a cocinar varios platillos de sartén y ollada, comimos mucho, variado, rico, y caminamos alrededor del lago por abajo, cerca de sus costas y embarcaderos, y por los callejones superiores ya que en menos de una hora se puede ascender al pico Ojstrica y capturar imágenes dignas de una postal.

Con un poquito más de esfuerzo que no lamentarás por el espectáculo que ofrecen sus colinas, se puede subir a los cerros Mala y el Velika Osojnica.

Además de recorrer Bled en un periplo por Eslovenia en bicicleta, desde este bonito enclave arrancan trekkings por los Alpes Julianos y el Parque Nacional Triglav. Hay rutas para todos los gustos y niveles de dificultad. Para empezar se puede tomar el sendero hacia la Garganta Vintgar y volver por Blejsra Dobrava.

En Bled hay un castillo medieval milenario cuyas habitaciones funcionan como salas de museo con muchísimos elementos antiguos encontrados en la zona. Junto al castillo hay una capilla y en los alrededores se pueden apreciar desde guillotinas hasta atrezzos de la época medieval.

Además de rodear Bled caminando, se debe hacer un paseo en pletna, una barcaza típica del lugar, y visitar su encantadora isla .

En Bled hay tres estaciones de trenes desde donde se puede viajar a varias ciudades de Eslovenia. Los pasajes se compran en máquinas automáticas sobre el andén de la estación. Se puede subir con mascota, bicicleta u otros elementos cuyo pasaje se puede comprar en la misma máquina o al inspector del tren sin problemas. También se puede conectar en tren con Italia, Croacia, Hungría, Austria.

Por una transitada carretera de Eslovenia en bicicleta

Kamnik, ciudad medieval y arremeter el Paso Črnivec

Desde Bled hasta Kamnik son 49 km. La ruta, dejando Bled atrás por Lesce, tiene bastante tráfico, aunque en general de circulación cordial.

Lesce está a sólo 4 km de Bled. Ambos son asentamientos muy antiguos, junto a Bohinj donde también hay un cautivante lago menos popular y más salvaje que Bled. En Lesce, una villa pequeña alrededor de una parroquia, hay un camping. También hay una estación de tren.

Kamnik es una ciudad medieval con dos castillos, un monasterio y pintorescas calles, la más llamativa se llama Šutna. Allí se destaca la auna enorme biblioteca franciscana con más de diez mil ejemplares. No lejos de la ciudad se encuentran las termas de Snovik.

Antiguamente esta era una zona de paso comercial y en la ciudad de Kamnik tenían sus mansiones los condes de Bavaria lo que ha dejado un patrimonio arquitectónico destacable. Además, Kamnik, fue la capital de la región de Carniola.

Los dos castillos de Kamnik se erigen en sendas colinas. El Mali Grad, pequeño castillo, es del siglo XI. De él sólo se conserva una capilla romana de dos pisos con cripta. Desde aquí se puede disfrutar de una hermosa vista del centro de la ciudad y los Kamniško-Savinjske Alpes.

El otro castillo Castillo de Zaprice fue hogar de nobles importantes y hoy día es sede del Museo Intermunicipal de Kamnik cuyas unidades son también la Galería Miha Maleš y el museo en la casa natal de Rudolf Maister.

En Bicicleta de los Pirineos a los Apeninos-Día 22: Spotorno-Pontedecimo

Seguimos desde Spotorno rodeando la ruta costera para llegar a Génova. El encanto del mar se diluye entre un tráfico muy concurrido y los puertos comerciales e industriales. Las ciudades, del mismo modo, no son pintorescas. Son barrios habitacionales de las periferias de los lugares turísticos y de una ciudad tan grande como Génova.

Pasamos Savona y recorrimos su casco histórico. Luego retomamos la carretera transitada y, llegando a Génova, nos desviamos hacia el interior.

Tuvimos la idea de meternos a hacer otra ruta debido a que la Eurovelo brilla por su ausencia hacia Torino. Encontramos una Vía del Camino de Santiago que se llama Via Postumia. Sin embargo al ser poco conocida y poco transitada, hay pocas señales de ella.

Al llegar a Pontedecimo, un simpático poblad0 de la Liguria por donde pasa la Via Postuma, el albergue de peregrinos estaba convertido en pensión de trabajadores.

Gracias a la gentil ayuda de algunos lugareños, Isabelletta, Ciro y algunos parroquianos más, nos dirigimos hacia una casa en el campo.

Llegamos así a  lo de una familia muy simpática y amable: Claudio, Sonia, Michelle y Giulia. Viven subiendo de Pontedecimo, en un paraje rural llamado Ceriso. Bastante cuesta arriba. Así que tras un día complicado y largo de pedaleada nos tocó subir una gran cuesta.

Valió la pena como siempre lo vale el subir. Las vistas desde donde acampamos fueron preciosas y compartir un par de jornadas con la familia italiana, también.

Practicamos nuestro rudimentario italiano y anduvimos de cosecha de verduras. Zuchinnis al por mayor comimos. Estuvo muy bien parar allí. Nos quedaba a mano para transitar la Alta Vía Liguria, un camino montañero de senderismo, trekking, bicicleta, duro pero nada que nuestras piernas ya entrenadas pudieran arremeter. Así que arremetimos.

En Bicicleta de los Pirineos a los Apeninos-Día 21: Impera-Spotorno

Desde Impera hemos tomado la ruta SS1. La carretera sigue la sinuosa línea de la costa. Tiene desniveles ya que va sorteando bahías y las elevaciones que separan una de otra.

Las playas están llenas de gente. Apiñados. Las vistas desde la ruta son muy bonitas. Vamos entre el azul del mar y luego las ciudades costeras enclavadas en las laderas verdes con muchos árboles. Entramos en algunas ciudades a visitar.

Hay ciudades modernas y coquetas y otras antiquísimas como Albenga. Una ciudadela medieval, llena de edificios de piedra, callejones, pasadizos, arcos y callejuelas empedradas. Allí volvimos a encontrarnos con la pareja vasca de Tolosaldea, Marisol y Deivid. Compartimos una breve charla con ellos y continuamos nuestro periplo hasta Spotorno.

En Spotorno, tras unos 70 kilómetros pedaleados por una carretera con mucho movimiento, decimos descansar. Encontramos un camping cerca del centro de la ciudad.

El camping cuesta 13 euros y no es de los más bonitos que hemos estado pero está bien. Cuenta con todos los servicios y las duchas calientes funcionan con un token.

 

En Bicicleta de los Pirineos a los Apeninos-Día 20: Menton-Impera

Entramos a Italia. Un lío bárbaro la circulación. Típico.

Desde Menton, Francia a Ventimiglia seguimos la ruta de la costa, en medio de un tránsito vehicular intenso y concurrido. Las vistas de las playas son espectaculares. Muy veraniegas y vacacionales. Repletas de sombrillas de colores y gente sobre la arena o bañándose.

La ruta discurre de bahía en bahía subiendo y bajando las laderas de las penínsulas que separan flanquean dichas bahías. De un lado el mar y, del otro, los barrios con sus casitas encaramándose en las laderas.

Llegamos a San Remo y el quilombo de autos es apabullante. Las motos que se cruzan desde cualquier parte, suben a las aceras. Embotellamientos. Coches tratando de zafar. Un desastre aunque bastante gracioso.

Al mismo tiempo, el mar está azul turquesa. Mucha gente camina con sus bolsos playeros y su parsimonia turística.

En San Remo tomamos el bidegorri. Una ciclovía que nos ayudará a llegar de manera más holgada y tranquila hasta Impera. Esta pista ciclable recorre 24 kilómetros entre el mar y las ciudades costeras. Se ingresa a la pista poco antes de Ospedilatta. Vale la pena escoger alguna de las playas durante el recorrido y hacer una pausa de mar. Relajarse en la arena si hay hueco y darse un chapuzón.

La ciclovía acaba en un pueblo llamado San Lorenzo. Está trazada sobre las antiguas vías del ferrocarril como muchas otras ciclovías de Europa. Pasamos por las antiguas estaciones renovadas ahora como estaciones de paso y descanso de los ciclistas. También se atraviesan túneles larguísimos a través de las montañas de la costa italiana. Es un recorrido ameno y agradable.

En Impera encontramos el camping Los Eucaliptus. Allí conocimos a una pareja de vascos, Marisol y Deivid, a quienes después, durante el camino, volveremos a cruzar casualmente. Son de Dima Arratia.

El camping está bien. Fuimos al super y a distendernos en las playas. Lindo lugar.

 

En Bicicleta de los Pirineos a los Apeninos-Día 16: Apt-Forcalquier

Entramos en los Alpes y las colinas se hacen notar de buen grado y agrado. La ruta sigue estando muy bien señalizada por el símbolo de la silueta del niño en bicicleta.

Atravesamos muchos pueblos viejos y llenos de encanto como Raillane, pueblos encaramados en las laderas de lomas empinadas.

Hubo buena cosecha, lechuga de campo y un melón increíble que saboreamos a la sombra del camino.

El camino cruza infinitos campos de lavanda. Son enormes extensiones lilas y durante buena parte del recorrido nos inundamos de ese aroma refrescante impregnado en todo el espacio. Luego en lugar de los campos violáceos hay bosques de pino. Es un placer para los sentidos, uno tras otro.

El recorrido nos lleva también a pequeñas ermitas de oración y monasterios. Algunos tramos son carreteras angostas, con muchas curvas y abrupto desnivel.

Pasamos el Observatoire Saint Michel, un sitio enclavado en lo más profundo de un bosque sombrío con una energía muy especial.

En Folcalquier acampamos en el único camping de la ciudad. Cuesta 13 euros con una linda piscina y show de magia para los veraneantes.

 

En Bicicleta de los Pirineos a los Apeninos-Día 11: Narbona-Serignan

La primera parte, desde Narbona, sale bordeando el Canal du Midi. Desde el mismo camping Le Floralys, hay una puerta que sale directo al camino. El Canal du Midi si bien es bonito por su naturaleza casi salvaje, no es apto para bicis de carretera.

Durante todo el trayecto de esta parte y lo mismo en la zona de Carcassone, es un sendero angosto entre raíces que sobresalen de la tierra y piedras. Es desparejo todo el tiempo. Un sangoloteo. Incómodo para la bici pesada con la carga y más aún si se las ruedas son finas que además se corre el riesgo de pinchar o romper.

De todas maneras hicimos un tramo pero en algún momento le erramos y agarramos para el otro lado. Nos dimos cuenta por el pueblo de Saint Nazaire Aude, cerca del castillo de Ventenac en Minervois. Allí pegamos la vuelta pasando por segunda vez por Salleles de Aude y Cuxac d’Aude y le dimos por ruta hasta Serignan.

La ruta tenía bastante tráfico. Pasa por Coursan, llegamos a Nissan les Enserune. Bastante feo por ahí.

Paramos en una casa a pedir agua y justo era una familia de rusos, así que aproveché a hablar con tres generaciones de mujeres muy amables.  Seguimos nuestro camino por Lespignan, Vendres y finalmente Serignan donde no había lugar en ningún camping y todos costaban más de 20 euros por persona!!!

Finalmente nos quedamos en Étoile de Mer porque fue el único que tenía hueco. Todos estos campings de zonas turísticas del Mediterráneo, en verano, son ruidosos. Con animadores gritando por altoparlantes, piscinas con toboganes e inflables. Horrible.

Las prestaciones de los campings son limitadas. Una parcela pelada. Sin mesas de picnic ni bancas, electricidad e internet pagando.

Pedaleamos mucho pero además, estuvimos dos horas buscando lugar dónde acampar. No es fácil porque está todo superpoblado y lleno de turistas. En fin que Serignan en el verano no es un lugar tranquilo.