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Día 41 (30 de Abril) – de los Naranjos (Peña Blanca-Lago de Yojoa) a Siguatepeque

Llovió toda la noche y siguió lloviendo en la mañana. El Lago de Yojoa, rodeado de bosques nubosos, es la zona más húmeda de Honduras, eso favorece la diversidad de reptiles y anfibios y la exclusividad de la flora. Esperamos a que amaine. Habíamos puesto sobre las carpas unos plásticos que llevamos para estos casos. Las carpas no son muy buenas y si cae mucha agua es necesario tener un sobretecho extra. No se nos mojó nada. Al mediodía sólo se escuchaban intermitentes las gotas que habían quedado atrapadas en las hojas de los árboles. Aprontamos los bártulos y arrancamos. Decidimos retomar el rumbo volviendo hacia Peña Blanca y desde allí, los 14 kilómetros que bordean la laguna hasta La Guama. El espectáculo fue inmejorable. En la orilla de enfrente la cadena de montañas era un collar de zafiros azules que atemperaba los grises del cielo y se miraba en el espejo de agua. Una belleza única pintada en un momento único. No nos pesó la hora porque el clima estaba agradable para pedalear. A lo largo de la costa hay vendedores de pescado crudo. Los cuelgan de caballetes hechos de ramas y troncos. Parecen móviles de arte efímero. Más adelante hay restaurantes donde ofrecen platos de filetes y mariscos, uno al lado del otro y con vistas magníficas a la laguna. Cuando se termina el lago, la ruta empieza a subir.

Son 22 kilómetros de subida constante en los que hay que superar un desnivel de 650 metros. Aunque no es una subida empinada tampoco da tregua hasta el final. La venta ambulante cambia por completo, aquí se venden piedras y cal. Piedra caliza para construcción en bloques, en trozos, en cascotes rosados o esculpida, y médanos de cal. La superficie del pavimento está condimentada de polvos rosados y, entre la dureza y la sequedad de la roca, hay puestos de venta de miel. Se pasa por la entrada a las cuevas de Taulabe un entretejido de grutas subterráneas de dimensiones inexploradas.

Llegamos a Siguatepeque con llovizna. La subida se ha convertido en una serie de vaivenes como para relajarse y regular el pulso cardíaco. Unas cuadras antes del centro está el Hotel Plaza la Fuente. Nos costó 350 lempiras. Tiene internet, el cuarto es limpio, luminoso, agradable, con ventilador, tv, baño, enchufes. Hay estacionamiento y Josué, el chico que trabaja, es atento y servicial. Comimos al lado del mismo del hotel y fue fabuloso. Porciones enormes y muy ricas. Un platazo de pollo con papas cuesta 85 lempiras, un taco gigante de pollo con tajada que es plátano guineo cocido, 50 lempiras y las tortillas de quesillo, 15 lempiras cada una. Hacía muchos días que no comíamos tan bien.

Datos técnicos: Los Naranjos-Siguatepeque 69.7 km

5.28.32 hs

Total: 2846.95 km

DíA 39 y 40 (28 y 29 de Abril) – de San Pedro Sula a Los Naranjos (Peña Blanca-Lago de Yojoa)

Antes de partir estuvimos en la puerta del Caribbean hotel, que resultó ser muy bueno, conversando con Juan Carlos Valeriano. Hablamos del viaje y de política. Honduras ha despertado. Recuerdo cuando estuve con la resistencia en el año 2009 y me fui con la premonición amarga de que no se llegaría a ninguna parte porque la gente estaba atontada por el show mediático y la telenovela. Un buen grupo de estudiantes resistía a conciencia pero el común de la gente, los más humildes y depositarios de las políticas sociales, repetían las consignas golpistas de la oposición:
‘a ese vago ya lo sacamos’, demonizando al ALBA y a los gobiernos progresistas de la región. Zelaya se enfrentó a los más poderosos, al narcotráfico, a las corporaciones multinacionales, a la industria farmacéutica, a los militares, y a los Estados Unidos ya que convertiría la base militar yanqui de Palmerola, a pocos kilómetros de la capital, en un aeropuerto civil. Como consecuencia de todos estos atrevimientos de soberanía, Zelaya fue secuestrado de su casa antes del amanecer, se fraguó su firma en una renuncia falsa, y se hizo un golpe de estado disfrazándolo como una sucesión legal institucional, y se reprimió ferozmente, torturando y asesinando a todo aquel que opusiera resistencia. En ese entonces muchos internacionalistas comunistas nos sumamos a hacer un trabajo de hormigas. Hablar con cada uno de los habitantes de cada familia de todos los poblados a lo largo y a lo ancho de Honduras. Yo andaba ‘de turista’ y preguntaba una dirección a un policía o en un negocio. La charla se encauzaba por el tema de la seguridad:

-casi suspendo el viaje porque me dijeron que estaba peligroso…

-eso ya está controlado, es que nos querían convertir en Cuba, si hasta venían médicos y maestros cubanos. A mi casa iban a enseñarle a leer y escribir a mi mamá y la querían operar de los ojos a mi abuela que está ciega

-¿gratis?

-sí, pero eso está mal porque nos querían hacer comunistas.

-pero entonces ahora tu mamá no va a seguir con las clases… ¿o el maestro cubano va a seguir? ¿y tu abuela entonces ya no va a volver a ver? qué lástima…

– y sí… al final era bueno Mel…

Había faltado lo mismo que faltó en casi todos los países del ALBA, la formación ideológica.

Cuando tuve la grata oportunidad de conversar con Juan Carlos Valeriano en la puerta del Caribbean hotel, me di cuenta de que están despiertos. Saben que a Xiomara Castro le robaron la elección, saben lo que le hacen los gobiernos neoliberales al país y al pueblo, las leyes de flexibilización laboral, el libre mercado, la injerencia del imperialismo y sus corporaciones económicas, el narcotráfico. Juan Carlos Valeriano nos invitó a desayunar pero como le dijimos que no, nos dio 100 lempiras que aceptamos condición sine qua non, fuera para la compra de este libro. Juan Carlos Valeriano es de un barrio marginal de San Pedro Sula. No tiene dirección postal y no lo encontramos en facebook. Aún no sabemos cómo haremos para enviarle su libro. Sólo podemos dejar escrito aquí que él es parte de nuestra vida y de nuestra historia y que lo seguiremos buscando por todos los medios para darle su ejemplar, aún si esto significa que tengamos que volver pedaleando a la vereda del Caribbean hotel donde nos despedimos aquella mañana calurosísima de abril.

Salimos tarde. Con 44 grados de temperatura ambiente y un poco más de sensación térmica.

-Exagerado- repetía la señora de una pulpería donde compramos unas cuantas bolsas de agua a 2 lempiras cada una.

El calor era agobiante. A dos horas de pedalear sin parar, empecé a tener una sensación contradictoria y nueva. Estaba tiritando. Se me erizaba la piel, pero en vez de ser de frío, era de calor. El agua de la botella estaba más caliente que una ducha. Por suerte hay sombra al borde de la ruta.

En Tegucigalpa había un temporal. La gente nos contaba que la ciudad capital estaba inundada, que la tormenta había sido tan fuerte que había derribado unos carteles luminosos y se había provocado un incendio. El calor había originado otros incendios en las montañas que gracias a esta lluvia se estaba combatiendo. Por nuestro rumbo el sol nos seguía rajando el casco y, por el momento, el cielo azul profundo no pintaba llover ni una nubecita.

En un puesto de frutas variadas compramos piñas y estuvimos con Denis que viajaba con su familia. Faltaba poco para nuestro desvío, Denis nos explicó y nos convidó un coco a cada uno. El coco es reconfortante. Tiene las sales necesarias para equilibrar el desgaste del sudor del cuerpo, es un hidratante perfecto, nos calma la sed, es sabroso, y nos da energía para seguir.

En este viaje aprendimos cómo cosechar cocos silvestres y abrirlos sin machete ni cuchillo. Los mejores son los medianos. Para abrirlos es un golpe seco de perfil en la corteza misma del cocotero. Si no funciona, intente nuevamente.

Tomamos el desvío a Peña Blanca y llegamos exhaustos. Paramos a comer un plato de comida por 50 lempiras y ya con el sol más bajo y relajado encaramos los kilómetros restantes hacia Los Naranjos, al “D&D brewery” donde yo estuve en 2009 y donde hacen cervezas artesanales riquísimas, de frutas, rashberry, blueberry, apricot, y otras más. ¡Deliciosas! Las venden a 47 lempiras.

Para llegar a este lugar hay que encaminarse hacia Yojoa, doblar a la derecha en el desvío de La Guama, tomar hacia Peña Blanca, 14 kilómetros bordeando la laguna. En Peña Blanca hay que buscar la calle que sale hacia Las Vegas, Santa Bárbara, y por esa calle son 4 kilómetros hasta el cartel que indica dónde hay que girar 300 metros hasta D&D.

Acampamos aquí, el lugar es fenomenal. Lleno de vegetación tropical, caminitos de piedra, alberca con agua helada, cabañas, dormitorios. Ha cambiado. Cuando estuve en 2009 sólo estaba Bob, dueño y quien hacía todo. Ahora hay varios empleados, Bob no está, y el dueño se llama Bobby. La máquina de cerveza es la misma de antes y las cervezas no pueden ni podían ser mejores. También ha cambiado el barrio. Antes no había nada en esta calle, sólo este lugar. Ahora hay casas, gente, y algunas pulperías y restaurantes.

“San Pedro Sula -ayer con 44 grados centígrados- se conoce por ser una ciudad muuuy peligrosa, y a pesar de que no nos pasó nada, dar una vuelta nocturna por el centro basta para ver que los negocios optan por cerrar temprano, que hay una vasta cantidad de indigentes dormidos en el parque central y en las puertas de los negocios, gente prostituyendose y ofreciéndote crack entre otras cosas. De día parece que la noche no existió y se transforma en una ciudad movida y repleta de gente humilde y amable. Tanto las rutas que entran como las que salen de esta comercial ciudad están repletas de tráfico y trailers que traen y llevan cantidad y variedad de productos. Y ahora, a los alrededores del lago de Yojoa nos deleitamos con una deliciosa artesanal ¡draft beer raspberry rigiosa ale!” (Martín Murzone)

Descansamos en Los Naranjos un día más. El jardín es exuberante. Hay flores exóticas que existen solamente en este rincón del mundo, como unas matas carnosas con flores llamadas argaritas o mahonias, las petravenias de color rojo carmín, orquídeas y un árbol de frescos mangostines. La laguna de Yojoa es también un paraíso de aves únicas y plantas acuáticas.

Aprovechamos la pileta y el internet y salimos a caminar hacia el río y a buscar restaurantes más económicos que en la fi nca para ajustarnos un poco a nuestro magro presupuesto. En el restaurante Martín hizo amigos del equipo local de fútbol infantil; se sentaron con él y pasaron un rato estudiando la cancha. Más tarde nos tomamos unas cuantas cervezas de D&D; Martín estuvo trabajando con Rafa que es quien las elabora y de paso aprendiendo algunos secretos. Rafa nos invitó a cenar pescado a su casa. Ahí estuvo también Walter, guía de D&D quien nos aconsejó no ir en bicicleta por las montañas de Santa Bárbara ya que los barrancos son muy empinados, piedra floja y precipicio. El pescado estaba muy rico. En la noche y como en casi toda la Honduras, empezó a llover.

Datos técnicos: San Pedro Sula-Los Naranjos (Peña Blanca-Lago de Yojoa) 80.3 km

7.45.45 hs

Total: 2777.25 km

Día 38 (26 de abril) – Puerto Cortés a San Pedro Sula

A toda esta carretera que sale de Puerto Cortés hasta San Pedro Sula le llaman el Bulevar. Tiene un camellón en el medio con pasto y algunas plantas. Es la ruta principal, una autopista sencilla, una calle ancha con poca demarcación. Sobre el lado derecho nos acompaña un barranco con áboles que apaciguan un poco el intenso calor y el smog de los camiones. Cada vez que vamos llegando a un pueblo el bullicio del tráfico aumenta paulatinamente hasta volverse apabullante y fastidioso. Se atraviesan varios pueblos por el medio y entonces se aglomeran vehículos, motos, combis de pasajeros que van gritando destino y estacionándose en las garitas o en las esquinas. Hay gente que camina, que se cruza, y gente que espera y nos habla…

-vamos a San Pedro Sula

-es muy peligroso

-ayer encontraron tres muertos sin cabeza y dos nenes envueltos en una sábana blanca todos macheteados

-la mara y los del barrio 18 te cobran el impuesto de guerra y si no pagás te matan

Las advertencias se han repetido y se repiten durante todo el viaje. San Pedro Sula resultó ser el único lugar de los quince mil kilómetros pedaleados del que podríamos decir que sí, que es peligroso.

A pesar de que este será el día más caluroso de todo el viaje, sensación térmica 46 grados, llegamos enteros a San Pedro Sula. En el centro visitamos como diez hoteles distintos hasta decidir quedarnos en el Caribbean Hotel, el que mejor relación calidad precio nos ofreció. Cuesta 470 lempiras la habitación doble con dos camas grandes, aire acondicionado, tv, baño, garrafones de agua, es cómodo y bastante lindo. No tiene wi-fi pero nos pasaron la clave de otro negocio que funciona en la planta baja. Los empleados son muy buena onda. Comimos en un comedor, comida corrida. El plato 35 lempiras, es un platito frugal, por lo que quizás es necesario manducar doble. En la esquina del hotel hay un puesto de frutas, compramos una piña por 25 lempiras, en otro negocio nos habían pedido 50. Bananas, 10 lempiras el kilo.

Ya había oscurecido cuando pensamos en dar una vuelta y comprar algún otro alimento para cenar. Eran poco menos de las 8 de la noche. San Pedro Sula se había transformado. No era la misma ciudad de la siesta. La calle era fantasmal. Todos los negocios estaban cerrados con persianas metálicas y cadenas con candados. Mujeres, travestis, y niños, chicas y chicos, se ofrecían en cada cuadra de manera grotesca. Algunas personas deambulaban como zombis poseídos por la droga. Otros estaban tirados en mitad de la vereda con los ojos desorbitados. Se aglutinaban oscuras bandas en las esquinas y ofertaban sin disimulo todo tipo de mercancía narcótica.

-Métanse adentro, por dios- nos ordenó la recepcionista del hotel cerrando antes que abriendo la puerta -ya no hay pulpería abierta y es muy peligroso. Todo el mundo anda armado en esta ciudad.

San Pedro Sula es la ciudad más peligrosa del mundo según las estadísticas. Suma la mayor cantidad de asesinatos por cantidad de habitantes. Las pandillas mandan en los barrios y en el centro de la ciudad donde además hay una cárcel superpoblada desde cuyo interior se digitan acciones criminales afuera. Debajo de los bordos de contención del río crecen villas más populosas que cualquier municipio hondureño. Las mafias controlan todo el flujo de dinero del que exigen un porcentaje a cambio de la vida.

Datos técnicos: Puerto Cortés-San Pedro Sula 56.6 km

3.30.33 hs

Total: 2696.95 km

Día 37 (25 de abril) – de Entre Ríos (Guatemala) a Puerto Cortés (Honduras)

Tal como conjeturábamos ayer, es mejor no dormir en Entre Ríos que no ofrece nada y cruzar a Honduras. La frontera está a una hora de pedaleo de Entre Ríos, 22 kilómetros, y a poco de cruzar aparecen algunos hospedajes, el segundo y el tercero sobre mano derecha tienen piscina. Hay balnearios del lado hondureño y ríos de agua clara. Atrás dejamos los ríos del Petén e Izabal, la mayoría de ellos de aguas escasas -excepto el gran Río Dulce- y turbias.

La ruta desde Entre Ríos no tiene mayores dificultades, es casi toda plana aunque con curvas y algunas pendientes que a esta altura del viaje resultan ‘pan comido’. Sin embargo no podemos alardear ni cantar victoria, apenas trasponemos dos pasos en territorio hondureño nos damos cuenta que miremos hacia donde miremos no hay más que montañas. Brotan hacia todos las direcciones. No parecen ser parte de una sola cadena ni seguir un solo sentido. Ni siquiera parecen estar hechas de la misma piedra ni modeladas por los mismos accidentes geológicos. Tampoco están cubiertas del mismo color ni bañadas por las mismas sombras. Hay montañas verdes y montañas azules, hay montañas marrones y montañas lilas. Desde aquí, desde la puerta del cuarto país del viaje, presentimos que estamos asistiendo a un aquelarre de cumbres y cordilleras. Y como centro de este aquelarre, la mesa central de este encuentro, un largo valle que cruza transversalmente el mapa de Honduras.

‘Qué honduras’, exclamó Cristóbal Colón. Se refería al encabritado oleaje que los sacudió en el Cabo Gracias a Dios en la desembocadura del río Coco, frontera entre Nicaragua y Honduras; la expresión sirvió para bautizar adecuadamente a este territorio lleno de desniveles desafiantes. Es un reto. Miramos a alrededor y están en todos lados. Nos preguntamos por dónde nos facilitarán la gentileza de abrirnos paso. De momento encaramos por la costa.

El paisaje es bellísimo. Desde estribor, asomándose en la niebla, nos escuda el Merendón y sus ofrendas de bosque nuboso, a babor los acantilados de la sierra de Omoa. Ni bien tuvimos el mar al alcance de los ojos pasando Cuyamel, paramos a descansar en una palapa encaramada en el acantilado. Sublime. 15 kilómetros después estábamos en Omoa y decidimos seguir 15 más hasta Puerto Cortés.

Estuve antes en Honduras, una vez fue en 2009 para acompañar la resistencia al golpe de estado contra el presidente Manuel Zelaya. Nunca había tomado por esta ruta. Ahora que ya lo hemos hecho, recomendamos quedarse en Omoa o las playas cercanas antes que entrar a puerto Cortés. Los campings y las playas en las cercanías de Omoa se notan más agrestes y coloridos que la gran ciudad del puerto. Este es uno de los más grandes puertos de América Central y uno de los más preparados para recibir gran caudal de barcos y comercio marítimo. Hay playas también y una laguna, la laguna de Alvarado. Tuvimos la suerte de encontrar un hotel cómodo y agradable frente a la laguna. Los hoteles son caros. En uno económico nos pedían 850 lempiras. El lempira es la moneda de Honduras. Lleva este nombre en homenaje a un cacique lenca que lideró la resistencia contra la conquista española. 1 dólar es igual a 20 lempiras. Conseguimos el hotel Laguna’s por 600 lempiras. No es barato pero es accesible y tiene aire acondicionado, internet, enchufes, baño, y dos camas, una grande y una pequeña con buenos colchones. Salimos a comer y la comida también nos pareció cara así que fuimos al super y compramos salchichas, repollo, tomate, aguacate, banana, zanahoria, pan, todo por 140 lempiras, lo mismo que costaba un pollo asado sin nada, el puro pollo.

Datos técnicos: Entre Ríos (Guatemala)-Puerto Cortés (Honduras) 82.2 km

5.28.08 hs

Total: 2640.35 km

Ruta de los dos mares: Canal de Garonne-Canal du Midi

La Ruta de los dos mares es una ruta que se puede hacer en bicicleta a través de Francia. Arranca sobre el Atlántico francés y baja, siguiendo el curso del Canal de Garonne hasta Toulouse, desde allí continúa por las márgenes del Canal du Midi hasta la costa del Mediterráneo.

Me uní a esta ruta que estaba haciendo un amigo en Agen. Para llegar a Agen desde Bilbao, tomé trenes con la bici equipada y lista para pedalear, sin desmontar.

Salí de Bilbao con el Euskotren rumbo a Amara Donostia, luego, desde allí a Hendaya.

En Hendaya tomé el tren regional donde se puede llevar la bici sin desmontar y gratis, al igual que en Euskotren, hacia Bordeaux, y luego otro tren regional (TER), hasta Agen donde me esperaba mi amigo.

El canal de Garonne es un espacio muy verde, rodeado de bosques y altos plataneros que dan sombra al camino. Se van superando las esclusas y ver el espectáculo de cómo se nivela el canal para dar paso a los barcos, es asombroso e interesante.

El trazado de todo el recorrido es plano, sereno, bien señalizado y asfaltado, liso, hasta Toulouse. Es muy cómodo de pedalear.

Cerca de las paradas que fuimos haciendo encontramos campings muy acogedores, muchos de ellos los municipales, con todos los servicios y algo más. Todos tienen piscina, acceso a internet en casi todos en el área de recepción o zona común. Mesas de pic-nic. Duchas cómodas y algunos taquillas con electricidad donde cargar nuestros aparato electrónicos.

Los precios de los campings oscilaron entre 6 hasta 12 euros el más caro.

Durante nuestro recorrido hicimos un desvío para visitar amigos en Raux, Penne. Desde Montech tomamos el Canal de Montech, de trazado cómodo para la bici hasta Montauban que vale la pena visitar un poco. Desde Montauban por carreteras rurales se puede ir hasta los pueblos de Midi Pyrenées donde abundan los castillos y callejones medievales y hay que salvar alguna que otra colina. Las vistas son muy buenas, las paz increíbles, los pueblos de los alrededores llenos de encanto.

Desde Toulouse, tomando el Canal du Midi, deja de ser cómodo para pedalear. Es desparejo, sendero muy angosto en algunos tramos. Lleno de baches, raíces que sobresalen, rocas, piedras, gravilla. No apto para mi bici rutera. Mucho sangoloteo.

En mi caso, es preferible tomar caminos rurales. No hay muchos porque hay mucha ruta y autopista pero se encuentran caminos adecuados para pedalear con tranquilidad dando algunas volteretas. Así, esquivando los senderos de baches, el Canal du Midi desparejo, y algunos senderos cerrados,  avanzamos desde Rustique, pasando Trèbes (donde el camping Anton ya no existe más) hasta Narbonne donde culminó esta experiencia.

Desde Narbonna regresé a Bilbao en Flixbus, con la bici envuelta en papel film. Sólo desmonté la rueda delantera. Envolví todo. Metí la tienda en una de las alforjas, y no pagué ningún extra ni me pusieron ninguna pega. Fue muy fácil. Había pensado hacer este trayecto de regreso en Alsa, pero Alsa no lleva la bici envuelta en film en trayectos internacionales por lo que es mejor hacerlo en Flixbus, cuyos choferes son accesibles. El Flixbus sale de la parada de buses en Narbonna al lado de la estación de tren.

Algunos de los campings en los que paramos fueron:

Le Moulin de Bidounet, pasando Moissac, La Giraille en Castenaudary, La Commanderie en Rustique, Le Floralys en Narbonna. Todos recomendables.

Si quieren más información o detalles de esta ruta, no duden en preguntarme marialaqueviaja@gmail.com

Vélodyssée, una de las mejores rutas en bicicleta

Una odisea a lo largo de más de 1200 km de Costa Atlántica francesa

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El Camino del Cid-de Vivar del Cid (Burgos) a Valencia

Arranqué este camino desde Bilbao donde vivo. La ruta comienza en Vivar del Cid, antes de llegar a Burgos.
Yo hice un par de paradas antes de llegar allí. Desde Bercedo fui hacia el camping de Trespaderne, junto al río Nela y luego de dormir allí arranqué a Vivar. No es parte del camino del Cid, así que fui más o menos por las rutas que seguí en Google Maps.

Día 1-Vivar del Cid-Burgos

En Vivar del Cid estuve en todo los puntos emblemáticos de la pequeña villa. La Legua 0 donde se inicia oficialmente el camino, la estatua en la fuente, el Molino del Cid en cuyo centro alberga una especie de sala de museo muy interesante. Allí hay una espada réplica de la Tizona, la espada del Cid, que ciñó espada como bien repite varias veces el romance. Del antiguo molino salió un señor muy simpático y por demás de amable llamado Javier. Él me dio mi Salvoconducto con el sello de la Legua 0 e insistió en que debía hacerme varias fotos para documentar el legendario momento. Fue agradable y divertido. Javier me mostró varios documentos originales que hay ahí enmarcados, de puño y letra firmados por el Cid y su esposa cónyuge y resaltó en señalarme que siempre firmaba en nombre de los dos, algo que al parecer era inconcebible en la Edad Media. Desde Vivar del Cid fui a Burgos por la carretera Nacional, que no está muy bien pedalear porque hay mucho tráfico y los burgaleses son bastante estresados para conducir. Lo mismo al entrar a la ciudad, un quilombo. Era día de semana, y serían las 5 o 6 de la tarde, quizás era hora pico… no lo sé. Me costó llegar al camping.

Día 2-Burgos-Covarrubias

Buena ruta. Lo primero que hice al asalir de Burgos fue enfilar oir Cardeñajimeno hacia el Monasterio San Pedro Cardeña que es donde el Cid dejó a su esposa Jimena y a sus hijas Sol y Elvira, seudónimos de Cristina y María. Después me fui por Carcedo de Burgos a Modubar de San Cibrián y a Los Ausines. Todos los pueblos son encantadores. Paro en todos, a ver sus calles adoquinadas y las casas de piedra. La fuente en la plaza, y las iglesias con sus torres. Todo conservando el estilo medieval. Muros originales, antiguas construcciones, renovadas algunas pero manteniendo todo el estilo de la postal. Infinidad de rosales florecidos con rosas que perfuman el aire de colores. La rutas, tranquilísimas. Caminos rurales, asfaltados y en buen estado. En algunas anda algo de gente pero muy poca. En Revilla del Campo está la Fuente de la Salud donde es imprescindible beber y remojarse un poco por todos lados para mantener el buene estado físico. Y apenas saliendo de la aldea, hay un camino que lleva a las nacientes del río Ausines que fue donde el Cid acampó con todos sus seguidores ya que nadie le quería dar posada bajo amaneza del rey. A continuación pasé a los poblados de los Lara, Paúles de Lara, Campolara, Membrillas de Lara. Finalmente Hortigüela y por una carretera general pero muchísimo más tranquila que la que entra a Burgos, llegué al camping de Covarrubias con su piscina habilitada ideal para el chapuzón. Los chicos de este camping de Covarrubias son lo más. Muy amable todo el plantel, como costaba agarrar el wifi hasta me ofrecieron sus datos ilimitados. No acepté, pude con los míos. También me prestaron la gorra para entrar en la piscina ya que al parecer en España es obligatorio y yo no llevo gorra de nadar, pero ya estuve pensando para la próxima vez, me las ingeniaré con el calzón rojo que está tan estirado que podré hacerme una gorra de nadar con moño.

Día 3-Covarrubias-Quintanarraya

Este día me quedé en Quintanarraya porque sabía que allí existe una Casa del Peregrino. Buenísima decisión quedarse allí. La casa es muy cómoda y acogedora. El cuarto tiene cinco camas indivuales y un colchón, pero es un espacio amplio, y de juntarse más gente hasta podrían dormir en el suelo. El baño está impecable, hay agua caliente, dos mesas y algo de vajilla. Se pide un donativo de cinco euros. A cargo suele estar el dueño del Bar, sin embargo cuando llegué no estaba. El Bar, cerrado. Pregunté me indicaron que buscara a Gerasio. Encontré la casa de Gerasio y su esposa Manoli y ellos, muy lindos, solícitos, me dieron la llave de la casa. En Quintanarraya casi no hay señal móvil. Durante la pedaleada pasé por Santibañez del Val y Santo Domingo de Silos que me sorprendió por su muralla apenas entrar a la ciudad. Luego hay un monasterio monumental. La plaza central, elevada entre muraos de piedra, con una fuente, árboles, y coronada por edificios e iglesia de corte medieval. Saliendo de Santo Domingo me fui por el La Yecla, un parque natural muy lindo. Entre montañas, olor a pinos, y un desfiladero. El camino sube, obviamente, pero es sabroso pedalear y respirar ese aire perfumado y puro. Subí a Peñacoba y a Mamolar y luego fui a Quintanarraya.

Día 4-Quintanarraya-Berlanga de Duero

Fue un largo camino ya que, la etapa anterior no terminaba en Quintanarraya sino en Langa de Duero. Pero avancé. En la mañana pasé por los poblados de Hinojar del Rey de donde salen dos caminos que en principio son de piedra, sin asfaltar; sin embargo, el de la izquierda, luego de un repecho por piedrecitas grises, está más firme. Una especie de precario asfaltado pero se pedalea bien. En Langa de Duero, ya en tierras de Soria, paré a hacer una breve visita adonde se encuentra la enorme prensa vitivinícola. Luego, frente a la casa Constitucional observé el enorme nido de cigüeña. Langa de Duero es una ciudad regularmente grande. Más grande que las que venía pasando, con más movimiento de gente y coches. Desde Langa de Duero, toda zona de viñedos, llegué a San Esteban de Gormaz. Una ciudad más o menos grande también, con varias iglesias antiguas y un castillo. Allí, desde el puente sobre el río Duero, puente romano, de piedra, se encaramado en la colino un barrio de casas vacías. Parece una maqueta. Luego le metí pata y pasé por Burgo de Osma pero a mil. Quería llegar a Berlanga donde hay albergue y camping. En buenahora. Dormí en el albergue porque el cuarto está muy bien y acepté la cena que prepara la esposa senegalesa de Andrés, el encargado del camping y albergue municipal. Una cena que me vino al pelete ya que fue lo primero consistente que comí en estos días durante los que venía acabando con todas las pastas, sopas, y comida disecada que había quedado de los viajes del año pasado. La cena, económica, suculenta y muy sabrosa. Ellos muy simpáticos e interesantes.

Día 5-Berlanga de Duero-Medinaceli

Como llegué haciendo etapa y media el día anterior no había visitado la ciudadela así que este día, en el albergue, me levanté y me fui caminando, menos de dos kilómetros a visitar el casco medieval. Anduve por callejuelas y arcos y regresé al albergue. El camino hasta Medinaceli pasé por La Riba del Escalote donde había una invasión de golondrinas y peces de colores en la fuente. Luego hubo más golondrinas en
todos los pueblos. En Medinaceli dormí en el hotel Bavieca, un lujo a excelente precio y con una atención impagable. Hay una panadería con repostería muy bien elaborada. Caminar por Medinaceli es todo un placer y un viaje al pasado. La parte del Casco Antiguo es toda de piedra, con montones de parras que brotan desde un hueco junto a cada casona. Plazas de piedra también y arbolado. Abajo de la ciudadela, está el poblado más comercial. No es muy grande y está por la misma carretera, pero algunos kilómetros abajo. Quedarse en la parte antigua es altamente recomendable. Bello.

Día 6-Medinaceli-Molina de Aragón

Terminado el Camino del Destierro e iniciando el conjunto de etapas que se da en llamar Las Tres Taifas. Cambia la fisonomía de los edificios y el color de la piedra. Las montañas y sierras se vuelven más rojizas y las construcciones más mudejar. Se hace notar en pórticos, ventanas, y molduras, el sello árabe. Entré en Layna donde descansé junto a la fuente y tomé la carretera general para pasar por Maranchón, grande también y bastante peculiar. Distinto a lo visto hasta ahora. Colores diferentes, diferente disposición de las calles y casas. No todo es piedra y es más moderno aunque o digamos mejor, que ya no es medieval pero virreynal. Lo mismo en Molina de Aragón donde las construcciones del CAsco Histórico son en su mayoría del siglo XVI o XVII, salvo la judería y los edificios moros sobre la colina que son de la época del dominio árabe. Todo de piedra rojiza. Molina de Aragón es una ciudad un poco más movida. Aproveché a ir al supermercado a comprar algunas vituallas ya que me venía quedando sin sopas, ni galletitas ni nada. Me quedé en el Hotel San Francisco, buen precio con desayuno incluido, en la plaza de San Francisco.

Día 7-Molina de Aragón-Orea

Un paisaje espectacular todo el camino. Subir u cruzar collados. Bajar un poco y volver a subir más. Estoy transitando la ruta del Alto Tajo, paraje y reserva natural. Montañas, pinos, aire de las alturas y sobre el final el río que corre cerca de mi ruta. Entré en Terzaga y descansé junto a su fuente. Dicen que el camino es rompepiernas pero si uno lo toma con calam se sube mansamente y yo llegué entera.
Pasé por las salinas, por Pinilla de Molina, vi Chequilla desde abajo, tan coqueta sobre una ladera entre piedras enormes de un color marrón cobrizo muy raro y pasé por Checa donde volví a hacer un descanso. Una subida más y hasta Orea. Ahí paré otro poco porque quería llegar a domir al camping que está a seis kilómetros del poblado de Orea y hacia arriba otra vez. El camping está en un bosque de pinos. No hay señal de nada. Estoy inmersa en la naturaleza. Cerca hay un refugio de montaña.

Día 8-de Orea a Albarracín

Levanté campamento del bosque y la ruta de hoy, con un poco de lluvia y amenaza de tormentas va pasando pueblos de montaña. Pueblos encaramados en las laderas. Más frescos que lo visto anteriormente. Uno de los primeros es Orihuela del Tremedal. Es hermoso. Piedra sobre piedra. Las casas más encimadas una con la otra. Las calles más angostas. Aprovechando al máximo cualquier lasitud de las laderas. Llovía cuando pasé por allí. Seguí a Bronchales y Noguera de Albarracín. Es un día de pedaleada en el que hay que sortear varios pasos de montaña. El camino es tranquilo. Sin muchos vehículos. Casi nada. Y rodeado de mucha vegetación. Las bajadas son precipitosas. Pasé Tramacastilla y Torres de Albarracín y la entrada en Albarracín es de lo más alucinante. Va la pared de la montaña color naranja sobre nuestra izquierda. La ruta serpenteando. Angosta. Y a la derecha corre un río de aguas claras sobre piedras y con las márgenes tapizadas de helechos y flores. Es un espectáculo. Lo mismo Albarracín. Llegar y ver la ciudad arriba d ela colina. Con todas su construcciones naranjas, terracotas, rojas. Llovió de a ratos. De a ratos salió el sol. Y se levantó un viento terrible. Se volaba todo. Acampé en el camping municipal de Albarracín y salí a caminar por el pueblo con otra cicloviajera llamada también María.

Día 9-Albarracín a Teruel

Saliendo de Albarracín, repecho y con lluvia. Otra vez hay que remontar y sortear algún paso, pero es un camino alucinante a pesar de los repechos, la lluvias, los collados. Se transita bordeando el pinar de Rodeno y es algo maravilloso, por mí nunca visto antes. Entre enormes moles de piedra. Enormes, gigantes rocas, brotan esos pinares tan bellos. Deja sin palabras, además del sin aliento del camino. Es hermoso. Obliga a parar a varias veces, a detenerse a grabar en la memoria ese paisaje único, respirar. Y luego la bajada, precipitadamente. Después de pasar Gea de Albarracín y el poblado de Caudé tomá la Vía Verde Ojos Negros que en esta parte está bastante fea. Llena de desniveles, irregularidades, mal señalizada, sucia, abandona, con aguas estancadas que huelen mal y yuyales. Vale la pena llegando a Teruel la parte que pasa por los campos de lavanda. Por allí, si alguien no me dice que tengo que abandonar la Vía para salir a Teruel quién sabe hasta cuándo seguía. No hay buena señalización en absoluto. Salí a las autopistas, con lluvia, horrible llegar a Teruel, buscar el hotel, ni con GPS. Luego de alojarme salí a caminar y me volví aperder andando en la ciudad, con GPS y todo. Muy rebuscado todo. No le tomé el gusto a Teruel. Me cansé de buscar el camino. Después de una mañana tan bella a pesar de la lluvia. De tanto pino.

Día 10: Teruel a Barracas

Saliendo de Teruel busqué la vía Verde que supuestamente está por un parque llamadao Dinópolis pero no la encontré así que viajé todo por ruta. Tuve la intención de desviarme para ir a Montanejos adonde estaban otros cicloviajeros y donde hay unas aguas termales, pero no di con el desvío. Pasé por Sarrión, Abentosa. Llegue a Ventas del Aire que es donde hay cruces de caminos y no di con el que me llevaría a Montanejos así que seguí a Barracas. Un pueblo de una sola calle con vecinos muy simpáticos, sobre todo los niños. Hay un camping, pero no está señalizado y no sé si funciona, en lo que fue la estación Palancar. Por aquí va la vía Verde pero es toda de piedras aún, tierra, pozos. En Barracas me quedé en el hotel del pueblo. Muy bien. Barato y cómodo. Habitaciones grandes con gran baño y abajo un restaurante y mercado donde hay de todo. Mucho movimiento todo el tiempo de gente que pasa por la carretera y hace un alto en este punto del camino.

Día 11: Barracas a Altura (Navajas)

Todo el día por la Vía Verde Ojos Negros. Este tramo está bien. Menos la salida de Barracas que no existe nada de señalización. Imprescindible preguntar porque no hay ningún cartel que la señale. Sale cerca de la antigua estación de tren Barracas. Muy mal marcado. La vía verde en este caso es linda, el trazado cómodo. Un paseo. Pasa por algunos pueblos que merecen una parada como Caudiel y Jerica. Fui hasta Altura, pasando por antiguas estaciones. El camping de Altura estaba cerrado. La Vía Verde llega bien hasta Navajas, allí también hay un camping, así que regresé sobre mi rodada para alojarme en Navajas.

Día 12: Navajas/Altura a Valencia

La Vía Verde es un desastre. Llena de pozos, de tierra, sin marcar nada. Al llegar a Algimia de Alfara la vía verde se termina y nada indica para qué lado agarrar. Encontré las marcas del Camino del Cid peatonal, y con eso y el GPS salí por Torres Torres, pero de nada sirvió. Perdí todas las señales y fui por caminos rurales y carretera general hasta Sagunto y desde allí, por la ruta 315 hasta el centro de Valencia. El Camino del Cid, llamado en este tramo Las Tres Taifas -luego comenzaría la Conquista de Valencia- va por otros caminos pero yo no los encontré y llegué por acá y con lluvia. Luego de alojarme en una pensión salí a caminar entre cielo plomizo, sol y llovizna y un incipiente arco iris por los carrer valencianos. Camino del Cid concretado y, en general, superadas todas las expectativas y muy recomendable.

Video compilado con todas las etapas del Camino del Cid https://www.youtube.com/watch?v=Pr_2jHorIFk

Día 36 (25 de abril) – de Río Dulce a Entre Ríos

La ruta es más plana que la del día anterior. Hay algunos desniveles y hay descensos que valen la pena. De salida de Río Dulce se cruza el puente que sale en subida y se sigue en dirección a Puerto Barrios. Es una ruta muy circulada y de calidad media. No es una autopista ni de lejos, el pavimento está bien aunque en algunas partes, rugoso, y sin demarcación. Hay gasolineras durante el trayecto y hay puestos variados para comer menús también variados.

El paisaje de este tramo sigue siendo bello. Colinas de vestido verde holgado que más adelante entallan los contornos de seda o terciopelo más brillante. El tráfico de camiones y contenedores hacia Puerto Barrios, entorpece la apreciación del espectáculo natural y llenan el aire de smog asqueroso. Cuando no pasan, se huele el dulzor de los cientos de puestecitos vendiendo ananás. En algunos tramos el aire se impregna de tilo, hay muchos tilos sembrados y campos de cacao y más dulzor. Pero cuando aparecen los camiones, son una fila compacta de toneladas de anhídrido carbónico. Pasan raudamente en su rumbo al puerto. Un nene que le hace los mandados a su mamá en bicicleta, fue conmigo hasta la entrada de Cayuga, a 45 kilómetros de Río Dulce. Tiene una bicicleta infantil, bajita. El nene no tiene miedo, yo voy bien adentro de la banquina y él casi al borde de la ruta donde pasan las ruedas de los camiones; su bicicleta no es estable, zigzaguea. Me da miedo verlo. Fuimos charlando y nos recomendamos mucho tener cuidado y buen viaje. 5 kilómetros después, en La Esperanza, paramos a comer y conversamos con dos camioneros.

Uno de los camioneros nos regaló una sandía. Qué manjar. El calor es sofocante. Esperamos en ese restaurante hasta que bajó un poco el sol pero el calor no aflojó.

Avanzamos hasta Entre Ríos para cruzar la frontera a Honduras el día siguiente. Entre Ríos es un pueblo a la vera de la ruta. Los ríos no se ven, tiene tres cuadras y hay un solo Hotel y Auto Hotel donde paramos. El aire acondicionado está encendido pero no funciona. En el cuarto hay una pequeña tv, dos camas y aunque es lindo, no es cómodo porque es cerrado, sin ventanas, y caluroso. Los encargados son muy amables, pero el hotel no da.

Fuimos a cenar a lo de ‘Los planes de Don Chente’, un señor muy ventajero que nos cobró 2 quetzales por cada tortilla extra y abusó todo lo que pudo de nosotros. Es el único lugar desde que salimos de México que suman a la cuenta cada tortilla que uno se come. No lo recomendamos.

En realidad no valía la pena hacer esta parada. La frontera y Honduras están ahí nomás. Hasta ese momento no lo sabíamos, pero del lado hondureño hay mejores lugares para pasar la noche. Recomendamos a otros viajeros, si tienen tiempo y energía, seguir unos kilómetros más.

Estuve tantas veces en Guatemala que perdí la cuenta. Antes de este viaje solía no pronunciar su nombre. Me resultaba inadmisible llamar a este país hermoso Guate-mala. Siempre la llamé Guate-bonita. Esta vez nos vamos con un sabor que sin ser amargo, es un poco agrio, sabor a que algo se está pasando. Sobre todo en el Petén, los que trabajan en relación al turismo se están pasando de vivos. No son todos y no es la gente común, absolutamente, no. La gente común, por el contrario, es un deshecho de amabilidad, generosos a más no poder. Hace dieciocho años cuando visitamos por primera vez esta zona, me fui con la misma sensación, pero tras sucesivos viajes a otras regiones de Guatemala, temí estar errada en esta apreciación que lamentablemente debo confirmar. Nunca me ha sucedido lo mismo en la región Quiché ni en la Alta Verapaz y como no creo que un grupo de guatemaltecos que lucran con el turismo sean la muestra fiel y real de un pueblo, seguiré llamando a Guatemala, Guatebonita. Alertamos a los viajeros que sigan nuestros pasos o transiten la región del Petén, para que den la espalda a aquellos que visiblemente son del tipo ‘take advantage’. Ellos no representan al pueblo guatemalteco.

Datos técnicos:

Río Dulce-Entre Ríos 73.6 km
5.15.54 hs
Total: 2558.15 km

Día 35 (24 de abril) – de Prados del Sol (San Luis) a Río Dulce

Un atractivo paisaje acompaña el camino. Las colinas vestidas holgadamente de capas verdes. Entre los árboles las enredaderas le tejen chales a las colinas y así se ve, como una capa flotante sobre las formas.

Hoy, 86.3 kilómetros de sinuosidad continuada. Colinas. Nada más que colinas. Ni una recta. Curvas pronunciadas y la carretera que sube en una pendiente corta pero bien empinada y baja largo y tendido en un desnivel. Placenteras bajadas. El sol no castigó, pegó un poco a la hora pico, pero no fue tan duro y pudimos darle con apenas una nueva versión de empanada guatemalteca en el estómago. Esta versión de empanada es como una pupusa salvadoreña, una tortilla gordita con requesón -ricota- o chicharrón, repollo, salsita de tomate y mayonesa, 4 quetzales, y para tomar, fresco de tamarindo a 3 quetzales. Esto lo comimos en el camino, al mediodía, en una aldea cuyo nombre, Bonavista, no figura en el mapa. Pasamos muchas aldeítas sobre esta ruta y algunas gasolineras, aisladas pero las hay. En Guatemala no hemos transitado por autopistas, las carreteras son sencillas y con poca demarcación. En algunos tramos están rotas o arregladas de manera rudimentaria y despareja. Hemos viajado tranquilos, sin mucho tráfico hasta aquí, pero debido a que nos vamos acercando a Puerto Barrios, hoy nos han pasado algunos camiones de carga y trailers con contenedores. Es molesto, el smog, el humo y el calor de los caños de escape, pero es la ruta y es así.

Aún no empiezan las lluvias, pero la humedad está en el aire y las hojas de la selva lo exudan. La transpiración de las hojas, el olor prematuro de la lluvia y, en las áreas reforestadas de pinos, el aroma de resina y copal. Los caminos que faldean colinas tienen el valor agregado de la frescura y el paisaje, a pesar de tener que escalar las subiditas, se respira mejor y la bajada gratifica. Además hay sombra. Es una región privilegiada del planeta, explotada por la tristemente célebre United Fruit Company que saqueó sin piedad lo que daba la tierra, dejando tras de sí una red de vías oxidadas por las que deambulan descalzos los hijos de esclavos indios y africanos.

“Cada indio debía llevar una libreta donde constaban sus días de trabajo; si no se consideraban sufi cientes, pagaba la deuda en la cárcel o arqueando la espalda sobre la tierra, gratuitamente, durante medio año”. “Por esta época, Ubico otorgó a los señores del café y a las empresas bananeras el permiso para matar.”(Eduardo Galeano)

La exuberancia natural de Río Dulce y los antiguos esplendores reservados a los dueños de todo, sirvieron de escenario a la película “Las nuevas aventuras de Tarzán” filmada en 1935.

Acampamos en Bruno’s y Marina hotel. El lugar para acampar no está muy bueno, hay mucha piedra, pero está junto a este río que abre una grieta en las montañas y es como un ancho cañón. Hay muchos veleros amarrados. El camping cuesta 40 quetzales, hay baños y duchas, internet que funciona bien, y algunos enchufes donde conectar, y ¡piscina! eso vale todo, súper, después del viaje, un chapuzón.

A poco de llegar una señora extranjera nos regaló helado porque en el barco no tienen refrigerador. Luego salimos a cenar y cenamos churrasquito con arroz, frijoles, tortilla, 20 quetzales. Las gaseosas cuestan 5 quetzales. Cerca de la ciudad está el castillo de San Felipe, fortaleza contra los ataques de piratas y bucaneros, fue también una prisión, almacén y aduana.

Datos técnicos:

Prados de Sol (San Luis)-Río Dulce 86.3 km
5.43.09 hs
Total: 2484.55 km

Día 34 (23 de abril) – de El Chal a Prados del Sol (San Luis)

El paisaje es espectacular. Las laderas de los Montes Mayas están pintadas por la estación seca con ayuda de la mano del hombre. El sol quema la hierba y la mano del hombre quema la caña o la selva para plantar otra cosa que dé más dinero que lianas o bejuco. El aire huele a melaza. Aún no ha llovido, hace mucho que no llueve, pero hay una humedad que flota junto con el olor de la melaza y resabios de humo. El poder del dinero cambia el curso de la naturaleza. Lo verde claudica donde la hoguera devasta pero se aferra y pervive donde la selva es impenetrable. El collage de esa gama alternando en las sinuosidades, es espectacular.

Comimos en Poptún, en lo de Martita cuyo restaurante se llama ‘Lo de Brendita’; las mollejas, 15 quetzales, caldo de pollo, 20 quetzales, todo con papa, arroz, zanahoria. Al principio Martita tenía una actitud distante. Cierta desconfianza, quién sabe por qué con estos viajeros raros aventureros. Después se sentó al lado nuestro a charlar. Calentamos agua y compartimos el mate, y al final no quería que nos fuéramos y hasta nos ofreció dormir en su casa. En Poptún está la academia militar de los kaibiles que hacen su entrenamiento duro en el Infierno de La Pólvora, antes de La Máquina. Nos quedamos charlando con Martita hasta que bajó un poco el sol.

-Eso pasó como en los ochentas. A los de las Dos Erres los mataron a todos y los iban tirando a pozos. A los chiquitos los mataron primero. A las mujeres sabe dios todo lo que les hacían, hasta perdían sus criaturas. Fueron los kaibiles. Y los que investigaron todo eran argentinos, los forenses, en un solo pozo encontraron ciento sesenta y siete cuerpos, pobrecitos. El gobierno de Guatemala no quiere que se sepa. A los forenses lo contrató una comisión, FAMDEGUA.

La ruta lleva un andar tranquilo, con curvas, subiditas y muchas bajadas. La última subida es fatal. Es solamente un kilómetro antes de llegar al Balneario Prados del Sol, pasando la población de San Luis. Prados del Sol hace honor al nombre y el sol hace gala de su monarquía en la tierra destemplada. A esta última subida fatal no la pueden ni los autos. Es empinadísima, los motores se pasan de vuelta, los caños de escape se intoxican con smog, el auto se para y, si no se le atraviesan unas piedras a las ruedas, se va a pique. En eso estaban unos muchachos mientras yo le daba meta y meta al pedal. Quería aguantarla. Los tipos de un camioncito estancado me miraban. Esperaban que yo pasara para lanzarme un piropo.

-está bien jodida la subida- les dije sin dejar de pedalear. Quedaron mudos y yo les di la espalda muerta de risa.

Hicimos buen tiempo, vamos a buen ritmo. Salimos de El Chal tras comprar unos pancitos y le dimos duro y parejo. La fresca acompañó la mañana y algunas nubes hicieron lo propio hasta el mediodía. El trayecto de la tarde no fue más que desde Poptún a San Luis, 22 kilómetros, rematando con esa subida interminable pero posible; luego, 3 kilómetros más desde San Luis, este balneario con albercas que es como un oasis en medio del resplandor de la tarde. Acampamos aquí por 30 quetzales la carpa. Hay piletas, palapas, electricidad, baños, y un restaurante que no está nada mal. Comimos lo que llaman una tortilla de harina por 20 quetzales. Es una tortilla grande rellena de carne, frijoles, crema, repollo. Muy rica. Luego plátanos con azúcar y crema, 15 quetzales, y un pancito de mil hojas a 3.5 quetzales. Está bien para lo que venimos viendo.

Pero viajar es otra realidad. No es solamente el paisaje y el camino. Es la gente que vive y da vida, la que le da historia a cada lugar. Puedo entender por qué en los caseríos que brotan en la amplitud de América Latina, en estos pueblos paridos por la soledad, las personas son primeros distantes, después se desconciertan, y al final no quieren que uno se vaya. A duras penas y con mucho esfuerzo logran ser apenas pobres y no morir de hambre, tener maíz para tortillas y frijol, pero además ven pasar a la muerte por la puerta de su casa, oyen cómo los tiros apagan las risas y los gritos de una aldea completa, viven forjados por el dolor, forjados a culatazos y prepotencia, desplazados, desprotegidos. No hay justicia, dijo Martita.

En Prados del Sol se alojaban dieciocho migrantes. Salieron de Honduras y caminan de noche por la selva para llegar a Estados Unidos. Mayra y Johana es la tercera vez que lo intentan. Tienen poco más de veinte años y ya fueron cazadas dos veces por la migra, antes un ‘coyote’ abandonó al grupo en el desierto de Arizona, y otra vez los apresaron en una casa de McAllen. Estuvieron presas y deportadas y lo vuelven a intentar, vuelven a pagar a otro ‘coyote’. Siete mil quinientos dólares, nos dicen. Mayra tiene a su esposo en Estados Unidos y dejó a su hijito en Honduras. Se arriesgan a las peores mafias, a los seres más viles y desgraciados, traficantes de seres humanos.

-a veces caminamos de noche y a veces nos llevan en tren. La otra vez fuimos por Tenosique pero ahora dicen que está caliente ahí y que el jefe de los Zetas tiene una casa atrás de la migra y se cambian balines con ellos

-balines son los migrantes que no tienen dinero -la otra vez fuimos por Candelaria. A los garroteros del tren los tienen comprados y el tren para donde le dicen

-en Veracruz nos pusieron en una troka de esas de mudanza, éramos ochenta y tres compañeros. Tuvimos que pagar dos mil quinientos dólares cada uno. Cuando llegamos a Reynosa a las mujeres nos empezaron a vacilar para abusar de nosotras y un compañero nos quiso defender pero no pudo porque también lo violaron a él y después lo mataron

-nos cambiaron de camioneta a una pick up blanca y nos amontonaron en la paila

-íbamos pasando retenes de la migra y la policía federal, ellos nos veían cómo íbamos pero recogían un dinero y nos dejaban seguir

-a veces te obligan a cargar unas bolsas de droga para cruzar o te hacen llamar a los parientes de Estados Unidos para pedir más dinero y si no te matan

-en julio para las elecciones en México nos dieron credenciales y nos sacaron a votar por un partido que no me acuerdo pero que ganó

-algunos ‘coyotes’ no son ‘coyotes’ y secuestran con los Zetas

-yo sé de unas muchachas del Salvador que las mataron y las pusieron de ofrenda a la Santa Muerte…

Datos técnicos:

El Chal-Prados del Sol (San Luis) 79 km
5.36.07 hs
Total: 2398.25 km 79 km<