Todas las entradas de: Maria Taurizano

¡Palestina Inshallah! Ser voluntario en Palestina, un grano de arena vale oro.

¿Por qué Palestina?

Entre el año 2008 y 2009 hicimos un periplo con mis hijos que iba desde Egipto hacia Jordania, Siria y Turquía. Ida y vuelta. Los tres vivíamos en diferentes partes del mundo y el encuentro se efectuó en el Cairo.
Cuando cruzamos el golfo desde Nuweibaa hacia Áqaba y tomamos un taxi desde el puerto hacia el centro de la ciudad, el taxista frenó un momento y nos señaló una escena escalofriante. En la margen de enfrente, donde se ubica la ciudad de Eilat, los israelíes festejaban con vítores, brindis, aplausos, cada bomba de fósforo blanco que cual un ornamental fuego de artificio caía sobre el pueblo palestino.
Los aviones sobrevolaban Gaza cerca de Eilat y las bombas destellaban en el cielo. A cada explosión una ovación. Debajo de la colina, los palestinos de Gaza, correrían de un lado a otro. Heridos o llevando en andas a otros heridos o muertos. Esa masacre se conoció con el nombre de la Operación Plomo Fundido.
El taxista, al igual que la mayor parte de la población de Jordania, era palestino. Él nos contó lo que estaba sucediendo. Nosotros, si bien sabíamos de la existencia de un conflicto en la región, desconocíamos los detalles. A partir de ese momento nuestro periplo viajero cambió un poco de tenor. Además del recorrido cultural y geográfico, se sumó a nuestro andar el involucrarnos con la causa palestina. Buscar información, transmitir por los medios a nuestro alcance lo que estaba sucediendo y participar de las marchas sumándonos en la medida de lo posible a la resistencia palestina.
Además abrimos un blog: palestinainshallah y allí metíamos notas del día a día en castellano, inglés y francés. Estando en Siria incluso nos entrevistaron para un programa de televisión mientras acompañábamos una marcha pro-Palestina.
El viaje continuó y al regresar a casa cada uno siguió divulgando lo que sucedía en la Palestina ocupada.
Me interioricé e involucré más, contacté personas a través de internet y sin sentirme satisfecha, con la necesidad de hacer algo más, busqué una organización donde ir a trabajar como voluntaria. Hay muchas y la primera que me respondió favorablemente fue el Palestine Solidarity Project, de raíces comunitarias y con sede en Beit Ummar. Luego fui conectando y trabajé con otras organizaciones.

El viaje a Palestina

Palestina no tiene control de sus propias fronteras por lo que, para llegar hasta allí sí o sí hay que cruzar algún borde israelí, jordano o bien ir desde Egipto a Gaza.
La primera vez entré por Israel. El boleto era a Tel Aviv y ya sabía que había unas combis que iban desde Tel Aviv a Jerusalem y que para estar cerca del sector oriental, donde viven los palestinos y cada vez menos porque los van empujando poco a poco, tenía que bajarme en la Puerta de Damasco.
La entrada a Palestina por Israel es sencilla. Preguntan mucho. Sobre todo si uno va con un pasaje de tres meses, lo que ya hace sospechar de algo raro. El territorio que ocupa Israel constituye un país que no es demasiado grande y tres meses sobran para recorrer lo más turístico si uno fuera realmente a hacer turismo. Hay que inventar. Que voy a hacer trekking alrededor del Mar de Galilea… que tengo un novio o un amigo… En lo posible llevar el número telefónico de algún israelí ayudará bastante.
El interrogatorio de un oficial israelí es siempre intimidatorio; para eso está preparado. Sin embargo lo peor es la salida.
La primera noche me quedé en un hostal de unos palestinos cerca de la Puerta de Damasco y me dediqué a recorrer Jerusalem o, en árabe Al Quds, la capital histórica y legítima de Palestina.

Palestine Solidarity Project, Beit Ummar

Al día siguiente, muy cerca del hostal, tomé una combi a Ramallah y, desde allí, otra combi a Beit Ummar. Las combis con palestinos salen todo el tiempo. Son reconocibles, aparcadas cerca de la Puerta de Damasco con sus carteles escritos en árabe.
Durante el trayecto la gente con la que viajé en las combis fue muy amable. Están acostumbrados a ver extranjeros que nos acercamos a las distintas poblaciones palestinas de Cisjordania a hacer trabajo voluntario. Me comunicaba en un árabe básico que había estudiado previamente y que había tenido oportunidad de practicar durante el viaje con mis hijos por Oriente Medio.
Llegué a Beit Ummar y ubiqué enseguida la casa de Mousa Abu Maria que es uno de los fundadores del Palestine Solidarity Project.
Una vez en la casa y cuando aún no había apoyado la mochila en el suelo, ya urgió salir a cubrir un hecho de violencia de Israel contra Palestina. Estaban talando un monte de olivos en plena producción del campo de una familia palestina.
La dueña de la finca se abrazaba a un tronco mutilado y lloraba desconsoladamente.
Filmé, hablamos con la gente, tratamos de hacer una barricada contra los taladores que avanzaban con la motosierra. Éramos pocos. Mousa, su hermano, un vecino, yo y algunos palestinos más que se acercaron.
A partir de ese primer día todos los días fueron igual. Un llamado o varios y salir corriendo a cubrir un evento de abuso contra palestinos de la zona.
Además, el Palestine Solidarity Project cuenta con un espacio que se llama Center for Freedom and Justice y allí yo di clases de castellano a un grupo de jóvenes interesados. También asistí al jardín de infantes donde hacía manualidades y enseñaba canciones y bailes a los chicos.
Vivía en la casa de Mousa. Cuando uno va de voluntario a estas organizaciones se suele proveer el alojamiento y la comida. Las casas están bien construidas, son fuertes y muy bonitas por dentro y con todos los servicios.
Conocí y compartí la vida con todo el barrio y los vecinos de Beit Ummar. Me hice habitué del mercado, ya me conocían en los negocios y hablaba con mucha gente de todas las edades. Todos los fines de semana marchábamos hasta la colonia ocupante y todos los fines de semana éramos reprimidos con dureza.
Algunas noches también invadieron las casas y en cuanto a otras agresiones hubo de todo, negocios y carreteras destruidas, demoliciones, detenciones arbitrarias en cualquier momento, destrucción de los pozos de agua o de los generadores de energía solar o eólica. Y mucho más. Cada día durante un mes y medio se cometió al menos un acto de violencia de Israel contra los palestinos.
Al cabo de un mes y medio fui a Jerusalem para quedarme unos días junto a las personas que hacen el Alternative Information Center.

Alternative Information Center, Al Quds (Jerusalem) y Beit Sahour

Alternative Information Center es un medio alternativo organizado, dirigido y donde trabajan israelíes que están en contra de la ocupación ilegal de Palestina. En este medio se hacen programas de radio en distintos idiomas y se elaboran ediciones graficas. Allí conocí gente muy valiosa, entre ellos argentinos, Sergio, Germán, Meir Margalit, que me ayudaron a volver en posteriores viajes a Palestinas y con los que compartí experiencias, trabajo y momentos maravillosos.
Estuve colaborando en el Alternative Information Center en los intermedios de mis viajes. La sede está en Jerusalem, Al Quds y tienen también un sede en Beit Sahour, cerca de de Belem. Visitando estos lugares conocí más acerca de la colonización de los territorios palestinos y pude compartir el día a día con palestinos de todas las edades y convivir con sus familias.

Jordan Valley Solidarity, Tubas y Valle del Jordán

Jordan Valley Solidarity tiene sus raíces en Tubas y trabaja en toda la zona del Valle del Jordán que corresponde a Zona C según los acuerdos de Oslo. Esto significa que es un territorio, habitado por palestinos y palestino por derecho propio pero bajo la ocupación y el control administrativo y militar de Israel.
El Valle del Jordán es el lugar donde elegí regresar en siguientes viajes de voluntariado a Palestina. Fue así porque esta organización además de reportar los hechos de violencia, trata de crear inmediatamente las condiciones mínimas necesarias para que no se produzcan los desplazamientos. Para que, tras perderlo todo, o a pesar de no tener nada, los palestinos resistan y se queden en su tierra.
En el Jordan Valley Solidarity donde regresé varias veces, conviví y conocí tanta gente que sería imposible nombrarlos a todos, especialmente a la familia de Sirene, a sus padres, hermanos, sobrinos; a Fathi y Amané, a todas las familias del Valle como Abu Seqer y Rabiha, y a todos los chicos que fueron mis alumnos en las escuelas beduinas y sus familias, o al maestro Ibrahim dueño de tanta mansedumbre y nobleza.
El lema allí es «Existir es Resistir». Resistir es la única manera que tienen de existir. Sólo pueden hacerlo con la fuerza de la paciencia y la resignación. Pacíficamente pero sin transigir ni darse por vencidos. Lo importante es continuar, repite Sirene. No importa morir, sino continuar.
Ellos tienen que pasar innumerables check points todos los días para dirigirse de un lado a otro. Es inevitable. Viven en ghetos controlados por Israel. La destrucción de sus casas, escuelas, pozos de agua, recursos naturales, la imposibilidad de hacer mejoras, la humillación constante, las detenciones y asesinatos indiscriminados por parte de Israel, son sucesos de todos los días.

La presencia de activistas internacionales es indispensable para hacer visible lo que ocurre allí y para que, con nuestra presencia, pongamos un mínimo freno a la caradurez de los israelitas que violan los derechos humanos de los palestinos, y les roban y destruyen todo los días. No es mucho lo que podemos hacer pero es algo y si somos más, haremos mucho más.
Convivir con los palestinos es una vivencia enriquecedora. Se aprende mucho de ellos, pero no sólo de su cultura sino que se aprende a vivir y a aceptar y luchar en las peores circunstancias. Se aprende además a ser mejor persona. La generosidad de los palestinos no tiene límites.

Si quieres ir a Palestina puedes contactar las organizaciones antes mencionadas. En internet encontrarás muchas más. Si no quieres ir pero apoyas la causa palestina, puedes enterarte de lo que allí sucede y multiplicar. Cada granito de arena vale oro.
Cualquier duda o inquietud puedes escribirme tus dudas y en cuanto pueda te responderé.
¡Viva Palestina Libre!

Querétaro, broche de oro para completar un viaje demasiado bueno

El viaje a México va tocando fin. Todo salió bien en tiempos en los que viajar se presenta como algo complicado. Quizás es lo que intentan, que nos quedemos en casa, que nos sintamos acorralados y culpables. Viajar a México fue perfecto y, además de haber recorrido lugares conocidos, rincones familiares, lugares entrañables por el afecto, por su belleza, por su historia, fue un viaje también de nuevos descubrimientos y que alimentó aún más la curiosidad para desear volver y seguir mirando, respirando y probando los inagotables sabores mexicanos.

Como si fuera poco hice el recorrido con Martín, mi «poputchik» según los rusos que tienen esa palabra en su vocabulario para designar al «compañero de viaje». No puede ser mejor, o sí. Sí, aún había más para mi alegría y para conmover mi existencia. Porque además de viajar con Martín, cerrando este recorrido sorprendente por México, me reencontré con los Maluta de Froloff, hija y nietos de Michel mi gran amor. Un reencuentro emotivo y que alimenta el afecto y la conexión eterna entre nosotros. Broche de oro para un viaje ideal inolvidable.

Querétaro tiene su encanto colonial y es lindo para pasar un par de días, caminar por sus calles jalonadas de fachadas altísimas, coloridas. Su jardín verde, sus iglesias monumentales.

Otro ingrediente de lujo fue escuchar a un trío de jazz que sonaba super bien en una terraza con unas vistas maravillosas y una noche de impresionante luna llena. Todo grandilocuente y sublime.

Qué más se podría pedir, sólo que tanto bienestar, amor y belleza no nos llene de demasiada nostalgia. Eso es difícil. Después de tanto. La nostalgia será el deseo y la ilusión de volver. México siempre será una puerta abierta.

Guanajuato diez años después, nada ha cambiado

Habíamos vivido en Guanajuato desde el 2003. En mi caso, fue en el año 2011 cuando dejé definitivamente ese lugar donde la vida había sido linda e intensa.  Diez años después se pone la piel de gallina al descubrir que todo está en su lugar o casi. Diez años no es poca cosa, sin embargo para los vecinos de Guanajuato es como si el tiempo no pasara. Será por el agua que nos tomamos me dijo el panadero de enfrente de la casa de Puertecito. El mismo panadero de hace diez años, con la misma cara, sin una arruga más ni una menos. Tal y como lo dejé hace tiempo, acodado en el barandal que resguarda a los peatones de la concurrida calle de Embajadoras.

Así todo. Los mismos negocios. Encontrarme con mis amigos y ex-colegas y verlos igual-igual.

Algunas construcciones han cambiado, algunas tienen más color y otras se están cayendo. No es extraño que en Guanajuato, de vez en cuando, se derrumbe una casa. Es Patrimonio de la Humanidad y aunque buena parte se mantiene, otra parte, intocable, no aguanta el peso de los siglos y se cae.

No pasa lo mismo con las personas. Pienso que los seres vivos de Guanajuato deben ser cómplices de las momias y, como ellas, por el efecto del clima y la humedad precisa del aire, se momifican y aunque pasen los años, no cambian.

La ciudad, vista desde donde se mire está colorida como siempre. Una paleta altisonante, llena de contrastes. Además hay buen ambiente. Música, baile y comida deliciosa.

En Guanajuato hay que dejarse llevar por los callejones y las plazas. Perderse, verlo todo desde arriba lo que resulta una postal, y puerta por puerta. Todo está lleno de encanto.

Hay varios museos para visitar, además hay que pasar por el Callejón del Beso, enterarse de la leyenda, ir a la Alhóndiga, al Mercado Hidalgo y dar muchas vueltas por el Jardín Unión, el Teatro Juarez y el Templo de San Diego. Iglesias hay más y teatros también.

Caminando se puede llegar hasta la Presa de la Olla y, detrás ver la de San Renovato. Son muchos barrios y muchísimos callejones. Hay que subir, los ojos agradecerán. La vista se nos llenará de un panorama único. Hay que verlo de día, iluminado por ese sol de Guanajuato que no interrumpen las nubes. Y de noche, cuando las luces de la ciudad empiezan poco a poco a confundirse con las luces de la tarde. Es un espectáculo embriagador.

Volver a Guanajuato significó muchísimo para mí. Me sentí feliz de volver a andar por allí y de volver a conversar y a abrazar a mis amigos, a los humanos y a los árboles también. Siguen allí. De pie y echando ramas.

Para llegar a Guanajuato, desde el DF, se pueden tomar los buses de Primera Plus o ETN, ambos son un lujo.

Cabo Pulmo, Baja California, paraíso paisajístico y santuario marino

Este sí que es un lugar para descubrir. No es sencillo llegar en transporte público. Lo mejor es alquilar un coche. Igual en transporte público se puede. Nosotros lo hicimos así.

Desde La Paz se toma un autobús hasta Las Cuevas. Poco antes de este paraje hay un cruce, frente al Campamento, desde donde sale la ruta para ir a Pulmo. Hicimos dedo, «de raid» le dicen en México, y nos levantaron enseguida. Nos llevaron hasta un cruce, en Ribera y desde allí, a la sombra de un árbol escuálido pero suficiente, que nos protegía del atosigante calor, volvimos a hacer dedo y pasó Ubaldo.

Ubaldo nos midió con la mirada, pasó dos veces por delante nuestro y se acercó para llevarnos. A mí en principio se me hizo sospechoso, pero al final los sospechosos éramos nosotros para él. Nos dijo que él se da cuenta cuando se trata de buena gente. No iba para Pulmo, así que nos cobró algo por la gasolina y nos llevó.

Buena parte del camino es de tierra. Está alejado del mundo. Es un rincón realmente sagrado. Un tesoro que se hizo popular cuando Jacques Coustou lo catalogó como uno de los paraísos submarinos más sublimes, espectaculares y únicos que subsisten en el planeta.

En Cabo Pulmo alquilamos una de las cabañas de Pedro, yerno de Alicia. Cabañas de Pedro o Alicia es lo mismo. Están muy bien equipadas. Son seguras, la nuestra ni siquiera tenía llave… la cama muy cómoda, el porch ideal para descansar a la sombra del techo de palma. Todo muy bien.

Y tratándose como se trata de un santuario del universo submarino, valía la pena bucear, así que Martín tuvo ese privilegio y la suerte de nadar a quince metros de profundidad con tiburones toros, cardúmenes impresionantes de jureles y mantarrayas móbulas. Dicen que fue una jornada especial y muy rica en el fondo. No siempre se ve tanto. Valió la pena, re valió la re pena.

Nos quedamos dos noches en Cabo Pulmo. La belleza del paisaje está para donde se mire. Los atardeceres son espectaculares.

Además de mar, arena blanca, dunas, disfrutamos de un trekking dándole la vuelta a todo el cabo por la serranía desértica que lo rodea. Andrea, una amiga residente en el lugar, nos guio amistosamente en este recorrido. Está muy bueno. El sendero está bien marcado. Recomendable hacerlo a partir de las 18 con la caída del sol.

También es recomendable llevarse la comida ya que en Pulmo hay sólo un par de tiendas y todo es más caro. En la tienda comprar un botellón de agua, hará falta. Y para regresar hasta Las Cuevas, salir de raid otra vez, esperando abajo del pino. Es clásico. Ahí paran los que te llevan para salir del Cabo de regreso a la civilización.

 

 

 

 

Un descubrimiento sorprendente: Baja California Sur

No estaba en nuestros planes pero así salen las cosas.

Desde el DF pensábamos con Martín tomar un vuelo a Vallarta para ir a San Pancho. Yo daba vueltas y vueltas y no concretaba la compra de ese vuelo. Es que lo había visto a un precio y tanto insistir… los algoritmos fueron subiendo el costo, me empaqué y no lo compré. Entonces Martín, el promotor de las oportunas sugerencias me comentó que siempre había querido ir a Baja California pero que quizás era muy caro…

Busco a Los Cabos y sí, era muy caro. Probá a La Paz me sugirió el hijo y ¡hecho! La Paz lo cachamos barato así que al toque compramos boletos a La Paz.

La ciudad nos encantó. La Paz tiene todo para pasarla bien junto al mar. El malecón recorre la costa y debajo la arena blanca con sombrillas de palma invitan a parar y contemplar el paisaje. El agua es transparente incluso en la ciudad. Desde los muelles se ven cardúmenes impresionantes.

Frente al malecón una seguidilla de bares y restaurantes. Pintoresco. Caro para nosotros, pero no importa porque justo elegimos quedarnos en un hotel tipo pensión con cocina y vajilla y el supermercado tiene precios accesibles.

El hotel en cuestión se llama Baja Paradise, ultra limpio y con unas camas kingsize espectaculares. Colchones nuevos, confortables. Nevera, jarra para calentar agua, aire acondicionado. Además facilitan toallas extras para llevar a la playa. Está muy bien, a cien metros del mar, excelente precio. Bueno, bonito, barato.

Desde la ciudad de La Paz,  frente al malecón y en la zona céntrica salen los autobuses turísticos hacia las playas más alejadas de La Balandra y el Tecolote. ¡Son un paraíso!

También se puede y es conveniente alquilar un coche. Hay muchos recorridos que se pueden hacer desde La Paz. Nosotros, además de recorrer la ciudad, disfrutar de sus playas urbanas pero lindas e ir hacia las playas más alejadas, decidimos también pasar dos noche en la reserva de Cabo Pulmo. Pero eso, es otro post. ¡Imperdible!

México DF, Distrito Federal

Hay quienes le llaman «monster city». Es el espectáculo desde el aire es uno de los más impresionantes que he visto en mi vida. Sobre todo si se aterriza de noche. Las luces de la ciudad se extienden infinitamente. La mirada eclipsada sin remedio a través de la ventanilla del avión. Serán muchos minutos de pasar ese salpicón de luces y más luces de nunca acabar.

Esta vez llegamos de día. El espectáculo es igual llamativo y vale la pena no perdérselo.

México es una ciudad cuya nombre y fama asustan. Sin embargo es una ciudad grande, sí, enorme, monstruosa, pero en la que, al menos yo, siempre me he sentido segura.

Es como una seguidilla de barrios en realidad. Cada barrio, llamado Colonia, conforma como un pequeño poblado, con su propia identidad, callejones coloridos, mercados típicos y atracciones arquitectónicas y delicias lugareñas.

A mí me encanta andar por México, a pesar de las avenidas ruidosas, del movimiento constante y de la dificultad respiratoria que puede causar la contaminación del aire y la altura. Me encanta porque apenas se dejan una cuadra atrás las avenidas, uno se puede encontrar en barrios tranquilos, de calles empedradas, llenos de parque y fachadas coloniales, art déco, art noveau.

Me encanta porque todo se consigue, porque hay millones de lugares donde parar a comer rico y barato y porque la gente es amable y sonríe.

No siento stress en esta ciudad monstruo. Ni cuando la visito como ahora, para pasear, dejarme llevar por mis pasos y encontrarme con amigos, ni cuando he estado viviendo allí y trabajando aunque tuviera que viajar horas en transporte público para llegar de un lugar a otro. No me da dolor de cabeza como otras ciudades grandes y movidas, y el tiempo me alcanza siempre para todo y nada de lo que quiera ver o necesite no lo encuentro en el camino. Todo está ahí.

En México me muevo en metro o en trolebús. También hay pequeñas combis, los «peceros», pero como no conozco tanto las paradas y los recorridos, me sigo manejando bien en el metro, en el trole o de a pie. El metro puede ir tranquilo o atiborrado dependiendo de las horas pico. Nunca he tenido más precaución que en otros lugares del mundo. Viajar en metro en México DF está bien, es muy barato, 5 pesos hoy día. El trolebus es más lindo todavía, están bien equipados, un poco más lentos pero muy agradables para cruzar toda la ciudad en un extenso paseo turístico por el módico precio de 4 pesos mexicanos. Digno de ser aprovechado.

En ciudad de México hay muchísimo para ver y visitar. Se requieren varios días para llevarse una postal completa.

Recorrer los barrios y colonias y calles de Coyoacán, uno de mis barrios favoritos del mundo, más de una vez. Ir a la Casa Azul de Frida Kahlo, al museo Trotski, y pasear por todos los parques y jardines de Coyoacán sin olvidar la encantadora y breve Plaza de la Conchita.

También hay que ir al Zócalo y pasear un buen rato por allí. Visitar el Palacio Nacional con los murales de Diego Rivera y dar muchas vueltas por ese barrio donde confluyen el pasado y la actualidad con danzas típicas, mercados, y restaurantes y comercios de todo tipo, para todos los precios y todos los gustos.

Cerca del Zócalo hay que ir a Bellas Artes. También hay que ir a la Alameda, a la Plaza del Ángel. Otro día caminar por el barrio La Condesa, con sus típicos ventanales art nouveau, darse una vuelta por la Roma también está bien y alejándonos un poco del centro, ir a Xochimilco un día y otro día ir a las ruinas de Teotihuacán en transporte público desde Observatorio o también desde la Central del Norte.

El DF por supuesto es inagotable. Cada barrio vale la pena, cada museo también. El Museo de Antroplogía merece ser visitado una vez en la vida y el Castillo y los Bosques de Chapultepec, también.

Lo mejor es ir con tiempo. Dejarnos llevar un por nuestros pasos. Viajar en transporte público y, definitivamente, probar todos los sabores de la calle. Nada peor que la tradicional maldición de Moctezuma nos pasará. En ese caso, las vendedoras de hierbas de los mercados saben mejor que nadie con qué hacer un hervido sanador.

Para terminar este post, recomendar que los vuelos internos en México de Volaris y Vivaaerobus, están económicos y que, desde el aeropuerto, se puede salir en metro hacia cualquier punto de la ciudad. Una cosilla más, el transporte terrestre en México es de los mejores del mundo. Con todas las comodidades y lujos que superan las expectativas.

Monte Albán, Oaxaca

Desde la ciudad de Oaxaca una visita imprescindible es al sitio arqueológico de Monte Albán.

Monte Albán constituye uno de los vestigios arqueológicos más relevantes del estado de Oaxaca. Su importancia se deriva del emplazamiento amplio de la antigua ciudad que es tan grande como la actual ciudad de Oaxaca. Además, en el actual sitio arqueológico aún se siguen excavando y descubriendo más y más construcciones.

La importancia de Monte Albán se deriva también del dominio y la influencia que, durante más de trece siglos o sea más de mil trecientos años, tuvieron los zapotecas en esta zona. Su larga vida se estima comenzó quinientos años antes de Cristo y se extendió hasta alrededor del año 850 de nuestra era. Por su antigüedad, Monte Albán se considera el primer complejo urbano de Mesoamérica.

La ciudad fue erigida a unos cuatrocientos metros de altura y construida de manera estratégica en la confluencia de los brazos que forman el Valle de Oaxaca, flanqueada y protegida por montañas.

Para llegar hasta allí, desde el centro de Oaxaca salen una combis o minibuses turísticos. Hay varios por día, de ida y de regreso. El billete se vende ida y vuelta y el trayecto, por una carretera de diez kilómetros, demanda una media hora.

El sitio es amplio y se puede recorrer con calma en media jornada. En la entrada de las ruinas también un museo donde se exponen piezas, joyas, adornos, cerámicas y herramientas halladas durante las excavaciones.

Lugares para visitar en Oaxaca, la que huele a chocolate

Dicen que en Oaxaca se toma el mezcal con café… (laralaralalá). Además huele a chocolate y quien diga que no, es porque nunca ha estado allí. Por eso les traigo lugares para visitar en Oaxaca… ¡Es increíble! No hay cuadra de la ciudad de anchas avenidas en la que no se huela el cacao.

Comidas tradicionales de Oaxaca

Oaxaca es una ciudad única. Con una identidad muy marcada. Tiene el peso y el color de ser típicamente mexicana, pero allí, se acentúan los sabores. La comida es deliciosa. El mole es especial. Se degustan los ingredientes variados y genuinos bien molidos y tostados. Nada de mole industrial. Es perfecto y tan sabroso como pocos.

El ezquite, elote en vaso, o digamos también choclo desgranado y con cremas y chile, lleva además ¡chapulines! Es una de las mejores combinaciones que he probado. El ezquite de Oaxaca con chapulines no puede faltar. Tampoco el chocolate con agua del mercado de comidas.

Hay varios mercados. Todos pulcros. Bien atendidos. En el Mercado de la Merced se come super bien y el chocolate con agua es sagrado.

Caminamos todo el día por la ciudad que es enorme pero no pierde su encanto de pueblo en fiesta. El centro histórico colorido, musical. Con mariachis, danzón, y gente bailando en la calle.

Las plazas pobladas de chicos y puestos de comida.

Qué visitar en Oaxaca

Se pueden elegir lugares para visitar en Oaxaca. Hay que darles varias vueltas a la ciudad. Hay rincones especiales por descubrir. Callejuelas con sus frentes de colores altisonantes. Subir hasta el auditorio para ver las vistas. Perderse en las callejuelas y en los barrios y seguir respirando chocolate.

Desde Oaxaca se pueden hacer varias visitas a otros pueblos con vestigios arqueológicos. Desde aquí iremos a Monte Albán.

Atardecer en Mazunte, Oaxaca

Saliendo de Lagunas de Chacahua hay que regresar a Puerto Escondido y, desde allí, todos los caminos llevan a Pochutla.

Pochutla es un núcleo urbano ruidoso. Una ciudad que hace de nudo y está en el medio de todo para moverse desde allí a los enclaves costeros como Mazunte o Zipolite o salir hacia la ciudad de Oaxaca.

No teníamos mucho tiempo antes del bus que durante la noche nos llevaría a Oaxaca, pero sí el suficiente como para no perdernos el atardecer de Mazunte.

Mazunte me encantó. Es el pueblo con mar ideal para quedarse unos días. Con su calle central empedrada jalonada de simpáticos bares. Música y magia laten en el aire.

Caminamos hacia Punta Cometa desde donde los atardeceres son un espectáculo sin igual. Esto de contemplar atardeceres «pacíficos» es adictivo. Es algo incomparable, gratuito y tan al alcance de nuestros pasos y nuestras miradas que sería casi una falta dejar de asistir. Es una belleza a la que las palabras no logran describir.

Más aún sobre el mar. Sobre un oleaje caprichoso y rebelde. El Pacífico no es pacífico y se mueve como se le canta. A veces te acaricia y a veces te golpea y así, con es susurro y golpeteo, sobre sus aguas se reflejan los colores del adiós. De un día más que nos deja.

Para llegar desde Pochutla, desde una esquina del centro, tomamos una combi camioneta colectivo. Si mal no recuerdo las verdes van a Mazunte y las azules a Zipolite. Eso puede cambiar. Mejor preguntar. Pasan a cada rato, como cada veinte minutos. Luego para regresar desde Mazunte, de noche no hay. Así que una vez caída la tarde, tomamos un taxi hasta un cruce, a unos ocho kilómetros saliendo de Mazunte, hasta la ruta, donde pasan cómodas combis hasta el núcleo urbano de Pochutla.

En Pochutla esperamos el bus en una Terminal bastante sencilla, para viajar durante la noche a la ciudad de Oaxaca.

Lagunas de Chacahua, Oaxaca

 

Las Lagunas de Chacahua resultan otro de esos paraísos tropicales a descubrir. Se trata de una seguidilla de tres lagunas de aguas claras, Chacahua, Pastoría y Salinas, que confluyen en el Pacífico.

Es impresionante el contraste entre el oleaje enorme del mar y la mansedumbre de las lagunas y, al mismo tiempo, es maravilloso tener en el mismo lugar la opción de estar en la playa marítima, extensa y ancha, o descansar a la sombra de los mangos junto a la laguna.

Las lagunas son ideales para el baño. El agua es cristalina y el agua refrescante en un clima donde el calor se hace notar.

Llegar a Chacahua es sencillo desde Puerto Escondido. Se toman combis que salen todo el tiempo hasta Zapotalito desde donde se puede llegar a Chacahua en lancha. O bien, podemos ir en la combi hasta Río Grande y desde allí subirnos a un taxi colectivo hasta Chacahua. Esta segunda opción es más barata y es aconsejable para ir, pero sí o sí, no hay que perderse el viaje en lancha a través de los manglares.

Nosotros hicimos la ida toda en combi desde Puerto Escondido y, desde Río Grande, en taxi colectivo. Una vez en Chacahua cruzamos la laguna por su parte angosta para quedarnos en la otra margen que nos habían comentado tenía más encanto y más posibilidades de recorrido. Las dos están bien, aunque enfrente encontraremos una playa más larga con muchos chiringuitos llenos de encanto tanto de día como de noche con su armoniosa iluminación.

De este lado, por las noches, se hacen fogatas.

Para dormir se puede colgar una hamaca o armar una carpa en cualquiera de los chiringuitos de la playa. Cobran algo para hacerlo. No es mucho.

Alquilar una cabaña decente y no todas lo son, arranca desde los 500 pesos mexicanos (mayo 2021).

Lo que notamos en Chacahua y no nos cayó bien, es que se está volviendo muy comercial muy rápido. Cobran mucho y el servicio es deficiente. En general. Todo es caro y deja mucho que desear, además hay basura por todas partes y esto resta mucho a un lugar cuya naturaleza es tan bonita y debería recibir más cariño y protección.

En Chacahua hay un faro al que merece la pena subir. Sobre todo a ver el atardecer. L9a subida es muy breve y sencilla. Está del lago de la laguna al que llegamos, quiere decir que, desde donde nos quedamos hay que cruzar. Las lanchas hacen el cruce todo el tiempo, cobrando un precio que se acuerda con el lanchero.

La población de Chacahua al igual que la de buena parte de la costa oaxaqueña se destaca por su gente morena, descendientes casi todos ellos de los náufragos que eran trasladados en un barco de esclavos. Si bien es tradicional hablar de la influencia afro en Veracruz, las estadísticas dan cuenta que la población negra es mayor en la llamada Costa Chica en Oaxaca. En el aire y en la música, se respira y se siente su típica cadencia y sus tradicionales sabores como las empanadillas de plátano o piña, los ostiones y variedad de pescados y jugos de frutas.

 

El regreso a Zapotalito lo hacemos en lancha. La red de manglares es embriagante. Un laberinto de caminos de agua que se bifurca aquí y allá entre las matas selváticas. Los pájaros pescan y nos escoltan. El aire se respira fresco. Es parte del viaje y se vive como una excursión placentera en medio de la naturaleza salvaje.

En medio se pasan y vislumbran entre las matas pequeños y escasos caseríos de lugareños. Hacer este recorrido en lancha vale mucho la pena.