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La casa con ruedas (México-Argentina en auto) Guatemala

Uspatán, por la ruta del Quiché y hacia la Alta Verapaz, 4 de noviembre de 2009

Una ruta a-lu-ci-nan-te! A-LU-CI-NAN-TE, la palabra que me ha identificado en las travesías anteriores con el legendario equipo de tres. Todavía no la había pronunciado en soledad, hoy se me salió de la boca en voz alta.

Esta ruta, A-LU-CI-NAN-TE no es la más transitada por el turismo que normalmente va por la zona de Chichicastenando, Lago Atitlán, Panajachel, Antigua… y que es hermoso, pero teniendo en cuenta que hace menos de tres meses estuve en esa ruta y que implica pasar por la capital guatemalteca me mandé más arriba y como ya es costumbre, GuateBonita no deja de sorprenderme ofreciendo siempre un paisaje variado, rico y precioso.

El panorama cambió. Hace frío. No hay plátanos ni palmeras sino coníferas y bosques por lo que los duendes andaban de fiesta queriendo saltar de las ventanas de la burbuja. En un momento paramos a tomar unos mates y a apreciar el murmullo de un río que nos saludaba desde abajo. Ahí fue donde me picaron unas hormigas coloradas. Volví a montar en la nave y me recomendaba tener cuidado, recordar que en América Central suele haber bichos raros. Imposible no salir picado, en este caso no es nada, unas rascadas entre el embrague y el freno. Por suerte mi única alergia comprobada es a la plancha de planchar e intuyo que al casamiento, pero esta segunda alternativa queda fuera de concurso por elección.

Esta mañana me di una vuelta por Comitán. Como ayer se me quedó sin baterías la cámara en el ciber no las pude subir. Lo intentaré ahora. Aquí no puedo titularlas, no sé si puede hacer, de todas formas, Comitán es la ciudad muy colorida y empedrada, el ambiente es diferente al de esta zona guatemalteca, quizás puedan reconocer.
Al cruzar a La Mesilla ya se nota una diferencia escenográfica, más banderines, más jolgorio, sin embargo la gente no cambia, los idiomas tampoco. Tantas lenguas. La radio durante todo el trayecto de la frontera transmite de forma bilngüe, sí, es realmente alucinante y lindo.
Después de la vuelta por Comitán, y los consabidos mates, preparé la salida y largué hacia la frontera de Ciudad Cuahutémoc-La Mesilla. Todo muy bien. Como tenía el permiso de aduana para el vehículo vigente, pasé como chifle y aunque llevo muchos bártulos y mucho circo, lentejuela y colgarejos, no me abrieron ni el baúl. Entré como pedo a GuateBonita y al llegar a Huehuetenango se presentaron las dos rutas, dos flechitas.
Si me voy por abajo, Lago Atitlán, Guate Capital, hay tráfico, tengo que cruzar la urbe, la ruta es buena y concurrida y ya la conozco.
Si me voy por el Quiché, la ruta es de montaña, no la conozco, sé que está pavimentada hasta Uspatán, no la conozco.
Tomo esta segunda opción, corro el riesgo y me voy por arriba. Hasta aquí llegué hoy. San Miguel de Uspatán. Atravesando los pueblos de Aguacatán, Sacapulas, Cunen…
Pensé que no había ciber, San Miguel de Uspatán es un pueblo pequeño. La gente es amable. En la plaza del centro hay unas mesitas que venden llamadas telefónicas, ahí están las muchachas ofreciendo los teléfonos para llamar. También las nenas que le venden a una señora los rellenitos de plátanos, nos hicimos amigas, se llaman Noelia y Brenda y me prsentaron a su primito que lustra zapatos y a toda costa me quería lustrar las alpargatas. Me contaron las chicas que van a la escuela, son inteligentes, sacaron fotos con mi cámara, les encantó y a mí me encantaron ellas.
Estoy en la Pensión de Galindo que recomienda Lonely Planet, me costó 20 quetzales! Calculen lo barato, un dólar son casi 8 quetzales. El cuarto es sencillo pero está limpio, huele bien, el baño está afuera y en el patio está el garrafón comunitario de agua potable. Detrás de mi cuarto, a pocos pasos por un pasillo, está la burbuja en estacionamiento cerrado.
Ya comí algo, un plato de papas fritas y dos buñuelos de plátanos, eso me costó en total 7 quetzales.
No sé cuántos kilómetros hice hoy, debo haber hecho alrededor de 300, lento, tranquila, deteniéndome en la panorama, con el vidrio abierto respirando el olor resinos de los pinos que me encanta.
Ya fui a un ciber pero estaban por cerrar, hay dos solamente así que vine a este, y ya está por cerrar… tuve que hacer cola porque todas las compus estaban ocupadas y acá estoy contándoles.
Mañana agarro el ripio. Oren por la burbuja. Dicen las buenas lenguas de acá que pasa lo más bien. Tengo 30 km más que son de pavimento y después vienen como 60 de ripio. Voy a ir despacio, evitando pozos y piedras. Hoy pensaba, después de todo también nos íbamos en el 4L al campo y mis padres viajaron en el Peugeot 403 hasta Paraguay hace más de 40 años.
No puedo subir más fotos para compartirlas con ustedes, esto está lento y van a cerrar, queda mucho pendiente por compartir, la idea es llegar mañana a Cobán, ya les contaré.
Los abrazo, gracias por estar del otro lado siguiendo los pasos de esta travesía, me gusta tener con quién compartirla, me gusta contarles, estoy muy contenta por todo.
Los surcos se dibujan en los campos en las laderas de las colinas, crucé varias colinas, subir, subir, subir y luego bajar, entre medio los poblados y la gente que al igual que en la región de abajo sigue siendo colorida.

Cobán, 5 de noviembre

Llegamos a Cobán. La burbuja se la re bancó. Un aplauso para la autita, mi autita colorada y femenina, una guerrera.
Anoche llovió toda la noche. Casi no pude dormir escuchando el repiqueteo constante de las gotas en el techo de chapa de la cochera, preguntándome qué va a pasar en el camino, qué va a pasar si se sigue empapando. La gente de la pensión de Galindo ya me había dicho que si seguía lloviendo por el Choro hay derrumbes y se cierra el paso y yo con ese autito que 4 por4 ni minga.
Cuando vi que era de día y el murmullo seguía azotando el techo en forma intermitente me levanté, me tomé unos mates y mientras miraba y miraba el mapa. El mapa no me decía nada. Podía regresar a Huehuetenango, deshacer el camino de ayer, el paisaje patagónico hacia atrás y volver a la zona baja de Chichicastenango, Panajachel, Lago Atitlán. La ruta larga. Miraba ese pedacito, una línea de menos de 4 o 5 cm que separaban Uspatán de Cobán. La ruta vista así, parecía nada. Una línea breve. Una línea hueca, significa sin pavimentar.
El mapa seguía sin pronunciar palabra. Sólo se escuchaba el sorbo largo, pensativo del mate y la música acompasada de la lluvia.
Vista desde afuera no parecía arreciar tanto. El sonido era engañoso. El cielo parecía clarear según mi deseo.
Encaré pa’l pueblo. Ahí están los que saben me dije. Los que manejan microbuses de Uspatán a Cobán tienen que cantarme la justa de cómo están las cosas. Buena onda total, solidaridad del camino. -Pasar, pasa.- me dijeron. -Ahí están las máquinas y la gente trabajando todo el rato. Agregan piedra al lodo para que se pueda pasar y pasar, pasa.
Se pusieron de acuerdo. Ellos están en comunicación entre las combis que salen cada hora u hora y media, cuando llenan, de Uspatán a Cobán.
-Usted no se preocupe. Nosotros nos comunicamos entre nosotros, y si el carrito se le queda, bajamos a toda la gente para que la empujen. Así que cargué y arranqué.
Iba lento. El ripio, al que acá le dicen terracería parecía fuerte, duro, firme y puntiagudo. Charcos y pozos. Yo estiraba el cogote, estudiando el terreno, eligiendo el surco que se presentaba mejor para tratarnos bien, la burbuja y yo. Así anduve por más de dos horas, sin dejar de prestar atención y sin dejar de cantar bajito mientras no dejaba de garuar.
Cuando ya calculaba que debía faltar poco -las combis me habían dicho que eran tres horas, aunque a mi paso yo había calculado que serían al menos cuatro- me topo con un cartel y el camino cerrado por piedras.
«Zona de derrumbes. No hay paso.»
Me quería matar. No había escapatoria. El camino estaba bloqueado.
En eso aparece un tipo en una camioneta blanca.
-Venga, si quiere me sigue, hay una vía de emergencia.
Y lo seguí.
Era un charquerío, un sendero. Gente, hombres y niños arrojaban canto rodado y rastrillaban sin descanso para afirmar una brecha por la pudiéramos pasar y pasamos!
Enlodados pero llegamos.
Acá estoy en Cobán. En la pensión de la Monja Blanca. Cuesta 75 quetzales, tengo una habitación bonita, amplia, da a un corredor con una hamaca y un jardín. Tiene Tv por cable, jarra de agua potable y Estela me dijo de cuál ducha sale más calentita el agua. Está lindo. Yo sigo contenta, agradecida de estar acá, agradecida de haber pasado esa línea breve del camino, la línea corta pero hueca, a pesar de la llovizna y el alud y los barros y de nuestra pequeñez insignificante en el planeta y de nuestra fuerza ínfima ante la naturaleza poderosa.
Cambió el paisaje otra vez. Otra vez se reverdece como esmeralda, se acaban los pinos y las coníferas resinosas y todo acá es de banana.
Ya comí pastel de banana, enpanada de banana y un pastelito de banana.
En el centro hay una señora que dice que vende empanadas argentinas. Tengo que ir a probarlas. Ya la saludé, me dijo que el dueño es un jugador de fútbol argentino que vive por acá.
El nombre de la pensión, la Monja Blanca, no se refiere a una monja en sí, es el nombre de una orquídea del lugar. Hay un viver, ahora voy a ver si me doy una vueltita.
La dueña de la pensión, Estela, estuvo en Argentina, la llevó su hijo. Se emocionó cuando le dije que era de allá y le brillaban los ojos cuando me hablaba del glaciar y las cataratas y del tango.
La burbuja a descansar, yo al ciber a contarles. Sigue lloviendo.
Como iba atrasada con las fotos van algunas de la llegada a GuateBonita. Hay de La Mesilla, la ciudad de la frontera, después hay de cuando crucé Huehuetenango, después de la ruta de ayer de Huehue a Uspatán y después de la ruta de hoy y la llegada a Cobán.
Aquí algunas imágenes de Cobán. La variedad floral es bellísima. Bastante exótica. La ciudad es resumida y sencilla. No es gran cosa pero está en medio de lugares que prometen ser más interesantes que la ciudad en sí. De todas maneras es lo típico, la gente de GuateBonita en las calles vendiendo sus elotes de todos colores desde el amarillo a el rojo como coral, elotes azules y violetas, largos y asaditos a la leña y mucha fruta. Y ahí nomás, pegadito, el puesto de Empanadas Argentinas. Dice la señora que las vende que el dueño es jugador de fútblo, que juega y vive por acá y que él las hace. La masa, buenísima! El relleno es de pollo, está bueno, pero claro,l no es esa carnecita con juguito que chorriiiaaa.
Lo que sigue chorrriiiiando es el cielo. Todavía llovizna. Me garúa finito.
Escuché en las noticias que es un temporal, las tormentas tropicales y ya pasará y todo lo que se moja se tiene que secar aunque después se moje de nuevo. No importa.
Ya me tomé unos mates y vine al ciber. Vine a dejar un mensaje breve.

Biotopo del Quetzal y Río Dulce, 7 de noviembre de 2009

Salí de Cobán por GuateBonita y con la idea de acampar en el Biotopo del Quetzal, zona de reserva ecológica que se conoce como región del bosque nuboso. Es una zona preciosa, verde, serrana, húmeda y con vegetación abundante y exótica, cascadas y mantiales por doquier.
Llegué rápido, en menos de dos horas desde Cobán ya estaba en la reserva. Dejé el coche en el estacionamiento y empecé a caminar por los senderos. Lloviznaba, pero esta vez mi deseo no era engañoso, el cielo se estaba poniendo clarito.
Pensé en quedarme ahí. Estaba bueno. Junto a cada espacio de acampe una mesita con sus bancas de madera, una parrilla y una palapa. Sin embargo, qué sé yo, no me quedé. Pensé en llegar un poco más adelante a otro lugar recomendado también en Lonely Planet, cerca de Salamá, un centro turístico con alberca y palapas y allá fui.
Llegué al centro turístico llamado Las Orquídeas y no me gutó, era una especie de parque de diversiones con toboganes de agua y albercas y un restaurante, nada de playa, parque, o espacio acogedor para acampar.
En ninguno de estos dos lugares había nadie, salvo los boy scouts en el primero y unos chicos jugando en las albercas en el segundo.
Qué hacer? Me pregunté y le pregunté al mapa. Sorbí un mate. El ruidito parece que responde. Adelante. A seguir la ruta. A Río Dulce. Pegué la vuelta de Salamá. Deshice unos kilómetros, no eran muchos, iba mirando si había algún lugar más copado por ahí. Llegué al entronque y encaré la ruta que decía Puerto Barrios.
El paisaje cambió, se fue achaparrando junto con la vegetación que durante un tramo se volvió agreste y espinosa para reverdecer de nuevo una hora y media después de camino.
En totalfueron unos 380km.No puse gasolina. El tanque seguíalleno.La gasolina de GuateBonita es GuateBuena, rinde más que la mexicana.
La carretera conduce derechito al Puerto Barrios donde el Lago Izabal y el río Dulce se encuentran con el Océano Atlántico, en Guatemala, y lindando con Belice, la cola de camiones era interminable. La ruta no es doble así que debía ir despacio y con mucho cuidado al intentar rebasar la hilera de containers.
Llegué a Río Dulce cuando ya había oscurecido, con la ventanilla abierta -trato de no usar el aire acondicionado para no forzar el motorcito de la colorada- calor y sin lluvia. Crucé el puente de lado a lado del río Dulce y empecé a prestar atención a los carteles para llegar al camping Hacienda Tijax que recomendaba Lonely Planet. Según decía estaba a 1 km alejándose de la carretera. Y allá me adentré, en la espesura selvática alimentada sin reticencias por del cauce generoso del río. No se veía ni lo que se hablaba en una especie de sendero campestre rodeado de jungla… y de río.
Al final llegué al parking de la hacienda, pero de la hacienda y del camping ni mu. No se veía nada. En la entrada, un hombrecito me había dicho que ahí debía dejar el carro y subir caminando unos tres minutos por unos puentes.
Encontré el puente, colgante y tembloroso, pero no me animé a seguir, así que pegué la vuelta y decidí buscar un hospedaje más al centro.
Llegué a la entrada de la hacienda, donde estaba el hombrecito otra vez, quien se ofreció a guiarme en bicicleta. Fuimos hasta otra casa, llamada La Finca y desde ahí, alguien, «el patrón» -dijo el hombrecito de la bicicleta- llamó por radio al guardia del camping para que me fuera a esperar a la entrada de los puentes, pasarelas, colgantes y temblorosos.
El lugar resultó ser precioso. No hay camping ya, son cabañitas conectadas por mulles y senderos, en medio de la jungla y sobre las aguas libres de las orillas del río Dulce.
Cuando llegué, la muchacha de la oficina-recepción me dijo que eran 160 quetzales, lo que excede sobremanera mi reducido presupuesto que debo cuidar a rajatabla si es que no quiero ponerme a tirar las cartas en la plaza del pueblo a voluntad y por lo que guste coolaborar. Todavía lo voy haciendo con elahorrito, así que le dije a la muchacha que no, que era muy caro y que buscaría algo en el centro del pueblo. Enseguida me bajó a 60! Eso ya era otra cosa, claro que debo compartir la habitación con una pareja de murciélagos -verán uno en una foto de la pared del cuarto- y el baño con un francés o candiese guapo pero babososo. El baño está lindo, está limpio y amplio y la cama está rodeada de un mosquitero pesado, grueso y consitente con lo que los murciélagos verán burladas sus intenciones de violar mi intimidad y convertirme en vampiresa.
El resto del lugar es un paraíso. El pueblo o centro tiene aires amazónicos, iquiteños, pero con un aire un poco más fresco. Es desorganizado, ruidoso y colorido. Me acabo de comer una ensalada de frutas con sal y algo parecido a polvo de cacahuates. Extraño pero rico. Y ahora de camino a la hacienda compraré algo más de alimento ya que por este lado es más barato.
Vuelvo a la paz de la hacienda. A tomar unos mates con el río. Amo el agua inquieta. Ayer, mientras venía en la ruta trataba de calibrar mi alegría, para no pecar de un exceso, y desée compartirla con alguien más, tener a alguien al lado para poder mostrarle o ver juntos. Quiero ver y quiero dar a ver, quiero aprender de la gente, reflexionar sobre sus modos de vida, sobre sus quehaceres, sus sabores, y sus necesidades. Y quisiera que otros con los mismos intereses pudieran estar conmigo o hacerlo por su lado, pero no dejar de hacerlo.
Quizás mañana me encuentre en una nueva frontera, por el Corinto y rumbo a Honduras. Otra vez Honduras, a ver cómo va la cosa por allá.

La casa con ruedas (México-Argentina en auto) México

Veracruz, 31 de octubre de 2009

Arrancamos. Fue un día de carretera larga. No es que fueran muchos kilómetros pero hubo dos embotellamientos que me demoraron como una hora cada uno. El recorrido fue básicamente, Guanajuato y la autopista que conduce a Querétaro y después San Juan Del Río y Tepejí y de ahí estrenando la autopista México-Puebla. No es gran cosa, está buena, pero nada espectacular, ni tan bonito como el camino a las costas de Michoacán y Guerrero que siempre me gustó. Eso sí, precipicios no faltan y gasolineras le faltan todas, por lo que cuando me di cuenta que iba en reserva, me desvié en la entrada de Texcoco y por la carretera común, regresándome unos kilómetros, cargué un poco el tanque. Hice un par de escalas técnicas, muy breves, efecto mate. Lo bueno de la autopista es que ayuda a evitar pasar por Estado de México y DF, cosas que una que ya se perdió por ahí un par de veces, prefiere evitar. Esta autopista nueva es rrrre cara!!!!!

Después ocurrió el primer embotellamiento causado -finalmente me di cuenta- por un accidente, y el segundo, porque como es fin de semana largo, por el lunes día de los muertos, hay mucha gente haciendo turismo de fin de semana y se atascó en una caseta, o, diríamos en argentino, peaje. Yo aproveché estos atolladeros para prepararme unos matecitos, así que de paso le di estreno al interior del habitáculo con manchas de mate. El pantalón, verán en las fotos, es más oscuro y verdolaga que la yerba con lo que no se notarán las manchas.

En otra parte del camino, por Orizaba, estado de Veracruz, hubo una niebla impresionante que nos obligó a ir a 40 o como mucho 60 por hora. Éramos una cola de lucecitas, no se veía ni lo que se hablaba, tal como dijo Edna, antes de perderme en la niebla…

Al final llegué a Veracruz. No estoy en la playa ni de campamento, está tormentoso y garúa finito.

Después de perderme por la ciudad, populosa, animada, encontré un hotel en el centro histórico, muy barato y con lugar para meter el coche, además me dieron toalla y tiene televisión.

Ya me comí unos tacos veracruzanos y escuché un grupo en la calle tocando son cubano.

Palenque-Chiapas-Tierra Zapatista, 2 de noviembre 2009

Palenque. Estoy en un camping, Maya Bell, muy cerca de las ruinas y a pocos kilómetros del centro donde vine a escribirles y a contarles.
El lugar es precioso, en medio de la selva. Cómodo. Tengo un pilar con enchufes y agua, pilar que además me sirve de mesa. Hay un restaurante con despachador de agua fría o caliente para el mate por lo que me hace hace falta usar la pavita verde.
Esta mañana conocí a Malcom, un inglés de unos 70 años que arrancó en el Cabo de Hornos con una moto y quiere llegar hasta Alaska y el círculo Polar Ártico. Ya ha recorrido los mares en velero y ha estado en todos los continentes del planeta. Un hombre sencillo y por supuesto muy interesante que me estuvo contando de sus caminos por América Latina. También me dijo que en el mismo camping hay un italiano que está viajando en moto hacia el sur, salió desde Canadá, en moto. El italiano esta mañana fue a las ruinas, así que aún no lo he contactado, pero como verán la locura de la travesía no es sólo de esta mujer argentina sino que ya, en pocos días, me encuentro con gente que está haciendo más o menos lo mismo.
Les cuento que la primera etapa, el primer día, desde Guanajuato a Veracruz, fueron 700 y pico de km y ayer desde Veracruz hasta Palenque 600 y pico. Hoy me quedo acá para descansar y creo que mañana arranco hacia Guatemala.
En Veracruz, pasée por el centro y el malecón. En el zócalo, el sábado 31 en la noche, había danzón con orquesta. Al día siguiente, ayer 1 de noviembre, antes de salir hacia Palenque, caminé por el Malecón. Ahí están el puertos, los barcos, los restos del antiguo fuerte baluarte de Santiago.
Arranqué hacia el sureste con tiempo despejado, sol, viento a favor. A mitad de camino llovió un poco y después bastante, pero entrando a Chiapas, la humedad es un vaho que expiran plátanos y palmeras. Sin lluvia y con un calor gratificante. Esto es verde, verdísimo, exhuberante.
Anoche sentía el repiquetear de la lluvia en el techo de la carpa. El cielo es plomizo y denso, tal como debe ser en casi todo el trópico. Nubes benditas y chaparrones sin los cuales la gente se chamuscaría. En el camping hay una pileta, así que esta tarde me daré un chapuzón. Quizás regrese a visitar la lápida de Pakal que ya vimos hace años cuando viajamos con Farid y Martín en 1997 y nos llamó poderosamente la atención, no sólo por su peso en toneladas de piedras, sino más bien por las inscripciones mayas y las ilustraciones que fueron reveladoras para las sentencias proféticas de esta sabia civilización.
En el centro de Palenque, hoy día de muertos, hay un reguero de vendedoras flores, sampasuchis y nardos, tal es en todo México. Mañana veré de partir hacia Guatemala, pasando por Ocosingo, Comitán, Teopisca… Frontera Ciudad Cuahutemoc. Ya pasé por ahí cuando fui a Honduras hace algunos meses, tengo vigente el permiso de aduana. Y quizás duerma cerca de Huehuetenango… pero eso será después, mañana.
Hoy por hoy estoy feliz. Apenas he salido y no puedo dar señas elocuentes de mi experiencia, sólo sé eso, que esta mañana soy feliz, que no cambiaría lo que estoy haciendo en este momento por nada, hoy por hoy, en mi vida, conciente de lo que significa estar vivo, este es mi deseo, el que estoy llevando adelante. Quisiera que todas las personas a las que quiero y a las que deseo transitar la vida con felicidad, pudieran encontrar aquellas cosas que se lo permitieran y tener la valentía de dejar de lado convencionalismos, prejuicios, inseguridades, miedos, porque VALE LA PENA.

Comitán Domínguez-Chiapas-Zona RRE ZAPATISTA- 3 de noviembre

Acá estoy, chocha en Comitán Domínguez. Es un lugar donde no pensaba detenerme, sin embargo, pasé, espié y me ha fascinado.
Partí «tarde» del camping de Palenque. La mañana es un grito en la selva, entre los monos y los pájaros y los frutos que se ofrecen desde los árboles y las gotas que se cuelan después de la lluvia entre las ramas. Me senté en el borde de la carpa, pequeña pero resistente a la tempestad. Anoche llovió mucho y fuerte y mi carpita azul y pequeña se la bancó.
El grito de la mañana, temprano, el cielo plomizo pero quieto y yo en el borde de la carpa, cruzada de piernas y el mate. En eso conocí a Luis. Es biólogo, de Guadalajara, viene bajando de Yucatán con una pareja vienesa con los que anduvo por Europa haciendo temazcal, acupuntura y otras yerbas. Charlamos, tomamos mates y cualquiera diría «se hace tarde». A mí no se me hace tarde. Yo no quiero que se me haga tarde. Quiero conjugarme con el tiempo como se presenta en una especie de simbiosis con el cosmos. El horario del reloj, el de los números, es falso, a veces nos sirve de guía, pero yo estoy en este viaje y mientras dure, quiero que dure en otro tiempo en el que creo es verdadero.
Así voy, tarde según los relojes, y llego a tiempo a esta ciudad bonita a la que no esperaba llegar. El panorama durante el trayecto de no más de 200 km que separa Palenque de Comitán, es tentador, interesante. No se puede ir rápido por ésto, y además, porque es un recorrido de curvas en la selva montañosa. En el trayecto creo recordar solamente tres rectas de no más de 300 metros en los que me saqué las ganas de acelerar a más de 60 km por hora. El resto, con calma, mate, pan, queso, fotos.
Llovizna de a ratos y hay poblados todo el tiempo y familias que se desplazan por el borde de la carretera con sus bebés colgando de los aguayos coloridos y sus trenzas y hay hombres y niños que vienen y van siempre con su machete.
La zona es declarada territorio zapatista, versa en los letreros, «aquí el pueblo es el que manda».
La ruta está buena, hay escuelas bilngües, pero cuánto falta! Por qué hay que seguir al paso del más lento? Hasta cuándo? La diferencia visible y dolorosa de las condiciones de vida de estos pueblos diseminados en este estado rico, exhuberante y bello… cuán difícil para ellos y para quienes de veras deciden luchar por ellos tratar de acercarlos a los avnaces acelaradísimos del mundo, de la tecnología, la comunicación, los descubrimientos.
Siento que habría que prestarles más atención. Mucha más atención. Se necesita más atención.
Entre Palenque y Ocosingo, me dejaron anonadada dos situaciones, mujeres indígenas semidesnudas, no pensé que era común en esta zona, y hombres, tirados a la vera del camino, tirados, durmiendo… borrachos… paré. Estaban vivos, pero tirados, inconscientes, y no todos juntos, porque bien podría pensarse que venían de una farra, todos juntos y ahí se quedaron con su pedo, pero no. Uno por ahí, otros dos, unos kilómetros más adelante y cerca, en el poblado, las mujeres, como si nada o si todo, lavando la ropa en una tina común, todas juntitas.
No quería pasar esta noche en medio de la frontera, en ese pueblo agobiante que es La Mesilla y que ya crucé hace poco. Los guatemaltecos siempre son amables y Guatemala es para mí GuateBONITA, pero no quería dormir en medio de la frontera. Tampoco se me antojaba entrar a San Cristóbal de las Casas, de donde salí decepcionada hace poco ante el giro comercial en que lo tornó la presencia zapatista, quizás como medio para mejorar la calidad de vida, pero que ha llevado a la población, no siempre autóctona, a tener una actitud antipática. Por eso y porque así es la vida y el viaje y el viaje de la vida estoy en Comitán Domínguez.
Encontré un hotel, no es de cinco estrellas pero sí de cinco camas, tengo cinco camas en mi habitación! Un baño privado, una televisión y un lugar a una cuadra para guardar el coche bajo reja y candado.
Hasta el momento la gente me ha resultado de lo más amable, el lugar pintorezco y la comida no sé, aunque tengo un poco de hambre así que les contaré en la próxima. Ah, el hotel con toda ese comfort me cuesta 100 pesos que es menos de 10 dólares y esta mañana puse 150 pesos de gasolina. No hay casetas ni he comprado más comida porque me quedaba de ayer, sólo agua, pa’l mate, vio? Y acá estoy, en el ciber, con el termo y el mate.

La casa con ruedas (México-Argentina en auto) Colombia

Cartagena de Indias, 28 de diciembre de 2009

Larga y salvaje odisea para cruzar el Darién, de América Central a América del Sur, de Panamá a Colombia, por tierra, por barro y pasada por agua, mucha agua.

Llegar a Cartagena fue la odisea anteponiendo el adjetivo «larga». En Colombia se pone duro que alguien caliente el agua y la pavita està en el auto y el auto, me avisa Tea, todavìa està en el puerto de Colòn. No lo puedo creer. Esto no puede ser. Me pidieron entregarlo el 21 y al parecer no va a llegar ni para el 31! Espero que pronto haya una respuesta concreta al respecto. No me gusta pensar que la autita yace flotando en el mar, a la intemperie de la sal marina durante tantos dìas y la verdad me revienta que hagan esto. Dijeron que salìa el 23 y hoy es 28 y todavìa ni saliò. Estoy en contacto con Tea al respecto y si tengo que hacer quilombo llamo yo misma la naviera y demando, supongo que debo tener algùn derecho, es mi auto, està en un barco, tengo un papel de la naviera que lo corrobora y otro del puerto y ya paguè.

Volviendo a la larga odisea, el cruce del Darién, leer:    https://marialaqueviaja.com/zona-prohibida/

La lancha sale de un lugar llamado Tubalá donde baja una avioneta que debería llegar a Puerto Obaldía pero no llega, baja ahí nomás, en Tubalá, en la costa. Nada de aeropuerto o pisa de aterrizaje. Una locura! Luego la lancha que tarda dos horas o màs en llegar a Puerto Obaldìa, con la proa en punta hacia el cielo, embistiendo olas de dos a tres metros de altura. La lancha les hace frente y siempre pa’elante, cae como podrido sobre la inmensa masa de agua marina. El casco suena que parece que se parte y yo me consuelo, es un bote y està hecho para esto…

Puerto Obaldìa es un puesto militar, viven cuatro o cinco personas y el resto son militares y son muchos. Ahì se`pasa por migraciones para sellar la salida de Panamà y sale otra lancha hacia Capurgana. Esta fue de oleaje pronunciado tambièn, pero uno se va acostumbrando. Tardò media hora y se sella la entrada a Colombia. Capurgana luce màs encanto, hasta daban ganas de quedarse un poco pero visto y considerando que anunciaron una tercera lancha a Turbo encarè. Esta lancha ya para mì, fue una papa. Iba lo màs bien, con toda la experiencia adquirida, eran màs de las dos de la tarde, el mar estaba calmo o me pareciò a mì. Dos horas màs de lancha para llegar a Turbo. Turbo es feo. Nada que valorar. No habìa internet y no pude comunicarme, detalle nimio, pero ademàs de eso, nadie querìa calentar agua para cargar el termo y eso a mì, como una daga en el pecho, mientras, la pavita verde y la hornalla estàn adentro del auto en algùn lugar del Puerto Manzanillo en Colòn. Los hoteles en Turbo no bajaban de 8 dòlares y eran bastante decadentes, olorosos de humedad y sucios. Tuve que quedarme en uno porque ya a esa hora no habìa buses rumbo a Cartagena.

Esta mañana me levantè apenas amaneciò. No dormì mucho. El tv del hotel estuvo encendido con el volumen al mango hasta la madrugada, despuès hubo gritos. Me levantè como a las 5 y me fui a la terminal, sin mate. Salì hacia Monterìa, son como 4 horas y media de viaje. El camino es mitad de tierra y mitad de pavimento con pozos. Todo muy movidito, nada que envidiar a las lanchitas. En Monterìa, otro autobùs a Cartagena, cinco horas y media màs.

Lleguè y me tomè el metrocar hasta el centro, habìa tràfico y tardò cerca de una hora. Hoteles todos re caros porque dicen que empieza la temporada. Estoy en uno que cuesta màs de 10 dòlares y menos de 20, 25mil colombianos, 1 dòlar es 1900/2000 colombianos.

Supongo que voy a encontrar palabras para relatar las bondades de Cartagena, no las tengo hoy, no he visto casi nada y lo que he visto no me gusta, pero a todo el mundo le ENCANTA Cartagena, asì que a partir de mañana les cuento.

De todas maneras espero irme lo màs pronto posible a Venezuela.

Viaja por la aerolìnea Aires resulta màs econòmico que todo el traqueteo que yo hice, pero no lleguè a tiempo para conseguir pasaje con las fechas festivas de navidad y fin de año. Los que quieran hacerlo, Panamà-Cartagena o viceversa, aconsejo volar directo por esa aerolìnea y no hacer este trajín que no se disfruta mucho, sòlo como una experiencia màs, una aventura, pero es màs tardado, màs cansador y màs caro.

Esta màquina, en el hostal Holiday, tiene un virus, todo el tiempo, mientras escribo baila un cartel por la pantalla anunciando que la computadora serà atacada, ya me està mareando!!! Me voy a tomar unos mates al patio, espero conseguir agua o rompo todo!!!

Cartagena de Indias, 29 de diciembre de 2009

Cartagena es PRECIOSO. Tengo un problemita con la cámara de fotos. Quisiera ya estar metiendo fotos en el blog para que vean. Casona antiguas, coloniales, llenas de balcones con flores. Plazas enormes con calor y palmeras y de frente a todo esto, barrera contundente, amplia, impasible, el Mar Caribe. Es muy lindo. Lo primero que se cruzò en mi camino, de forma totalmente inesperada, fue la Casa de Garcìa Márquez. Ni sabìa que tenìa una casa acà y de pronto miro el mapa y oh! Estaba paradita en la esquina de su propia casa. A él no lo vi, pero pude intuirlo detràs de las ventanas. Estaba ahì.

Cambiè de hotel. Estoy en Casa Viena, cuesta menos de 10 dòlares, tengo internet gratis y cocina donde puedo almacenar mercaderìa en la heladera y calentar el agua para el mate. Me queda poca yerba y por acà no tienen ni idea de lo que es el mate, asì que no creo que haya.

Tea me avisò que probablemente el barco sale hoy, sino mañana, asì que me queda poco y voy racionando la latita de yerba que traje conmigo.

En cuanto pueda subo fotos. Los colombianos no son la amabilidad del otro mundo que me habìan pronosticado. Son simpáticos, normales, no sonrìen como los argentinos, ni tienen el semblante bueno de los guatemaltecos o los nicas, ademàs se ve que tienen un hambre, que donde pueden te sacan un peso màs, pero todo bien, de todo se aprende. Las personas del hostal son simpàticas, en la calle màs o menos. La ciudad es pintoresca, colorida, da para caminar y perderse en los callejones. Està lindo. Recorrerè centro y alrededores hasta que llegue mi autita querida y cuando la tenga, sigo viaje, al timón!

Cartagena de Indias, 30 de diciembre de 2009

Casi todas las personas con las que hablo un rato desde que estoy en Colombia, y si entramos en tema, tiene en su familia uno o más de uno, muerto sin saber quién lo mató. En la mayoría de los casos fueron encontrados amarrados con alambres, muy golpeados, torturados y con un tiro de gracia en el medio de la nuca. Qué pasó, quién fue… no se sabe. Se denuncia en la policía, no se denuncia en los medios. La gente con la que he tenido oportunidad de hablar, un rato, mientras tomo mate, es gente sencilla. No se animan a publicar sus historias, casi no se animan a contarlas, tienen miedo, porque tienen más hermanos, o porque tienen hijos. Por lo visto que esto pase es normal y están convencidos de que nada puede hacerse porque hacer algo resultaría peor.

Hay muchos militares. Están dispersos por todos lados. Me di cuenta hace un rato, que caminando, tomé dos fotos y en las dos, en el fondo hay un militar. No me sorprende.

Hoy fui a las playas cartaginesas, Boca Grande y Laguito. Son playas de ciudad, hay mucha gente. Se puede ir caminando tranquilamente desde el centro histórico, por el muelle de los Pegasos, y después, el largo malecón hasta que aparece la zona costera, moderna, de edificios altos. La playa es angosta, con escolleras de piedra. La brisa una bendición. Me tiré al sol como las iguanas y al mar como las sirenas y volví por los callejones del casco viejo amurallado.

Tomé mates mientras charlaba y charlaba y reflexionaba de qué manera hacer algo, algo que denuncie, multiplique pero no sea peligroso para nadie, es complicado, cualquier referencia, fecha, lugar, nombre, hecho, puede delatar de qué asesinato se trata… Quisiera gritar al mundo que esto está sucediendo, es muy feo, triste y doloroso. Es una mierda. Hay confusión en los colombianos. Los multimedios siempre tienen que ver en favorecer esa confusión y acá se ve que vienen haciéndolo desde hace largo rato. Es difícil refrescarle la memoria al pueblo colombiano, me alegra escuchar, después de una hora de charla la palabra «bogotazo», como un hecho lejano, histórico, pero que al fin y al cabo les pertenece y se oculta en un rincón de la memoria.

Esta noche ceno frutas, como para digerir una tarde demasiado condimentada.

Mañana termina el año 2009, según el calendario gregoriano equivocado y chueco, mañana sigue la VIDA y el VIAJE, los dos para mí son casi lo mismo, mañana, aguarda la Esperanza a la burbuja que viene llegando al puerto de Cartagena. Esa Esperanza me transporta con la mirada en el mapa, Santa Marta… Riohacha… Maicao… VENEZUELA! Falta poco. El corazón me arde, rojo como la estrella.

Cartagena de Indias, 31 de diciembre de 20o9

Venezuela deberá esperar y mi ansiedad ceder al mismo tiempo.

Por feriados y fin de semana en medio no será posible que tramite la salida del auto del puerto antes del lunes.

Hoy casi caigo en estado alterado de desesperación y angustia. Encima no me queda más que un puñado de yerba mate y los paquetes están en el auto. Sería muy feliz si me dejaran trepar al container, meterme adentro, sacar un paquetito de yerba y saludar de paso a la burbuja colorada y revolucionaria.

Entré en pánico porque llamé a la naviera y me dijeron, «tiene que pagar 65 dólares de consignación y 400mil!!!! De depósito.» (Además de que el barco llegó esta mañana y todavía no autorizaban el B.L para que yo pudiera adelantar algo en la aduana). Metieron el auto en un container. Viva la pepa, cada naviera y cada empleado se ve que hace lo que se le antoja en el momento de hacer algo. Yo no pedí container, pero a ellos se les ocurrió que era mejor y sí, seguro es mejor, pero ahora yo tengo depositarles para que vean si el container está en buen estado y lo limpien y después consideren si me devuelven algo, que ya me dijeron que limpiarlo lo tienen que limpiar y si está roto?? Yo qué sé cómo estaba antes de salir?? Además yo no pedí container!!!!!!! Y quién se hace responsable. La Barwil Agencies que fue la que me vendió el paquete??

Reconozco que conseguí un buen precio para lo costos reales de los fletes. Lo reconozco, pero justamente decidí embarcar porque era esa cantidad y no otra superior, sino había pensado regresar a México, vender el auto, comprar una bicicleta y empezar de nuevo.

Me revienta que me pasen por encima.

Hoy me reventaba casi todo. Compro un patacón, plátano frito. Cuesta 700 dice el hombre. Le hecha queso y me lo da y me dice con queso son 1300. Metetelo en el orto. Viste. Abusan. Esto es casi tan caótico al respecto como el Valle del Nilo, con la salvedad que hay un supermercado con precios visibles y yo para estar a resguardo de estas tranzas que me joden voy al super y después me cocino el hostal.

Como si fuera poco, los colombianos, tan amables que se pre-anunciaban, a todos y cada uno de ellos, en la calle, a los que pregunté si sabían dónde estaba la naviera, porque no la encontraba, ni siquiera se molestaron en abrir la boca para responder, simplemente movían la cabeza de izquierda a derecha.

«Hay gente que te invita a su casa a dormir y gente que te deja en la calle morir, hay gente de mierda y gente que no.»

Y hablando de mierda, el tapón de Darién debería llamarse «tapón de mierda». Ese tapón ahí no existe por necesidad de ecosistema o profusión incontrolable de la jungla. Ese verso que se lo hagan a los gringos. El tapón de Darién o de mierda, existe porque encierra un negociado enorme y ese negociado no es el Canal de Panamá, que igual es un negociado pero visible. En el tapón de Darién o de mierda, hay más que gatos encerrados. Y no me digan que no. Estuve cerca de ahí. En la puerta. La vegetación salvaje es fácilmente controlable. La ruta podría existir. Los milicos cuidan qué?? Hay tantos!!! Al italiano que encontré en los primero días se le ocurrió caminar y acampar entre el Darién y la costa y los paramilitares colombianos, lo sacaron con las manos atadas y los ojos vendados -para que no vea qué- y le advirtieron que fuera la última vez que se metía por ahí sin permiso. Qué tal??

El tapón de mierda nos jode la vida a los que aunque pocos, sumamos unos cuantos con el deseo y la oasadía y el atropello de querer surcar las Américas Latinas a pie, en bicicleta, en moto, en auto o con un carrito. Somos pocos, pero SOMOS, y esto nos caga. Para el resto del mundo es indudablemente un MUY BUEN NEGOCIO.

Y acá estoy. En el hostal Casa Viena, haciendo huevo. Leyendo. Ya me conzco la ciudad. Puedo ir a la playa, embadurnarme en Hawain Tropic y quedarme como las iguanas al sol hasta que pasen los feriados y la gente vuelva a trabajar. Con un depósito pendiente de 65 dólares que fui a hacer pero el único banco donde se puede cerró a las 11 porque es 31 y quizás, con suerte, pueda hacer el sábado en la sucursal de Boca Grande. Encontré la naviera preguntándole al pedo a los cartagineses, la encontré pateando. Previo me subí a una moto. Moto taxi, con casco y todo. Ese moto taxi me dejó por ahí, por la aduana, me habían explicado que era por ahí cerquita.

Afortunadamente el barrio no es tan choto como el de donde se hacen los trámites en Panamá. Es un barrio urbanizado, con casas, gente que vive ahí, algunos árboles y no es lejos del centro histórico así que regresé a pie, cruzando el puente de Román y con vistas al Castillo de San Felipe, por la Calle Larga llegué a la PLaza de la Trinidad y por la calle Guerrero hasta la de la Media Luna donde pasé por el hotel que estuve la primera noche ya que la empleada me había prometido un poquito de yerba que tenía en la casa. Es un poquititito pero de GRAN AYUDA!!!

Ahora tengo un B.L original, el sábado puedo ir a la aduana que atenderá desde las 8 para que vayan viendo… los papeles… y asignando un inspector… y a la sucursal del Citibank de Boca Grande, que atenderá desde las 11 de la mañana… un ratito… para adelantar… la naviera no trabaja hasta el lunes y hasta el lunes no pasa nada.

Esperamos. Venezuela espera. Yo espero. Y Argentina tendrá que esperarme un cacho más porque como va la cosa voy a tener que parar a laburar un rato antes de poder llenar el tanque en tierras brasileras. En Venezuela ya sé, que en cuanto a combustible no me tengo que preocupar, porque con un dólar tanque lleno.

Y aprovechemos cada oportunidad de brindar que por ahí se nos cumplen los deseos!!! Yo creo que sí. Ahí vamos.

Cartagena de Indias, 1 de enero de 2010

AÑO NUEVO! 2010!

Anoche brindé con ron con una pareja de argentinos cordobeses, periodistas y poetas.

Toda la noche hubo batifondo. Música muy fuerte. Los ritmos se enfrentaban desde las esquinas. Hubo fuegos artificiales. Inmensos. Los vi desde la terraza del hotel.

Varios de los viajeros que conviven aquí se fueron a una fiesta a la playa, a unos cuantos kilómetros de Cartagena. Volvieron un poco desilucionados. Dicen que fue un relajo de bebidas todo bien, pero había al por mayor y al revoleo LCD, éxtasis, cocaína… y además, les decían que había transporte de regreso y era mentira así que tardaron cuatro horas en regresar desde donde normalmente se tarda una hora y media.

Después de la medianoche me fui a leer, a pensar, a escribir, a seguir pensando, a dormir y en la mañana caminé plácidamente hasta la playa. Encontré un lugar calmo cerca de la orilla pero no tanto como para no ser presa de la embestida de la marea traicionera. Me apropicué panaza arriba y panza abajo. A eso de las 4, la tarde empezó a inquietar el hormiguero. Llegaba más y más gente. Junté mi pañuelo Palestino que hacía de lona y emprendí el regreso. Recién llego.

Hoy, playa.

Mañana, aduana.

Cartagena de Indias, 2 de enero de 2010

No adelanté nada.

La aduana o DIAM, no trabaja los sábados. Anticipo para los que vengan después. En la agencia de Ocean King o King Ocean, que es la naviera que se hace cargo del container en Cartagena, me dijeron, SÍ SÍ, EL SÁBADO TRABAJAN DESDE LAS 8, VAYA CON ESTE PAPEL QUE VA A PODER ADELANTAR UN MONTÓN. Fui. No trabajan hasta el lunes.

También fui a hacer el depósito de los movimientos de puerto al Citibank. Fui a la sucursal de Boca Grande que me dijeron que es la única que abre los sábados. SÍ, SÍ, VAYA AHÍ Y AHÍ HACE EL DEPÓSITO. Fui. No reciben depósitos en esa sucursal. Las otras están cerradas. Por lo tanto el lunes a las 8 de la mañana tengo que ir a hacer el depósito y al mismo tiempo tengo que ir a la aduana o DIAM a hacer el trámite o a ver, al menos, cómo se hace.

Si la ciudad de Panamá se destacó por ser la ciudad de gente más antipática y caracúlica de todas las que he pasado, Cartagena se caracteriza por ser la ciudad de gente más inepta de las que he pasado desde que salí de Guanajuato. Además, me parece una falta total de respeto que los empleados o funcionarios de King Ocean me hayan hecho perder un día pateando para no hacer nada. Al menos la ciudad es bastante bonita. Los barrios, los lugares donde tengo que ir no están tan lejos, puedo ir caminando, de paso mirando, pensando, elucubrando, engranando, puteando, bronceandome, insolandome…

Otra apreciación: en ciudad de Panamá las mujeres sacan a pasear el culo, dignos culos del monumento al bundäo, naturales. En Cartagena las mujeres salen a pasear las tetas, tetas de esas que aunque se acuesten como lagartijas al sol, no se desinflan, quedan como melones estáticos.

Voy caminando y voy sacando conclusiones acerca de la idiosincracia general de esta gente. Ejemplos:

1-El lanchero de Puerto Obaldía a Capurganá, tenía que cobrar 12 dólares. Le pago con 15. Espero el vuelto. Espero. Pido. Insisto. Lanchero acomoda sogas, salvavidas… Insisto, de nuevo. Al final exijo, dame los 5 dólares que voy yo a buscar el cambio.

2-Compro pasaje de Capurgana a Turbo. Previamente averiguo, cuesta 49mil pesos. Pago con 50mil pesos. Espero el vuelto. Nada. El hombre me mira inquiriendo con la mirada, que qué espero… el cambio por favor, me debe mil pesos. Cuesta 50mil me dice. No le retruco, cuesta 49. 50 precio de temporada, me dice. Lo miro, 49. Y me da los mil.

3-Voy a hotel trucho y feucho en Turbo donde nadie quiere darme agua para el mate. Pregunto cuánto cuesta, me dicen 14mil, llega alguien detrás, colombiano, pregunta cuánto cuesta, le dicen 12mil.

4-Tomo autobús de Turbo a Montería. Averiguo previamente, pasaje cuesta 34mil. Voy a sacar pasaje y me dicen 39mil. No, le digo, son 34mil. 39mil precio de temporada, me dicen… No, 34mil. Pago 34mil.

Sigue el camino y siguen los ejemplos horribles de este tipo.

Hoy lo que me molestó, y no tanto, porque a estas alturas me da risa, es la falta de respeto y la ineficiencia, la gente que se supone trabaja en un rubro y que se supone debería saber cómo se manejan las instituciones fuertemente vinculadas a ese rubro, no saben nada. Parece como si fuera la primera vez que reciben un auto embarcado.

PERO ESTOY CONTENTA!!!!

Tengo contacto en Caracas, Henry, hermano de Urania, profesora de español que conocí en Guanajuato. Ya me escribió Henry y ni siquiera lo conozco y por lo que su hermana Urania me contó, será un eslabón fundamental en el tramo del viaje que tan ansiosmanete espero. Creo que él podrá ayudarme a saber dónde ir, a qué puerta golpear para trabajar en Venezuela. Quiero ser parte del proceso bolivariano. Quiero ser parte. Quiero estar ahí, quedarme un poco, hacer algo y algo más todavía.

Es probable que mi llegada a Argentina se atrase, se postergue, pero no es posible que se suspenda, en algún momento, presumiblemente y con buenas perspectivas, en el 2010, voy a llegar. El tiempo vuela y voy a llegar de un momento a otro, pero ahora tengo tanta Venezuela por delante como inversamente proporcional dinero en la bolsa.

Cartagena de Indias, 5 de enero de 2010-Autita nerede?Síííí, ahí estááá!

Al fin. Autita en «parqueadero» a la vuelta del hotel.

Recuperar un auto embarcado en Cartagena es inhumano. Se necesitan dos días. Cada paso es generar un formulario, una base de datos, una colilla, un link. Cada generación requiere dos horas y pasar por varias oficinas o ventanillas para ser selladas. Algunas de estas oficinas están en Manga, a 20 minutos caminando del centro. Otras están en Contacar, barrio Mamonal, a 15 minutos en vehículo de Manga.

En Contacar, todo se paga. Los días de almacenaje son 3, siempre, no importa lo que diga la naviera en cuestión. La gente del puerto me aseguró que son 3 y corridos, si hubo feriados en el medio, mala leche, hay que pagar igual.

Haciendo historia. Tuve que entregar el auto en Puerto Colón el día 21 de diciembre. Dejé la llave pegada en la puerta. El auto sería embarcado fuera de contenedor. LO-LO. Más barato. Para mí accesible, dentro de mis posibilidades. El barco saldría el 23 y yo tendría tiempo porque me habían dicho que había 5 días gratis de almacenaje en Puerto de Cartagena.

El 23 me informan que el barco se atrasó y saldrá el 27. Me parece bien, porque es el mismo día que sale mi vuelo a Tubalá y así no corro riesgos de pagar alamacenaje si las lanchas se demoran.

Llego a Cartagena el 28 y me informan que el barco se rompió y va a haber otro para el día 29. Este barco carga al final mi auto, dentro de contenedor y el barco llega el día 31.

El 31 intento empezar el trámite pero ya se vive el fin de año y no se puede adelanbtar nada. El primero de año, menos. El sábado 2, la DIAM (aduana)en Manga, no trabaja, pero el puerto sí. El domingo 3 no.

Cuando el lunes 4, reclamo los días que se me cobrarán de almacenaje por los feriados, la secretaria me dice que el puerto trabajó el 2. Yo le retruco que la DIAM, que es lo primero que hacer no. Le explico a la chica que así las cosas, está mal coordinado, mal organizado, que hay que cambiarlo para que a los que les toque pasar en otro momento por situaciones similares no pasen por los mismos problemas que yo. No puede ser que se cobre almacenaje cuando hay más de 3 días consecutivos que son feriados, no puede ser que se pretenda trabajr en puerto ingresando mercadería a Cartagena si la aduana va a estar cerrada. Es que no tiene sentido. La secretaria, cándida, me dice «siempre hemos trabajdo así» y a mi me salió del alma decirle «pero… entonces… son todos tarados». Medio con tono de pregunta.

Para esto ya vengo con problemas.

Ayer, lunes, antes de las 8 de la mañana ya estaba en la puerta del Citibank del centro para pagar los 65 dólares a nombre de Caribbean American Shipping. Pago. Voy a la DIAM. Entrego alegremente las primeras copias del B.L, pasaporte primera hoja y hoja del sello de entrada a Colombia, tarjeta de circulación.

En todo momento entregué copias, siempre. En ningún momento, nadie, me solicitó un solo original. Ni uno. Me di cuenta que lo que importa es sacar dinero, mucho dinero. La autenticidad del vehículo, el titular o lo que contiene lo tienen olvidado. Para el caso, mejor. Una cosa menos.

Bien. Continúo.

Con esas copias en la DIAM, van a generar un formulario. Espero 2 horas y media. El lugar es agradable, hay asientos, hay aire acondicionado, está limpio. Me entregan el formulario y me solicitan ir a Contecar -primera vez que escucho el nombre- y buscar a Jesús Martinez para que firme ese documento.

Monto en una moto. Una moto es una moto. No es como el mototaxi o motocar de Cuba o Perú. Es una moto. El pasajero, yo, se sienta atrás del conductor con un casco que el conductor le presta y allá vamos.

En Contecar, pregunto a unas cuantas personas quién será Jesús Martinez, explico por qué lo busco y al final lo ubico. Cuando le doy para que me firme los papeles parece no entender y me dice que tenemos que volver a la DIAM. Volvemos con un amigo de él que nos lleva en coche. Pregunta. Me firma. Me firma el director. Ese papel es la inspección de la aduana. Inspección?? Firmaron sin ver nada.

Con eso tengo que ir a la naviera King Ocean de Caribbean American Shipping, a liberar el B.L. En la naviera me exigen el depósito por posibles daños en el contenedor. Ya había escrito a Evelyn de la naviera Barwil Agencies de Willhem, en Panamá, solicitando me eximan de este depósito y posible pago ya que fue error de ellos poner mi auto en un contenedor cuando debía ir como carga suelta. Me quejo, me enojo, lloro, pero ni siquiera esta receta de las lágrimas Zulema Alarcón funciona. Son inflexibles. Por dos horas esperamos respuesta de Panamá, para saber si van a asumir los gatos que origine el conenedor. Finalmente me prestan el teléfono para llamar a Evelyn y ella me dice que no. Que la decisión de poner el auto en contenedor fue que había temporal, mal tiempo. Y no. No se harán cargo. Le cuelgo mal.

Salgo, corro, vuelo al centro, necesito 200 dólares urgente. Los consigo. Corro y vuelo otra vez a la naviera, en esta oportunidad, en forma rauda, noto cierto respeto por mi tono autoritario al habalr con Evelyn, me facilitan todos los recibos que necesito y liberan el B.L.

Voy rapidísimo a Contecar. Son las 3 de la tarde. Llego con la ilusión de ya tener casi todo el trámite hecho y la secretaria me recibe con la indicación, «muy bien, con todos estos documentos, vamos a INICIAR, le trámite de la base de datos para…»

Ahí, 3 de la tarde, empieza otro largo periplo de recabación de datos, formularios, colillas, sellados, fotocopias, facturación, pagos! Hay que pagar más. 240 dólares por el movimiento en puerto pero al puerto. Ya había pagado 65 a la naviera. Hay que pagar el almacenaje, más 80 dólares de vaciado del contenedor. Me siento agotada, confundida. No me dan los números. Quiero seguir viajando. Yo tenía todo calculado. Yo tenía el presupuesto. Parece que se me acaba el mundo en ese momento, con tantos papeles por llenar, por fotocopiar, por duplicar, generar, pasar por una oficina y por la otra y después esos son para hacer otros y cad vez son dos horas. Estoy tan desesperada y sin saber cómo voy a resolverlo que la miro a la mujer y con lágrimas Zulema Alarcón le digo y pensar que yo estoy cumpliendo el sueño de mi vida, que al fin lo puedo cumplir porque los médicos me dieron tres meses de vida. Ante mi desazón total, la secretaria me da un sermón de lo valioso de estar vivos hoy y de no pensar en la muerte y Dios y la Virgen, pero de omitir un paguito, aunque sea uno solito, ni hablar.

Me dan más formularios, tienen que ser llenados con letra clara, sin enmiendas, ni tachaduras, pero apoyando en la rodilla, porque ahí afuera, aunque está bien el lugar, limpio, fresco, no hay mesas. Hay muchos empleados que miran. No tienen mucho que hacer. Hacen de vez en cuando algo, con una pachorra indiscriptible.

A las 5 de la tarde, me informan que el vaciado de contenedor, siempre, se programa para el día siguiente.

Entre todos los pasos a hacer fui y volví 4 veces de Contecar a la Diam. Regresé al hotel a las 8 de la noche, previo comprar verduras para hacer una ensalada y acompañar el pesacdo sabrosísimo que hiz Norman.

El día de hoy, 5, fue casi igual hasta las 4.10 de la tarde, hora en la que al final pude sacar el auto del puerto. Estoy my feliz por esto. Como una parturienta, cuyo dolor, al ver asomar la cabecita del hijo amado, se termina. Es más, la hija autita vino con un raspón adicional, una manchita de nacimiento, y sin la llave; por suerte tenía un duplicado en la mochila en el hotel, y moto viene, moto va, pudieron sacarla del contenedor. El contenedor tenía el techo roto, así que el temporal funiculí funiculá. Por suerte no me hicieron responsable de los agujeros, solamente de limpiar el contenedor y me devolvieron buena parte del depósito de 200 con lo que pude cancelar parte de los otros pagos del puerto.

Muchas veces, cuando quería tener información de otros viajeros, acerca de qué hay que hacer para embarcar y desembarcar un auto entre Panamá y Colombia, ellos normalmente escriben «son tantos pasos que no es posible y sería aburridísimo contarlos». Nadie es capaz de describir, narrar, todo lo que hay que hacer. Por eso digo que es inhumano. Porque a cada ventanilla que a uno lo mandan, hay que esperar, porque cada espera lleva a otra espera y cada espera lleva a otro pago. Es larguísimo y muy caro. De todas maneras tengo toda la onda para ayudar con las respuestas que estén a mi alcance a los que quieran hacerlo. En Panamá pueden contar con la ayuda de Tea, inavluable, aunque en este caso las navieras no resultaron bien, ella conoce a todas y seguramente esta experiencia mía servirá para que evalúen si les conviene o no utilizar los servicios de las que a mí me tocaron. Yo, mientras no exista una ruta en este tapón de mierda, que no son más de 84 km, volvería a cruzarlo, pero en monopatín, en bicicleta… en auto, así, no. Estuve averiguando los barcos que van desde Manaus a Belem o Porto Velho por el Amazonas, demoran entre 4 y 6 días y cuestan con auto y alimentos para el pasajero, mucho menos de la mitad de todo esto. Esto es vergonzoso. Es un robo a cara descubierta.

Hoy estoy tranquila, demás está decir que una de las primeras cosas que hice fue verificar la presencia de la yerba en la conservadora y sí, ahí está! Tengo yerba.

Voy a darme una buena ducha y unos buenos mates.

Pamplona, 18 de enero de 2010-Nous allons illegaux

Cuando hace un par de años, mis hijos y yo llegamos a Tunez, tras haber cruzado el Mediterráneo desde Sicilia, intentamos jugar a ser fugitivos en el norte de África. Entramos escabullidos por las dársenas de un puerto nocturno y nos perdimos en la oscuridad detrás de nuestras mochilas enormes, con la voz agitada cantábamos, nous allons illegaux, nous allons illegaux… Esa vez, fuimos sorprendidos por un policía disfrazado de civil, fue amable, en general, todala gente en Tunes, fue muy amable, aún cuando nosotros fuéramos fugitivos.

Ahora estoy en Colombia. Ilegal. Ilegal en Colombia.

Vine por una ruta que me fueron explicando en las alcabalas del camino. Salí de Mérida esta mañana, Denyris, la dueña del hotel, venezolana y periodista, no me dejaba ir. Tomamos mates, quería seguir charlando. Me regaló una bufanda tejida al crochet, en la montaña hace fresco, sobre todo cuando desciende la bruma de las tardecitas.

Al final nos despedimos, con besos y abrazos, ella invitándome a su casa y yo prometiendo regresar.

Oficialmente, sigo en Venezuela. Nunca salí según no lo atestigua mi pasaporte.

Salí y tomé la ruta que de pronto dejó de parecerse a los nombres estudiados en el mapa. Yo hago una lista en una hojita, los nombres de pueblos que debo ir cruzando o desvíos a tener en cuenta, un boceto o borrador de lo que será el camino. O el papel mentía, o era de un viaje anterior, o yo estaba soñando -a veces pasa que en los sueños se nos adelantan, se nos confundem las cosas, la ansiedad nos traiciona dentro del insconsciente y es como estar viviendo un viaje más, con otros percances, otros amores, otros paisajes, es maravilloso-. En fin, que los nombres del machete no se correspondían con los carteles de la ruta. Pensé que había agarrado para el lado de los tomates, no es raro, siempre me equivoco varias veces y a lo mejor como antes fui a un supermercado grande a gastar bolívares en víveres, me había perdido. Pero no. Preguntaba a los guardias en las alcabalas y me decían que estaba bien, que llegara hasta Coloncito y ahí doblara en el toro, a la derecha. Yo no había anotado ningún Coloncito, pero la ruta estaba buena, una autopista, así que pregunté algunas veces más y le seguí dando. De pronto, OH! Puente roto. Desvío. Cruzar por el río!! La autita!! Río!! Nooooo. A caeja noooo. No había vuelta, la cola de autos, auto al agua! Cruzamos. Seguimos y al rato, puente caído, río con correntada, un pibe adentro guiando a los autos, agua a las rodillas del pibe. No va a pasar, le digo yo por la ventanilla. Autita es muy bajita. Una liliputiense. Sí pasa, dijo pibe y autita al agua! Se portó y a partir de hoy, no me caben dudas que además de terrestre es anfibia.

Llegué. De Orope, salida de Venezuela a Puerto Santander, Colombia. Nada de migraciones, nada de ventanillas, nada de oficinas, un puente de fierro, un cartel de Chávez saludando Feliz Viaje y una bandera de Colombia. Su ruta. A los 45 km estaba en Cúcuta y al rato en Pamplona. Ilegal.

Espero que esto no me traiga problemas al salir para Ecuador. Tengo menos garantías que posibilidades, pero tengo un pasaporte confuso, con tantos sellos y tengo tantos papeles… que no voy a hacer malos pronósticos, sino, todo lo contrario.

Pamplona es una ciudad colonial, muy vieja, de una edad colonial que se adivina muy temprana en su construcción, el hotel donde encontré lugar, con estacionamiento al lado, económico y gente cordial -agua para mate-, también trae consigo unos cuantos siglos. Me gusta.

Salgo a perderme en los callejones que serpentean las laderas andinas, altas laderas.

Me acostumbro con cierta dificultad al sabor de haber dejado Venezuela -aunque oficialmente sigo allá y si me quieren deportar, no me niego-. Una parte importante de mí permanece allá. Lo que he visto en ese país supera lo que desde antes traía como una ilusión. Las decisiones se toman todo el tiempo, sin titubeos. No se le da mucha vuelta a nada. Algunos acusan «autoritarismo», pero antes seguro hubo una advertencia, una ley, una decisión orgánica comunal; y si alguien o alguienes no cumplen, especulan, mienten… y se actúa en consecuencia, de inmediato, pregunto ¿autoritarismo? Las cosas se hacen, es visible, hasta la gente que medio sin saber por qué, dice que no le gusta el gobierno de Chávez, en la discusión, no puede dejar de reconocer lo que es demasiado evidente como para ser ocultado, callado, malentendido, fui testigo de hechos todo el tiempo. Culpa de las maquinaciones mediáticas, de los comentarios, de que cuesta creer en el ser humano y sus buenas intenciones, de que hay gente que todavía cree y vale la pena, yo llegué a Venezuela con reservas, por guardar una actitud crítica y no ser encegecidamente obsecuente con mis principios e ideología, me propuse observar, escuchar, a ver si era cierto o no era cierto esto o aquello. Doy fe de que la realidad superó mis esperanzas y fraguó cualquier reserva. Si antes era chavista, ahora soy más chavista que antes, y debo agregar, aunque suene abusivo o exagerado, que lo que veo en ese hombre cuando habla con la gente, lo que escucho, es un gran amor, inconcebible en este mundo de cosas, capitalista y ultrajante, es un amor muy grande.

Pero ahora estoy en Colombia, ilegal. Debo resignar algunas consignas, soltarme el pelo para que la estrella roja no me delate, y seguir avanzando hacia un horizonte nada lejano.

San Gil, 19 de enero de 2010

En la ciudad de los giles.

Esta ciudad se llama San Gil, creo que no es el gauchito, porque éste, en lugar de bombachas, andaba de sotana -va foto-; la ciudad está enclavada en el medio de la cordillera. Es una ciudad colonial, con un vasto movimiento puebleril en las calles, de simpáticos giles. Como si fuera poco, me alojo en un dormitorio comunitario en Macondo. Ya compartí unos mates con Úrsula pero aún no he visto ni santo ni seña del coronel Aureliano. El primero de los Buendía sigue atado al árbol y yo abro puertas a hurtadillas por ver a Melquíades.

Esta mañana tomé la carretera de Pamplona a Bucaramanga, la ciudad de Maritza, compañera del camarada Fernando Morón. La ruta que une Pamplona con Bucaramanga y luego Pamplona hasta San Gil, es típico camino serrano. Curvas y más curvas. No hay opciones. Acá ni Mahoma vino a la montaña ni la montaña se fue a Mahoma. La montaña está ahí, firme e inconmovible, dura como su misma piedra. A veces la ruta se vuelve tan angosta, que en algunas curvas, cuando un camión me enfrentaba, yo me agachaba y me hacía chiquitita -más chiquitita- adentro de la burbuja, para que el camión amenazante no me aplaste. Como no hay opción, por esta ruta, pasa todo el tráfico necesario hacia Bogotá de norte a sur y viceversa. Es concurrida y lenta. No se puede ir prácticamente a más de 60 km por hora, por un lado por la secuencia de curvas, por otro, porque uno queda chupado atrás de un camión de carga y no es posible rebasar.

En Bucaramanga, ciudad grande, me extravié entre los bocinazos y las avenidas y volví a encontrarme en la autopista que en breve se resumió otra vez a una angosta senda pavimentada pero irregular.

Y se acabó lo que se daba. Se acabó la gasolina venezolana y hubo que sacrificar una puntada ovárica y cargar 40mil pesos! 20 dólares! Ay! También reaparecieron en escena los peajes, hoy fueron dos de 6000 y uno de 4000; Y…

la policía!

Me pararon, los soldados, para requisar el vehículo. Abrimos el baúl, miraron y toquetearon los bártulos y nos entretuvimos con la charla, el viaje… la travesía… uno de ellos quisiera hacer un viaje de este tipo, así que me preguntaba cosas, acerca de los caminos, las dificultades, el embarque y siga su ruta. Feliz viaje! me dijo con una sonrisa y por suerte, no me pidió papeles.

El paisaje, durante todo el trayecto, es impresionante. La cordillera muda de abrigo según la altura y la humedad. Hay tramos desérticos, de ocres, lilas y caobas, de los que de repente brotan los múltiples verdes. Se viste y se desviste, igual que la gente que bordea el camino con sus ponchos de lana o sus escotes.

Vuelvo al corredor de Macondo, hay una ventana abierta al cielo, impecable para unos mates en la hamaca anaranjada.

Villa de Leyva, 20 de enero de 2010

Llego cantando con Soledad Bravo, a viva voz y lágrimas en los ojos, la era está pariendo un corazón, no puede más, se muere de dolor, y hay que acudir corriendo pues se cae el porvenir. Hay que acudir. Lo grito.

Valle de Leyva es lo más pintoresco que he visto en Colombia, es un pueblo de mentira con gente de enserio. Un pueblo donde me gustaría sentarme en una mecedora a tejer en lana cruda, detrás de un ventanal con malvones, sin que se me ocurran esas inquietudes constantes, de como sigo cantando con la canción, dejar la casa y el sillón, pero, la madre vive hasta que muera el sol y hay que quemar el cielo si es preciso, por cualquier hombre del mundo. Por eso me niego a quedarme en este pueblo blanco, bajo un cielo que a fuerza de no ver nunca el mar se olvidó de llorar y en cuyas callejas de polvo y piedra por no pasar ni pasó la guerra, sólo el olvido y YO, como ustedes escucharán, larlalalá! sigo cantando y andando mientras canto y así será, hasta la victoria.

Pero volviendo, Villa de Leiva, para hacerle una visita, vale la pena. Para llegar acá hay tres peajes de 6mil pesos cada uno, desde San Gil; la ruta es montañosa pero no tan escarpada como desde Cúcuta a Pamplona y de Pamplona a San Gil, la ruta está bien, es angosta y de montaña pero en bastante buen estado, exige una velocidad máxima de 80km por hora y desde San Gil toma unas tres horas. Por suerte todavía acuño víveres venezolanos, acabo de saborear media lechosa gigante y dulce. Llegué con la idea de acampar, pero visto y considerando que no encontré el camping que aconsejan en la guía de Lonely Planet y que autita empezó a rezongar por las calles empedradas, empedradas al cien por cien, nada de adoquines, piedra sobre piedra irregular, al final me quedé en la posada Colonial que también recomiendan en la guía como barata y buena y me parece buenísima.

Manizales, 21 de enero 2010

Larga la carretera. Más que larga con complicaciones y demoras. Agotadora. Agotadora porque tiene más curvas que Isabel Sarli -y que Raùl Gaido juàjuàjuà y que Maria Rotundo- y ademàs, agotadora porque tiene tantos peajes que en un dìa de viaje se agotò mi fondo planificado para tres o cuatro dìas. Una barbaridad lo que cobran, encima la nafta. No se consigue la «extra» (super) en todas las estaciones de servicio. La extra està costando 8700 pesos y pico el galòn.

De peajes juntè los papelitos, no tengo ganas de hacer la cuenta, pero a grandes rasgos desde Valle de Leyva hasta Manizales hay ONCE PEAJES!! Cada uno cuesta entre 6000 y 7000 pesos y son como 500 o 600 km en total los que hice hoy y que me tomaron DIEZ HORAS!! (Extraño a Venezuela, Venezuela bendita y gratis)

Entré de forma equivocada a Bogotá, perdida durante un rato y pèrdida de tiempo. Lo que aconteció fue que pregunté a un don señor por dónde tomar la ruta a Manizales y me dijo que en el Puente del Común tome a la derecha y después siga recto y después por ahí había una curvita y tenía que pasar por abajo de otro puente… entonces yo iba muy atenta, buscando el Puente del Común, que fue más o menos como decir, en la casa del conejo de Riva y peor porque lo del conejo hasta debe tener letrero, pero bueno, era un santo y seña muy particular el del puente del común, no como para ponerlo con mayúscula, así que yo lo re pasé de largo y cuando quise acordar tenía un cartel adelante que me decía BIENVENIDOS A BOGOTÁ DC. Noooooo!!!!!!! Pero salí. Fue re cómico porque me metì en un peaje que no me tocaba y cuando averigûé y como ya estaba ahì en la caseta, me bajè del auto y le pedì a todos los autos de la cola que por favor dieran marcha atràs y se corrrieran porque yo le habìa errado fiero y ni en DOPE iba a pagar un peaje demais. Asì que armè un kilombo bàrbaro en la ruta, los que venìan llegando que tocaban bocina y yo dirigiendo el trànsito, juàjuàjuà!!!!!!

La ruta entre Bogotà y el cruce que bifurca Manizales o Medellìn, hasta ahì es insoportable, una cola de camiones y colectivos y gente y un caloooorrrrr… despuès se calma un poco, pero le daba y le daba, a 40 y hasta 60 km por hora, màs no se puede, y Manizales no llegaba nunca, y yo me preguntaba la concha de la lora, dònde queda Manizales y una voz conocida que me respondìa, tranquila Marìa, ya estàs por llegar.

Lleguè casi de noche y empecè a buscar el Mountain House. Estacionè y cuando lleguè a la direcciòn que da la Lonely Planet, cerrado. Unos pibes me explicaron que se mudò y còmo llegar y acà estoy. Es en la Calle Larga, a tres cuadras de la Zona Rosa. Un barrio residencial, el Mountain House una masa, re lindo. Tenemos internet, desayuno incluido, cuesta 10 dòlares, y duermo en un dormitorio comunitario con dos muchachos que aùn no tengo el gusto de conocer pero acà estoy rodeada de unas chicas argentinas de Catamarca y Tucumàn, muy divertidas. Mate que da la vuelta.

Afortunada, porque ayer, en el Colonial de Valle de Leyva, estuve haciendo de las mìas, changa, le tirè las cartas a la gente, por lo que guste cooperar, a las gringas les cobrè un fijo en dòlar y bueno vamos zafando viteh.

El camino es alucinante. La montaña cubierta de un verdìn casi todo el tramo, las montañas paren entre sus laderas abiertas màs montañas, el atardecer fue indescriptible, los picos irregulares, naciendo sombreados en la bruma,la bruma que se diluye en la luz, hermoso. Esta es la ruta del cafè y los lugareños son tan simpàticos que hasta parecen venezolanos. Es otra onda, creo que me caen mejor los colombianos de este lado y aunque dicen que Manizales tiene pocas bellezas que ofrecer porque sucesivos terremotos la han destruido, yo hace un rato salì a comerme un maicito y me parece que es una ciudad interesante, asì que mañana, con màs luz, darè mi veredicto particular y acompañarè de algunas imàgenes.

Tengo un amigo saltimbanqui, es argentino, tiene una escuela de circo y acrobacia en La Plata.

Esta mañana, paseo por Manizales, ciudad de medio millòn de habitantes, habitantes simpáticos, gente activa, piola. Ciudad castigada por terremotos, reconstruida una y otra vez. Luce bien. Mucho trabajo artìstico en las calles.

Descanso y tomo mates como si estuviera en casa en el Mountain House. Planeo seguir mañana, de proa al sur.

Ah! Novedad. La gasolina extra aumentò, 8999 el galòn y encima es viernes que no se pueden tirar las cartas… y buè, habrà que salir a bailar a la calle con Matìas.

Popayán, 23 de enero de 2010

Ciudad blanca blanquìsima, erigida en las postrimerìas del siglo XVI. Casa altas y faroles. El paisaje cambia de olores. Se respira azùcar en su estado primigenio. Huele a dulce el camino. Los camiones pasan con cuatro, cinco y hasta seis acoplados cargados de caña. Los ùltimos acoplados se bambolean, ay mamita querida, si se nos cae uno encima…

Arranquè en la mañana desde Manizales, perfectamente, temprano. En las rutas de Colombia hay carteles, buena señalización, no me perdì, pasè por Cali y me entusiasmè en varias rectas, pensè que a ese ritmo llegarìa a Pasto, a dos horas de la frontera con Ecuador, pero lo bueno dura poco. Las montañas volvieron a parir laderas entre sus piernas de riscos y otra vez las curvas. Me detuve en Papoyàn, segùn era el plan.

La ruta fueron màs o menos 700 km. Gasolina, tanque lleno, 70mil pesos, què dolor… y peajes, DIEZ!!! De entre 6500 y 9500 pesos. Una guasada. La ruta està bien, pero voy a tener que empezar a hacer tiradas extras, jijiji.

La cana me parò dos veces. Con el primero casi entro en conflicto. Querìa plata. Me pidiò los papeles y los que le mostrè le parecieron bien… pero me pidiò otro, un seguro SOAC o algo asì. Al final lo convencì, ya me recorrì toda Colombia y nunca me pidieron eso asì que no me joda Don OFICIAL. Zafè. Con el segundo fue màs fàcil, charlamos del viaje. Odio que me paren. Pero buè. Acà estoy. Respirando azùcar y tierra hùmeda porque empieza a llover, en un hostal, dormitorio comunitario, con agua para el mate, y ganas de comer algo sòlido que no sean galletitas. Todavìa tengo galletas venezolanas y mangostinos nutritivos, un manjar.

Mañana, si la estrella y el viento nos acompañan, seguimos cantando a viva a voz en el camino, hacia el sur, quizàs con escala en Pasto, cada vez màs cerca de Ecuador, donde ansìo abrir la sonrisa pura y sincera, atarme el pelo en dos trenzas y estrechar camaradas.

La casa con ruedas (México-Argentina en auto ) Ecuador

Ibarra-ECUADOR!! 24 de enero de 2010

RReQueteBien TODO. Estoy en Ecuador. Como estaba ilegal en Colombia me hice la boluda y no paré. No me detuve. Miraba la nada y seguí y seguí hasta que vi un cartel que decía BIENVENIDOS A ECUADOR. JOYA!!!

Del lado de Ecuador, yo en el autito, día tranquilo domingo y la poli me dijo pase… pase… pero yo le dije que necesitaba un permiso de aduana para entrar el coche, entonces me indicó dónde era la oficina. Primero fui a la de migraciones, me sellaron entrada a Ecuador, me preguntó el oficial si ya había sellado salida de Colombia, sí, le dije con una sonrisita; entre tantos sellos raros en el pasaporte no se tomó la molestia de buscarlo, ni le incumbre, total ya estábamos en Ecuador y de Colombia ya salí hace raaato, antes de ir Venezuela. Ahora estoy, oficialmente, en Ecuador y sigo estando en Venezuela y todos esos días que estuve en Pamplona, San Gil, Valle de Leyva, Manizales, Popayán, no sé cómo, pero no estaba en Colombia -según consta en actas- aunque dichas ciudades queden en Colombia. Es todo muy cuántico, la física de las infinitas posibilidades.

Aconsejo, a cruzar fronteras y transitar rutas que se dirigen hacia las fronteras los domingos. Yo no pensaba llegar hasta Ecuador hoy, me habían dicho que ponía más de 5 horas hasta Pasto, que es aún Colombia, más dos horas más hasta la frontera, más después llegar a una ciudad de Ecuador, dos horas más a Ibarra. Hoy, pienso que por ser domingo, me llevó mucho menos. Solamente hubo un lugar en la ruta con cola de camiones, el resto ma garuó finito.

En la aduana de Ecuador estaba esperando a los jefes que se habían ido a comer, mientras me degusté unos mates. Como después de los mates seguían comiendo tranquilamente, fui a buscarlos. Me disculpé. Fueron geniales. Hasta nos hicimos amigos. Duval y Carlos, dos tipos muy gauchitos, nada de escalafón, sencillos. Charlamos, me pasé un rato tomando mates con ellos, hablando de otro argentino que se dejó ahí olvidado el pasaporte, así que anoté los datos por si lo encuentro en el camino y el celular de Duval para que en todo caso se lo envíe por paqutería. Gente que me cayó re piola la verdad.

Estoy feliz. Un suspiro salir de Colombia, no porque sea feo, tiene mucho para ver, disfrutar, apreciar y aprender, pero uno se siente amenazado con tanta presencia militar camuflada o semi camuflada en todas partes, o será que una tiene cola de paja, vio? Y estrella roja. Encima andaba sin papeles.

Esta mañana saliendo de Popayán me pararon una sola vez, me pidieron los papeles, le di la mescolanza que cargo desde antes, desde Cartagena, y el tipo estaba re dormido, me dijo en joda, argentinaaa boludaaa, así que desde ahí, en todos los retenes yo no percibí ninguna seña de «deténgase», iba como una boludaaa mirando la nadaaa.

Otro dato a tener en cuenta es que la gasolina -acá hay extra y súper- y la súper cuesta 2.10 dólar el galón, o sea que es mucho más barata que en Colombia que costaba 9000 pesos, 4.5 dólar el galón, digamos que la mitad, no? De este lado pagué un peaje, 1 dólar. Ahora voy a ver el tema morfi, que en todo el día estuve a mate, galletitas venezolanas y mangostinos.

Las fotos que acompañan el presente relato son de ayer, de Popayán y algunas de la ruta de hoy. Aún no hago una salida fotográfica por Ibarra, pero acá estoy, libre como el viento, de brazos abiertos a los Andes, de corazón abierto al pueblo de Ecuador. Ya contaré más.

Otavalo, 25 de enero de 2010

Otavalo. La Plaza de los Ponchos. Los mercados. Los hombres de pelo largo, no porque sean hippies sino porque asì lo llevan desde hace mucho màs que quinientos años. Azabaches melenas lacias, ojos de mirada profunda, inquisidora o intuitiva, esas miradas que saben màs allà de lo que simplemente se ve. Me gusta esta gente. Las mujeres vestidas de falda larga, faldas dobles, claras por debajo, oscuras por arriba. Un hombro cubiero de un paño tejido, o un poncho. Elegantes. Los hombres, los sombreros de franela, muchos usan una trenza larga y delgada. Todos calazan una especie de sandalia semi abierta o semi cerrada que parece ser comodìsima y todos son amables y lindos.

Las montañas rodean la ciudad y la bruma baja con la tarde.

Otavalo està a pocos kilòmetros de Ibarra donde dormì anoche. Allà hablè bastante con Hugo, el chico del hotel. Tomamos mates. Comimos bandeja paisa, arroz, frijoles, plàtano frito, ensalada, huevo frito, carne de chivo, aguacate, todo junto. Abundante. Hoy comì tamales en la calle. Riquìsimos. Baratos tambièn. Un tamal cuesta 35 centavos de dòlar. Facturas, 20 centavos de dòlar. Ecuador es barato. Las artesanìas del mercado son preciosas todas y accesibles. Hay mucho tejido de alpaca, tan suave… La gente aparece tranquila, muy afable, simpática, agradable y hay turismo, pero no parecen alterados por eso, ni cargosos, ni careros, hasta ahora la vida en Ecuador es maravillosa. Veremos què pasa en la capital. Necesito ir a Quito, aunque no me guste detenerme en las grandes urbes, esta vez, Quito, me detengo. Tengo que visitar a Rafael.

En Otavalo paro en un hostal que cuesta 5 dòlares. Tengo cocina arriba, al lado de la terraza, para calentar el agua, està bueno. Hay otros viajeros. Nos vamos cruzando. El otro dìa, en Popayàn encontrè a dos chicos de Australia con los que habìa estado en la hosterìa Wunderbar de Puerto Lindo. Compañeros del camino. Porque nos seguimos moviendo nos seguimos encontrando, y es una experiencia rica, divertida, muy agradable. Feliz.

Quito, 26 de enero de 2010

Nadie deberìa morirse sin conocer Quito y, si alguien en sus cabales y con posibilidades de viajar a Quito no lo hace, entonces deberìa considerarse un pecado. Tanta magnificencia. Estoy soprendida. Me paro en las esquinas, me apoyo en un poste o en una fachada a ver la vereda de enfrente, la cuadra en diagonal, giro sobre mi eje, la otra cuadra, no puedo dejar de fotografiar 360 grados. Anonadad.

Estoy en la mitad del mundo. Hoy traspuse el paralelo 0 e ingresè al hemisferio meridional, ya podrè dejarme guiar por la cuz del sur.

Esta ciudad es bellìsima, al igual que en Caracas florecen los centros culturales, no se puede creer!!! En el Centro Cultural Metropolitano, GRATIS, una exposiciòn de Goya!!! GOYA!! Por otras salas una exposiciòn de fotos de los diferentes estados de Brasil que no recorrerè en este viaje, junto a ls fotos, la historia de los quilombos reductos de libertad. En el mismo centro cultural, al igual que los infocentros venezolanos, bibliotecas, internet gratis, salas de conferencias. La abundancia y gratuidad con que se puede acceder a la informaciòn, ahì està todo!

El entorno, el paquetito -como yo lo llamo- es precioso, pero ademàs està el contenido y està le GENTE. Esta GENTE, debe ser escrita con mayùscula. He entrado en diàlogo con un puñado de quiteños esta mañana, en la calle, hablamos y hay de que hablar. Gente buena y ademàs interesante, gente que sonrìe, gente conversadora.

Creo que mi relaciòn con Quito fue amor a primera vista.

Entrè a la ciudad, la ruta entre Otavalo y Quito tampoco tiene desperdicio. Buena ruta, peaje 1 dòlar, gasolina no he vuelto a cargar, todavìa no baja la agujita, rinde. Lleguè a la metrópoli, ya habìa estudiado el recorrido de entrada y todo bien a no ser por el trànsito embarullado del casco viejo, autos que se entrometen por todos los wines, policías de trànsito tratando de encarrilar la cosa y dos lìneas de trolebus que van de punta a punta sin contaminar el ambiente.

Al final la caguè porque me metì en un estacionamiento para buscar el hostal de a pie y al salir me mandè por unos tùneles y bueno fui a dar quièn sabe adònde, pero me reencontrè tras preguntar a un par de estas personas que se enganchaban a charlar conmigo y entonces paralizàbamos màs el tráfico que venìa atràs, por suerte no son jodidos, tienen paciencia. Pobres… ellos ahì y yo dàndole a la lengua ma sí pichi la mia nana era siciliana…

Estoy en la Posada Colonial, la autita adentro, ocupó el lugar de dos viajeros que venìan de Chile en una trooper que no arrancaba y echaba humo a rolete. En la Posada hay dos argentinos màs, mate que va, y el vidriero de enfrente, Gustavo, me va a tratar de conseguir yerba porque queda poca. En la Posada Colonial hay cocina para calentar el agua, mi habitaciòn es privada, enorme, con una ventana inmensa cubierta con una esterilla, adelante hay una sala comedor que da a otro ventanal bordeado de plantas, cuesta 6 dòlares. Recièn me comí un almuerzo completo por 1.50 dòlar, incluye sopa de arroz con carne, papa y choclo; pechuga de pollo con frijoles y ensalada y plàtano frito y un jugo natural de piña. Espectacular.

Anduve por el centro, quiero dedicar mañana a Guayasamin, sì Guayasamìn y la Capilla del Hombre!! No puedo creer estar viviendo todo esto este dìa con tremenda alegrìa. Faltò que saliera Rafael al balcòn, estuve en el Palacio de Gobierno, charlando con màs gente. Estuve en las iglesias que fueron construidas desde el año 1500 en adelante, destruidas por sucesivos terremotos y reconstruidas una y otra vez. La Compañìa de Jesùs, un espamo por el abuso, SIETE TONELADAS DE ORO fueron usadas en su decoraciòn. Estuve en los teatros, y en las plazas, y en las calles, y me gusta. Me gusta mucho Quito.

Quito, 27 de enero de 2010-Guayasamín a prueba de lágrimas

Cuando entré a la Capilla del Hombre y al primer paso me encontré con los rostros de América, automáticamente, sentí que algo se rompía debajo de la garganta. En un lugar del pecho que puedo precisar porque ahí está, pero con inexactitud podría explicar. Si me toco es por acá, pero es adentro, ahí algo se desencajó. Me quedé muda. y lloré.

Me detuve en cada obra, volví sobre ellas, intenté transportarme al alma de Oswaldo Guayasamín, tratar de llegar a entender la magnitud de su sentimiento de dolor, de su comprensión y su comunión con el dolor de los otros, que termina siendo el de uno mismo, para ser capaz de encontrar la verdad en los contrastes y las formas acuareladas.

Es una obra sublime. Un mensaje eterno. Una misión que concluye en cada uno de los que llegamos ante sus imágenes y quedamos encadenados a la ternura y con esa ternura seguimos caminando pero no somos los mismos, algo cambió ahí adentro y ahora hay algo más por hacer.

De pie ante esas obras que hablaban mientras yo me quedaba muda, pensé en Fernando García Curten, en Jorge López, en ellos, nacidos con almas parecidas a la de Oswaldo Guayasamín, dueños de un secreto que no pueden revelar en voz alta o con palabras concretas pero que nos traen a nuestras almas a través de su trazos, de sus pinceladas, de su locura, en su desesperación tienen algo que decir, pero que no es decir con una explicación, una secuencia de palabras ordenadas en su sano juicio sintáctico, porque también está en nosotros, los que vemos desde el otro lado, la tarea de descifrar ese enigma y entenderlo cabalmente. Dispersos en diferntes lugares físicos del planeta, hay algo que nos mantiene en un mismo lugar, el mensaje, la intención, la misión, cada uno tratando de de ser fiel a sí mismo y al universo, hebras tan delgadas, delgadísimas, invisbles y presentes.

Hoy es un día conmovedor.

Anoche llovió. Llovió desde la tarde, y yo, con esa ventana enorme mirando al Panecillo sacudirse el aguacero desde la loma. Tomando mates. Leyendo. Escribiendo.

Esta mañana temprano, después de los mates y de charlar con Jaime , dueño de la posada, hice un recorrido por sitios de interés histórico, por plazas, por la Alameda con su observatorio astronómico, el Parque del Ejido, por edificios que arquitectónicamente merecen una visita, no dejo de hablar con la gente, ni de comer, todo es tan rico y accesible y la GENTE!

Y como si fuera poco, sucede que no voy a pagar el hospedaje. Cuando llegué, antes de ayer, Jaime estaba apurado y no podía atenderme. Su esposa, médica, lo llamaba para decirle que fuera a recoger a Michael, el niño, en la escuela. Jaime me atendía a mí y a los viajeros que se iban. Yo le ofrecí que si querçia yo iba a la escuela a buscar a Jaime, y él, viendo mi buena disposición o que le inspiré confianza, me dejó ese rato a cargo del hostal miesntras iba a buscar a Michael. Ahora, cuando Jaime sale, yo me quedo a cargo de la Casa Colonial y de Michael que es divino. Esto hace que me dé alojamiento y comida gratos. Igual no es cara en la calle, pero estoy acá, como en mi casa. Y qué casa!

Hoy tomé el trolebús hasta Bellavista y de ahí a caminar, en subida, hasta la Capilla del Hombre. Como broche de oro, pararme debajo de las ramas del árbol acogedor de la vida del jardín de la casa del propio Guayasamín. Cerrar los ojos. El árbol habla, me habla, y yo, que sigo muda, lloro otra vez.

Tengo más fotos. No puedo subirlas, está lento. Tienen que verlo, tienen que verlo ustedes mismos; decirlo, contarles, las fotos, no es lo mismo, es ESTAR AHÍ. IMPRESIONANTE.

El cielo plomizo. Iré a mi casa en la posada Colonial, hay dos chicos argentinos, Pilar y Marco.

Guayasamín, Guayasamín, ay, ay, ay, ser capaz de pintar, qué poder, qué chiquitita soy en esta tardecita ecuatorial.

Baños, 28 de enero de 2010

Me tuve que pellizcar más de una vez y no, definitivamente no estoy soñando.

Estoy en Baños, Baños de Agua Santa, así se llama este lugar. Esta mañana di una vueltita de adiós y hasta pronto por Quito. Después de varios días en que lo cotidiano se me hizo familiar conviviendo con Jaime y Michael a quien cuidé durante unos días, cuesta más soltar amarras. Además, Qué lindo es Quito, qué lindos los quiteños, QUÉ BELLO ES ECUADOR!

En esta ciudad que fue evacuada varias veces por erupciones volcánicas, yo floto, giro sobre mis pies, sigo flotando, rodeada de volcanes que se pierden entre las nubes y las nubes que se mezclan y se funden con el humo, fumatta blanca, fumatta y fuga, cerros, cascadas que se vuelcan por los recovecos de la roca, se escucha el agua, se huele.

Como si fuera poco, no digo más, vean las fotos… cha cha chaaaaaaannnnnn…

No se puede creerrrrrrr Taragüííííííííííííí

Estoy en una posada preciosa, llena de plantas, tan cálida, tan acogedora y cuesta 5.50. Comparto dormitorio comunitario, todos hombres, unos chilenos re simpáticos que se van para Iquitos aunque no saben cómo, me invitaron a comer y yo los invité a tomar mates, lo que abunda no daña. Voy a hacerles una reseña de Iquitos, y a escribir una carta a Olsen, Mecha… Gastón, Jaime… nuestra familia amazónica.

Riobamba, 29 de enero de 2010

Amaneció con llovizna y bruma espesa en el Tungurahua, el volcán tronó varias veces desde la tarde de ayer, gruñía como si tuviera dinamita en las tripas, la tierra se sacudía y las cascadas lloraban de la risa.

Tomé unos mates en la cálida cafetería de la posada mientras escuchaba la discusión de las empleadas acerca de una nueva ley que otorga más días de vacaciones a los trabajadores. Se ve que no estaban acostumbrados a estas medidas porque decían que creían haber escuhado mal, que les parecía muuchoo, ja ja QUÉ BUENO!

Con rumbo al sur me adelanté a Riobamba, acá tengo al Chimborazo, el volcán que por estar de pie en la panza del planeta se eleva en la estratósfera más que ningún otro. Riobamba es una ciudad movida, con casas coloniales que se mezclan con lo moderno, hay un mercado donde venden «horneado» cerdo asado, mmm, estaba para chuparse los dedos, hay varios parques y una fiesta en la plaza de la catedral donde tocaba la banda sinfónica del estado de Pichichincha.

Mucha gente linda. Aires coyas, voces quechuas, gente tranquila, simpática, afable.

Ruta con múltiples ingredientes la de Riobamba hasta aquì, de entrada, en la altura y temprano en el alba, la niebla se acentuaba, no se veìa ni lo que se hablaba. Hacía un frío húmedo y helado. La ruta hasta ahì estaba en buen estado, afotunadamente no se registraban pozos ni superficies rugosos, un billar como le dicen. Después, con el descenso de la montaña, cedió la niebla, pero -siempre hay un pero- empezaron los desvìos. Estàn construyendo rutas nuevas, reconstruyendo caminos dañados y habìa un desvìo a cada rato, para cualquier lado y no siempre indicado, sòlo para entendidos, asì que tuve que preguntar mil y una vez para ir reencontrándome a medida que me tocaba pasar por terrenos sospechosos, de piedra, barro, suelo resbaladizo. Choto. La autita està toda roñosa. Después venìan los tramos buenos de la ruta, los peajes de 1 dòlar y despuèszona de pzos, caì en dos, la puta. Me revienta ir atenta a los huecos para esquivarlos y que se me cuelen esos dos.

Llegamos a Machala, es una ciudad calurosa, ruidosa, caótica, la capital internacional de la banana. Se regalan bananas.

Tilcara a Calilegua, de la Puna a las Yungas

La travesía de Tilcara a Calilegua tiene de fascinante lo que demanda de esfuerzo físico y buena voluntad, sobre todo los primeros días. La recompensa se revelará poco a poco y a cada paso hasta volverse indescriptible y única. La transformación del paisaje casi violenta, transformación abrupta y típica del altiplano, aquí como en Bolivia, prolongándose y mutando en una Puna sin fronteras políticas. Los primeros días de este sendero significan elevarse a un estado de embotamiento por la falta de oxígeno, estado en el que no es infrecuente perder la calma, entrar en crisis. El relieve y el clima nos enfrentan a una prueba difícil de vencer. El sol castiga. La sombra es poca. La altura es inconmovible. El paisaje se vuelve soberbio y nos desafía con contrastes que vencen cualquier resistencia al esfuerzo. Es en este tipo de paisajes que se funden desde la altura en la selva subterránea, en los que la uniformidad de las montañas suele enloquecer y la roca, secular y dura, vetusta y firme, imponente, parece sin embargo flamear como un arco iris de colores, y adoptar la cadencia de trazos y textura de acuarela. El Altiplano, la Puna, en su desfiladero hacia las Yungas, es la paleta añeja de la naturaleza. Quizás cuando todo estuvo pintado fueron a parar aquí todos los restos y por eso hay líneas delgadas amarillas en fondos bordó, pinceladas gruesas escaramujo, faldas de verdes frescos con flecos grises y tablones lilas, cintura violeta, brazos azules, volados rosas, cintas terracotas que ondean en un océano profundo, húmedo y esmeralda. Pero es indescriptible y sólo al poder recorrerlo, de a pie, siendo parte uno mismo del paisaje, puede comprender lo que a decir de palabras resulta incomprensible. Puede asirse la imagen a medida que se iza o se arrea la altura. Puede asirse para siempre. Ser parte de ello. Ser entonces del paisaje y el paisaje de uno. Sólo hay que caminarlo, andarlo con el respeto y la paciencia que exige tanto contraste. Vamos por partes.

Empezaremos nuestro recorrido en Tilcara. En esta oportunidad, para llegar hasta allí, tomamos un avión desde el aeroparque de Buenos Aires. El precio a Salta, ida y vuelta, fue de 2500 pesos argentinos, en ese momento equivalentes a 165 dólares. El costo del vuelo resulta menor que el precio de los autobuses. Llegados a la ciudad de Salta, salimos del aeropuerto y a 200 metros llegamos a una ruta por donde pasan los transportes locales que nos llevarán hasta el centro de la ciudad. El transporte colectivo funciona con una tarjeta como la SUBE, no tenemos pero un pasajero nos hace el favor con la suya y le reintegramos los pasajes. Demoramos cerca de una hora hasta el centro. Bajamos cerca de la Terminal ya que tenemos planeado tomar el bus hacia Tilcara. Son 3 horas 40 minutos de viaje. Llegamos a Tilcara de noche madrugada, preguntamos por el camping. Hay carteles que señalan cómo llegar. No es muy lejos de la terminal y, en breve, dando unas vueltitas por callecitas de tierra, llegamos al camping El Jardín. Hay dos campings pegados, dicen que de la misma administración. Este cuesta 70 pesos argentinos. Estamos en el mes de noviembre, no es temporada alta y el lugar está medio descuidado pero con suficiente y más para nuestras necesidades. El baño con duchas de agua caliente, buena arboleda, algunos charcos que delatan que ha llovido, mesas y bancos, fogones y parrillas, y algunas luces. A pocos metros hay un establo donde una yegua acaba de dar a luz. Detrás corre el río Grande.

Día 1 de caminata, de Tilcara a Casa Colorada

Arrancó la travesía. Apuntábamos en nuestro itinerario ir hasta Huaira Huasi. Es humanamente imposible con carga. El primer día de esta caminata es mucho más duro que lo que Tilcara augura. Si bien vamos con el andar tranquilo, pausado, el ascenso es continuo y la altura que ganamos nos va escatimando oxígeno a cada paso. Chicar coca no sólo ayuda, es prácticamente necesario para soportar el trajín del ascenso y los efectos de la Puna. Los lugareños hacen el trayecto hasta Molulo, mucho más allá de Huaira Huasi, en un solo día. El doble de distancia que nosotros pretendíamos hacer, y muchos van y vuelven en una sola jornada.

Desde la plaza del centro de Tilcara tomamos la calle Rivadavia y nos encaminamos a la Garganta del Diablo. Tardamos alrededor de una hora en llegar. En la entrada a la Garganta del Diablo hay una canilla. Es importante cargar agua al menos para dos horas más ya que, de aquí en adelante y hasta Casa Colorada, no encontraremos más. El sol es mucho. Es un sol que te corta en seco. Todo se suma a la fatiga. La subida, el sol  implacable. Nada de sombra. El sendero de a pie puede confundirse con una ruta para bicicletas. Es fácil equivocarse con GPS ya que los tracks grabados suelen coincidir con la ruta para bicis. En principio, a partir de la Garganta del Diablo, enfilamos rumbo al pueblo de Alfarcito, pero el sendero de a pie no pasa por Alfarcito, va por arriba del pueblo. Apenas se vislumbra cuando estamos a punto de equivocarnos. No hay que bajar a Alfarcito, hay que subir una colina e ir rumbo a la escuela. El sendero no está señalizado y como desde el principio vamos por un camino ancho, la distracción nos puede confundir a que sigamos por éste hacia Alfarcito. Prestar atención porque antes de ver el pueblito el camino ancho se bifurca y hay que tomar un sendero angosto que va prácticamente delante de nuestros pasos. No tomar a la izquierda. Seguir derecho. Hay pocos lugareños, pero en todo caso, preguntar y usar “la escuela” como referencia.

Desde aquí hasta Casa Colorada hicimos un parate en la única sombrita que encontramos durante el trayecto. Vimos un arroyito también, escueto y pobre pero que sirvió para salivar unos sorbos de agua.

Pasando Casa Colorada, a 2 horas 40 de la Garganta del Diablo con paso tranquilo, llegamos a una hostería bastante lujosa. Como es baja temporada está cerrada. No hay nadie en los alrededores pero hay agua! Aleluya! nos servimos y volvemos a descansar. Durante el descanso, la mitad de los caminantes del grupo manifiestan dolores sintomáticos del mal de altura, apunamiento. No podemos continuar, así que buscamos un lugar prudente alejado de la construcción para no molestar, y cerca, justamente, de una caidita de agua. Armamos nuestro campamento y más tarde, el encargado, Reynaldo, tras rogarle y suplicarle acepta que pernoctemos allí bajo promesa de dejar todo igual que como lo encontramos y levantar campamento con las primeras luces del alba. Está prohibido acampar allí. Aquellos caminantes que se encuentren más o menos enteros podrían abastecerse de agua en este sitio y continuar una hora y media más hasta un caserío de piedra, construcciones precarias y derruidas donde sí está permitido pernoctar, aunque agua, no hay. Media hora más delante de este viejo caserío vamos a encontrar agua pero la altura no será la más conveniente para pasar la primera noche durante la travesía.

 

Día 2 de caminata, de Casa Colorada a Huaira Huasi

El camino continua en franco ascenso con efectos secundarios. Indispensables hojas de coca. El día es menos caluroso. El paisaje desértico, sin sombra. Arrugas añejas en la corteza del planeta. Cruzamos algunos caminantes, lugareños que se desplazan de un caserío a otro, al trabajo, a otro pueblo. Los maestros del Durazno, a quienes topamos varias veces. Su escuelita está en la zona de Yungas. Un día de a pie.

Poco después de dejar Casa Colorada pasamos por el caserío de piedra derruido, y un poco más adelante por el río caudaloso con su puente de madera, un lugar ideal para echarse un buen descanso. Se siente la frescura del agua, hay un poco de sombra. Podemos beber, recargar las ánforas, refrescarnos, dejar que el cuerpo se acomode un poco a la altura. Es bueno y necesario descansar aquí. Pocos minutos después aparecerán unas pampas, con el curso del río mediando. Un lugar que pinta lindo también para un pic-nic o campamento si nuestro cuerpo se banca esa altura. A poco de pasar por este plácido lugar, llegaremos a la parte más alta de la travesía, entre 4165 a 4200 metros. Quizás no signifique nada exagerado la cifra en sí, pero hay un área, el área de Puna, donde está la altura máxima y es una ancha planicie donde el oxígeno escasea, se esfuma, desaparece del aire. Es difícil respirar. No hay oxígeno en el aire. El área está señalada con una cruz cubierta de flores. Se llama el Abra de la Cruz o el Paso Cruz Alta. Es recomendable no frenar. A pesar de la incapacidad del cuerpo, la mente debe forzarnos a continuar dando pasos para salir cuanto antes de esa zona. No nos tomará mucho tiempo y es mejor para el cuerpo, la salud, para sentirnos bien, no frenar. Llegaremos a un cruce de arroyos encajonados, en un lugar protegido contra el viento, con un poco de sombra del terraplén. Otro lugar que invita al descanso y que se merece tras haber salvado con éxito la zona de puna.

El paisaje empieza a mutar, a ablandarse un poco, a presagiar su esplendor, esa mezcla enloquecida de amarillos verdes, violáceos y rojizos. El camino nunca es plano, sube, baja, da vueltas; ya no cruzamos más lugareños. Hemos andado casi 6 horas y aún no vemos ni por asomo un techito que nos haga sospechar el caserío de Huaira Huasi. No tenemos mapas ni GPS, sólo llevamos algunas notas. No hay nadie a quien preguntar. No sabemos cuánto falta. En eso, tras un recodo de la serranía vemos una casita por allá adelante y un poco en descenso. Uno de nosotros se aproxima, no hay pobladores pero hay agua. Agua que sale de una manguera ancha conectada a alguna vertiente. La casita está cerrada. Acampamos afuera, alrededor, hacemos nuestro fogón y nuestra cena. Hay agua y la noche no puede ser más infinita. En el cielo estrellado por demás, interrumpido por estrellas fugaces que lo rayan olímpicamente, suben y bajan luces sospechosas de diferentes tamaños. OVNIS.

Llevamos dos días de caminata y aún no hemos llegado a Huaira Huasi, destino del primer día. No lo sabemos, estamos a menos de media hora del lugar.

Día 3 de caminata, de Huaira Huasi a Molulo

A veinte minutos de salir del rincón quasi mágico donde hemos pernoctado, nos encontramos con la abrupta y enorme cascada de Huaira Huasi que cae y desagua cada vez con menos fervor hacia las laderas que rodean al pueblo. El pueblo es un reducido caserío con muchas más ovejas que casas o pobladores. El suelo está punteado de blancos y algún que otro lunar oscuro, la oveja negra. Es la típica postal. Una imagen bellísima entre la paleta desechada en el paisaje. Los contornos irregulares de las montañas, el valle del Huaira Huasi tan húmedo y verde como un oasis a la piedra rosa y lila, los infinitos azules en la altura, los verdes aún más profundos en los enigmas de las montañas más lejanas. A pesar de haber salido apenas, nos detenemos un poco para extasiarnos y llenarnos de este paisaje. Contemplamos, cargamos agua fresquísima y pura de la vertiente y retomamos. El sendero es muy recortado, nada parejo. Sube y baja continuamente pero además no ofrece casi ninguna planicie donde echarse a descansar un momento. Es angosto y desparejo. Va faldeando una tras otra montaña, no da tregua. Tampoco nos da tregua el clima que se desata en tormenta. Cae granizo, llueve, vuelve a caer granizo tupido. No podemos parar. No hay espacio. Sólo podemos avanzar, bajo la lluvia o bajo el granizo, en una fila india rala, pero uno detrás del otro. No hay hueco ni cobijo. Hay que seguir. Paso a paso y chubasco tras chubasco.

Todo el día es así, mientras tanto, el paisaje es cada vez más verde, y el verde cada vez más profundo, casi azul según matice el sol o la bruma. Aquella roca hosca, lila y dura, cede ante la humedad y reverdece. Se desparrama por colinas eternas como una alfombra infinita. Rasgada de vez en cuando por la sinuosidad terracota de un camino, con la estampa de un rebaño o una casita allá lejos, adonde vaya a saber cómo, alguien ha llegado alguna vez.

Tras seis horas llegamos al cementerio de Molulo. El sendero que va hacia la escuela 76 es el que sale a la izquierda. Vamos hacia la escuela porque hemos leído que ahí se puede pernoctar, pero es un momento complicado, hay padrinos de visita, soldados que están construyendo algo en la escuela. La onda del maestro tampoco es linda ni interesante como la de los maestros del Durazno que hemos cruzado antes, Fabiola y Ariel, dos grosos. Hay gente de la comunidad en la escuela, haciendo cola para recibir donaciones; nos sugieren dormir en lo de la tal Carmen pero cobra carísimo y contesta de mal modo. Decidimos ir a lo de Felipa. Nos guía su yerno que anda rengo y con una muleta. No es muy cerca. Hay que caminar casi una hora más y meterse abajo en un pozo al que hay que llegar por una pendiente abrupta que deberemos remontar al día siguiente. Mala decisión dormir allí  o en cualquier otro sitio de Molulo. No hemos visto ningún lugar donde fuera posible pernoctar antes de llegar a Molulo, salvo cerca del cementerio. Lo más recomendable sería seguir, una a dos horas más. Cargar agua en Molulo y seguir  para dormir más adelante en alguna pampa.

Nosotros fuimos a parar a lo de Felipa. Su casa son tres construcciones desordenadas y sucias. Todo está tirado por cualquier parte. Encima llueve! Hay basura por doquier, ropa mojada, llena de lodo. No hay un hueco decente. Dormimos en la habitación donde secan el charqui. El olor es penetrante. Hay costillares y carne colgada en toda la habitación, incluso hay más entre las sábanas y cobijas que hay por ahí. Es sencillamente un asco, pero no nos queda otra que armar las carpas por ahí. Algunos dentro de la habitación del charqui, otro afuera bajo la lluvia y sobre el barrial y la mugre. Uno se adapta a todo, el olfato también se acostumbra al olor del charqui. El átomo desinflamante ayuda un poco a confundir los aromas.

Día 4 de caminata, de Molulo a San Lucas

Llovió toda la noche en Molulo y amaneció lloviendo y la mañana avanzaba pero las nubes y la bruma avanzaban junto con la mañana. Había que salir. Molulo y el lugar no invitaban a quedarse. La familia cocinó algunas tortillas de harina que algunos de los caminantes compraron y comieron con beneplácito y sin consecuencias. El fuego mata todo. Al final, amainó un poco, y bajo la garúa y bien empochados encaramos. No hay marcas. No hay ninguna señalización. Nos dijeron que antes habían pasado tres caminantes. Nunca los vimos, sin embargo, como el suelo estaba embarrado, no fue difícil seguir ciertas huellas de borcegos bien marcadas. El sendero sube y baja.  La tendencia es en bajada. Molulo está a 3000 metros, venimos de los 3500, y vamos hacia San Lucas que estará a 1800 pero antes deberemos ascender a 3500 para después volver a bajar. Llueve todo el día. No hacemos paradas porque no hay reparo. No hay. No hay pobladores. Seguimos las huellas de quienes nos anteceden con la esperanza de que lleven a San Lucas. De vez en cuando levantamos la mirada hacia el cielo encapotado y siempre, cada vez que levantamos la mirada, nos sorprende una planta o un insecto extraño. Cañas de tallos violetas con hojas verdes. Flores como calas enormes estampadas de animal print. Suculentas de flores verdes y hojas azules o rosas. Es como una animación infantil. Insólitos los colores de la mutación entre la piedra y la selva, entre la altura y la jungla. Entre la oquedad del desamparo y la frondosidad, lo seco y lo húmedo estallan con consecuencias poco creíbles. O era así o la el agua de lluvia de esta zona tiene efectos alucinógenos. Caminamos todo el día, más de 7 horas. Sin parar. Sólo a veces para esperarnos unos a otros. Nos caíamos. Varias veces. El lodo se acanala y es como caminar por ríos de fango, por aludes pegajosos de barro rosado o color ladrillo. Estamos hasta los pelos de barro rosa.

Llegando a San Lucas, el pueblito se ve desde antes y eso da un último aliento para seguir andando, una de las primeras moradas es la casa de Rufina y David Tolaba, un bálsamo para nuestra triste humanidad echa agua y jirones. Rufina tiene un par de habitaciones con camas cuchetas. Algo seco por fin. Nos cobra 600 pesos por todos, somos cinco personas. Compartimos con ella el calor del fogón y la charla mientras se secan nuestras cosas.

El fogón de Rufina está en el piso. Hecho de piedras. Leña encendida en el medio y una parrillita precaria. Apenas un par de alambres. La habitación es un cubículo de un metro por un metro, una especie de chimenea que no ha sido deshollinada jamás. Las paredes son negras y brillantes impregnadas de costras de carbón y cenizas. Del techo penden estalactitas de cenizas, cristales oscuros de anhídrido carbónico. Rufina es bajita, casi como un duende. Atiza el fogón todo el tiempo, mueve las ollas en las que sólo dios podría adivinar qué brebaje bulle. Hay que estar así como ella, bajitos, porque a menos de un metro de altura se sostiene la humareda. Arriba, casi invisible un hueco pequeño como un ojo deja escapar hacia afuera un hilo de humo. Rufina nos cuenta historias del lugar, de su vida, de su familia, de otros viajeros. Nos hace reír con sus ocurrencias. Rufina es espontanea, vivaz. Fuerte a pesar de los años y el trabajo duro de los huertos y el chiquero. No se amilana. Va y viene todo el tiempo de aquí para allá.

San Lucas es un caserío encantador, de tierra trabajada y casitas de colores que parecen sostenerse enclenques sobre los desniveles de las colinas. Un río transparente cruza al poblado sobre un lecho de lajas naranjas y lilas. 

Día 5  de caminata, de San Lucas a San Francisco

Inmersos en la selva y con un día que se ofrece casi despejado y nos sacude a descubrir la belleza.  Todo lo que ayer estuviera velado por la bruma y la lluvia constante se revela luminoso. El clima no es bueno del todo. Hay nubes que surcan como estelas el cielo y no son garantía de una jornada sin tormentas. Salimos sin demorarnos, por si acaso. La ropa no se ha secado. Aprovechamos los rayos del alba para asolear un poco. El calor se siente un poco más. Estamos más abajo. En medio de la yunga. La vegetación es increíble, se multiplica en cantidad y tamaño. Todas las hojas, todo el ramerío, ha recibió una sobredosis de hormonas, siliconas, vitaminas. Hay plantas iguales a los yuyos pampeanos pero en su versión gigante. Un yuyo de sapo de tres metros, una campanilla que podría usar de sombreo. Una rama de helecho capaz de servir de techo. Flores raras, exóticas en todo el sentido de la palabra. Nunca vistas antes. Imposible nombrarlas o compararlas. Son completamente nuevas a nuestros ojos y vivencias anteriores. Igual los insectos. Hay más hay muchos, inverosímiles, dignos de Tim Burton, de colores que no cuajan. Llenos de contrastes naranjas con negro, azules fluorescentes brillantes.

El camino entre San Lucas y San Francisco es bastante fácil y, aunque ha llovido, no está barroso. Cruzamos arroyos y cascadas, bajamos hasta el curso de los ríos y volvemos a remontar las laderas. Es un camino hermoso, riquísimo. Se siente el calor pero las sombra de la jungla es amable, es húmedo y hay agua. A cada ratito hay agua.

Salimos a la ruta 83. Una ruta de tierra que une Valle Grande con el Parque Calilegua. Caminamos hacia San Francisco y nos alojamos en el camping municipal por 50 pesos cada uno. San Francisco también es un pueblo con encanto. Aquí, como pasa la ruta de autos, es más fácil conseguir de todo. En el camping hay una parrilla que no desaprovechamos en absoluto y nos hacemos un asado delicioso. En el mismo camping hay dormis y hay duchas de agua caliente que tampoco desaprovechamos. Hay una galería con una mesa grande, un espacio acogedor.

Al día siguiente iremos desde aquí a las Termas del Jordán. Están a tres horas, bajando. Después hay que subir. Es un sendero muy sencillo pero que las circunstancias del lugar y la población exigen hacer con guía. Sólo por la cuestión económica, por el curro, ya que es de muy sencillo recorrido. Cobran 150 pesos.

Nos vamos al Parque Nacional Calilegua y aprovechamos unos días más para recorrer los senderos. En un día y medio se pueden hacer todos. Son sencillos, calurosos. Acampamos dentro del parque, gratis. Hay insectos que picotean y garrapatas.

Llegamos a Calilegua a dedo desde San Francisco, también hay un transporte que pasa una vez por día.

Desde Calilegua donde pernoctamos dos noches, salimos a dedo hacia Libertador San Martín. También hay un transporte. Vuelve a llover.

 

 

 

La casa con ruedas (México-Argentina en auto) Perú

Máncora, 31 de enero de 2010
Este lugar me encanta! Recién caminaba por la playa y me reía sola, me reía de alegría, de haber llegado hoy acá, de haber encontrado la posada, de haber podido armar mi carpa entre las palmeras, de que hace calor pero hay brisa y no me duele la cabeza.
Confieso que pasé tres días con un dolor de cabeza imbancable pero que sin embargo no me detuvo. Lo atribuyo a una deshidratación. No tomé suficiente agua en muchas horas de viaje, no sé exactamente en qué ramo fue, pero recuerdo que tenía mucha sed y se me había acabado el agua en el auto, la de la botella y la del mate y por no parar… se suma a eso el hecho de haber estado a más de tres mil metros de altura, pero ya. Tomé abundante agua potable y descansé lo más bien estos días y ahora estoy al nivel del mar. Chocha.
Acabo de comerme un cebiche y una milanesa de pescado, todo es de pescado y en el país de los soles, estos menús fijos, almuerzos, cuestan 7 soles. 1 dólar = 2.8 soles.
Cómo fue cruzar la frontera? No fue jodido como preanunciaba la Lonely Planet. Es domingo, no hay tráfico comercial, pero… je je, cuando me tocó sellar el pasaporte el hombre de migra Perú, detectó que no había pasado por la migra Ecuador a sellar salida. No paré porque no vi ningún desvío ni oficina ni ventanilla. Me hicieron volver. El lugar es fantástico en serio, nunca antes había pasado por una zona migratoria como esta. Está buena. Hay carreteras anchas, enormes puentes con jardines con flores en el medio. Crucé los dos puentes de nuevo y me di unas embarulladas entre los troncales que desvían para un lado y otro de las rotondas hasta que encontré migra Ecuador, por suerte no había mucho tráfico, sellé salida y volví a Perú. Bienvenidos a Perú.
Es más complicado que en otros países, pero zafa. Hay que pasar primero por la oficina de la poli, está ahí nomás. La poli verifica que una no sea un «buscado, se recompensará» y bueno, como todavía no me catalogaron por ahí, me sellaron un papelito, con ese papelito hay que ir a la ventanilla de migra entrada Perú, pero OH! Héte aquí que casi cuando me tocaba a mí y a otra gente que esperaba, el empleado de migra Perú dijo que su turno se había terminado y qué él se iba y que el relevo lamentablemente no había llegado. Bueno, dije yo, será que me tengo que volver a Ecuador… A los otros que esperaban los dejaron pasar para Perú, porque eran ecuatorianos y solamente venían a pasar el día. El poli que me había sellado llamó urgente un relevo y me dijo que en media hora llegaría, me pareció bien, así que me dispuse a conseguir agua para unos matecitos pero el relevo no me dio tiempo. Llegó y me selló. Una vez sellado, pasé por la aduana, otra ventanilla por ahí nomás y otro oficial me hizo el permiso para entrar y circular con la burbuja colorada. Todo genial. Encaré Panamericana al sur, entre una hecatombe de motocars, ver otra vez los motocars… qué emoción… qué simpáticos y qué quilmbo, salen de todos lados y andan por las rutas como pancho por su casa y sí, son pancho peruano por su casa. Me encantan, me recuerdan antiguos viajes, con los chicos y amigos peruanos, tan familiares. Panamericana y desierto, desierto, desierto y mar a mi derecha.
Llegué a Máncora, es un lugar de playa precioso, la construcción de cabañas y paradores es todas de bambú, caña y palma y estoy feliz de que me hayan hecho un lugarcito en el camping porque de entrada me habían dicho que no se podía porque ya había más de 4 carpas, pero la mía es tan pequeña que ahí está y sobra espacio. El camping tiene unas instalaciones muy cómodas, está frente al mar y tiene pileta, cuesta 7 soles y uno más para usar la cocina para calentar el agüita para el mate, 8.
Este es un lugar para tomarse unas vaciones. Pero yo creo que seguiré mi rumbo y disfrutaré este día y las horas que me separan del camino, a pleno, así que os dejo compañeros y camaradas.
Ah, me escribió el papá de Lori Berenson, es posible que pueda visitarla. Me da mucha felicidad. Ojalá.

Playa las Piedras, Pimentel, 1 de febrero de 2010
Hoy es el cumpleaños de mi mamá, lo hago público, cada día más joven la novia de Copello.
Estoy en un páramo, un oasis en el desierto. Playa Las Piedras, es un lugar elegido al sur de la Playa Pimentel que a su vez queda a 12 km de Chiclayo. Chiclayo no da para quedarse, al menos para mí. Es una ciudad caótica de esas en las que los motocars y los taxis y la gente aparece de la nada por todos los recovecos, tocan bocina, se cuelan por un costado y por el otro. Estando tan cerca del mar, a un paso, me vine para acá.
Armé la carpita azul, que aunque de lejos se vea como un tacho de basura, es una casita de campaña donde me siento a gusto, en mi casa. En este camping hay también chozas de palma y bambú, hamacas, lugares para fogón, cocina y es todo lindo ese reducto, pero yo elegí armar la tiendita. Mis vecinos son gringous y el ayudante del dueño, un viejo francés que se encuentra refugiado de la esposa.
Detalles técnicos de la ruta, cargar gasolina antes de encarar la ruta del desierto peruano, casi toco fondo. Desde Piura hasta unos kilómetros antes de Chiclayo no hay ni una sola estación de servicio a lo largo de casi 300 km. Cuando encontré una, solamente había kerosene, diesel y gasolina de 84 y 90 octanos, puse de 90. No había opción y no me iba a quedar en el camino. Hay gente que vende en bidones por ahí, pero no me resulta confiable.
Más detalles, es desierto, desierto por donde se mire, primero de piedra, después de arena. Hay pueblos de caña en medio del desierto, caseríos más que pueblos, todo mimetizado en el mismo color ocre. Cada tanto se ve el vaivén de una persona cruzar la carretera casi recta y abúlica, los espejismos confunden. No anda mucha gente. Recomiendan hacerla de noche, por la fresca, afortunadamente esta mañana salí temprano y no hizo demasiado calor. El aire acondicianado no lo uso para no forzar el motor y gastar menos.
La gasolina barata de Ecuador se acabó. Acá cuesta 11 soles y monedas el galón. 1 dólar = 2.8 soles.
Imposible subir las fotos, se las debo.
Van abrazotes!!!! Desde el Pacífico peruano.

Huanchaco, 2 de febrero de 2010
Huanchaco está a 12 km de la ciudad de Trujillo. Acampo. Me encanta acampar. Mi casa se desarma y se vuelve a armar seguido. Viene muy bien que en esta parte del desierto y la costa peruana haya camping, es más barato y más lindo. Este camping cuesta 10 soles. Un almuerzo, 5 soles. La gasolina en la carretera de hoy la encontré más cara, 14 soles el galón de la 95, pero no había, así que otra vez a poner de la de 90…
Mañana, el plan es ir a Trujillo a hacer un service y mientras tanto, yo, recorrer la ciudad. El contador de kilómetros marcó los 12mil desde que salí de Guanajuato. Vamos bien. El camino es lo mejor, amo estar en el camino, seguir andando.
Este lugar de playa, Huanchaco, es muy lindo, hay bastante turismo porque son vacaciones, hace calor, el mar es amplísimo, tanto mar.
Voy regulando, haciendo un poco de tiempo para llegar a Lima antes del sábado, el sábado son las visitas en la cárcel donde está Lori Berenson. Espero poder pasar esta vez, no me interesaba entrar a Lima. Imagino que manejar ahì debe ser un quilombo groso, ya que conducir en estas ciudades medianas, lo es. Los peruanos son bastante despelotados para conducir, creo que de los países que pasé es el que me obliga a estar más atenta, a cuatro ojos. Estuadiaré el plano y las avenidas que me lleven hasta el barrio Miraflores.
También voy investigando el tema de las rutas bolivianas… pregunto a otros viajeros… las lluvias… la corriente del Niño. Mi idea es desde Perú, Arequipa, Juliaca, Puno, Lago Titicaca, Copacabana ya en Bolivia, La Paz, Oruro, Sucre y de ahí a Paraguay. Si alguno de mis lectores, escucha, ve o sabe alguna noticia acerca de cómo está ese tramo de la ruta en estos tiempos, se agradecerá mucho. No tengo ganas de ir por Chile…
Tengo muchas fotos, pero no las puedo subir, les debo el desierto, la playa, abrazos y mates juntos, pero pronto los tomaremos.
Hay fiesta acá también, al estilo Guanajuato, sacan a pasear a los santos, tiran petardos explosivos y molestos y bailan en la plaza.
Hoy me paró la poli, vieron el papel y meta charla. Yo apago el motor porque cuando entran a hablar del viaje se olvidan por qué me habían parado. Tomamos mates. Menos mal que tengo bastante yerba.
Juájuájuá!! Ahí van fotos, estaba medio nublado más temprano, ahora salió un solazo que raja la tierra, en serio.
Vean, vean, en las fotos, esos que se van a la mar con sus piraguas de totora, van y te pescan los que les pidas, al toque, pescado recién salido del agua.

Trujillo, 3 de febrero de 2010
Hoy le tocó a ella.
Busqué un taller donde hicieran todo el service pero no hay. Me mandaban de acá para allá, en esa ciudad grande, de avenidas y conductores intrépidos. No pueden imaginarse cómo doblan en mitad de una calle, o dan un vire completo en una bocacalle y salen para el otro lado y en las avenidas, entre cuadra y cuadra todos quieren doblar en U, en V, en JOTA, en CUALQUIERA!
Finalmente fui a Goodyear para tema balanceo, alineación, control de frenos, de paso ahí me cambiaron aceite y filto y el muchacho -un amor- inventó una tapita para el hueco donde se había roto el bolilero porque dice que si seguía entrando polvo y mugre se iba a volver a dañar. Así que como fuimos a comprar una pero no la conseguimos, hizo de su ingenio y le metió una tapita tipo de bidón, color azul, con un borde de silicona, dice el muchacho que aguanta hasta Argentina. Juájuájuá, no creo, pero bueno…
Después de todo eso, lavado, engrase no había. Lavado de chasis, remontaron a la burbujita cual globo colorado, lavado de carrocería, encerado e interiores hasta donde los bártulos permitieron. Quedó bien.
Yo esperé, comí, tomé agua porque no había llevado el mate y volví a Huanchaco montada en un simil cero kilómetro. Ya está guardada, detrás del portón y bajo techo.
Me fui un rato a la playa, con el termo, el mate y el hawain tropic, ahí me encontré a Adan, uno de los vecinos del camping, gringou. Los que viven en la carpa de al lado son franceses, hay otros con los que hablé hoy, muy copados, él nació en Canarias, el padre es uruguayo, la madre es argentina, ambos exiliados de ambas dictaduras, tomá mate, la compañera del canario es peruana, el canario tiene una hijita brasileña, bahiana, y la mujer peruana tiene un hijo con un árabe y además viajan con un primito, que ese no terminé de averiguar de dónde lo sacaron, todo muy cosmopolita. Me uní a ellos. Los nenes me hacen acordar a Farid, Martín y Mica cuando eran chicos, me da nostalgia de aquellos tiempos en que hippiábamos juntos.
Estuve investigando rutas. Va a ser muy difícil bajar por Bolivia y Paraguay. Estuve leyendo que la ruta que pasa de Bolivia a Paraguay, la transchaqueña, es intransitable de tantos pozos, a lo mejor es información vieja, tengo que seguir averiguando. Bolivia me dicen la gente que va subiendo que hay muchos tramos sin asaltar. Como viene la mano creo que me quedaré con una llaguita en el corazón, el proceso boliviano, Evo Morales, es algo imperdible, pero mi autita… es tan petisa, tengo que seguir pensando, a lo mejor encuentro un camino, viene medio trabado el tema y si le pongo alas… y sino será un deseo pendiente, pendiente para dentro de poco.

Casma, 4 de febrero de 2010
Perú es polvoso, o mejor dicho, esta parte de la larga longitud peruana es polvosa. La ruta es un solo volar arena, arenisca, piedra, piedrisca, por la naturaleza que rodea y abunda sin compasión y porque los camiones parece que sólo cargan ese tipo de material y cargan así nomás, entre unos palos y envuelto en lonas rudimentarias o plásticos atados con sogas, con hilos, con juncos, con alambre, lo atamo con alambre lo atamo, le ponemo tapita de plástico le ponemo, todavía ahí va la tapita azul en la rolinera o bolillero de la trasera izquierda.
Antes de llegar a Casma entré a Playa Tortugas, una bahía tranquilísima de botes, playa, flamencos y tortugas, por supuesto.
Casma es una urbanización de menos de 25mil habitantes que se sientan a la siesta pasmados, con la boca abierta al calor, como lagartos. Algunos se quedan dormidos, los viejos, debajo de sus sombreros de esparto. Esta ciudad tiene algún parentezco con Macondo. Comí un almuerzo esectacular de 4 soles y paro en un hostal con una onda feng shui, lleno de plantas, jarrones, pasillos y patios altos y blancos por donde el aire circula como un bálsamo, bálsamo igual que el mar, tanta agua tan cerca de tanto desierto.
Volviendo atrás, no podía dejar de mostrar la autita y todo el retoque de ayer. Ayer no lograba subir las fotos. Aquí van. Para algunos curiosos financistas, respondo que, alineación, balanceo, verificación de frenos, cambio de aceite y filtro, más la tapita azul, costó 130 soles. Lavado de chasis, carrocería, interior y encerado costó 18 soles y el tanque de gasolina super de 95 lo llené con 82.5 soles, tenía cuarto antes de llenar.
Ahora, mi turno de preguntar, a los conductores avezados de las rutas argentinas, llámese por ejemplo Eduardo Martorell, si entro por Calama, San Pedro de Atacama, desde Chile a Argentina, entro cerca de San Antonio de los Cobres en Jujuy, qué ruta me aconsejáis desde Salta, la ruta 9 por Santiago del Estero, Córdoba, Rosario, San Pedro? o la ruta que cruza Chaco, creo que es la 16, pasa por Resistencia y luego tomar la 11, y después la 9, está segunda opción sería desde Salta, Resistencia, Santa Fe, Rosario, San Pedro? Toda sugerencia será más que bienvenida.
Todavía mi mente baraja Bolivia, Bolivia, el mapa tartamudea, parece que Bolivia se bancaría hasta cierto punto, hay un problemita entre Bolivia y Paraguay, sobre todo porque faltan tramos de pavimento y es época de lluvias, pero si alguien tiene información de esa región, también la agradeceré.
Compatriotas, de a ratos tengo ganas de llegar a pisar nuestra tierra cuanto antes, de a ratos me quedo en stand by, pasmada como esta gente, detenida, paralizada, shoqueda, en éxtasis, si me pregunto, el viaje se acaba y QUÉ? Me invento mecanismos para disfrutar, entre el deseo de llegar y la melancolía de no estar, entre lo incierto del después y lo prometido del durante, mecanismos para aprender con plenitud lo que el camino me està regalando, tan generosamente y tan vasto, como el desierto y como el mar, como fue el verde de antes y es el grito ahora VERDEEEE POR FAVOR!! VERDE QUE TE QUIERO VERDE!!!
Recomendación, de paso y porque me acabo de acordar, viajeros que van por la ruta del costeña del norte, desde la frontera Ecuador-Perú hasta Trujillo, CUIDADO! Tiran unas chapitas, con clavos, las llaman «aletas de tiburón», las tiran de día más que nada, cuando viaja menos gente y no viajan micros de larga distancia, te revientan la llanta y te asaltan, yo esquivé una sin saber qué era, no estaba enterada de esto, me enteré después. Pero al que le toque viajar por esa ruta larga de espejismos y fantasmas ojo al piojo.

Miraflores, Lima, 5 de febrero de 2010
En Casa del Mochilero.
Me fui por el malecón, atardecer en la flor de la canela, qué MaravillA!!
Agrego fotos del hostal de ayer, de La Casa del Mochilero todavía no saqué.
Las rutas en Perú están muy bien, pero entrar a Lima es un caos! Llegué sana y salva. Repitiendo el mapa aprendido de memoria; desde Panamericana, cruzar el Puente del Ejército sobre el río Rimac, a 200 m cruzar vía ferrocarril -no está más- Plaza 2 de mayo, rotonda de frente, Plaza Bolognesi, diagonal Guzmán unas cinco cuadras, avenida 28 de julio, 2 cuadras a la izquierda hasta Av. Arequipa, unas cuantas cuadras hasta el Ovalo de Miraflores, en el Ovalo derecho 10 cuadras por Pardo hasta la Plaza Morales Barros y por ahí. Claro. Nunca sale tan redondo como uno lo estudió como para sacarse un 10 sin pensar, siempre aparece la parte del desafío, de la incógnita y esa es cuando aparece un cartel que dice «vía en reparación, desvío obligatorio» y te mandan al carajo, en este laberinto, en las encerronas de colectivos, combis, autos, taxis, no hay que otra que el popular bocinazo, todos lo usan y yo también, pi pi piiiiiii, a mí no me toquen el culo, pi pi piiiiii, acá voy yo la concha de tu madre, puteando y transpirada llegué a un lugar fenomenal, La Casa del Mochilero, más fenomenal todavía fue preparar el mate y que aparecieram Roxana, Sandra y Nadia, las tres argentinas re piolas que había conocido en Máncora.
No tengo fotos de este lugar. Adjunto algunas de la ruta que sigue siendo entre el vasto desierto y el ancho mar debo muuuchas, tengo un par del hostal de Casma, muy feng shui, con un árbol VIVO, adentro! la gente en Casma tan linda! Y acá también, no he parado de hablar desde que llegué, con Tola, la encargada del lugar cuyo esposo trabaja en la fiscalía de terrorismo, así que hablamos de Lori Berenson, de la cárcel de mujeres y fui a comprar unos dulces para llevarle mañana en mi visita. Más luego contaré. No habrá fotos, no se permiten electrónicos y AGRADEZCO CON MAYÚSCULAS LAS RESPUESTAS DE NAICO Y MARTOREL, referentes a las posibles rutas de entrada a Argentina.
La ruta de Bolivia, me dicen acá, está en tramos pavimentada y en otros sólo entoscada y estos días tiene agua. Voy a entrar por Chile, por el desierto de Atacama, por Calama, luego será LA PATRIA, Ruta Nacional Nº 9: Salta-Tucumán-Santiago del Estero-Córdoba-Rosario-SAN PEDRO.

Penal de Santa Mónica de Chorrillos, Lima, 6 de febrero de 2010
Hoy fui a visitar por segunda vez a Lori Berenson.
Tres amigas de La Casa del Mochilero a quienes les conté la historia de Lori, compartieron la experiencia, Muriel y Lucía, argentinas, e Ivanna, uruguaya. Con estas chicas es con las que estoy haciendo banderitas en los semáforos para juntar algunas monedas y seguir viaje. Yo no sé hacer nada. Solamente le doy vueltas en círculos o en ochos a los banderines, pero en el conjunto, acompaña. Luego viene la policía, y nos saca.
Partimos al penal tamprano, en la mañana, antes de las 9. El penal está en una zona muy urbana de Lima, barrio Chorrillos, desde Miraflores se pasa por el barrio Barranco y luego está Chorrillos. En diez minutos estábamos ahí. En la cola había puros hombres así que preguntamos y nos dijeron que era en Máxima, en la esquina. Antes esta prisión era de máxima seguridad, por eso la llaman así, Máxima; ahora es una gran casa donde las presas conviven en un ambiente bastante ameno.
Lori está lindísima, se la ve mucho mejor que hace algunos años cuando sufrió el congelamiento en las alturas de Puno. Aquella vez, 1999, los guardias me había tratado a mí como delincuente de Máxima también, y me escoltaron apuntándome en la espalda hasta la salida del penal. Después fui a Arequipa donde Lori había sido trasladada. Ella es pura entereza, una mujer inteligente, lectora, intelectual y en estos tiempos, enamoradísima de su hijo, Salvador, que hoy cumple 9 meses, una preciosura de hijo, un niño tranquilo, que toma la teta todo el tiempo que se acuerda de reclamarla, o sea bastante seguido.
La visita fue formidable. No pudimos sacar más fotos que la de nuestros brazos marcados por el sello de entrada de visita, está prohibido llevar cámara o cualquier aparato electrónico, fue una día rico de conversaciones y acompañamiento, no solamente por Lori sino además por otras mujeres, presas políticas del MRTA, tales como Nancy, cuya sensibilidad le salta por los ojos. Nancy tiene dos hijos exiliados desde pequeños en Nantes, Francia, a su esposo lo asesinaron y ella a pesar de ese brillo que se le escapa de los ojos, es firme como una roca inquebrantable. Milagros, escribe poesía, estudia Ciencias de la Comunicación y todavía carga una condena de 7 años más. No conocemos a fondo su pasado, sin embargo, después de haber compartido con ellas este día, almorzamos juntas en el patio, tomamos mates, nos mostraron sus celdas arregladas como pequeñas casitas con sus cosas personales, sus afectos, aquello por lo que perseveran y aquello que las identifica, y después de charlar y charlar màs de nuestras vidas, nos resulta inconcebible que no puedan ser útiles a la sociedad, hoy sabemos de sus pensamientos, de sus deseos para el mundo, de su capacidad de desear lo mejor y llevarlo a cabo, y por eso las encierran, para que no hagan lo que muchos pensamos que HAY QUE HACER y que es CAMBIAR EL MUNDO, por un MUNDO MEJOR.

Nazca, 8 de febrero
Las líneas de Nazca es imposible descifrarlas de cerca. Ocupan una superficie de 500 km cuadrados y son cientos de formas geométricas, flores, animales, tallados en el desierto de piedra. Todavía nadie se atreve a explicar cómo y por quién fueron realizadas. Humanamente y hasta donde la teconologìa ha avanzado hoy dìa, es casi imposible establecer, a no ser desde una altura considerable de la tierra, las proporciones para dibujar de manera tan perfecta, recta, simétrica y equilibrada esas enormes figuras. Pueden verse desde el aire. Los vuelos son caros -60 dòlares- y la mayorìa de la gente que va, regresa descompuesta por el vértigo, de mirar hacia abajo y porque las avionteas se inclinan acrobàticamente. No cabe duda que debe ser impresionante ser testigo visual de este enigma entrañable. Un misterio, sobre todo para los que todavía no creen en la física de las posibilidades.
El marcador de km ya supera los 13 mil. Esta es una parada para recuperar el sueño, aunque mi hermana Moroca me enseñó que es ficticio, el sueño no se recupera, digamos para tomar mates, recobrar energías y seguir en la pesquiza de un paisaje diferente. Hoy desierto de arena, desierto de mar, algunas playas casi deshabitadas y después màs desierto, desierto de piedras, al final, casi llegando a Nazca se abrió un oasis de verde y palmeras, ahí saqué una foto y un poli me paró, para saludarme…
La gasolina sigue siendo cara, varìa según la marca desde 12 a màs de 15 soles el galòn. El otro día le puse la de 97 octanos, era un cohete la nave. Hoy 95. Las gasolineras, muchas de ellas, aceptan dólares, se me van que se me van volando, de a 30, y bueno… gases del oficio -Chirola dixit,.
Las rutas peruanas siguen estando bien. Aparecen algunos peajes de 5 a 11 soles, dicen que si vas para el norte te cobran a partir de Lima para arriba y si venís para el sur, cobran de Lima para abajo, o sea, que ahora me toca pagar.
Hoy me metí a una ruta que todavía no inauguraron. Me equivoqué. Fantasmgórico, no andaba nadie, parecía una escena de Pedro Páramo, apareciò un pibe en una carreta cargada de vegetales y le preguntè y me dijo que siguiera normal -yo? normal?-y seguì, normal como soy, pero por algo nadie tenìa la idea normal de ir por esa ruta impecable, no llega a ninguna parte, de pronto, pum se acaba. Tuve que volver, deshacer el camino y encarar la ruta vieja. Fue un tramito nomás y estuve de estreno así que necesito pedir tres deseos.
Ahora regreso de comer el almuerzo, 6 soles, cerdo adobado, sopa, jugo de alfalfa, ensalada de aguacate.
Estoy en otra casa de mochileros, internet incluido, cocina, 15 soles, gente piola.
Anoche trasnoché entre argentinas y uruguayas, charla y mate, mate y charla.
Mañana sigo bajando al sur.
La ruta hasta Puno es transitable, hay una parte nada màs que hay lodo, no sè còmo està a partir de Puno hacia Bolivia en estos días. Creo que mi auto pasaría, ya pasó por tanta variopinta topografía, orografía, hidrografía! Pero no tengo ganas de correr este riesgo ahora, a pesar de Bolivia, suena tonto a lo mejor, hice todos estos kilómetros, casi siempre sin preguntar nada de los caminos ni anticiparme al pronóstico del tiempo, dejàndome llevar por el mapa y el deseo.

Moquegua, 9 de febrero
Ruta brava. Lo de hoy no tiene recedentes en mi experiencia personal. Tampoco me esperba algo así. Tormenta de arena. Un viento infernal. La autita que se sacudìa. La ruta que desaparecìa debajo de pequeños médanos. Màquinas topadoras que trataban de destapar la ruta. La ruta està bien, salvo un tramo lleno de putos pozos. El paisaje cambiaba segùn el capricho del viento, era una ronda de mèdanos enloquecidos. Recordè un cuento de Silvia Iparrguirre que habla al respecto. LO VIVÍ! Pero en el auto y no de vacaciones. El mar estaba de luto, sobre las aguas se pintaba a lo largo del horizonte un brazalete negro, huracanado, era ese viento enardecido, enojado o feliz y gritón. Tengo fotos, pero no puedo descargarlas. No se veía nada, era un revuelo, de a ratos se calmaba, abría un poquito la ventanilla y enseguida tenìa que volver a cerrar. Cuando se acababa la arenada, se venìa la niebla, cuando se acababa la niebla habìa derrumbes, despuès se me vino la noche encima, con niebla, curvas y derrumbes invisibles y una luz roja en el tablero GASOLINAAAAA!!!! No hay gasolineras en la larga ruta del desierto costeño peruano. Hay muy pocas y venden cualquier verdura màs que vender gasolina.
Algunas gasolineras en las ciudades aceptan dòlares y tarjetas de crèditos. Estas de la ruta, ademàs de muy esporàdicas, no tienen nada que aceptar y casi nada que ofrecer, casi no hay mercaditos en las estaciones de servicio, ni cafè ni nada. A aprontarlas vituallas compañeros, todas las vituallas.
Llegué regulando, de noche, y pretando el que-te-jedi, pero llegué, sana, salva, medio áspera… estoy en el Hostal de Los Limoneros, que huele a jazmines y azahares por supuesto, es una casona grandísima, pintada de azul, llena de jardines, el auto adentro, al lado del jardìn. Tòdavía me queda arena hasta en las orejas, juájuájuá, pero esta no es producto de le algarabía y explosión inmobiliaria de San Pedro. Arena de este desierto que no tiene nada que envidiarle al Sahara ni al Wadi Rum, esto no se acaba?? Es inmenso, kilómetros y kilómetros, una superficie incalculable y menos calculable hoy que se desparramò todo.
Además de esta tarea de conductora que asì y todo como la cuento y no la puedo mostrar, me permitió cebarme yo solita un par de par de mates, hoy salì màs tarde. Al hostal de Nazca llegron dos chicas argentina, mìsticas y artistas, una de ellas es maestra de danzas africanas en el Centro Cultural Rojas y conoce a Rosaura Garcìa, la otra es es alumna de danzas, nos tomamos dos termos de mates con la charla desde las 6 de la mañana y hasta las 9 en que partí màs al sur`, ellas irán al norte, en micros, a dedo… hasta Mèxico quieren llegar.
Esta ciudad, Moquegua, està a 160 kilòmetros de Tacna, Tacna frontera con Arica, Chile.
Ya estuve husmeando, el centro es colonial y pintoreco y en el husmear olí algo que me està llamando el apetito engañado hoy con galletitas, asì que hasta pronto compañeros de utopías y de otras cosas también, bon apetit!

La casa con ruedas, viaje completo

https://marialaqueviaja.com/4321-2/

 

La casa con ruedas (México-Argentina en auto) Argentina


Purmamarca-ARGENTINAAAAAAAAAAAAAAA – 10 de febrero de 2010
Con una emoción que ustedes no pueden ni imaginarse llegué a nuestra Argentina, apasionada, cara dura, intrépida, controvertida, peleadora y tan querida! Cuando vi la bandera, ahí, ondeando en el mástil como haciendo un zarandeo de zamba, distraídamente, el cartel de BIENVENIDOS A ARGENTINA, apreté el timón y me puse a llorar. Y después a reirme y después en el camino, a carcajadas.
No me pasée mucho por Chile. El paisaje del norte chileno continúa la monotonía del largo desierto peruano. Ayer salí de Perú, llegué a Chile, dormí en Chile, hoy estoy en Argentina, hice uns cuantos más de mil kilómetros en el tramo, ya superamos los 15mil desde el inicio de la travesía en Guanajuato.
Salida de Perú, de Monquegua, cruce de la frontera Tacna-Arica. En la migra peruana siempre se exige un papelito más que en cualquier otra frontera, un trámite más, pero nada hay de complicado y detallista como la autoridad chilena. Son insoportables en ese aspecto. En el camino entre Arica y el paso de Jama, tuve 4 controles de aduana. El peor fue el primero, entrando a penas a Chile porque además de revisar todo el auto, hay que bajar todos y cada uno de los bultos y pasarlos por un scanner. Con el desparramo que a esta altura del partido yo tengo en el auto, esto me llevó un rato largo, ya que hay muchas cosas fuera de lugar.
Hubo un momento triste, el de tener que dejar al duende del árbol que viajaba en la puerta derecha. El duende del árbol que vivió en una maceta en mi oficina de Don Quijote durante añossss, que viajó conmigo hasta que una chilena con autoridad, demostrando todo su poder sobre nosotros inofensivos pero fuertes, dijo «esto no pasa». Para casi cualquiera era un palito de mierda, pero no para nosotros. Fue feo dejarlo ahí, pero acepto que quizás, tenga otra misión que cumplir ahora que yo, casi voy alcanzando esta meta.
Después de eso, iguiendo con el trámite, hay que llevar el auto a una playa donde lo pasan por un scaner, le hace una especie de tomografía, a ver si adolece de cocaína, fusiles, o más duendes ocultos.
Salí como tres horas después de la frontera con Chile y arranqué para Arica. Tuve que entrar a esta ciudad a cambiar dinero, en la frontera no había cambistas y además necesitaba cargar gasolina. Lo llené y con ese tanque hice todo el tramo hasta Calama, como 800 km. Gasolina de 95 en Chile 623 pesos chilenos.
Cabe aclarar, al margen, que a pesar de lo complicado, tedioso y cargoso que suele ser cruce de frontera Perú-Chile, gente hincha pelotas, todos los peruanos y chilenos, sin excepción, que encontré en lo cotidiano y con los que charlé un poquito, me cayero re amables.
Después de conseguir pesos chilenos, ayer, un dólar es 545 pesos chilenos, salí hacia Iquique para llegar a los cerros Pintados, pero no me gustaron, no me gustó el lugar para quedarme ahí, así que seguí. Hay poco y nada en la ruta. No hay ni una gasolinera, en Chile le dicen grifos, ni un hostal, ni casi ningún lugar para comprar comida. Pensé en dormir en Quillagua, que marca un pueblito en el mapa. En Quillagua, oh sorpresa, hay otra oficina de aduana pero ni pueblo ni hotel. Unos muchachos me aconsejaron seguir hasta Calama, eran las 9 de la noche. Descubrí que manejar de noche, si la ruta está buena, es muy lindo. Dos horas más a Calama, a las 11 pm, el simpático viejito, Eugenio, me abrió la puerta del hostal y no demoró ni dos minutos para calentar el agua y como dijo él, tomar unos matecitos, aunque después, amargo, no le gustó.
Esta mañana di una vuelta por Calama y antes de salir de Chile pasé dos controles más de aduana, más breves, sin scaner.
A Argentina!!!!! Todo bien con los papeles, con visualización del vehículo pero sin bajar las cosas, tengo el permiso para estar tres meses con el auto en Argentina y ver mientras tanto cómo funciona la ley para ver si se puede quedar y seguir siendo funcional a alguien que lo necesite, pero ya. La autita va cumpliendo su cometido. Estoy en un camping en Purmamarca, la ciudad está re linda, la plaza colorida, el mercado, y ya con la carpa en pie, en un revoltijode más de 20 carpas, casi todos argentinos, charlando, parloteando, tomando mates con los paisanos y con una felicidad que no me cabe en el cuerpo.
No puedo subir fotos porque me cambiaron las patitas de los enchufes, así que me reservo la batería que me queda hasta que consiga un adaptador.
Todo cambió de golpe, venía con una especie de abatimiento arenoso, si bien el mar y la música, vengo gastando a Soledad Bravo, me la canto -grito, vocifero- en las más de 300 canciones que me grabó mi Rau. Pero todo cambió, de golpe el paisaje se pintó de colores, las vicuñas de Coquena corren por los campos de pastizales bajos y aunque escasos, verdes, los cerros se tiñen de celestes, rojos, temibles violetas, los cactus llegan hasta el cielo, las nubes son rebaños y el aire que se filtra por la ventanilla toca una música de ocarina.
Estoy contenta. Falta un tramo, varios tramos hasta SanClemenchi.
El viernes, con este brisa que canta y acompaña mientras yo también canto, llegaré a San Pedro, primer tramo.


Santiago del Estero- ARGENTINAAAA – 11 de febrero de 2010
Si todo va como hasta ahora, mañana a eso de las 6 de la tarde entro a San Pedro. Ni yo que emprendí esto lo puedo creer. Si me pongo a pensar que allá andaba por Honduras o por Panamá y que ahora estoy acà, acà, a màs de 15 mil kilómetros de Guanajuato de donde salì el 31 de octubre. 15 mil y pico de kilómetros que serán 16 mil por cómo marcha el contador, engordados por ese desvío ansiado, obligado y que resultò fructìfero por demàs, llamado Venezuela.
Estoy tan feliz.
Voy en la ruta y no dejo de repetir la frase cèlebre de Jorge, QUÈ PAÌS QUE TENEMOS!!!!! El norte argentino es tan precioso, es una gema en estado natural. El aire huele a palo santo. No pude dejar de parar varias veces hoy en el camino. La Quebrada de Humahuaca, Tucumàn, què lindo està el jardìn de la Repùblica, despuès Termas de Rìo Hondo. Calor que no claudica. Silencio de siesta. Chicharras. Susurro de hojas. Respiro.
Lleguè a Santiago y acampo, en el camping Las Casuarinas, rodeado de parques, árboles.
Hay tres carpas locas contando la mìa. Pasa un muchacho. Nos saludamos. Pregunta obligada «de dònde sos». Respuesta al unìsono «DE SAN PEDROOOOO!!!» No se puede creerrrrrrrrrrrrr. El muchacho se llama Leonel Lòpez Villanueva y estudiò saxo en el conservatorio, asì que manda saludos para Eleonora, para Chichì y para Ronzani, va para el norte, de travesìa y aventura. Tomamos mates. Despuès nos vemos. Yo salì a caminar por esta Santiago que ya se levantò de la siesta. Esta ciudad està brilla. Yo no sè, quizàs es mi corazòn, mi alma los que hablan, pero yo veo una Argentina que brota. «Què paìs que tenemos». Yo veo los campos verdes, llenos de matas encrespadas que parecen lechugas -no sè que son- de un verde oscuro brillante, un verde màs para los indescriptibles que encontraba en Amèrica Cetral y con tanta dificultad y escasez de palabras para nombrarlos, lograba describir.
Desde que crucè la frontera, desde uno poco antes para ser sincera, desde que aquel desierto mustio se empezò a poner a naranja en Atacama, no hay paleta de pintor ni muestrario de pinturerìa que alcance para matizar los colores de nuestra Argentina y ademàs el llano. El llano anhelado. Vengo de sierras, montañas, casi todo el camino con un muro a mi costado, a mis espaldas o a esquivar en el frente, y ahora el horizonte infinito, ese que segùn Sylvia Iparraguirre -otra vez la convoco- nos permite galopar sin necesidad de llegar a ninguna parte sino solamente seguir cabalgando. Nada nos detiene.
Gracias a todos los que comparten esta travesìa conmigo. Todavìa falta un trecho que no puedo adjetivar ni grande ni pequeño porque en esta circunstancia en que me encuentro, es las dos cosas.
No sè dònde me toque parar cuando llegue a la ciudad madre, San Pedro, pero mi casa sigue rodando y la carpa es tan fiel compañera como la autita -balneario municipal? O algùn patio por ahì? O algùn techo?-. Anoche lloviò a chaparrones en Purmamarca, oì quejas de los vecinos, se les mojaban las cosas, a mì, en ese reducto que a simple vista no garantiza ser refugio seguro, no se me mojò nada. Dormì con el murmullo en el declive azul de las paredes livianas, abrigada, hasta que me despertó la mañana de los pájaros.
Hay fotos. Iràn todas juntas en pròxima presentaciòn. O veanlo con sus propios ojos. Es tan hermoso ser testigo en el camino. Yo no podìa imaginarme mi vida sin el viaje. Haber hecho este recorrido, lo que llevo hasta hoy, no lo cambio por haber hecho en estos meses ninguna otra cosa. Faltan menos de mil kilómetros hasta San Pedro, algunos màs hasta San Clemenchi. Me siento en casa. Què raro. A veces me dormìa con la necesidad de ir a mi casa y dudaba, me preguntaba «adònde queda». No sabìa. Mi casa es acá, aunque pase de visita, aunque no permanezca. Argentina es mi casa. Y por acà nos vemos.
Gracias por los consejos que me dejò anónimo acerca de rutas. Voy por la 34, la que pasa por Rafaela.
Gracias por los que esperan con vinitos, mmmm, tenga por ahì hepatlagina, mi hìgado vino mal de fàbrica.
Van abrazossssss a todossss, mañana comenzaràn a ser dados.

San Pedro-La ciudad donde nacì-El hogar- 14 de febrero de 2010
Hace dos dìas los carteles de la ruta enumeraron de forma regresiva los kilòmetros para llegar a San Pedro. Lleguè. Llegamos. Llegamos todos, los que fuimos en la autita, el turquito Hasan, algunos miembros de la familia de Coco, el duende del árbol pero sin el árbol, Pinochio, el espíritu de Michel querido, y la propia autita, los que, fugaces en el camino, se despidieron con un abrazo de aliento para no transigir ante las dificultades y seguir andando, los que se bancaron el blog con las buenas y las malas ondas que explotaban de mi alma segùn las circunstancias y entonces, aquellos que no dejaban de escribir para acompañar con palabras cargadas de energìa, de la buena.
Llegamos todos, por ahora hasta San Pedro. GRACIAS!

La casa con ruedas, viaje completo

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Crónicas Palestinas-Programa «Derribando Muros», Radio Gráfica. Transmitiendo desde el Valle del Jordán