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Introducción de un viaje de 15mil kilómetros, 235 días y miles de historias. De México a Argentina en bicicleta.

Vamos. La palabra nos traslada. Enseguida se nos viene a la mente una imagen: un camino y nosotros en el camino. Vamos puede implicar la realización de un sueño acuñado o el hartazgo ante una situación agotada. Un lugar aprendido de memoria, la rutina, o el simple deseo de andar o de volver. Cuando uno dice “vamos”, la palabra puede enredarse en una ilusión cuya madeja es interminable, entonces el enredo es más grande y dados a la tarea de dejar todo acomodado, no nos vamos nunca. No arrancamos. Una forma de apaciguar la cobardía. El miedo a lo desconocido. Este no es nuestro primer viaje. Sí es el primer viaje largo en bicicleta. Ya habíamos recorrido los mil templos de Angkor en Camboya y el Valle de los Reyes en Egipto pedaleando de la mañana a la noche unos cuantos kilómetros, pero lo que se dice viajeviaje en bicicleta, no teníamos nada de experiencia. Sin embargo Martín tiró la idea y yo, María, dije la palabra transportadora, “vamos”. Sin cobardía y sin miedo a lo desconocido porque ya desde hace muchos años mis hijos y yo venimos recorriendo el mundo. Viajando de manera sencilla pero intensa. Con poco dinero pero involucrándonos hasta el caracú con la historia y la actualidad de los pueblos y sin dejar de apreciar lo más destacado de la naturaleza. Seguramente desde otro punto de vista del que muestran las fotografías de un tour organizado. El lado salvaje. El lado oscuro. El lado agreste que obliga a marcar la huella por caminos que no están parquizados para el turismo. La naturaleza virgen, las ruinas cuyas columnas apenas se asoman entre los escombros. Lo menos visitado y, a veces, por otra entrada, por donde sólo saben y van los lugareños, acceder gratuitamente a lo que está privatizado y maquetado bonito para el turista convencional. Se puede llegar a todas partes y así me lo ratificaba Martín cuando nos hacíamos preguntas acerca de tal o cuál ruta para este viaje, nada es intransitable. Los otros muchos viajes que hicimos son parte de otras muchas historias, la mayoría de ellas sin publicar aunque escritas en borrador en nuestra memoria. A pesar de las andanzas anteriores este es el primer libro con que nos atrevemos. Lo escribimos para ustedes. Para los que se animan a dejar la madeja en banda y cumplir con los sueños y para los que prefieren quedarse desmadejando detrás de la ventana. Para los que echan raíces y son como los árboles que nos miran pasar y para los que, como nosotros, prefieren aprender el idioma de todos los árboles del mundo, el idioma de los pájaros, el aullido de los monos, y el grito o el silencio de la gente y el ruido o la música de las diferentes culturas del planeta.

Todas las etapas del viaje en la pestaña: https://marialaqueviaja.com/category/latinoamerica/america-latina-en-bicicleta-latinoamerica/

Poner fecha es primordial, aunque sea una fecha tentativa, una fecha marginal, entre tal y tal día, entre tal y tal mes, es mejor no alargar el objetivo a “entre tal y tal año” sino corremos el riesgo de que el sueño se desvanezca en la espera o naufrague en lo inesperado de un incierto futuro. Mejor ver más cerca y ver más claro.

Era noviembre de 2014, Martín cumplía doce años de vivir en México con ciertas interrupciones: viajes, siempre viajes y alguna que otra mudanza temporal a otro país. En definitiva, para él, México era el lugar de retorno durante esos doce años. Yo me había ido en 2010 y había vuelto a principios de ese mismo año, 2014. El camino me llevó de Chiapas a Nicaragua ida y vuelta y, a la vuelta, quedé empantanada en las quebraditas sinuosas de la Realidad entre los surcos de sandía y pepino que había sembrado con esperanza. Me fui a la Ciudad de México donde estaba Martín y alquilé una cabaña en la cima del Ajusco. Lo más lejos posible de la realidad. Sin proyectos. Trabajando. Viviendo. Sin mucha idea de qué vendría después. Cuál viaje, cuál camino. En medio de esa incertidumbre Martín me hizo la mejor propuesta del año: -¿y si nos vamos a la mierda?- una forma de decir. Un impulso que para los dos significaba que era hora de salir y dar un portazo. Vamos a Argentina en bicicleta. Él se planteaba la idea con calma, quizás en agosto, o septiembre del año siguiente; yo redoblé la apuesta de manera terminante: entre febrero y marzo, salimos. Ni siquiera tenía bicicleta. Martín, sí; hacía casi un año que se movilizaba raudamente a través de los barrios del Distrito Federal -barrios que son como pequeños pueblo vecinos-, en una bicicleta italiana bastante buena. Un rodado 29, de aluminio, con freno a disco en la rueda delantera y 24 tiempos. Yo no sólo no tenía bicicleta sino que, además, no tenía ni la más pálida idea de todas estas especificaciones que ahora describo con total discernimiento. En enero fui a la calle San Pablo del Distrito Federal donde están todas las bicicleterías baratas y me compré eso, una bicicleta barata. Una segunda marca mexicana, rodado 27 y medio, una novedosa rareza, de aluminio, sin freno a disco, con frenos llamados V-brake, de gomitas, y 21 tiempos.

En México, salvo las casas de marcas caras y reconocidas internacionalmente, en este barrio de la calle San Pablo, la venta de bicicletas es netamente comercial, minorista y mayorista. Si bien los mexicanos suelen ser dedicados al cliente, en este lugar no me dieron ni pelota. Nadie me midió o sugirió qué talla o tipo de bicicleta era conveniente para un viaje de tal envergadura. Compré esa bici sin que me dieran mayores detalles ni garantía, sólo un ticket en papel de fax que en menos de una semana ya se había borrado. Me subí a la bici y cuando llegué a la esquina me di cuenta de que los cambios de la mano izquierda -reitero que yo no tenía ni la más pálida idea de nada- no funcionaban. Volví a la bicicletería a quejarme y me indicaron que la palanca de esos cambios iba debajo del manubrio. Algo obvio, pero yo era la primera vez en mi vida que me montaba en una bici con cambios. El barrio de la calle San Pablo se encuentra a 11 kilómetros de Coyoacán donde yo me había mudado a una habitación con la finalidad de abaratar mi costo de vida y ahorrar. Llegué sana y salva aunque transpirando, más que por la pedaleada, por el estrés de las calles del Distrito Federal y el temor a equivocarme y salir a cualquier parte. Perderme, aunque soy viajera, es un suceso cotidiano.

Era enero y aunque ya teníamos lo primordial, un plan y las bicicletas, nos faltaba todo lo demás para concretarlo. Equipamiento básico, repuestos, y ¡dinero! La fecha tentativa de salida era entre el 28 de febrero y el 25 de marzo así que apuramos el trámite. Hicimos varias ‘ventas de garaje’ sacándonos de encima todo lo que no podríamos cargar en las bicis, todo lo que no nos haría falta por un buen tiempo; vendimos cosas nuestras y cosas que no eran de nadie, cosas que habían quedado arrumbadas en el departamento que Martín, a través de sus años en México, supo compartir con otros. Ahorramos y empezamos a promocionar este libro, idea que se nos ocurrió como parte del financiamiento necesario del viaje que pronosticábamos nos demandaría alrededor de un año. Un año durante el que andaríamos por ahí. Trabajando a veces si se daba la oportunidad y cobrando casi nunca ya que la idea era hacer trabajos voluntarios a cambio de comida en comunidades y pueblitos. Conocer lo auténtico, el mundo real latinoamericano. Conseguimos algunos mapas de carretera, muy poco, y analizamos las rutas de google maps y los sitios interesantes a los que podíamos llegar sin desviar demasiado el rumbo y aunque hiciéramos un poco de zigzag. Al mismo tiempo frecuentábamos la calle San Pablo para equipar las bicis. Fue complicado. No se conseguían los aditamentos porque los rodados 29 y 27 y medio son rodados nuevos para cuyas medidas aún no existen muchos accesorios. Hicimos adaptaciones, portaequipajes rudimentarios de rodado 26 con abrazadera al asiento, las alforjas fueron alforjas de rutina, de las que se usan en la ciudad para llevar lo cotidiano de la casa al trabajo. No eran impermeables ni tenían gran capacidad ni ganchos para agarrarse a los portaequipajes, ni buenas hebillas, ni bolsillos extras. Todo muy rudimentario y bastante barato. Portaequipajes de un equivalente de 3 dólares y alforjas de menos de 15. Además incorporamos repuestos, cámaras, cadena, zapatas o pastillas de frenos, y herramientas básicas. Guantes, algunas calzas con badana que estaban en oferta, y tela impermeable de paraguas con la que fabricamos dos cubre-equipajes.

Fijamos la fecha inamovible, 21 de marzo. Mi entrenamiento se redujo a tres paseos por las calles del DF cerradas para ciclistas en fin de semana. Un circuito dominguero de casi 50 kilómetros que no me pesó en absoluto y que me llenó de optimismo, si podía hacer los 50 kilómetros en menos de tres horas y sin ninguna molestia, avanzar en la ruta no sería imposible.

Dos días antes de le fecha prevista, hicimos un servicio completo a las bicicletas. Fuimos a la Bicicletería Albatros, a la vuelta del departamentito de Martín, por Delfín Madrigal y Escuinapa. Sus dueños, Juvenal Illescas y Arturo Illescas, nos atendieron con entusiasmo y nos regalaron consejos y una cajita con parches y herramientas. Juvenal auguró con una sonrisa un buen desempeño de la bicicleta italiana de Martín. Yo esperaba mi diagnóstico junto al cordón de la vereda y apoyaba la ansiedad en el cuadro demasiado alto de la mía. Juvenal me miró y no dijo nada. Cerró la boca y alargó un dudoso mmmm.

Mmmmm. Y así nos fuimos.

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Año Nuevo en el Nevado de Toluca

El Nevado de Toluca o Xinantécatl, que significa «Señor Des­nudo»en náhuatl, se encuentra a 43 kilómetros al suroeste de Toluca y a unas dos horas de la Ciudad de México, es un volcán activo y la cuarta montaña más alta de México. En su cráter hay dos lagunas, la del Sol y la de la Luna.

Este volcán está contiguo al Parque Nacional de los Venados,  entre los municipios de Calimaya, Zinacantepec, Tenango del Valle y Villa Guerrero.

Para llegar al Nevado hay distintas maneras, dependiendo del lugar donde uno se encuentre. Como nos movilizamos normalmente en transporte público, y en nuestro caso, arrancamos del DF, fuimos en dirección Toluca y luego tomamos un bus, Toluca-Sultepec, hasta el desvío hacia Zinacantepec, desde allí teníamos que ir hasta el poblado Raíces, hicimos dedo y nos cargó una camioneta para llegar hasta el Parque de los Venados y comenzar a caminar.

Atravesamos algunos bosques y luego fue todo camino de roca  con abundante presencia de nieve.

Aquí, video de la travesía:

https://www.youtube.com/watch?v=oVNeeYknNQc

Este sendero lo realizamos entre el 31 de diciembre de 2014 y el 1 de enero de 2015. Acampamos en la base del Volcán para rodearlo al día siguiente y hacer un circuito con el que pudiéramos de manera metafórica, abrazar al volcán con nuestras huellas impresas en la nieve.

Desde la cumbre se puede ver el legendario Popocatepetl.

En la base hay dos construcciones que estaban cerradas a cal y canto. Los tinacos de agua estaban vacíos, pero afortunadamente pudimos descongelar nieve para tomar mates y cocinar, quemando todo lo combustible que encontramos a nuestro paso, ramas secas, palos de trapeadores y escobas viejas que había allí abandonadas en un galponcito, y algunas maderas.

Cuando no hay nieve, un camino ancho de autos permite acercarse en vehículo hasta  pocos metros antes del campo base, sin embargo, la experiencia de subir todo a pie, atravesando el bosque y las laderas, es maravillosa y muy recomendable.

Cinco Lagunas, desde Pampa Linda a Colonia Suiza

Se la conoce popularmente como la travesía de las Cinco Lagunas y es un trekking de belleza infinita. Particularmente es uno de los que más me ha gustado y añoro siempre la posibilidad de volver a recorrerlo. Me ha enamorado por su incivilización, por su ausencia total de recursos urbanos, por sus montañas, por la nieve, por la desolación, por sus lagos, por sus dificultades, por la falta de señalización y esa sensación de aventura, exploración y conquista, y seguramente también por los compañeros del camino con quienes compartí estos pocos pero intensos días.

La travesía cruza desde Pampa Linda hasta Colonia Suiza. La mayoría de los caminantes la hace en sentido contrario, Colonia Suiza hacia Pampa Linda y, en general, las guías que existen respecto de este trekking, la plantean así. Al parecer la costumbre de caminarla desde Colonia Suiza se debe a que la erosión de la montaña provocada por los vientos del oeste ha desgastado más las laderas en esa dirección, y eso facilita el ritmo de trepada, en cambio, al hacerla al revés, nos veremos obligados a trepar por piedras menos erosionadas y de mayor tamaño, lo que aletargará nuestro ritmo de andada, demoraremos más en las subidas pero paradojicamente nos sentiremos más confiados en las bajadas con el peso de las mochilas cargadas con elementos y comida para la autosuficiencia durante 5 a 6 días. Fuimos con un par de mapas de papel, brújula, y buena parte la hicimos al rumbo, teniendo en cuenta las montañas de dónde veíamos, la ubicación del Tronador casi siempre visible e imponente, y las lagunas que íbamos cruzando. No hay muchas marcas. No hay ningún servicio, ni proveeduría, ni camping o refugio organizado hasta llegar casi al final, a Laguna Negra. Es imprescindible practicar y superar la autosuficiencia o, literalmente, morir en el intento.

Hicimos esta travesía con un grupo de caminantes, un par de ellos con nula experiencia en senderos de montaña. El hecho de tomarla en el sentido opuesto al recomendado se debió a que, para comprobar las dotes, el aguante, de los caminantes novatos, desde un camping en el área de Pampa Linda, hicimos previamente algunas salidas de corto recorrido, como por ejemplo ir hasta el glaciado Tronador, cuya majestuosidad será un hito que dominará las vistas de  este sendero. La motivación y estado físico del grupo superó las expectativas.

Para llegar a Pampa Linda fuimos desde Bariloche, desde la Terminal de autobuses, con el bus que va a Bolsón. Poco después de Villa Mascardi, en la intersección con un camino de ripio que arranca a la derecha, hacia el oeste, y que bordea el Mascardi hacia el Tronador, nos bajamos del bus e hicimos dedo. Sobre este camino se encuentran los campings la Querencia, los Rápidos, y más adelante la zona de los Césares donde se puede acampar libremente. Un poco más y llegamos a Pampa Linda donde hay un par de campings y una hostería. Desde aquí hay varios senderos que se pueden hacer. Ya en una oportunidad previa, habíamos subido a la laguna Callvú o Azul, remontando desde Pampa Linda el Arroyo Claro. Pero esa es otra historia. El hecho es que llegar a los Césares o a Pampa Linda nos da la posibilidad de una previa, de tantear nuestras energías en varios senderos de los alrededores y todos con valor agregado, como por ejemplo también desde aquí, encarar el cruce a Chile por la antigua ruta de los jesuitas. Hay mucho, pero vamos a nuestras Cinco Lagunas, con nuestros cinco caminantes.

Primer día: de Pampa Linda a Laguna Ilón

Arrancamos desde el camping de Pampa Linda por el mismo camino ancho que sale hacia el Tronador y, en breve, hay una señalización que nos indica tomar a la derecha. Cruzamos una tranquera y vamos por una senda que borda el río Castaño Overo. Este río lo tenemos que vadear. Suele traer bastante agua y corriente y está indicado el lugar más recomendado para efectuar el vadeo. Luego es todo subida. «Más subida que a la Ilón» puede convertirse en refrán de referencia para futuras salidas. No da tregua, es una subida muy empinada durante casi la totalidad del recorrido de este primer día. Subir y subir hasta que en parte el ascenso se nivela un poco y bordeamos el cerro por el que venimos ascendiendo para cruzar un mallín a campo traviesa. Hay pocas marcas, nos metemos en un bosque y al salir del mismo aparecemos mágicamente frente a la encantadora Laguna Ilón. Hay un sitio para acampar ni bien aparecemos allí; también se puede acampar en la playa de arena fina, y sino, apenas más adelante, cruzando un arroyito, en el bosque contiguo donde ese encuentra el Refugio de Papá Manuel. El refugio es una casita de libro de cuentos, pero es decorativa, al menos cuando nosotros pasamos era un depósito de basura.

Día por día, todas las etapas,

https://youtu.be/1JHQB0thBV0

https://www.facebook.com/maria.che/videos/vb.1244465731/10208522127511070/?type=3

Segundo día: de Laguna Ilón a Laguna Cretón

Arrancamos el día bordeando la apacible Ilón y nos vamos alejando de ella hacia la derecha, faldeando el cerro y luego cruzando algunos mallines pequeños hasta llegar al Mallín de Ricardo, más grande, y que vamos a atravesar tirándonos a su izquierda. Cuando termina el mallín, ingresamos a un bosque, hay algunas marcas rojas. Ascendiendo al filo del cerro Capitán, veremos aparecer ante nuestros ojos la Laguna Jujuy. Transitamos el filo y nos sorprenderá gratamente y causará admiración, la vista de la Laguna Callvú o Azul, haciendo fiel honor a su nombre, encajonada entre los cerros Bonete y Punta Negra. Estamos en un balcón privilegiado para apreciarla. También hay una picada que sube hasta aquí y va hasta Cretón desde la Laguna Azul, viniendo desde ella por su margen derecha.

Descendemos hacia la Laguna Cretón y podemos acampar frente a ella, pegados a un diminuto bosque achaparrado o cruzar un barranco y acampar en un reducto protegido por pequeñas lengas y junto al arroyo. Nosotros acampamos aquí, cerca del arroyo entre un cerco de lenguitas, y fue providencial, ya que tuvimos que permanecer dos noches allí debido a un temporal. En esa zona suelen estancarse la nubes y haber bruma y lluvias. Por lo menos, las veces que estuve allí siempre se nubló y llovió.

Tercer día: de Laguna Cretón a Mallín Mate Dulce

Con dos noches de descanso bajo la constante llovizna, y ya enmohecidos de estar adentro de las carpas, asomando nomás las narices porque afuera estaba helado, retomamos la travesía. Había llovido bastante y había nevado. En todas las etapas y especialmente en este tercer tramo que es para nosotros el cuarto día, hemos encontrado muchos manchones de nieve que cubren grandes áreas que hemos debido cruzar con sumo cuidado. Era el mes de enero.

En este tramo, toca subir el cerro Cristal, es el más duro del trekking porque a medida que ascendemos las piedras son más grandes, hasta convertirse en moles que nos superan en altura con creces y a las que debemos trepar, aferrándonos con las manos y cargados con nuestras mochilas. Hay marcas rojas y pircas. Llegando casi al filo, vemos hacia la izquierda que todavía falta subir, pero que, sin embargo, hay unas pircas que nos invitan a desviarnos a la derecha en descenso, NO ir por allí; si seguimos esas pircas, a la derecha, iremos directo a un precipicio por el que será imposible bajar. Hay que subir hasta donde vemos unas piedras oscuras y marcas rojas.

Esta es una jornada de ascenso y bastante dificultad técnica que requerirá de todo nuestro ingenio, destrezas y también precaución, pasaremos por arroyos, mallines y mucha roca, muchísima. Allí en el filo, entre rocas enormes, deberemos sortear un par de pasos expuestos, pero está bien señalizado, así que seguir las marcas, aún con abundante nieve, permanecían visibles.

Para descender al Mallín Mate Dulce vamos a seguir las pircas. Por nuestra izquierda, o sea oeste, vamos a ingresar al mallín y lo vamos a ir cruzando hacia el este.

El Mallín Mate Dulce es un lugar plácido y agradable para acampar, hay muchos espacios disponibles, cerca del río que surca sobre piedras rojizas, y es un placer pasar el tiempo que nos queda del día y la noche en este enclave. Tomando mate. Amargo que pa’dulce está el Mallín.

Cuarto día: de Mallín Mate Dulce a Valle del Lluvuco pasando Laguna CAB o Lluvu

Como hemos pernoctado una noche extra en Cretón debido al aguacero y la tormenta, vamos a intentar adelantarnos de la laguna Lluvú o CAB para mañana completar la travesía hasta Colonia Suiza, sin permanecer en Laguna Negra.

Al dejar Mate Dulce hay un fragmento de terreno plano que no dura mucho, luego hay que subir el cerro. Cuando nosotros lo hicimos, al llegar al filo, se nos complicó encontrar la bajada a Lluvú o Laguna CAB. Si bien se ve la laguna enfrente, no tenemos que zambullirnos de cabeza en el bosque de lenga que tenemos entre nosotros y la laguna porque por ahí no es, y caer en ese bosque es un laberinto. Primero hay que bajar y hay mucha roca y algunos pasos angostos. Hay que buscar las pircas, primero salen hacia la derecha y después todo sobre nuestra izquierda hacia una zona que se ve más abierta. Luego buscaremos las marcas para ir por los senderos correctos del lengal hasta la margen de la Laguna CAB o Lluvú que vadearemos por la orilla. Da gusto porque el lecho es arenoso y suave, un placebo para los pies.

Cerca de la laguna se puede acampar, sobre todo después de vadearla, está el río sobre piedras rojizas y lugares muy hermosos para quedarse, pero como queremos ganarle unos pasos al tiempo y al mañana, vamos a seguir. Hay una parte con un poco de derrumbe y tierra arenosa floja que hay que cruzar lo más rápido posible pisando firme, y luego un sector extendido del sendero con muchos árboles caídos en el que hay que caminar por encima de los troncos. Esto dura un buen rato. Finalmente llegamos junto al río Lluvuco donde algunos fogones armados nos indican que es un buen lugar para acampar. Es un vallecito boscoso, encantado, muy lindo. Nos quedamos allí.

La última cena, guiso revolucionario con los últimos ingredientes que nos quedan

Quinto día: del Lluvuco a Laguna Negra y Colonia Suiza

Se nos hizo larga la jornada. Cruzamos el río junto al que pasamos la noche y empezamos a subir en zigzag de manera abrupta, luego ingresamos a un bosque y del bosque a una zona de piedras y arena con pendiente más amable por la que, paulatinamente, ascendemos al filo del cerro que cerca la Laguna Negra.

Hay piedra suelta y no importa por dónde elijamos subir ya que, al llegar arriba, será visible la dirección de bajada y no es problemática, también veremos la laguna y, casi de manera imposible ante nuestros ojos, en la orilla de enfrente, el refugio al que deberemos llegar por esas paredes que a simple vista parecen imposibles..

Se desciende del filo hasta la laguna, y comienza a bordearse tranquilamente. Justo antes de llegar al refugio, bordeando la roca acantilada que cae sobre las aguas, hay una soga y fierros en la roca para ayudarnos a sortear un paso complicado y expuesto. En Laguna Negra, el refugio Italia ofrece comidas además de albergue si uno quisiera dormir allí. Se puede acampar también. Nosotros decidimos darle duro y parejo hasta Colonia Suiza, el sendero es muy lindo, bosque, agradable, y bajamos por inercia, aunque se hace largo…

Descansamos un respiro en el refugio y empezamos el descenso en caracol entre rocas, bosque y arroyuelos. Luego vamos a cruzar un río caudaloso cuyo curso nos va acompañar mientras seguimos bajando. Hay lugares donde podríamos acampar. Continuando hacia Colonia Suiza, en sucesivas oportunidades, tendremos el fastidio, ante el cansancio acumulado -el hambre- y tantas horas de caminata en una sola jornada, de tener que bajar y subir de las márgenes del río que se encajona. Después el sendero se convierte en un camino ancho, entre pinos, y creemos que ya estamos llegando, pero no; este camino es de nunca acabar. Finalmente, el ruido de algún motor nos anunciará el arribo a la civilización y en pocos pasos nada más saldremos a la ruta 79 en Colonia Suiza. Allí hay varios campings donde ducharnos, preparar un asadito, reponer fuerzas, y esporádicamente pasa un autobús a Bariloche.

Enlace de Quillén a Junín de los Andes y de ahí a Puerto Canoa (2017)

Día 8 – desde Quillén a Junín de los Andes

Viajamos a dedo y no fue sencillo. Primero caminar desde el camping hasta el área de uso diurno y la casa de piedra.

 
A hacer dedo, Lago Quillén

Quienes están a cargo de esta área, información y guardaparques, no supieron brindar la información  ni hicieron ningún esfuerzo por ayudar a solucionar el problema de salir a dedo. Hay opciones como llamar a un taxi y ellos tienen la información pero no nos la dieron.

 
Saliendo de Quillén a pata

Caminamos desde la zona de uso diurno 2 km más hasta donde hay alguna chacrita y más adelante unas viviendas y una señora de la comunidad Currumil fue extremadamente solidaria l subirnos a todos con nuestros bártulos en un auto que aunque no tendría capacidad para tantos ocupantes se hizo lugar y todos y todo entramos. La señora fue tan amable que nos llevó hasta Rahue donde se cruzan las rutas 23 y 46 y donde estuvimos buena parte del día haciendo dedo.

 
Dedo a Junín de los Andes

Sólo tres de nosotros llegamos a Junín: Mercedes, Joel, y yo; Nelson y Fanny, después de varias horas de intentarlo, antes de la caída de la tarde, desistieron y acamparon hasta el día siguiente sobre el río Aluminé. El transporte entre este cruce y Junín de los Andes pasa solamente a las 7 de la mañana y es carísimo. Sería mucho mejor si se arregla con un taxi.

El ripio entre Quillén y Junín de los Andes es una ruta escabrosa y en mal estado. Se tardan un par de horas en llegar.

En Junín de los Andes paramos en el camping Laura Vicuña, lindo pero muy caro. Tiene calefacción en los baños, ducha de agua caliente las 24 hs, un wi-fi que no funciona. Cuesta 265 pesos, carísimo. Lleno de gente pero igual tranquilo. Está bien organizado, hay electricidad, mesitas y bancos, fogones, pero el wi-fi no funciona y el precio es excesivo.

Día 9 – desde Junín de los Andes a Puerto Canoa

Actualmente hay dos autobuses en temporada, 9.45 y 16.25. El precio del bus está en 105 pesos y la entrada de pesos para nacionales es 90, para Mercosur 130 y para extranjeros 150.

A las referencias de este tramo ya escritas en post anterior cabe agregar que actualmente hay una requisa de gendarmería en la que hacen bajar a algunos pasajeros del micro y les revisan sus mochilas, las mochilas que llevan consigo arriba del bondi.

Cruzamos al camping Pichí Cullín como lo hago yo habitualmente, moviendo el banderín.

 
Moviendo el banderín para que venga el bote a buscarnos
Moviendo el banderín para que venga el bote a buscarnos
 
Nico llega a buscarnos en el bote

La familia de Ester y Nico tienen un bote nuevo, más grande. No cobran costo por el camping pero sí el cruce del lago a 35 pesos.

Sigo sosteniendo que es el lugar ideal para acampar porque tiene las mejores vistas del volcán Lanín, a cada hora sus colores cambian de acuerdo a la luz del día, y cambia su reflejo en el lago.

 
Las mejores vistas del Lanín desde el Pichí Cullín
Las mejores vistas del Lanín desde el Pichí Cullín
 
Las mejores vistas del Lanín desde el Pichí Cullín

Tiene las mejores playas, y, además, está del lado que nos corresponderá para salir de una hacia la senda a Aila.

Mi pierna está hecha mierda. Ando con una caña de bastón.

 
Fogón en Pichí Cullín y yo con bastón
 
Fogón en Pichí Cullín y yo con bastón

Etapa 7 -Malalco Chico – Quillén (2017)

Día 7 – desde Malalco Chico a Lago Quillén

 
Bajando al Lago Quillén

El camino a Quillén es en bajada y la bajada, con el peso en la espalda y el dolor, es insoportable. Milagrosamente llega un punto en el que el dolor ha sido tanto que me deja de doler por completo. Eso creo, que es un milagro, y así les cuento a Joel y Mercedes que me esperan tras vadear el río llegando a la comunidad Lefiman, pero el milagro dura poco.

 
Descampado donde pastan ovejas, cerca de la llegada al Malalco Grande

La senda está marcada, hay un par de partes, nada más, donde puede ser confuso, pero dando un par de vueltas en derredor se verán las marcas y se podrá continuar.  Esto sucede por ejemplo al principio, cuando subimos una ladera rocosa, en una parte se enrarece el sendero pero hay una sola opción viable por donde se puede caminar sin grandes obstáculos ni dificultad y bien, es por ahí, después se camina por el bosque, todo en bajada, hay sombra y el suelo es blando; llegando casi al río de Lefimán, pasa también que hay un descampado donde suelen pastar ovejas y no se alcanza  a ver desde un borde del descampado la embocadura de la senda al otro lado, es en diagonal, si caminamos ese descampado en diagonal, estará la marca enseguida en un árbol.
A continuación nos toca sortear un mallín traicionero, imposible no meter la pata, y después se vadea el río Malalco Grande. Hay que mirar bien el lecho, cuidado por donde se camina para vadear ya que hay pozones profundos.

 
Tras vadear el Malalco, momento de un milagro
 
Arroyo Malalco Grande

Durante esta senda las marcas son las banderitas de Huella Andina pero también hay estacas con rayas amarillas o rojas, o circulitos amarillos de lata. A veces en esta última parte pueden confundirnos huellas de animales, pero hay prestar atención y se encontrará la buena senda.

Junto a ese río, Malalco Grande, en la comunidad Lefimán, se puede acampar y está bonito y es libre. Quizás es mejor que llegar hasta Quillén aunque el lago Quillén es maravilloso pero es lejos tener que llegar hasta el camping y de todos modos al día siguiente tendremos que caminar hasta el área de uso diurno del lago para buscar la salida, a dedo, hacia Junín de los Andes donde retomar la Huella.

A 3 kilómetros de esta área de acampe en Lefimán está la cabecera del Lago Quillén, la casa de piedra donde se efectúa el registro de llegada y el área de uso diurno del lago. A 1 km y medio más está el camping.

 
Camino al camping de Quillén
 
Fogón y cena junto al Lago Quillén

El camping cuesta 120 y nos hicieron 100 por caminantes. La ducha caliente fue espectacular. Hay fogones en el piso pero no hay mesas ni bancos.
El lago Quillén es hermoso.

 
Lago Quillén

Este día, a la tardecita, armando la cena al fogón, tuve el placer de encontrarme a Lucrecia, una amiga a quien no conocía personalmente pero con quien había hablado bastante a partir de la Huella Andina 2013.

Etapa 6 – Ruca Choroi – Malalco Chico (2017)

Día 6 – de Ruca Choroi a Malalco Chico

Esta senda, un tanto exigente, es de una magnificencia riquísima. Tiende a subir, y, a medida que subimos, el paisaje va mutando. Entramos a un bosque tupido de pehuenes, subimos y llegamos a ver el lago Ruca Choroi en todo su esplendor. Una postal.

 
Lago Ruca Choroi visto desde la Huella
 
Lago Ruca Choroi visto desde la Huella

También se ven, en dirección opuesta al lago, laderas escamosas de lava volcánica seca. Hay marcas que nos van determinando claramente la senda. Imposible perderse, en todo caso hay que buscar alguna, pero hay botellas pintadas en cañas altísimas que son como señales ferroviarias marcando el rumbo de la senda. Se cruza el bosque, ñires, algo de caña, mallines pequeños y después se suben los cerros, las lomas.

 
Lomas que hay que sortear durante el sendero
 
Lomas que hay que sortear durante el sendero

Superamos la altura de los 2000 metros. Una vez que se acaba el verde y el paisaje se vuelve piedra suele aumentar también el viento y aglomerarse las nubles. La visión es extraordinaria. Montañas imponentes y raras. Vírgenes poco visitadas. Tras dejar el verde atrás y rodear un cerro hacia nuestra derecha, vamos a tener que atravesar tres lomas de piedras. Entre la bruma vamos a divisar hacia abajo y a la izquierda, volviendo al verde de un bosquecito de ñires, el domo.

El domo es una carpa resistente puesta ahí por Parques Nacionales especialmente por la Huella Andina, las 5 personas que realizamos esta etapa dormimos dentro del domo en nuestras bolsas de dormir. Fue el mejor refugio posible en esta noche de lluvia y viento.

 
Bruma y tormenta llegando al Domo

Allí dentro con el calentador nos hicimos una regia cena. El domo nos protegió y nos mantuvo a salvo de la intemperie.

 
Domo, refugio de Huella Andina, en Malalco Chico
 
Domo, refugio de Huella Andina, en Malalco Chico



 
Domo, refugio de Huella Andina, en Malalco Chico

Etapa 5 – Pampa de Castro – Ruca Choroi (2017)

Día 5 – de Pampa de Castro a Ruca Choroi

Día 5 -15 de enero de 2017 – Desde Pampa de Castro a Ruca Choroi

Una senda sencilla. Hay un camino ancho que nos va marcando el rumbo aunque la senda peatonal no siempre va por este camino ancho. Hay que cruzar varias veces arroyos pero se han construido en casi todas las oportunidades puentes rústicos de palo. Sólo una vez nos quitamos el calzado para vadear.

El camino es prácticamente plano con tendencia a bajada. Hay bastante sol, no hay sombra todo el tiempo porque se van cruzando campos de veranda, descampados. Hay solazo.

 
Lago Ruca Choroi

Tardamos 4 horas desde Pampa de Castro hasta la entrada de Ruca Choroi donde se encuentra el primer camping y continuamos media hora más hasta el Camping Trepain cerca de la casa del guardaparques. En el camping nos recibieron súper amables Carlos y Fabiana. Tienen precio de caminante, 80 pesos y la ducha es híper caliente. Hay además de una proveeduría con precios aceptables, un restaurante.

 
Camping en Ruca Choroi

El guardaparques Adrián vino a darnos la bienvenida y a reiterar la invitación para comer un chivo asado en su casa.

Fue genial. Una velada perfecta y hermosa. No sólo por el chivo que estaba delicioso. Además llegaron Nelson y Fanny desde el Paraguay y la familia completa de Adrián resultó ser una joya. Julia, la esposa, también guardaparques, dinámica, activa, amable, toda energía pura y con unas manos mágicas que amasaron todas cosas tan ricas, tarta de verduras, pan casero, tortas fritas. Tuareg y Aimara, y el tío Toto. Todos tan linda gente de la que después cuesta un lagrimón desprenderse. Dan tanto que es increíble que la vida de cada día les alcance para tanto.

El trabajo que han hecho ellos en toda esta área del parque y de la Huella Andina no lo he visto en ninguna de mis caminatas previas por la Huella en ninguna parte.

 
Adrián Daros, guardaparques, y el chivo asado
 
Julia, guardparques, el tío Toto y el Chivo

Etapa 4 – Ñorquinco – Pampa de Castro (2017)

Día 4 – desde Ñorquinco a Pampa de Castro

Un sendero IMPECABLE.
Saliendo del camping y cruzando el puente sobre la ruta de ripio, está la entrada hacia la casa del guardaparques. Olga, la guardaparque, fue solícita, amable, conversó con nosotros y nos hizo el registro además de darnos nuestros pasaportes de Huella Andina y sellar las etapas transitadas. La troup de caminantes se achicó. Solamente dos de ellos me esperaban en el sitio acordado, Mercedes y Joel. Los demás han tenido algunos problemas de articulaciones, lesiones varias, o sobrepeso insoportable en la carga. Algunos de los que quedaron en el camping Kimei Mapu, tras una simpática noche de joda y asadito, se reincorporarán luego recauchutados de ampollas y pieses, otros decidirán regresar a sus casas y andar, seguramente en el futuro, este u otros caminos.

Lago Ñorquinco
Lago Ñorquinco
Lago Ñorquinco

Este sendero es precioso. Arranca bordeando el lago Ñorquinco. Las vistas son única de tan bellas. Me quedaba extasiado mirando y mirando. Caminamos como dos horas bordeando el lago, pasamos por una cascada y vamos encontrando a nuestro paso tantísimas frutillas, frambuesas, grosellas. Probamos todo. Después el sendero empieza a subir y a despegar de las orillas del Ñorquinco, sube y sube, y pasa por un bosque quemado, ralo. Todavía sobreviven los retoños de las exóticas cerezas. Durante el trayecto el bosque intercala con algunas cañas, después con algunos ñires, despùés vuelve el bosque.

Lago Ñorquinco
Vistas del Lago Ñorquinco
Vistas del Lago Ñorquinco

Hay varios arroyitos que cruzan la senda.
En un punto, las vistas del la omnipresente cascada Coloco, a la que vemos allá abajo cayendo en un pozo profundo y azul, nos detiene un largo momento. Un buen descanso ante ese espectáculo incansable de la naturaleza. El ruido de las aguas truena desde lejos. La caída es impresionante. Caudalosa y alta.

Vistas del Lago Ñorquinco a medida que subimos por la Huella

Viene una subida sostenida pero amena. Esta subida nos va trasladando a la parte más alta del camino. No es agotador, el aire acompaña. Tras la parte más alta del camino debemos cruzar dos mallines. Son una amplia extensión pero está perfectamente señalizado, al igual que todo este tramo, por dónde es conveniente hacer el cruce del mallín. Después de los mallines la huella se ensancha y es clara y obvia. Este camino desemboca en Pampa de Castro, el sitio de pernocte. Hay un bosquecito donde se puede acampar y cruzando la tranquera hay un descampado, un sitio de veranada, donde también se puede y donde el personal de Parques, especialmente Adrián Daros y su familia, han construido un refugio. En el refugio hay mucho espacio y un fogón, y puede ser utilizado o bien acampar afuera, ya sea en el descampado o en el bosquecito.. Este sitio de pernocte está junto a un arroyito.
Nosotros acampamos del lado del bosquecito, cerca del arroyo. Hicimos nuestro prudente fogón y unas lentejas suculentas y sabrosas.
Adrián Daros, guardaparques, se acercó con su hija Aymará, ad arnos la bienvenida. Compartimos unos mates y nos resultó super buena onda, él y su buena voluntad de acercarse hasta Pampa de Castro a recibir a los caminantes.

 

Vistas del Lago Ñorquinco a medida que subimos por la Huella

 

 

Campamento en el bosque de Pampa de Castro

Etapa 3 – en busca de Puesto Viejo, regreso a Moquehue – Ñorquinco (2017)

Día 3 – desde el Vivac en busca de Puesto Viejo, regreso a Moquehue y a Ñorquinco

Al tercer día de nuestra caminata, amanecimos descansados en un lugar desconocido. A casi 1950 metros de altura, cerca de un cerro que nunca sabremos pero sospechamos que no, era el Cerro Plomo. Estábamos ahí, cerca de un lindo arroyo de aguas caudalosas y piedras claras, rodeados de montañas y lengas, cerca de una colina de arenisca beige rosada con pequeñas matitas de flores de montaña.
Retomamos la marcha luego de un prudente fogón y un suculento desayuno por el mismo sendero serpenteante a través del lengal achaparrado, luego llegamos al bosque sombrío de hojarasca y más tarde al cauce seco. Desde allí intentamos, lado a lado de dicho cauce, trepar la colina en busca de una senda que nos llevara hacia arriba hacia un verdadero cerro Plomo. Yo subí por la margen derecha del cauce y Joel lo hizo por la izquierda. No encontramos nada tras trepar unos cuantos metros así que regresamos y retomamos la marcha hasta el cruce de los dos caminos anchos. Entonces obsecuentes con nuestra meta intentamos tomar por el otro camino ancho, el que habíamos descartado el día anterior, por ahí encontramos a un brioso caminante que haría la Huella Andina completa de a tres etapas por día. Llevaba un equipo liviano y los track de varios senderos en su GPS. Quedamos en contacto con él. Finalmente. nuestro camino, tras un rodeo amplísimo nos llevó de regresó a Moquehue, cosa que ya sospechábamos por la pendiente en baja y la dirección, y desembocamos exactamente otra vez en la tranquera que decía «Pulamri» prohibido el paso.
Decidimos entonces intentar salir hacia Ñorquinco y retomar desde allí las sendas de la Huella Andina.
Nos llevó un buen rato lograr que el «dedo» surta efecto. Pero surtió y tan bien que los jóvenes super amables que nos trasladaron hicieron dos viajes para buscar al resto de los caminantes.
Ellos estaban acampando en Kimei Mapu, un camping que está en la Lagunita Verde antes del Lago y antes del Ñorquinco. La mayoría de los jóvenes caminantes, o sea todos menos yo, decidió acampar con ellos ahí y comer un asado, divertirse, distenderse, y retomar al día siguiente desde ese lugar. Yo opté por seguir y acercarme al punto desde dónde partiría la senda al día siguiente. Era a 13 km desde donde estaban ellos y no me parecía quedarme a dormir ahí y encarar al día siguiente un ripio duro de tal longitud.

Lago Ñorquinco
Lago Ñorquinco
Camping Las 3 Araucarias

Quedamos de encontrarnos a las 8.30 a 9 de la mañana en la caseta del guardaparques en la otra punta del lago Ñorquinco. Me llevó tres horas caminar por el ripio desde el camping Kimei Mapu hasta Las 3 Araucarias y, después de hacerme unos mates a un regio fogón y ducharme, me percaté de un dolor bastante insoportable e insostenible en mi rodilla derecha. No le di bola porque a mí nunca me pasa nada y me siento fuerte y bien preparada para este tipo de actividad.

Camping Las 3 Araucarias

El camping las 3 Araucarias se encuentra junto al camping Fortín entrando cerca de la escuelita que hace poco se incendió. Hay poca señalización. Sólo un cartel. Primero está el Fortín y un poco más adentro las 3 Araucarias. El Fortín cuesta 100 pesos y las 3 Araucarias 50. Me quedé en este último. Cándido el poblador a cargo es muy amable. El lugar es sumamente tranquilo, junto a un río de aguas mansas y la ducha es de agua bien calentita.

Etapa 2 – Moquehue a Puesto Viejo (2017)

Día 2 – desde Moquehue a Puesto Viejo

Arrancamos con todos nuestros petates prontos y bien desayunados, a las 9 de la mañana. A las 12 de mediodía no lográbamos aún dejar la diminuta pero lujosa vecindad de Moquehue, atrás. Seguíamos las referencias de la Guía de Campo 2014 ya que esta etapa de Huella Andina nunca fue habilitada ni señalizada. El camino ancho que sale a la derecha del puente sobre el río Quillahue y llega a un claro, ese camino nunca lo encontramos. Sí encontramos el puente, obvio, y si bien hay un camino ancho que sale a la derecha, a menos de 300 metros este camino vuelve sobre la ruta principal que conecta Aluminé-Ñorquinco.

 Intuimos que algo en la explicación estaba mal. Quizás era el camino a la izquierda, el que dice hacia Altos de Moquehue. Un par de nosotras salimos a averiguar. Una de las personas que contactamos resultó ser un guía, amable pero que por todos los medios trató de convencernos de que no saliéramos hacia Puesto Viejo. Lo primero que hizo fue preguntarnos: -ustedes saben lo que es Pulmari? Nos dio una cátedra y nos advirtió que no podíamos entrar ahí, que alguien monitoreaba esa región. Que nos iban a sacar. Que no nos obstinemos con eso. Que la Huella Andina no existe. Que algún inconsciente con un GPS dibujó esos mapas. Los mapas de la Guía son muy malos, es verdad. Sirven más de estorbo que de ayuda. Este guía nos quería mandar a una cascada a 8 km. Nos mandó en una dirección que dijo que se bifurcaba y nos podía conectar con ese sendero inexistente que nosotros queríamos tomar.  Intentamos salir por ahí pero seguíamos en medio de ese laberinto entre lujoso y polvoso. Por ahí estaba gendarmería, así que me acerqué a preguntar y la reacción fue horrible, casi violenta y de una ofuscación temible. Que no. Que no se podía. Que si entrábamos a Pulmari nos iban a tener que sacar. Intenté con la historia de la «promesa» y casi se me caían las lágrimas. -Por lo menos decime por dónde, le supliqué; el verdolaga, cruzado de brazos, asomó su mano larga por debajo del sobaco y saludó hacia el sur-sudoeste.

-y no seas tan mala onda de mandarnos a sacar -me despedí yo.

Al rato vadeamos un río por donde los autos también vadean, pasamos por un pequeño caserío, y llegamos a una tranquera que decía “Pulmari”, PROHIBIDO EL PASO; por supuesto pasamos.

 
Caminos de Pulmari

Es un camino ancho, un bosque cada vez más agradable de pehuenes. Sube. A la mediahora hay una bifurcación o unión de dos caminos similares. Algo así figura en la Guía. Leímos y releímos y llegamos a la conclusión de que habíamos entrado por la boca errónea pero que estábamos bien y que debíamos seguir por el de nuestra derecha, el que sube hacia el sur. Era ese camino ya que, más adelante se encuentra con el cauce seco de piedras rosadas, pero aquí fue nuestra confusión. Seguimos caminando, tras cruzar ese cauce seco. Seguimos y seguimos en dirección oeste y luego subiendo y subiendo más al sur. Entramos a un bosque sombrío donde una huella se vislumbraba apenas sobre la hojarasca seca y opaca. Después llegamos a un lengal achaparrado y lo encaramos por nuestra derecha. Había una picada bien marcada y que había sido limpiada hacía un mínimo de dos días. Los machetazos estaban frescos en las ramas de los arbustos y los brotes caídos todavía verdes. Había huellas de un solo tipo de botas. Huellas grandes con suela de borcego pesado. Entre los ñires iba contorneando el sendero, siempre hacia el sur sudoeste. Bastante al oeste y con tendencia a subir. Cruzamos un arroyo caudaloso y de piedras grandes y luego varios mallines pequeñitos y un arroyo más tranquilo y angosto que se podía cruzar de un salto. Llegamos a una montaña pelada, con arenisca y algunas flores. El filo no estaba lejos.

 
Buscando el filo de un cerro Plomo

No estábamos seguros de que ese fuera el cerro Plomo a cuyo filo, según dice la Guía, debemos subir. El GPS de una compañera nos marcaba 1950 metros de altura, y el filo del Plomo decía estar a 1850 metros. Además, este GPS nos señalaba una distancia ya caminada de 20 km y la distancia de Moquehue a Puesto Viejo era mucho menor (según la Guía) de 13 a 14 km.

Subí al filo y estando arriba, con mi mochila y todo, no veía más que cerros grises y rosados con manchones salteados verdes; parte de la tropa me gritó desde abajo que preferían descansar por ahí abajo así que regresamos hasta el arroyo caudaloso de piedras grandes e improvisamos un vivac en una campito pequeño pero suficiente y bastante plano para desplegar nuestra toldería.

Organizamos un fogón prudente cerca de la corriente de agua, cenamos rico como siempre y descansamos tranquilos y contentos a pesar de no haber alcanzado nuestro destino del día.

 
Improvisamos campamento y vivac en lugar desconocido
 
Improvisamos campamento y vivac en lugar desconocido

Todavía no sabemos adónde estuvimos, pero estuvo bueno. Como dice un amigo en inglés «if there is no way, leave a trail.»

Será por ahí el Cerro Plomo???