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Etapa 2 – Moquehue a Puesto Viejo (2017)

Día 2 – desde Moquehue a Puesto Viejo

Arrancamos con todos nuestros petates prontos y bien desayunados, a las 9 de la mañana. A las 12 de mediodía no lográbamos aún dejar la diminuta pero lujosa vecindad de Moquehue, atrás. Seguíamos las referencias de la Guía de Campo 2014 ya que esta etapa de Huella Andina nunca fue habilitada ni señalizada. El camino ancho que sale a la derecha del puente sobre el río Quillahue y llega a un claro, ese camino nunca lo encontramos. Sí encontramos el puente, obvio, y si bien hay un camino ancho que sale a la derecha, a menos de 300 metros este camino vuelve sobre la ruta principal que conecta Aluminé-Ñorquinco.

 Intuimos que algo en la explicación estaba mal. Quizás era el camino a la izquierda, el que dice hacia Altos de Moquehue. Un par de nosotras salimos a averiguar. Una de las personas que contactamos resultó ser un guía, amable pero que por todos los medios trató de convencernos de que no saliéramos hacia Puesto Viejo. Lo primero que hizo fue preguntarnos: -ustedes saben lo que es Pulmari? Nos dio una cátedra y nos advirtió que no podíamos entrar ahí, que alguien monitoreaba esa región. Que nos iban a sacar. Que no nos obstinemos con eso. Que la Huella Andina no existe. Que algún inconsciente con un GPS dibujó esos mapas. Los mapas de la Guía son muy malos, es verdad. Sirven más de estorbo que de ayuda. Este guía nos quería mandar a una cascada a 8 km. Nos mandó en una dirección que dijo que se bifurcaba y nos podía conectar con ese sendero inexistente que nosotros queríamos tomar.  Intentamos salir por ahí pero seguíamos en medio de ese laberinto entre lujoso y polvoso. Por ahí estaba gendarmería, así que me acerqué a preguntar y la reacción fue horrible, casi violenta y de una ofuscación temible. Que no. Que no se podía. Que si entrábamos a Pulmari nos iban a tener que sacar. Intenté con la historia de la «promesa» y casi se me caían las lágrimas. -Por lo menos decime por dónde, le supliqué; el verdolaga, cruzado de brazos, asomó su mano larga por debajo del sobaco y saludó hacia el sur-sudoeste.

-y no seas tan mala onda de mandarnos a sacar -me despedí yo.

Al rato vadeamos un río por donde los autos también vadean, pasamos por un pequeño caserío, y llegamos a una tranquera que decía “Pulmari”, PROHIBIDO EL PASO; por supuesto pasamos.

 
Caminos de Pulmari

Es un camino ancho, un bosque cada vez más agradable de pehuenes. Sube. A la mediahora hay una bifurcación o unión de dos caminos similares. Algo así figura en la Guía. Leímos y releímos y llegamos a la conclusión de que habíamos entrado por la boca errónea pero que estábamos bien y que debíamos seguir por el de nuestra derecha, el que sube hacia el sur. Era ese camino ya que, más adelante se encuentra con el cauce seco de piedras rosadas, pero aquí fue nuestra confusión. Seguimos caminando, tras cruzar ese cauce seco. Seguimos y seguimos en dirección oeste y luego subiendo y subiendo más al sur. Entramos a un bosque sombrío donde una huella se vislumbraba apenas sobre la hojarasca seca y opaca. Después llegamos a un lengal achaparrado y lo encaramos por nuestra derecha. Había una picada bien marcada y que había sido limpiada hacía un mínimo de dos días. Los machetazos estaban frescos en las ramas de los arbustos y los brotes caídos todavía verdes. Había huellas de un solo tipo de botas. Huellas grandes con suela de borcego pesado. Entre los ñires iba contorneando el sendero, siempre hacia el sur sudoeste. Bastante al oeste y con tendencia a subir. Cruzamos un arroyo caudaloso y de piedras grandes y luego varios mallines pequeñitos y un arroyo más tranquilo y angosto que se podía cruzar de un salto. Llegamos a una montaña pelada, con arenisca y algunas flores. El filo no estaba lejos.

 
Buscando el filo de un cerro Plomo

No estábamos seguros de que ese fuera el cerro Plomo a cuyo filo, según dice la Guía, debemos subir. El GPS de una compañera nos marcaba 1950 metros de altura, y el filo del Plomo decía estar a 1850 metros. Además, este GPS nos señalaba una distancia ya caminada de 20 km y la distancia de Moquehue a Puesto Viejo era mucho menor (según la Guía) de 13 a 14 km.

Subí al filo y estando arriba, con mi mochila y todo, no veía más que cerros grises y rosados con manchones salteados verdes; parte de la tropa me gritó desde abajo que preferían descansar por ahí abajo así que regresamos hasta el arroyo caudaloso de piedras grandes e improvisamos un vivac en una campito pequeño pero suficiente y bastante plano para desplegar nuestra toldería.

Organizamos un fogón prudente cerca de la corriente de agua, cenamos rico como siempre y descansamos tranquilos y contentos a pesar de no haber alcanzado nuestro destino del día.

 
Improvisamos campamento y vivac en lugar desconocido
 
Improvisamos campamento y vivac en lugar desconocido

Todavía no sabemos adónde estuvimos, pero estuvo bueno. Como dice un amigo en inglés «if there is no way, leave a trail.»

Será por ahí el Cerro Plomo???

Etapa 1 – Villa Pehuenia a Moquehue (2017)

Día 1 – desde Villa Pehuenia a Moquehue

La idea de esta nueva Huella, 2017, fue hacer todo el recorrido soñado por sus creadores, Estefanía y Walter. Si bien antes de empezar recibimos innumerables advertencias de que sería imposible atravesar las primeras etapas, sobre todo, nos decían, porque las comunidades mapuches no nos dejarían transitar por su territorio. A pesar de la reiteración de advertencias no dimos ni un paso atrás y tal como nos fuimos organizando a través de Facebook, Gmail, y un grupo de wasap, quienes decidimos arriesgar la partida desde Villa Pehuenia, punto inicial de la travesía, nos congregamos el día 11 de enero en el camping El Puente en la Angostura de Villa Pehuenia.

A las 9 de la mañana estábamos ahí Joel, Johana, Jessica y Jesica, Mercedes, Huilen, yo y dos franceses, Marine y Pierre quienes no habían tenido contacto anterior con nuestro grupo pero que venían a Argentina a hacer la Huella Andina con la Guía de Campo 2014 impresa y sin tener ni idea ni advertencia de lo que estaba pasando o alguna vez pasó o nunca pasó con la Huella Andina.
Estos franceses, a quienes seguimos encontrando después en varios puntos del camino, se mostraron consternados y perdidos en esta primera etapa y decidieron no caminar ni la segunda ni la tercera y re-arrancar luego desde Ñorquinco.
Pero allá estábamos y allá íbamos el 11 de enero. Nos hicimos una foto enorme que yo no tengo y espero que alguien aporte al relato. Una foto larga entre cuyos marcos fue difícil hacer entrar a NUEVE caminantes con sus obesas mochilas.

La troup lista para la largada (foto gentileza Jess Garcia)

Largamos, en media hora llegamos al puesto mapuche de control de la comunidad Puel. Un joven salió de la casilla de madera a preguntar hacia dónde íbamos, le dijimos que queríamos ir hasta Moquehue. Nos preguntó si llevábamos guía a lo que yo expliqué que no, pero que hacía mucho tiempo había caminado ese sendero y quería regresar porque había “hecho una promesa” y que esos, mis amigos de toda la vida (a quienes conocía desde hacía media hora), estaban ahí para acompañarme. La conversación fue bastante breve y muy amable. El muchacho nos dejó pasar tranquilamente, sin ningún problema, sin advertirnos de nada, sin objeciones. Simplemente sonrió y dijo “pueden pasar”, y pasamos.
El camino es fácil. Es un camino ancho, vehicular. Más adelante hay un cartel de advertencia de no ir sin guía, hicimos caso omiso y seguimos caminando. Al llegar a la laguna de Matuthue, justo antes, el camino ancho vira a la izquierda, y no a la derecha como dice la guía de campo; si fuéramos hacia la derecha, estaríamos bordeando la laguna e iríamos hacia la casa de la pobladora Rosalía. Si no desviamos a la izquierda y seguimos recto unos 400 metros, llegamos a casa de un poblador con el que me acerqué a charlar. Muy amable. Este poblador me explicó que también se podía atravesar la loma frente a su casa. El grupo nuestro se dividió en dos. Unos fueron por el camino ancho desde donde comienza Matuthue, a la izquierda, y otros fuimos por una senda con huellas de animales, a través de la loma. Ambos grupos llegamos al mismo lugar donde hay que cruzar un arroyito de aguas mansas y claras, por otro camino ancho, justo donde hay una tranquera blanca que se puede cruzar por el costado.
Al poco de andar desde aquí, ya se vislumbra el lago Moquehue. Allí, en sus orillas, y luego de vadear el arroyo Blanco, encontramos a los franceses, desconcertados y perdidos, enojados también un poco por la falta de señalización de esta etapa 1 de la Huella.
Esta etapa 1 de la Huella nunca fue habilitada ni señalizada. Sin embargo no es difícil encontrar el rumbo y tanto el camino como las picadas y la dirección hacia el lago, son obvias y claras.
Llegamos a Moquehue. Pasamos de largo el camping Trenel donde antes de mencionarlo ya nos advirtieron que seguir hacia Puesto Viejo, segunda etapa, era imposible, impensable, que no nos darían permiso y que no se puede pasar por ¿Pulmari?
Acampamos en pleno Moquehue, exclusivo enclave. Sólo para elegidos.

Luna llena en Moquehue

Nuestro campamento y equipo de lujo en Moquehue

Acampamos gratis junto al lago. Allí hicimos un fogón responsable, una buena cena, y disfrutamos de inmejorables vistas y compañía y charla y nos sentimos triunfantes por haber dado nuestro primer paso de manera exitosa. Estábamos felices y muy entusiasmados.

Vista desde la puerta de mi casa

Ilha do Mel, sur do Brasil. Tão idílica quanto o seu nome.

Dicen que el mundo es un pañuelo y sin embargo está repleto de rincones desconocidos. Si se trata de hacer el Viaje con mayúsculas y hacemos rodar el globo terráqueo como una pirinola para que caiga nuestro a dedo a ciegas y elegir el rumbo, sería casi una señal del destino caer en la Ilha do Mel. Desde su idílico y seductor nombre hasta sus contornos con forma de ballena o cuerpo de mujer, nos motivarán sin dudarlo a emprender el vuelo hacia esta isla paradisíaca. La Ilha do Mel, ubicada frente a las costas meridionales de Brasil, a la altura de Pontal do Sul, es una invitación irresistible no sólo al viaje en sí, sino también a la aventura y al amor.

Para llegar allí podemos iniciar nuestra travesía en la ciudad de Curitiba, y si quisiéramos hacer un tour variado y completo, tomar el tren da Serra Verde Express.

El tren da Serra Verde Express bordea temerariamente las cornisas de la Serra do Mar, se introduce en ella a través de túneles y la desafía de puente en puente que penden por el aire, recorriendo además la región de mata atlântica más densa y exuberante de todo el gigante Brasil. Esta maravillosa realización de la ingeniería de hace más de un siglo, estuvo cerca de no existir ya que, el desafío de arremeter contra la montaña y la selva para instalar los rieles, parecía imposible.

El tren arranca tradicionalmente a las 8.15 desde Curitiba y demora 3 horas hasta Morretes; si bien la última estación es Paranaguá, desde donde salen las lanchas a la Ilha do Mel, el tren sólo llega a hasta allí los domingos, y es un buen empujón para  bajarnos en Morretes, volver a poner los pies en tierra firme, caminar por la templanza de sus calles empedradas y sus fachadas coloniales, recuperar la compostura al vértigo y degustar el famoso barreado, delicia local elaborada con carne.

Desde Morretes tomaremos un autobús hasta Paranaguá y desde Paranaguá, la lancha al broche de oro de nuestra travesía: Ilha do Mel.

Como tip viajero podemos agregar que, al convertirse el Tren da Serra Verde Express en un destino turístico por sí solo, el precio de ida, desde Curitiba, suele ser bastante más caro que el de regreso,   por lo que también podemos elegir ir hasta Morretes por otro medio, y regresar en el tren de bajada si resistimos el chirrido de los frenos.

Aquí está el enlace para más información acerca del tren https://www.serraverdeexpress.com.br/

y el enlace a autobuses entre Curitiba y Morretes/Paranaguá http://www.viacaograciosa.com.br/

Hasta hace un par de décadas, la Ilha do Mel era sólo refugio de pescadores, una isla que se jactaba de no tener ley ya que no había ni puesto policial ni autoridades. Sólo se llegaba hasta sus costas alquilando canoa y remero desde Pontal do Sol donde a su vez había que llegar a pie caminando por la playa. Hoy día abundan las posadas que conservan el típico estilo rústico y encantador de verandas de madera con abundantes hamacas a la fresca de palmeras y framboyanes.

En la Ilha do Mel no hay calles, sólo trilhas, senderos angostos por los que, caminando, se puede recorrer la isla de punta a punta y de un lado a otro y tener el privilegio de, cruzando en pocos pasos su delgada cintura, esperar el amanecer en una costa  y retirarse  hacia la otra para contemplar el atardecer.

La isla se puede rodear bordeando sus costas, disfrutando de la amplitud de sus playas de arena clara, sortear rocas y pasar de una a otra cala o bahía donde retozar en playas desiertas. A pesar de su diámetro de modestos kilómetros, alberga más de veinte playas exclusivas. Al emprender una caminata alrededor de la Isla, es importante tener en cuenta las subidas y bajadas de las mareas, a no ser que nos entreguemos a vivir una aventura de supervivencia hasta el día siguiente. Los más avezados e intrépidos pueden trepar a los dos morros ubicados en sendos extremos de la isla, en este caso con calzado cerrado y seguro y prestando atención al sendero para evitar pisar alguna serpiente.

Ilha do Mel es un rincón diminuto de nuestro planeta que nos ofrece una variedad increíble. En pocos días, además de descansar en reductos únicos que nos colmarán de paz, nos enriqueceremos de historia, geografía, variedades exóticas de un ecosistema protegido.

Los puntos tradicionales a visitar no tienen desperdicio.  En el norte está la Fortaleza de Nossa Senhora dos Prazeres, único monumento militar del siglo XVIII existente en el estado de Paraná, cuyos muros tienen un metro y medio de espesor. En el sur, la praia de Encantadas,  desde donde con la corriente baja, además de tener acceso a una gruta, es posible llegar a la playa de Nova Brasilia, y al Farol das Conchas. Todo esto se puede hacer de a pie y hasta descalzos intercalando baños marinos, también es posible acceder a algunos de ellos en bicicletas que facilitan en las posadas. Si se quiere andar de noche por las trilhas, es imprescindible llevar linternas, ya que la única luz posible son las farolas tenues de las posadas titilando entre las ramas.

En el pasado la isla fue habitada por una tribu de indios llamados Carijós, acérrimos apícolas, quizás de ahí viene su nombre, o quizás del Almirante Mehl, cuya familia era asidua visitante de la isla;  provenga de donde provenga, el entorno y la mansedumbre en la Ilha do Mel hacen honor a la dulzura de la miel libada de lo más salvaje de la flora.

Pantanos de Barakaldo

Barakaldo, cuyo nombre derivaría de ‘baratz’ (huerta) y ‘alde’ (zona), es un municipio vasco del Gran Bilbao, que se extiende sobre la margen izquierda de la ría del Nervión. Cuatro ríos atraviesan la región y numerosos montes que ondulan el terreno con crestas de entre 400 a 600 metros de altura. Los primeros indicios de establecimiento humano por Barakaldo fueron encontrado en la Cueva de los Mosquitos en el barrio de El Regato, y datan de más de diez mil años de antigüedad. Barakaldo se pobló con la actividad industrial siderúrgica, actividad y poblamiento que obligó a la construcción de embalses o presas, llamados aquí ‘pantanos’, aprovechando las aguas de los cuatro ríos que discurren por la región.

Hoy día los distintos barrios de Barakaldo han sido parquizados, arbolados, y es el municipio desde donde arrancan los bidegorris, ciclovías, más largos de los alredores de Bilbao, además de existir senderos de trekking balizados y sin balizar, rincones con curiosidades históricas que merecen la pena, y barrios y caseríos encantadores que sólo a pie o en bici es factible descubrir.

Los caminos del agua de Barakaldo pueden recorrerse en buena parte en bicicleta. Desde donde uno se encuentre, ya sea en Bilbao o cerca, puede dirigirse en metro a Gurutzeta/Cruces y desde allí enfilar al polideportivo de Gorostiza, muy cerca de allí hay paneles informativos y comienza la balización del PR BI-210 con líneas amarilla y blanca.

En ese lugar veremos también el amplio parque Tellaetxea, una pradera verde, enorme, con parte de arboleda, merenderos, y parrillas. El bidegorri y sendero rodea ese espacio verde por ambos lados.

El recorrido es ameno, lindo, arbolado, con robles de formas caprichosas. Iremos bordeando el primer pantano, el de Gorostiza, muy grande y con algunas playas pequeñas donde se puede pescar o simplemente sentarse a contemplar la mansedumbre característica del agua. Llegamos al simpático pueblo del Regato, Errekato, a la izquierda de la iglesia veremos un puente que cruza el pantano de Gorostiza. Vamos a caminar hacia el final del barrio, sin despreciar las nueces caídas de nogales sobre nuestra derecha. Vamos camino a Etxebarria, el segundo pantano.

Pasadas las primeras curvas se llega al barrio de Tellitu y encontramos un sendero a la izquierda perfectamente señalizado con balizas del PR. Continuamos por este sendero profuso de eucaliptos hasta llegar a un cruce donde tomaremos la opción de la izquierda. El senderito es de tierra y con algo de pendiente, vale la pena. El pantano de Etxebarria se asoma tímidamente entre el ramerío. En primer lugar veremos la pared de la presa y poco después diferentes vistas entre preciosos y añejos robles.  Durante el trayecto iremos divisando las laderas del monte Argalario.

Una vez realizado el descenso hasta las orillas del río Castaños, tras haber remontado el pantano, cruzamos un puente por la zona más alta. También está la opción de seguir un estrechísimo sendero por la misma orilla del pantano, que alcanza la zona del muro de contención. Se desciende por las laderas de Arroletza, Sasiburu y Apuko, hasta el barrio de Urkulo, donde existieron varios molinos que aprovechaban la fuerza del agua.

 

Pirenaica 4-Urkiaga-Auritz (Burguete)

A las 6.30 escuché las gotas que caían sobre la tela de la carpa. En breve paró. Asomé la cabeza y el día pintaba nublado denso pero con algo de rosa forzado por febo. Me levanté temprano, hice los mates, acomodé todo y fui a saludar y despedirme de los franceses que no habían dormido tan a gusto como yo. El día sería largo en cuanto a pasos a recorrer y debía aprovechar el buen clima. Me faltaba poco menos de la mitad de la etapa de ayer para alcanzar a Urkiaga y luego toda la etapa 4 desde Urkiaga a Auritz y no sería todo…

El camino está bien señalizado, hay marcas pintadas y postes bajitos, blancos con la línea roja. Dejando atrás la Borda de Kinto y el collado de Azaldegi mientras saludaba durante varios recodos del camino a los franceses, subí  hasta salir del hayedo y llegar muy pronto a otra pequeña chabola.  Y seguí subiendo por la cresta de los Generales, las vistas son fabulosas. En pocos pasos arriba si giramos la vista 360 grados no habrá desperdicio. No alcanzan los ojos para admirar tantas bellezas.  A pesar de haber amanecido tormentoso, las nubes se aglomeraban en otras cumbres del horizonte a medida que el cielo sobre mi cabeza se despejaba. Fuis sorteando las laderas del Iparraldeko Kaskoa, Artsal, Enekorri, ondulando sobre los collados que las unen. Pasé varias palomeras. No hay agua pero só prados muy extensos donde se podría acampar y mucha paz. Por aquí en este día no crucé a nadie.  Hay algunos cruces de caminos con las típicas flechas de madera. Para Urkiaga, a pesar de sentir yo, que ya llevo bastante caminado, siempre falta un poco más. Al final llego.

Es decepcionante Urkiaga. Hay una ruta de asfalto bastante transitada que corta al medio el verde y el bosque. Hay varias palomeras, un búnker y no sería un lugar propicio para pasar una noche bella y en paz con la naturaleza así que me alegro de haber dormido en Kontoko Borda.

Cruzando la ruta hay paneles informativos. Toca volver a remontar más de mil metros que hemos bajado. Primero el ascenso es un por una pista ancha de barro. Por ahí circula algún que otro vehículo con buenas llantas.  Es sombrío y barroso. Hay algunos caseríos o enclaves ganaderos y se ve algo de poblador que anda por ahí. Al cruzar un alambre se entra en una senda más montañera que nos traslada a un circo de colinas verdes  alucinante, es el circo de Adi. Imposible no exclamar en voz alta. Una hermosura.

Seguidamente se entra a un bosque de hayas, también por ahí se interceptan algunos caminos anchos y una casa, pero la senda sigue por el bosque y da gusto. Hay que ir atento a las marcas para no perderse en lo umbrío y uniforme del bosque, la armonía de los árboles y el tapiz de colores más nuestra distracción ante tanta belleza nos puede llevar a cualquier lado si no vamos atentos a la marca entre las sombras. Saliendo luego de un pinar vamos a llegar al barranco de Odia y su arroyo que nos acompañará buena parte del camino.

Este arroyo es ideal para descansar un rato, hacer un hamaiketako, un pic-nic, o también si place quedarse a acampar cerca de sus orillas, es super bonito. Vamos a caminar cerca de él hasta la CASA DE Pablo en Sorogain, un albergue que está abierto. Antes del albergue está la senda que sube para continuar hacia Auritz, hay paneles informativos. También aquí sale una ruta asfaltada que va hacia Espinal.

La senda vuelve a subir en dirección del Collado de Arbilleta, pasaremos un hayedo más y antiguas canteras. Más adelante veremos comederos de ganado y seguiremos un arroyo por su margen izquierda con la baliza del Camino de Santiago en dirección contraria. Pasamos dos arroyos más y una pista con naves vacunas nos dirige fácilmente hasta Auritz-Burguete.

En mi caso, al llegar reculé un par de kilómetros por la ruta hasta el camping Urrobi, cerca de Espinal; un camping organizado, civilizado, adonde pude ducharme y descansar esa noche para regresar a Bilbo desde Iruña. A Iruña se va en un autobús que parte de Roncesvalles todas las mañanas a las 9.20. Se toma en la gasolinera que está a pocos metros de la entrada del camping. Se trata de autobuses Artieda y se pueden verificar los horarios por internet, cuesta 4.50 euros hasta Iruña-Pamplona.

Pirenaica 3-Elizondo-Urkiaga

 

La etapa 3 del GR11 de oeste a este tal como voy es desde Elizondo a Urkiaga. La Alta Ruta Pirenaica va desde Elizondo y cruza hacia los Aldudes. La línea fronteriza, un alambrado y mugas de roca, se extiende por las cumbres que van desde los 900 a los 1300 metros en esta etapa y deja de un lado el Valle del Baztán, y del otro la Vallée des Aldudes.

Como mi salida se efectúa desde Bilbo no me fue posible completar las 6 horas que demanda esta etapa, además, debí procurarme algún cobijo ante posibles tormentas y afortunadamente siempre encontré un techito donde guarecerme.

Arranqué desde Bilbo temprano en la mañana y me dirigí en autobús de Transportes La Unión, La Burundesa, hacia Iruña. Elegí esta opción y no la de arrancar desde Donostia ya que,  el primer bus de la Baztaneza desde Donostia a Elizondo salía a las 16.30 y me rezagaba mucho el inicio de la caminata. En cambio, desde Iruña, tenía un bus a las 13. Calculaba que estaría en media hora en Elizondo pero no fue así ya que este tomó ruta por varios pueblitos muy pintorescos colgados de las laderas de las montañas,  Almandoz, Eugi, Irurita, entre otras paradas. Demoramos como hora y media pero fue bonito y a las 15 hs ya estaba en la iglesia de Santiago de Elizondo desde donde oficialmente arranca la etapa. Pocos metros después están los paneles informativos donde se explica tanto en francés como castellano y por susto euskera las distintas posibilidades. Está el GR11 , pero también el GR12 y un GR5T que es un transversal. Todos arrancan más o menos en la misma dirección y luego alguno se bifurca y apunta para otras cimas, otros collados, y hacia otros destinos. El sendero inicial evita ir por una pista asfaltada aunque se cruza varias veces.

A poco menos de una hora de camino, siempre en ascenso ya durante 11 km en esta etapa, es todo subida, hay un par de fuentes de agua donde es posible hidratarse,  remojarse un poco y abastecer las ánforas. Hay sectores embarrados y bosque de hayas y robles.

Cuando ya hacia casi 3 horas que estaba andando y ya divisaba la Peña de Alba, Albako Harria y el Collado Argibel, se desató una tormenta. Justo llegaba a una cabaña de cazadores que estaba cerrada pero que tiene un alero con unas bancas de piedra debajo donde me refugié del aguacero y me tomé unos mates mientras meditaba qué hacer si continuar o acampar allí mismo. Esta cabaña está en el Collado Urbillo. Hay un depósito de leña, algunas mesas y otra cabañia más pequeña. Escampó en cuarenta minutos así que reacomodé los bártulos, calcé bien la mochila y apreté el paso. Según mis apuntes en una hora quince debía encontrar otra cabaña.

Llegué al collado de Arguibel y fui siguiendo la alambrada y las mugas de piedra. La tormenta amenazaba otra vez y cruzaba el cielo con rayos luminosos de todos colores. Las vistas eran fabulosas, los prados verdes, el collado y de un lado, a mis espaldas, se alejaba Albako Harria y del otro, allí debajo de las colinas, los pueblitos de la Vallée des Aldudes. Ahí hay bifurcaciones indicadas con flechas, todo se perfila tan bonito que uno no sabe para qué lado será más precioso continuar y eso multiplica el deseo de volver a caminar todo de nuevo siguiendo otra flecha. Yo seguí hacia Urkiaga que es el GR11, si uno quisiera tomar la Alta Ruta debe bajar hacia los Aldudes pasando por el Collado de Berdaritz.

Seguí junto al alambre fronterizo, luego desviándome un poco hacia mi derecha, primero por prados y después entrando en un hermoso bosque y, en menos de una hora, jugando carrerilla a la tormenta, ya estaba en la siguiente cabaña de cazadores en Kintoko Borda. Esta tiene una pila con una canilla y agua, también esta cerrada la casa, pero tiene un parque de pasto mullido donde acampar y un par de mesas de piedra. Me prepare los consabidos mates y antes de que comenzara la lluvia armé el campamento.

Una pareja de franceses, Emannuelle y Alain, me sorprendieron. Estaban a un costado de la cabaña de cazadores, cerca del arroyo donde hay otra cabaña muy pequeñita, abierta. Esta cabañita tiene un espacio donde apenas entran dos personas en bolsa de dormir. Conversamos durante horas hasta que cayó la noche y se pasó la tormenta. Fue un encuentro fraternal y muy lindo. Durante la noche se vieron dos estrellas en el cielo y al despunte del alba cayeron algunas gotas. Nada más.

A Urkiaga no llegué en esta jornada que comencé tardíamente después del mediodía y con tormenta, pero allá vamos! Un día más después de una noche impagable en esos prados y cumbres tan bonitos, con el arrullo del agua del arroyo, el tintineo de alguna yegua madrina, y el relincho del semental alterado por las tormentas. Un espectáculo.

Pirenaica-2-Bera de Bidasoa-Elizondo

Mis posibilidades de días laborales y días libres, me permiten, por ahora, ir recorriendo esta travesía por tramos y por semana.

Arranco esta etapa desde Bera de Bidasoa para caminar hacia Lizaieta y desde allí continuar hacia Elizondo atravesando varios collados. Para llegar a Bera desde Bilbo, mi lugar de residencia, voy a Irún, puede hacerse en bus o en tren, yo voy en tren, el Euskotren, porque aunque demoro mucho más, me resulta más cómodo y más ameno, y más bonito que ir hasta San Mamés y lidiar con la falta de información y la mala onda de la gente que anda trabajando en el aparcadero de la Termibús. En Euskotren llego fantásticamente bien y contenta. Desde Irún busco la parada de la Burundesa para ir hasta Bera. Los buses paran en las garitas -aquí les llaman marquesinas- a pocas cuadras de la estación del Euskotren, la Burundesa, actualmente, pasa a las 8, 10.05, 12.02, 14.05, 15.20, 18.39 y el pasaje Irún-Bera  cuesta 1.35. En la misma plazoleta de Bera donde deja el autobús está el panel informativo del GR 11, ruta conveniente para seguir la HRP en este tramo.

Bera, además, merece una vueltita porque es un pueblo pintoresco y agradable. El sendero tiene la marca de GR roja y blanca y está bastante bien señalizado. Siguiendo dichas marcas y para salir de Bera, se pasa por una Ikastola y luego se llega a un par de caseríos. A 1 km hay una fuente de agua, muy visible.  Estos primeros caminos son de piedra y semi asfaltado. Luego se convierten en senderos herbosos y hay varias bifurcaciones quizás hechas por labriegos, ganaderos o animales. Hay que subir una loma, la cima de Santa Bárbara. Se ve un árbol allá arriba, dejar todos los caseríos y Bera a nuestras espaldas y subir por un sendero empinado de hierba que sale abruptamente loma traviesa a nuestra derecha. Arriba de la loma tenemos que encontrar un búnker, banderas budistas de oración de colores, y un pequeño monumento homenaje a montañistas fallecidos. Desde el búnker el sendero bordea la loma por la ladera izquierda, balconeando y llega hasta un alambrado donde hay una banqueta de madera para subir y pasar hacia e otro lado donde hay una casita o corral de madera, abierto. Aquí es campo traviesa y habrá señales que en poco tiempo nos permitirán llegar hasta el collado de Lizarrieta o Lizaieta. Aquí hay carretera, cruce de caminos, todo señalizado. Hay una venta y es un lugar privilegiado para la observación de aves migratorias por su ubicación estratégica.

Toda esta zona se caracteriza por la caza de palomas torcazas. Mimetizadas entre los árboles, pintadas de verde, vamos a ver las torres con los refugios altos desde donde  el cazador se apresta a atrapar palomitas con red, como quien cazara mariposas. Vamos a pasar varios collados con vistas muy lindas y prados siempre verdes. Pasaremos los collados de Xorilepo, Lakain y Nabarlatza donde está la muga o hito fronterizo número 50. Cruzaremos un arroyito, Argarate, y luego se llega a un caserío con una gran nave ganadera y hay fuentes de agua. Poquito más adelante está el merendero Oranbetasora, hay una fuente pero cuando yo pasé no salía agua.

Por aquí están señalizados, además del GR11, varios senderitos para visitar megalitos. El camino es muy bonito, hay bosques de hayas y prados, hay lugares donde se podría acampar pero salvo las fuentes mencionadas, no hay mucha agua. Quizás algún arroyito muy angosto. Llegando al collado de Ursumiats suele haber potokas y un cruce de caminos, y desde la intersección de los caminos hay que seguir a nuestra derecha. Vamos a cruzar el collado de Gaineko Saroia y luego Also. Por aquí hay una marca en un árbol, pintada de un solo lado, y también hay una cruz. Prestar atención, es fácil confundir la desviación. Fue mi caso pero fue providencial ya que, se desataba una amenazante tormenta con rayos y centellas, y me vino muy bien confundir el camino para llegar a unos caseríos en Etxeteko Borda donde pernocté en los prados de don Jesús que me facilitó uno que estaba cerrado para que no pasen animales durante la noche, y su fuente de agua, además de su amabilidad.

La lluvia no traspasó la carpa y los rayos y centellas cayeron lejos por detrás de las montañas. Sólo debía volver atrás un kilómetro para caer sobre la misma carretera en la que estaba pero más atrás, en el collado de Esquisaroi. Me di cuenta de todo llevando mapa y brújula, imprescindibles.

Desde el collado de Esquisaroi ascendí a las partes más emocionantes de esta etapa, por Atxuela, hacia los 900 metros con vistas impresionantemente bellas de todos los alrededores. Se pasan varios búnkers además de los collados Iñaberri, Larrondo, Urruspil, luego se desciende al caserío Maistruzarra donde hay una fuente y desde ahí a Bagordi donde hay merendero y fuente. Ya casi estamos en Elizondo que pocos pasos más adelante se empieza a ver. Es sólo una bajada larga con muchas vueltas pero también atajos que van encontrando la carretera que sube desde Donestebe.

Elizondo es un pueblo agradable con encanto y gente simpática. Cruzaremos el río Baztán y la marca nos va llevando para seguir o bien hasta un garaje desde donde salen los buses de la Baztaneza hacia Donostia y Pamplona y desde ambos lugares  es posible regresar a Bilbo. Los horarios de autobuses están pegados en la pared y oficina del garaje y también pueden verse en internet, yo tomé a Donostia a las 13,45 y tardé una hora y media, luego volví a Bilbo en un bus de Alsa, el precio de cada uno es 6 euros y monedas.

Pirenaica-1-Hendaye-Lizuniaga

Cruzar los Pirineos de mar a mar, arrancando desde el País Vasco por occidente y legando a Catalunya.

Existen muchísimas rutas por las que puede hacerse este recorrido y muchísimas variantes. Arranqué pensando en realizarla por la que me seducía más y que es la Alta ruta pirenaica, o, en francés, la Haute Randonnée Pyrénéenne. Las dos principales son las llamadas GR11 que discurre por la vertiente vasca del sur, aragonesa, española, catalana, y la GR10 que va por Iarralde, Aquitania, y Andorra, del lado francés. La Haute Randonnée Pyrénéenne va intercalando una y otra, conectándose con ambas pero buscando siempre las cotas más altas. La GR10 y 11, están marcadas con cartelería, flechas de vez en cuando en cruces de camino o fine y principio de etpa, y marcas de dos líneas roja y blanca. La Alta Ruta no está balizada, no posee marcas, pero sí, muchas veces, nos vamos a guiar por los mojones fronterizos, hitos de cemento numerados que delimitan en el caso del País Vasco Iparraldea de Hegoaldea y más adelante, Francia-España. También hay multitud de senderos que se utilizan como son los senderos de antiguos contrabandistas.

La primera etapa arranqué desde Hendaye. Para llegar a Hendaye desde Bilbao, se puede viajar en el Euskotren. El viaje se puede arrancar en el Casco Viejo, Zazpiak kalea, Donostia, actualmente parten cada hora a las ’58 (6.58, 7.58…etc). En Donostia, sin salir de la estación de tren Amara se busca el tren para continuar a Irun-Hendaye. Con la tarjeta Barik de Bizkaia se puede hacer todo el recorrido por unos 5 euros. Es largo, unas 3 horas, pero se pasan bien y es muy barato.

Al llegar a Hendaye si uno quiere arrancar el recorrido como corresponde debe dirigirse hasta el antiguo casino frente a la gran playa de Hendaye. Allí está el cartel de largada del GR10 que es el que tomaremos para comenzar. La primera parte, con la señalética del GR10, delinea la bahía costera y luego atraviesa la ciudad hacia arriba por pintorescos barrrios, cruza debajo de las vías del tren, más adelante pasa debajo de una ruta nacional, discurre por algunos campos con caseríos y palomeras, ya que en esta región ha proliferado el hobby de la caza de palomas torcazas, y luego pasaremos por un túnel  por debajo de la autopista y llegaremos  al pueblo de Biriatou. Hasta aquí son unas 2 horas de caminata. Todo está marcado con las líneas roja-blanca.

Si uno elige no fastidiarse caminando tanto por la zona urbana, ni bien salir de la estación del Euskotren en Hendaya puede buscar las paradas del Hegobus que va hacia Biriatou, la línea 5. Actualmente algunos servicios que nos pueden servir son a las 12.42, 13.42. 17.17. 18.27. Por 1 euro se ahorrará esta caminata por la ciudad y puede arrancar directamente monte adentro y ya sí por senderos montañeros, helechales verdes y paisajes de montaña exuberantes y lindos.

Más de la mitad del trayecto de la primera etapa podemos hacerlo por la GR10 y sin perdernos. Tiene varias pendientes con interesantes vistas. Subims desde Biariatou hasta la Mansión Mounier, el primer caserío de la región y seguimos subiendo hasta el collado Xoldokogaine. Las vistas son impresionantes. Atrás va quedando la costa y las ciudades marítimas, Hondarribia, Hendaye, Donibane Loizune, cada vez más pequeñas y dibujadas en la escarpada costa recortada. También se ve la brecha sinuosa del río Bidasoa con su riberas salpicadas de verdor y caseríos. Las vistas desde Koldokogaine son maravillosas para donde se mjire. Luego seguimos y vemos en breve el Lago de Ibardin. No lo perderemos de vista por largo rato. Hay un zig-zag, un poco confuso justo al llegar a un arroyo. El Lac d’Ibardin nos puede ayudar a orientarnos, debemos seguir viéndolo, como si camináramos por un balcón sobre él. En el arroyito mencionado podemos remojarnos un poco y cargar agua.

Llegaremos a las Bentas de Ibardin, rutas de pavimento, coches, comercios. Allí cartelería que señala si seguir a el GR10 que irá rumbo a Olhete por el collado de Deskargahandiko, u otras direcciones. La Haute Randonnée Pyrénéenne va por el collado de Inzola, dirección Bera, y desvío a Usteguieta. Yo, por error, he tomado la ruta que va hacia Benta de Inzola, pero fue providencial ya que, por aquí, descubrí un lugar maravilloso donde acampar y pasar la noche.

Al dirigirme equivocadamente hacia Benta de Inzola, terminé conectando con el GR10 que va hacia Olhete, de camino a Sare, segunda etapa del GR10. Llegue al collado Deskargahandiko remntando un sendero arcilloso y pedregosos desde la Bneta de Inzola. Unos 45 minutos arriba hay un descampado verde, ideal para acampar, plano, y  alos pies del Larrun, La Rhune, justamente desde este collado arranca un sendero para subir hacia cumbre y desde el cual, al día siguiente, podría continuar y culminar esta primera etapa hacia Lizuniaga.

En principio pensé que no había agua en el lugar, pero me quedé tranquila sabiendo que había seguido esos 45 minutos el curso de un arroyo ancho, así que el agua no estaría nunca demasiado lejos. Efectivamente, desde este plano ideal para acampar, apenas unos metros hacia abajo por donde ha llegado mi sendero, hay una picada que desvía a la derecha y en 20 metros hay una fuente. Aleluya! El lugar es perfecto.

Dormí ahí sin perderme ni el atardecer, ni la salida de la luna, ni el cielo estrellado, ni el amanecer, y sin embargo dormí y descansé. A la vista de la puerta de mi carpa, La Rhune.

Por la mañana, el sendero para subir a la cumbre, no tiene marcas pero es muy definido. Siempre hacia arriba. Luego los senderos se conectan con una ruta entoscada que conduce hasta la cima donde hay un montón de construcciones. Desde allí hay dos maneras de bajar a Lizuniaga, o quizás más de dos. Una es ir bajando por esta ruta entoscada, luego aparecen carteles. Es un camino largo, se tardan como 2 horas hasta Lizuniaga. Y la otra es un sendero angosto que corta hacia abajo por los hitos fronterizos 25, 26, 27, y descienden primero hasta Benta Beltza, donde hay una cabaña de madera oscura, y desde allí hacia Lizuniaga. Durante el camino hay un par de flechas indicadoras, no muchas y es importante llevar un mapa y una brújula ya que hay numerosos senderos.

Anillo Verde de Bilbao

Es maravillosos poder vivir en una ciudad que ofrece todo lo que una gran metrópoli y, al mismo tiempo, permite, en media hora, internarse en bosque y montaña.

El Anillo o Cinturón Verde de Bilbao reúne senderos y caminos que circundan la ciudad y sumados son casi 100 km de caminos, aunque el contorno en sí, si uno optara por uno u otro sendero para dar una vuelta al Cinturón de Bilbao, sería de alrededor de 43 km.

Se puede acceder a este Anillo Verde desde distintos barrios de la ciudad. Un lugar común y sencillo para iniciarlo si uno aún no es muy familiar de las calles o barrios de Bilbo, es ir a Plaza Moyua y buscar la Alameda Rekalde. En Rekalde, caminando en dirección a la ría, al Museo Guggenheim, y al Puente La Salve, podremos encontrar en las veredas baldosas verdes que en un recuadro nos marca GR, Gran Recorrido, y la dirección de la ruta pedestre.

Si empezamos en Moyua y por Rekalde, vamos a cruzar el puente La Salve por la izquierda e iremos tomando esa dirección, sobre nuestra izquierda, para internarnos a cada paso en el bosque y subir al Monte Artxanda. Vamos a pasar un área de merenderos, el área Pikotamendi, luego la Calle Vía Vieja Lezama donde antes circulaba un tren que descarriló. Pasaremos por debajo de las vías del Funicular de Artxanda y si seguimos un par de kilómetros más por la estrada Mendiarte, llegaremos al Monte Avril.

Antes hay otra posibilidad de bajar hacia Bilbao por un camino con señalética antigua, sólo un cartelito que dice Bilbao sobre fondo celeste. Este camino nos lleva a un sinfín de escaleras -sin marcas roja y blanca- que desembocarán en el Polvorín, el Parque Etxeberria donde está la chimenea.

Siempre iremos encontrando señalética, carteles de madera, paneles informativos y marcas roja y blanca de GR. En este caso es el GR 228. Cerca del Monte Avril el Anillo coincide con el Camino de Santiago (la ruta de los Zamudianos), cerca de un área recreativa llamada Iturritxualde, donde por supuesto hay una fuente: iturri. Hay unas cuantas durante el recorrido completo. Se puede ir reponiendo agua.

Tanto en Artxanda como en el Monte Avril podemos apreciar las vistas o descansar en los merenderos. Desde el Monte Avril continuaremos en dirección a las antenas del Ganguren, las veremos adelante, cruzaremos la carretera en el Municipio de Galdakao y por allí, un camino de tierra asciende sobre nuestra izquierda hacia la cima del Ganguren de 474m. Cuando estemos cerca de las antenas debemos prestar atención ya que el sendero a la cima va por nuestra derecha. Lo seguimos hasta las antenas. Volvemos al camino de tierra que hemos abandonado y que va paralelo al asfalto y llegamos a una mesa informativa.

Más adelante, 6.5 km hay un vivero, más merenderos, dos frontones, y siempre información, marca roja y blanca, y flechas. Podemos ascender a la cima del Kuskuburu de 414 m. Veremos más restos de túneles y bunkers, o bien podemos bajar hacia Bolueta por la carretera Santa Marina, dirección Buia. Hay un camino rural y más adelante veremos el hospital. Pasaremos Azkarabidea, algunos caseríos y a 2 km habremos llegado al barrio bilbaíno de  Otxarkoaga.

Siempre podemos seguir las marcas roja y blanca.

El Anillo Verde lo podemos iniciar en el centro, en Moyua, pero también en Otxarkoaga, en Bolueta, en el Parque Europa, en el Barrio La Peña o el Barrio Buia ya que, entre parque y merendero, ladera y colina, verdor y verdor, va enlazando estos rincones del Gran Bilbao. Cruza la Ría y pasa por debajo de antiguos túneles ferroviarios.

Los barrios que recorre este Anillo o Cinturón Verde y desde donde puede engancharse son: Artxanda, Arbolantxa, Otxarkoaga, Bolueta, La Peña, Buia, Arraiz, Altamira, Zorrotza, Olabeaga, Deusto, Ibarrekolanda o Arangoiti. La ruta pasa también por cimas como Avril, Pagasarri, Ganeta, Arraiz y Kobetamendi.

Gorbea por Itxina desde Urigoiti (Orozko)

Un recorrido interesante y bello.

Suele ser un problema de todo caminante agreste y salvaje, llegar a los puntos de inicio de las travesías. En todos los casos. Muchas veces me encuentro con que demoro más haciendo combinaciones en transporte público para iniciar un recorrido que en el recorrido en sí, y eso de tener que tomar varios transportes y hacer conexiones y bajarse de uno para esperar otro, es más engorroso y cansador que caminar con la mochila al hombro que en realidad es lo más emocionante.

Tal es así que había dejado esperar este recorrido desde Itxina hacia Gorbea hasta que se dio la oportunidad de contar con alguien con vehículo y acceder desde Urigoiti, un barrio de Orozko pasando el barrio de Ibarra. De no tener vehículo, habrá que hacer dedo hasta allí. Se puede tomar autobús de Bizkaibus desde Bilbo (Bailén) hasta Orozko, un par de buses llegan aún a Ibarra. El sendero se puede arrancar desde Ibarra. En nuestro caso vamos hasta Urigoiti y de ahí, ¡largamos!

El Macizo de Itxina (571 ha) es un magnífico ejemplo de formación kárstica, fenómeno geológico muy presente en la orografía y paisaje de las montañas vascas. En las calizas, con alto contenido en carbonato cálcico, el agua de la lluvia a través de millones de años ha ido disolviendo la roca, que a pesar de su solidez y dureza, es también soluble si se la somete a la acción del agua por un tiempo prolongado. Así, la lluvia va produciendo desgaste y hendiduras cada vez más profundas en la piedra. Se desliza por los surcos dejados por erosiones anteriores, busca su cauce y va agrietando el macizo tanto en superficie como en su interior, abriendo innumerables conductos subterráneos. Los más antiguos de éstos son cuevas por las que ya no circula el agua que busca sustratos más profundos.
Itxina es una meseta rocosa que se alza del entorno, con los bordes formando una cresta circundan el interior cóncavo. La peña más alta de la cresta es Lekanda (1.302 m), en el lado oriental; al sur destacan Altipitatz y Arteta, y al norte Aizkorrigane. A los pies de ésta, por el exterior, se alza un prieto grupo de afilados picachos, los Atxas («haitza» = peña).
En esta caminata hacia Gorbea por Itxina desde Urigoiti, entraremos por el lado nororiental del karst y accederemos a través del «ojo de Atxulaur», utilizado desde siempre por pastores y leñadores.

Desde el estacionamiento que se encuentra a pocos kilómetros del barrio de Urigoiti empezamos a caminar en dirección al macizo. Hay que pasar un paso canadiense y más adelante alguna tranquera y alambrado; a continuación veremos un depósito de agua. El caminito parece bajar pero enseguida recupera pasos arriba. Entramos a un hayedo, luego a un pinar, y desembocamos en unas campas salpicadas de encinas, esta área se llama Aldabide y está muy cerca de las Atxas, picachos de roca cual asimétricas cúpulas catedrálicas. Un poco más adelante volveremos a encontrar hayas y una fuente. Cargamos agua y seguimos caminando por el sendero con la pared izquierda del macizo escoltando nuestro hombro derecho. No hay pierde, siempre recto por el bosque hasta ver el Ojo de Atxulaur. Allí viramos bruscamente al oeste, nuestra derecha, para trepar al Ojo (1100 m). Las vistas del Ojo son providenciales. El Ojo vigía de todo el duranguesado envuelto en bruma.

Vale la pena dar algunos pasos en derredor de este punto y descansar un rato. Lo hice en invierno y todos los alrededores estaban con un paño de nieve, salpicada de hojas secas y rojas y algunas ramas. Mágico.

Retomando el camino, desde el Ojo, bajamos a una sima, este día con nieve, la cruzamos casi en dirección recta y retomamos el sendero, hay algunas marcas y algunas pircas, hitos de piedra. El sendero nos acercará a un punto donde las flechas indican las direcciones posibles.

Elegimos visitar la cueva de Supelegor, una de las 500 cuevas que existen en las entrañas de Itxina y una de las moradas de la diosa Mari en sus visitas al caprichoso reino del Gorbea. Para ir a Supelegor, desde el indicado desvío, hay que meterse otra vez a bajar por una sima con ramas y hojas rojas que salpican la nieve, enterrándonos a veces. Luego se sube un poquito y se pasa por el túnel. No hay sendero, pero hay algunas pisadas y algunos hitos de piedra. Es un laberinto kárstico y es fácil perderse. Prestar atención.

Luego de visitar las cuevas volvemos a subir al camino y a retomar hacia Kargaleku, y en poco tiempo volveremos a perder la senda cierta y estaremos completamente sumergidos en lo que se conoce como el «perdedero de Itxina». Hay que tratar de ir buscando las pircas. La única pauta certera que tendremos en algún momento para garantizar que vamos bien es una casita en el medio de una campa: la chabola del pastor. Esta choza solitaria nos querrá decir que estamos bien y que podemos seguir andando hacia el Gorbea.

Por Kargaleku -lugar de carga, ya que allí cargaban nieve- llegaremos a las anchas campas de Arraba. Allí está el cálido refugio. He pernoctado varias veces y es super acogedor y lindo. Elijo descansar allí durante el invierno, cuando los días son cortos y el exterior tiene una capa de un metro de nieve. A la mañana siguiente ascenderé una vez más al mítico Gorbea. En invierno, usar crampones.

El regreso puede hacerse desde Pagomakurre hacia Areatza, vía normal que se utiliza para subir el Gorbea desde Bilbao En Areatza podemos tomar el Bizkaibus, o bien, como en nuestro caso, también desde Pagomakurre por el camino que sale al noroeste (NO), directo hacia Urigoiti donde dejamos el vehículo en el estacionamiento. No tiene pierde.

Otra tentadora opción, más emocionante y aventurada es ir por el paso de Lekanda.