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Lumbini 1

La ciudad donde
nació Siddharta Gautama, Buda, en el año 563 AC.
Llegamos luego de reincidir y volver a subirnos en un autobús nepalí. La ruta era de cornisa,
como siempre, pero pavimentada y un poco más ancha que el temerario camino a
Tatopani. El hecho de que sea pavimentada, con baches, obviamente, sirve para
que los colectivos jueguen carreras. No hay forma de viajar tranquilo en Nepal.
Este viaje fue un poco mejor que los otros, el mejor de los peores. Nepal, como
destino, no nos convence para nada. Para nada. Hay algo por descubrir, pero
qué. Todo está lleno de polvo. Todo está lleno de ruido. En Palestina, bajo la
ocupación, la gente lleva un standard de vida mil veces mejor que acá, pero les
falta la libertad. Pero acaso esto es libertad? No poder elegir un medio de
transporte seguro, no poder elegir ir a la escuela, no poder elegir pagar la
electricidad y tener el servicio. En este preciso momento, hay dos generadores
que me aturden los oídos, peor que en Gaza que también funciona a energía de
generador. Dónde están los maoístas? Dicen que ahora tienen buena proporción en
el Parlamento. No he investigado mucho, pero la calidad de vida en Nepal deja
mucho que desear.
Llegamos a
Lumbini, a poco más de 200 km de Pokhara, después de un viaje de casi 8 horas!
Es una barbaridad. El primero colectivito nos dejó en Bairawa y de ahí tomamos
otro, apiñados, apiñadísimo, que hizo los 21 km restantes en una horita más.
Hay luna llena,
perfecta luna llena, y resulta ser que en la luna llena de entre abril y mayo,
nació Siddharta, así que hay una gran fiesta, y un quilombo insoportable de
gente. Fuimos a la zona de templos, yo soñando con encontrar el reducto de paz
y meditación de los monjes vestidos de bordeaux y mostaza, pero en lugar de eso
encontramos ruido, gente gritando por altoparlantes y un millón de puestitos de
globos, fritangas, guitarras de plástico. Horrible. Esperamos poder volver
mañana en la mañana y no encintrar mucho tumulto para poder entregarnos a lo
que el ligar convoca.
Estuvimos en el
árbol. Ahí había un poco más de paz, seguramente obligada por los monjes.
Agarrada a ese árbol Maya Devi, parió a Siddharta.
Hasta el momento,
salvando a las montañas, Nepal no me conmueve. Me da rabia.

Pokhara 2

Seguimos haciendo trekking urbano en Pokhara. Mañana muy temprano en la mañana partimos a Lumbini, donde nació Siddharta Gautama, Buddha.
Hoy caminamos mucho cruzando toda la parte nueva y comercial de la ciudad, bastante feo por ahí al medio, hasta la zona antigua de Pokhara donde se encuentran las casas llamadas “newa” de ladrillo colorado con aberturas de madera tallada y rejas. Vimos gente haciendo trabajos en tallado en madera, muy artesanales, con gubias y martillos, un trabajo impresionante. Fuimos a dos templos, uno de adoración a Parvati, la mujer de Shiva. Ahí justo se ve que había una fiesta muy divertida. Música en vivo con distintos tipos de cornetas, largas, cortas, curvas, y distintos tipos de tambores, y hombres que se ponían a bailar. Había reuniones de ofrendas de comida, y mucha gente que pasaba a saludar uno y otro altar o que hacían ademanes de adoración a unas llamas de fuego. Estuvo bueno. También se ve que hubo muchos casamientos porque andaban caravanas de mujeres con fuentes presentadas con comida, papel celofán y moño, y más hombres con collares de caléndulas al cuello, bailando, y más bandas por las calles de aquel barrio de la ciudad donde además visitamos otro pequeño templo, Bisman, con escenas eróticas en los parantes de madera del techo. Escandaloso.
En el trekking urbano, de ojotas, yo patee en mi torpeza una piedrota de la calle y se me partió la yema de mi hermoso dedo gigante del pie. Justo había un consultorio dentista y me asomé a pedir una curita o una venda, aunque normalmente eso no se usa para los dientes. Una chica, asistente del dentista, me hizo pasar, me desinfectó con algo que era fuerte y al rato se fue poniendo violeta azulado, me puso un venda de gasa y tela adhesiva, y me cobró 45 rupias, 50 centavos de dólar.
Seguimos caminando muy campantes, varias horas recorriendo las calles alborozadas, ruidosas digamos, de la ciudad. Nos perdimos entre callejones que no sabíamos ni dónde andábamos, bajamos por una escalera precaria que desembocaba medio en el techo de una casa, y sin querer volvimos a aparecer en una avenida de la que justamente queríamos desaparecer por los bocinazos. Así llegamos hasta las cercanías del lago otra vez.
Tomamos un botecito y fuimos a conocer otro templo que está en una isla. Muy cerca de la costa. Un templo pequeño.
Y para culminar el día fuimos a cenar a lo de nuestro amigo “el flaco” y salimos contentos de ver que otros clientes, a los que les recomendamos el lugar, habían entrado.
Todos los días sigue lloviendo un poco. Chaparrones.

Pokhara 1

Es un lugar con
cierto encanto tropical. Caminamos todo el día, así que no podemos decir que
hemos descansado del trekkking o 
trepping. Desde las 10 de la mañana en que terminamos de desayunar en un
cuchitril metido pa’dentro de la calle principal, donde nos sirvieron el
chocolate y el café en jarra, así que más barato porque es un cuchitril que no
está frente al lago, pero más cantidad y muy rico! Después le dimos la vuelta
completa al lago que es enorme. Casi completa, digamos, por la vía de las
vacas. Sí, de la animalada. Martín dijo que se podía así que medio nos mandamos
lago traviesa, por donde se ve que el lago se seca un poco en esta temporada.
Medio un barrial, pero fresquito, así que íbamos en patas, ya que Martín salió
con las chancletas de ducha del hotel y una caputó al saltar un charco o cacho
de río que se nos filtró en el camino. Martín dijo, si las vacas pasan podemos
pasar nosotros. Así que seguimos. Así hasta que un pibito nos preguntó adónde
íbamos, y cuando le contamos, nos dijo que no se podría pasar porque nos
toparíamos con un big river. El big river apareció, pero no era tan big, así que
pensamos cruzarlo nadando, pero teníamos plata y cámara encima. Le dijimos a
otros dos pibitos que había por ahí pescando, y uno de ellos, el más chiquito,
peló la camiseta, nadó a la otra orilla y se trajo un botecito para cruzarnos.
De ahí caminamos subiendo, trepping en ojotas, por aldeas donde nos dimos
cuenta que éramos novedad, ya que se ve que ningún extranjero anda por ahí.
Subimos mucho, pasamos una montaña, y después otra. Decíamos que íbamos a la
gompa, a la pagoda, y al principio como que la gente no se ubicaba  qué hacíamos por ahí, pero al final nos
fuimos acercando a un camino más ancho y ahí ya empezó a tomar más color para
aquellos que nos veían y nos preguntaban adónde íbamos, como que ya la tenía
más lógica. Lo que hicimos, en definitiva, fue bordear todo el lago saliendo
hacia a la derecha, para ir a una pagoda de la paz, que está sobre una colina,
pero cerca de nuestra izquierda. Fue un gran viaje! Llegamos a la pagoda
blanca, fundada por japoneses, destruida, y vuelta a construir. Un lugar pleno
de paz total. Ahí se largó a llover con todo, y paró, y volvió as llover, gotas
gordas, fuerte, pero reinaba la paz. La paz y la vida.
Bajamos por
escaleras de piedras hasta un embarcadero una canoíta nos cruzó el lago.
Volvimos a comer
a donde habíamos ido ayer y queremos recomendar. Se llama Blue Diamond, en
Pokhara. En el lakeside. Es quizás un sucucho sombrío, con unas lamparitas de
mimbre que no encienden todas. Pero el cocinero es un espectáculo. Tiene un
olfato único. Hemos comido ahí dos días platos únicos y deliciosos. Ayer yo
comí un sour chicken , agridulce, pero equilibrado y perfecto, y hoy un plato
altamente condimentado con chile, manchuriano, y estoy segura que tenía un
toque de cacao. Delicioso. Martín anoche cenó un pescado con una salsa que dice
estaba espectacular, y hoy comío un pollo con un montón de cosas y una salsa
también espectacular. Comimos también un snack, pakauda de queso, como unas
albondiguitas de queso, también riquísimas. Todo espectacular. Nos da bronca,
rabia, lo que le pasa el cocinero este, al flaco, se llama Mani Ram Subedi. Lo
mismo que le pasa a muchos nepalíes. Trabajan mucho, se esfuerzan mucho, pero
vemos que viven tan humildemente que roza con la miseria. No se puede creer.
Este tipo podría ser un chef de primera, se nota que tiene un olfato, un
talento especial para la cocina, y hace once años que tiene ese local, una familia
con tres hijos, más otra familia de cinco adjunta, parientes. Hablamos mucho
con la gente con Martín. Ganan muy poco, pero muy poco, y tienen que pagar
mucho por todo. Y no es que estén al pedo. Trabajan, de esos pueblos, esas
gentes, que están acostumbrados a que trabajar es de sol a sol. Y no nos parece
justo.
Entre otras
cosas, algo novedoso que nos pasó hoy, fue después del salto del chancletazo en
el que Martín perdió media ojota, encontramos una, justo el par que le hacía
falta, así que la agarramos y seguimos muy campantes caminando y se nos cruzó
una serpiente! Martín pegó un salto, casi la pisa, y después me tocó pasar a mí
por al ladito y aproveché a sacarle una foto.
Si vienen por
Pokhara busquen en Lakeside el pequeño restaurante Blue Diamond, no se van a
arrepentir. Eso es sabor.

De Tadapani a Gandruk, y de ahí a Pokhara

 

No paró de
llover. Esta mañana, otra vez sopa, u otra vez lluvia, como quien dice… salimos
hacia Gandruk y ante la persistencia de la lluvia que no nos permitía apreciar
el paisaje, por cierto hermoso, bosuqes cubiertos de verde, musgos, helechos,
pero que podíamos ver solamente de refilón entre las chorreaderas y sin dejar
de mirar donde pisábamos ya que ríos de lluvia caían por el sendero cual
arroyos o debíamos pisar firme en el fango para no patinar demasiado y caer
donde no era debido. Al llegar a Gandruk, viramos la brújula, le dimos un revire,
y en lugar de ir hacia el norte, decidimos bajar al sur.
Durante cuatro
días, desde que salimos de Jomsom rumbo a Tatopani, andamos bajo la lluvia o la
nieve. Seguimos caminando. Toda nuestra ropa está mojada y embarrada. Por eso,
hoy, finalmente, cambiamos el rumbo sin poder ver aún las cúpulas del
Machupacchare y del mayor de los Annapurnas. Vinimos hacia Pokhara, a las
orillas del lago Phewa. Llegamos en un jeep que bajó y subió patinando por los
barriales de la ruta. En cámara lenta, pero llegamos. Dicen que no es normal
que llueva tanto tan pronto en abril, y que en la base del Annapurna suele
haber avalanchas, así que quizás sea providencia nuestra decisión de bajar en
lugar de subir ante tales perspectivas y pronósticos imprevistos. De todas
maneras, este relax a orillas del lago será breve. Queremos ir a ver el lugar
donde nació Siddharta Gautama, Buda, en Lumbini, y luego volveremos a
Kathmanbdu para preoarar lo más aventurado de esta travesía hacia la base del
Everest, el collado de Cho La y el Lago Gokyio. Pero eso vendrá después, en
unos días. Ahora es momento de relajarse, lavar y secar ropa que está toda echa
barro. La campera de Martín echa sopa, mis guantes ya hoy no me los pude poner
porque escurren agua, pero afortunadamente los pies los hemos logrado mantener
secos, a pesar del barro de las botas, por dentro están sequitos.

De Ghorepani a Tadapani

Toda la noche escuché llover. Sin parar. Diluviaba. Entre sueños me preguntaba qué nos depararía el destino o la mañana, después de haber subido, sólo subido hasta Ghorepani, tener que encarar un día debajo de la lluvia. Cuando al fin amaneció vi que no sólo llovía sino que nevaba y había nevado. Luego de un día que había comenzado con ambiente tropical y en el que habíamos ascendodo el desnivel de 1800 metros, deberíamos sacar todos los abrigos y el impermeable para encarar un camino bajo la lluvia, bajo la nieve y sobre senderos nevados, embarrados, inundados. Así fue todo el trayecto desde Ghorepani a Tadapani. Empezamosa subir y luego de más o menos 45 minutos de subida, el sendero principal viraba a la derecha, así que lo tomamos. Error. Tomar a la derecha nos llevó en un rodeo otra vez a Ghorepani. Regresamos al punto de salida. Pensamos que era mala pata, qué sal, qué mala suerte. Habíamos caminado una hora al pedo. Pero algo providencial y extraño pasó. Una chica bajaba y nos pusimos a charlar con ella. Es de Bulgaria y se llema Teodora, y cuando le dijimos que nos encantó Bulgaria y que yo quiero ir a trabajar para allá, se apuró a escribir su mail bajo la lluvia para que estemos en contacto y dijo que me ayudará a ver por dónde puedo encontrar un trabajo.
Reiniciamos la marcha. El sendero equivocado quedó atrás, había que subir más y más, y casi llegando a la cumbre, tomar a la izquierda por una picada indiscernible entre la nieve. Todo el camino sube y baja muchas veces. Todo el camino nevó o llovió. Al llegar a un collado entre montañas se hacía sentir el viento sin resguardos. Nos metimos en un pequeño refugio de paja. Estuvimos un ratito ahí y luego caminamos por las crestas, bajamos y volvimos a subir pasando diferentes pueblitos muy pequeños, Laliguras, rododendros, ahí tomamos un chocolate caliente con Karma, cuya familia es de Mustang; Karma en tibetano significa estrella, pero en Nepal significa vida. Seguimos andando, con las manos un poco más calientes después de haber estado frente al fuego en lo de Karma. Mis guantes escurrían agua. El pantalón estaba todo mojado, la campera de Martín, empapada. Pero había que seguir. El agua bajaba como riachos entre las piedras por las que debía ir nuestro camino. La nieve no dejaba de caer. Los puentes estaban tapados de hielo resbaloso. Donde no había nieve, el barro era un lodasal y había que subir o bajar con mucha lentitud. En estas condiciones pasamos un par de pueblitos más donde nos detuvimos apenas para sentarnos pero seguimos, sin comer, porque queríamos llegar. Y llegamos, echos sopa. Enseguida nos cambiamos. Estamos en Tadapani. Alrededor de una estufa de fierro donde intentamos secar la campera de Martín. Hace frío, pero acá adentro entre el calor de la estufa, y algo de calor humano, más la comida que devoramos porque llegamos cagados de hambre, no se siente el frío. Se está bien.
Esperamos que mañana se despeje para poder ver al Annapurna sur y al Machupachuchhare.
La hostería de Tadapani cuesta 200 rupias, el dhal baat 360.
En el camino tomamos chocolate caliente, normalmente una taza son 90 rupias.

De Tatopani a Ghorepani

  

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Y llegamos! Salimos sin apuro, a más de las 9 de la mañana después de suculento y rico desayunos Himalayo y Trekkers breakfast. Bien alimentados encaramos la subida de los 1800 metros que hay desde Tatopani hasta Ghorepani. Tranquilos con la idea de que probablemente sólo llegáramos a Shikha, a mitad de camino, un pueblito que me pareció encantador. Nuestra primera parada, después de larguísimas escaleras de piedra, fue en el inicio de Ghara donde nos compramos una gaseosa. Hacía bastante calor y mucha humedad. A partir de ahí pasamos varias aldeas. Zona muy tropical, mucha vegetación, muy verde, terrazas cultivadas, gente trabajando la tierra, arando con bueyes o cosechando, además hay desde helechos hasta frutillas, guindos y más adelante bosques de rododendros florecidos. Un camino hermoso, sino el más hermoso que hemos caminado durante estos días. Casi todo el camino es por escaleras de piedra. Se me ocurrió un problema matemático, sería así: En el trayecto que va desde Tatopani a Ghorepani, se deben ascender 1800 metros. El 60% del trayecto se hace por escalones de piedra, cada uno de los cuales tiene una altura de entre 15 y 30 centímetros. Calculen cuántos escalones subimos. Unos cuantos. Pero no se nos hizo agotador por lo variado y bonito del paisaje. Llovió buena parte del recorrido. Alcanzamos a refugiarnos entrando a Shikha donde tomamos una sopa de calabaza, y después en Phalate donde tomamos té de menta y jengibre, y almorzamos el típico dhal baat y dejamos que nos sirvieran dos veces. Se sube hasta el mero centro del pueblito de Ghorepani, y acá estamos en un albergue colorido de paredes endebles, pero en una habitación limpia y la ducha fue caliente.

El hotelito cuesta 200 rupias. El daal bhat en el camino costaba 380 y el té 45 rupias

De Jomsom a Tatopani

No viajar en
autobús en Nepal. Por lo menos en la ruta que va a Jomsom. Todavía no estamos
en condiciones de decir si es mejor en avión, hoy, después de la experiencia en
bus, suponemos que sí. Si uno arranca en el bus de Jomsom rumbo a Tatopani,
posiblemente deba hacer una escala en Ghasa. La ruta no es ni siquiera un
camino, es una sucesión de pedregales y pozos, y en muchos tramos, directamente
el bus va por el lecho de canto rodado de los ríos. No hay un segundo de
quietud, todo el tiempo es a lo saltos. No se 
puede uno mantenerse sentado, es imposible no saltar del asiento, caerse
al piso, o encima del pasajero de al lado. Los equipajes también se caen, y el
polvo lo cubre todo. No se puede respirar. Todo el mundo se tapa nariz y boca,
todo queda cubierto de polvo. Hasta Ghasa son tres horas. A partir de Ghasa, la
cosa cambia, pero no para mejor sino para peor. Además de los pozos, empieza un
precipicio sobre la izquierda. La ruta que no podemos llamar ruta ni camino, se
convierte en un sendero en el que apenas entran las ruedas del colectivo, cuya
trasera en más de una oportunidad, queda en el aire y avanza derrapando. Encima empezó a llover. Es tan
horrible y arriesgado y peligroso, que decidí bajarme y seguir caminando en la
primera parada que hiciera este colectivo. Pero no hubo tal parada, así que a
apechugar y a llegar a Tatopani colgados del precipicio. Son dos horas así. Inconcebible
que pueda habilitarse una carretera así por la que todo el día viajan buses,
jeeps, motos. Los vehículos no tienen espacio en el camino. Los precipicios son
insondables, y los buses no van derechito sino que se van tambaleando a derecha
y a izquierda. Las palabras no alcanzan para describir y advertir dicho
espectáculo, así que hicimos un video. Si tuviera que volver a hacer este tramo
de ruta por carretera, lo haría caminando, a pie. En ninguno de los países del
mundo por los que viajé antes, vi condiciones de ruta tan precarias como en
Nepal, y he viajado por todos los países de América Latina, y una gran parte de
Oriente Medio. Nunca me tocó viajar por un camino tan malo. Esta ruta no es
nueva, hace rato que está habilitada porque ya existe en los libros que leí
acera de la ruta de las Annapurnas escritos hace años. No entiendo por qué, el
gobierno de Nepal, sea del color que sea, no hace algo. Es humillante para los
pobladores que atiborran estos colectivos porque se ve que necesitan viajar y
arriesgar su vida todos los días. También estaba muy mal el camino a Besi Sahar
y  luego a Syange, pero este día superó
todo lo arduo de aquel viaje que hicimos para iniciar la primera caminata.
De milagro
llegamos bien a Tatopani, que significa “agua caliente” y tuvo su premio haber
soportado el infierno de la ruta. Cerca del hotel que cuesta 200 rupias y donde
por lo visto cocinan un menú rico y variado, hay unos piletones con agua
termales. Allá fuimos, bajo la lluvia, y bajo la lluvia nos metimos en los piletones, a dejar el polvo acumulado en el viaje y a relajar las
tensiones de ir tratando de manotear lo que viniera a la mano para no rodar con
los equipajes, dar la cabeza contra el techo todo el tiempo, o salir disparado
por una ventanilla. Bienvenidos a Nepal.
Mañana empieza otro camino, pero a pie. Presenta ser un ascenso importante
que no creemos poder terminar en un día, ya que son 1800 metros de desnivel
hacia arriba y 200 hacia abajo, pero bueno, arrancaremos y veremos hasta donde
llegamos.

Del campo base al collado de Thorung Phedi, de ahí a Muktinah, y luego a Jomsom

Fue una jornada larga pero hermosa, emocionante. Anoche nevó toda la noche, así que esta mañana, muy temprano, a las 5, cuando nos disponíamos levantarnos para aprontarnos para la marcha, todo  afuera era blanco, hasta la puerta de nuestro cuarto en el albergue del campo base.

Fue una caminata de muchas horas ascendiendo por la nieve copiosa. Martín se hundió hasta las
rodillas, yo hasta los tobillos y con unas cuantas patinadas en el hielo. No vimos mucha gente con grampones y caminar en la nieve es impagable. Todo estaba cubierto de un colchón espeso de nieve.
Fue hermoso, fascinante, ascender, ascender, hacia la cumbre, lentamente, entre el silencio, la inmensidad de los Himalayas.
Llegamos en más o menos tres horas, el cartel de Thorung Phedi se encontraba prácticamente
cubierto por metros de nieve.
Luego fue el engorroso descenso, como tres horas más, miles de metros para abajo, trastabillando yo torpe en el hielo, después fue roca, después valle hasta Muktinah. Allí seguimos caminando
hasta el final del pueblo para tomar un jeep a Jomsom. Y acá estamos, con una
buena ducha y a la espera de la cena.
Si bien la altura no nos afectó al punto de tener que descender, tuvimos dolor de cabeza,y anoche yo no pude dormir porque me falataba el aire. Pero lo logranos. Era un reto, un desafío al que le tenía el respeto de no saber si la montaña nos permitiría esta caminata que a mí me sabe a gloria. Haber llegado al collado de Thorung La, a 5500 metros de altura, después de una noche de nevada y con un día que se
nos ofreció en todo su esplendor. Fue y es una maravilla digna de ser compartida e imitada. Hay, en mí, pocas sensaciones tan plenas, tan grandes, como haber hecho este camino que durante ocho días me fue llevando hasta esta gloria de hoy. Y esto sigue.
Paramos en el Trekking Inn de Jomsom, cuesta 700 rupias con este internet lento pero aceptable aunque aún no he podido subir fotos. Comemos acá, lasagna, pollo, venimos con hambre!

De Letdar al Campo Base de Thorung Phedi


Ahora sí que no
hay joda. Los que llegamos hasta aquí, intentaremos cruzar el colladode Thorung
Phedhi a 5500 metros de altura. Estamos en el campamento base, a 4800 metros.
Me ha sorprendido ver la hora y que sea tan temprano. Menos de las 2 de la
tarde, me pregunto a qué hora salimos, si desayunamos a las 8 y paramos como
una hora en Thorung Phedi, al pie de la montaña de este campamento. Según las
guías el trayecto de Letdar o Yak Kharkha hasta aquí es de 5 a 6 horas. Si
salimos a las 9 y descansamos una hora, hemos tardado 4 horas. Creo que
caminamos lento, rápido no se puede, no por los pies, los pies vienen fenómeno,
pero sí por la falta de aire. Varias personas que llegan hasta aquí, sufren el
mal de altura y deben bajar. Hasta ahora estamos bien, hemos venido subiendo
paulatinamente, así que esperamos que nuestros organismos sigan respondiendo
tan bien como hasta ahora. Muy bien. Nos duele un poquito la cabeza pero se lo
atribuimos al frío, no tenemos náuseas, ni falta de apetito , ni dejamos de
hacer pis, y tratamos de hidratarnos, aunque no haga sed, por el frío, tomar
agua, o mate de lo que ya no nos queda casi nada  de yerba.
En cuanto al
sendero de hoy, arrancando de Letdar con dificultad normal de bajadas y
subidas, más subidas que bajadas, y luego cruzar un puente y subir en zigzag
por la otra ladera. En esta, cuidado! Rodaban piedras desde arriba, y nosotros
sin casco, cada tanto caían como una tromba, piedras de canto rodado, chicas, y
hasta del tamaño de una pelota de fútbol. Pasamos. Llegamos al primer punto
donde nos podíamos quedar a dormir, Thorung Phedi, a 4200 metros. Ahí tomamos
un té y descansamos. Luego subimos, a paso de tortuga, hasta el campo base
donde estamos ahora. Y se ve que no estamos agotados, porque dejando los
bultos, salimos a dar una vuelta para ver las vistas de los alrededores y
Martín subió a un cerro cubierto de nieve. Impresionante. Hace mucho frío, pero
tenemos un cuarto con dos frazadas y nuestras bolsas de dormir. La mía es un
seguro de vida regalo del mecenas Salvador, me salva, aguanta 29 grados bajo
cero, un kilo de pluma. La de Martin es para menos 5 grados, así que como
durante la noche la temperatura aquí baja mucho más que eso, entre 15 y 20
grados bajo cero, le dejo las dos frazadas a Martín. Durante el día, con
solcito y caminando, no necesitamos ponernos todo el abrigo, como dicen acá, el
clima está niaano, templado.
Se puede, parece
imposible, pero se puede, subiendo despacito, bistarei bistarei, vamos llegando
más allá. Es emocioante.
Temprano, a las 5 y media de la tarde, ya estamos metidos en las bolsas de
dormir. Hace mucho frío. Acá arriba todo es más caro. El dhal baat cuesta 500 y
pico y la pizza también.

De Mungji a Letdar

Estoy emocionada. Ya estamos cerca. Hoy tampoco pensábamos llegar hasta
acá, sino hasta Yak Kharkha, un pueblo a una hora de este. Salimos de Mungji a
eso de las 8 de la mañana, a las 9 estábamos en Manang. Nos conectamos
raudamente a internet y desayunamos un pan de manzana con chocolate y café con
leche. Ya en Mungji habíamos tomado mates con alfajores. Desde Manang, que es
uno de los pueblos más importantes de los que cruzamos, aunque no tanto, sigue
con sus casas características de piedra y en el medio un poco de modernidad,
negocios, y servicios para los trekkers. De Manang nos encaminamos hacia Yak
Kharta pasando por otro pueblito llamado Ghunsang, donde en prencipio habíamos
pensado quedarnos, y estamos bastante más delante de eso. Arrancamos con 3330
metrtos de altura y estamos a 4200, y nos sentimos bien, fantástico! Increíble.
Hasta ahora nuestros organismos responden mucho mejor de lo esperado. Comemos
bien, tomamos agua suficiente, no nos duele la cabeza del soroche y no nos ha
dado náuseas. Hoy subimos casi mil metros y no se nos hizo insoportable, se
siente la agitación en las subidas pero recuperamos el ritmo cardíaco
rápidamente, y vamos con las mochilas puestas. El paisaje es impagable, tan
majestuoso, tan impresionante, las montañas parecen cada vez más grandes. Ya
vemos, desde acá, el Thorung La, el pico de 5500 metros cuyo paso nos espera en
dos días si el tiempo acompaña. Mañana subiremos al pie de la montaña y de ahí
al High Camp. Las montañas son cada vez más grandes y los puentes son cada vez
más largos, pero hay que apechugar el vértigo, sacar coraje, y cruzarlos para
seguir los senderos de la montaña. Estamos bárbaro. Con un frío ejemplar
ejemplarísimo, con todo puesto, pero bárbaro!

En la cena descubrimos las enchiladas nepalíes, se parecen a un canelón
gigante, sirven dos, y cuestan 380 rupias; estaba tan buena que Martín decidió
desayunarse otra.